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Sangre Prometida

Sangre Prometida

Status: En proceso
Genre:Síndrome de Estocolmo / Venganza / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Carola Reyes

Bruno Caruso, un hombre fuerte, calculador y la cabecilla de un imperio levantado a base de sangre. Es el rey indiscutible de la mafia siciliana: no perdona, no olvida… y sobre todo, convierte la traición en castigo.

Xenia, sin quererlo, se convierte en la pieza central de su furia. Y en la oscuridad de su mundo, él decide cuánto debe pagar… pero entre amenazas, secretos y silencios que queman, ¿ambos podrian descubrir que la oscuridad también sabe atraerte?

NovelToon tiene autorización de Carola Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Pov. Bruno

El amanecer se filtraba por los ventanales de mi despacho, pero no traía calma, solo un peso silencioso. No había dormido. La noche se me había ido revisando informes, movimientos, nombres. Pero al final, siempre terminaba igual: mirando una vieja fotografía enmarcada en plata sobre el escritorio.

Era ella. Mi pequeña Olivia. Su sonrisa seguía intacta, congelada en un tiempo que ya no existía. En la imagen tenía flores en el cabello y una mirada tan luminosa que parecía imposible que algo la hubiese apagado.

Pasé los dedos sobre el vidrio, trazando el contorno de su rostro como si eso pudiera traerla de vuelta.

Entonces lo recordé. La noche del accidente volvió a mí con una nitidez brutal. Uno de mis hombres irrumpió en el despacho, el rostro desencajado, la voz temblorosa al decirme que mi hermana estaba mal. Al escuchar que la habían llevado a un hospital de quinta, me frustre… pero eso no duró nada. La sacaron de allí esa misma noche.

La trasladaron al hospital de la familia, al nuestro, donde cada rincón olía a orden y poder. La ingresaron de inmediato en cuidados intensivos.

Recuerdo cuando llegué. Me quedé frente al vidrio, viéndola conectada a tubos, cables y máquinas que respiraban por ella. Su cuerpo estaba cubierto de golpes, los brazos llenos de marcas del impacto. El médico habló, pero yo solo escuché una frase que se me clavó como un cuchillo: “Está en coma… y no sabemos cuándo despertará.”

Esa frase me persigue. Prometí que quien le hizo eso pagaría. No importaba el costo. No importaba a quién tuviera que destruir.

Cuando encontré a Xenia, todo encajó. No hubo dudas, ni matices, ni espacio para la compasión. Ella conducía ese auto. Ella fue la causa de que Olivia quedara atrapada en un cuerpo que no responde. No fue un error del destino: fue su culpa, clara y directa.

Me levanto, respiro profundo y miro una vez más la foto.

—Si tan solo pudieras verme ahora —murmuro— ¿que pensarias de todo esto pequeña?

Pero la foto guarda silencio. El despacho también. Solo el reloj marca el paso de un tiempo que no cura nada.

Entonces decidí algo: ir al hospital. No como el jefe, no como el hombre que todos temen. Iré como su hermano, así simplemente.

...

El aire del hospital olía a cloro y miedo. Caminé por esos pasillos blancos como quien atraviesa un cementerio moderno. Todos me miraban, pero nadie se atrevía a decir una palabra. Sabían quién era. Sabían que no soy un hombre al que les convenía molestar.

Abrí la puerta del cuarto de Olivia sin esperar a que alguien me autorizara. El sonido de las máquinas me golpeó primero. Pitidos constantes, respiradores, monitores. Y luego la vi… tan pequeña, tan distinta de la mujer que solía llenar de luz la casa. Me acerqué despacio, contuve la respiración y tomé su mano.

—Livi… —murmuré, más para mí que para ella—. Ya estoy aquí.

Su piel estaba fría. Fría como la piedra. Le hablé durante minutos que parecieron horas. Le conté cosas que nunca debería haber dicho.

—Todo estará bien Livi, te lo aseguro —Puse mi mano en su mejilla, acariciándola— Estoy haciendo pagar a la persona que te puso en ese estado, mi pequeña. No sé que pensarias de eso, pero no pude dejar las cosas así Livi. Por el momento, y hasta que despiertes, haré pagar a Xenia hasta más no poder. La voy a destruir poco a poco.

Le prometí, pero ella… no se movió. No me miró. No me escuchó.

Entonces pasó algo. Su cuerpo empezó a temblar de repente, como si una corriente eléctrica la atravesara. El monitor se volvió loco, las alarmas estallaron.

Llamé a los médicos, y en cuestión de segundos, el cuarto se llenó de batas blancas que se movían a toda velocidad. Me ordenaron salir. Les grité que no lo haría. Pero una enfermera se interpuso, y antes de darme cuenta estaba fuera, viendo a través del vidrio cómo la rodeaban, cómo intentaban mantenerla con vida.

Mis manos temblaban. No recordaba la última vez que había sentido miedo. Pero eso era lo que sentía. Miedo. Puro, insoportable.

Cuando el médico se giró y me hizo un gesto para que esperara afuera, supe que estaba al borde de perderla. Apreté los puños. El dolor se transformó en fuego, y el fuego en odio.

Un solo nombre me cruzó la mente. Xenia.

Esa mujer. La causa. La chispa que encendió el infierno.

No recuerdo cómo salí del hospital. Solo el ruido de mis pasos en el suelo, el aire frío en el rostro y el zumbido en mis oídos. Subí al auto y golpeé el volante con el puño. La rabia me cegaba. Sentía que el mundo entero merecía arder por lo que le habían hecho a Olivia.

Encendí el motor. El rugido me devolvió algo de control, lo justo para no romper todo lo que tocara. Conduje sin mirar atrás, con la sangre martillándome en las sienes. Tenía claro a dónde iba. A la mansión. A ella.

Y esa noche, por primera vez, no sabía si podría contener la furia que llevaba dentro.

.

.

.

Pov. Xenia

La tarde era una cortina de silencio; intentaba ordenar mis pensamientos, juntar fuerzas para seguir con las tareas que tenía por hacer cuando de repente lo vi... No lo escuché llegar.

Antes de entender qué pasaba, su mano se cerró sobre mi brazo con una fuerza que me arrancó un gemido.

—¿Qué haces? —logré decir, pero mi voz sonó pequeña frente a su presencia. Él no respondió con palabras, su gesto fue suficiente. Me tiró de la muñeca y empecé a caminar a tirones, con mis piernas queriendo aferrarse al suelo como si el piso pudiera sostenerme.

Sus manos eran de hierro. No era la primera vez que me subyugaban, pero sí la primera vez que la furia en su rostro me heló hasta los huesos.

Me arrastró hasta la parte trasera de la mansión. Luego continuamos por un sendero lateral que ya conocía. La piel se me erizó. Mi corazón latía como si quisiera romperme el pecho. Iba a volver allí, al hueco del que había jurado no recordar más.

Intenté zafarme nuevamente. Pataleé, di codazos, clavé mis uñas en su piel para que me soltase, pero no se dio.

—¡Noo! —grité— ¡No me lleves ahí! ¡No otra vez! —Mi garganta sonó ronca por el pánico; los ojos me ardían y con cada segundo que pasaba la desesperación se apoderaba más de mí.

Al entrar, la puerta de la mazmorra se cerró con un golpe, que me sonó como una sentencia, detrás de nosotros. Intenté retroceder, forcejeé, busqué una rendija, cualquier salida, pero fue inútil. Me arrastró hasta abajo de las escaleras y caminamos hasta llegar a la puerta de uno de los tantos cuartos que había en este lugar.

—¿Te acuerdas cuando querías saber lo que se escondían detrás de las puertas?... Pues hoy tendrás el placer de conocer una de ellas —Me miró a los ojos y solo pude notar en ellos odio.

—P-Pero también me dijiste que eso pasaría cuando hiciera alguna estupidez y no la he hecho. Me he portado bien— Dije como si fuera un perro el cual estuviera acatando órdenes.

Él no me hizo caso, no titubeó. Me empujó dentro, y la oscuridad me tragó de inmediato. El aire olía a humedad y a polvo viejo. De pronto encendió una luz y pude ver lo que escondía este cuarto.

Había una silla de tortura al fondo. En el lado izquierdo había un gran círculo tallado en madera, el cual también tenía cadenas incrustadas, y en el lado derecho había una mesa, en ella había muchos objetos: varios cuchillos de diferentes tamaños, una pistola, cuerdas, y... ¿Una manzana?

—Párate en el centro— Su voz sonó cortante.

¿Pararme en el centro?, ¿por qué?, ¿para qué?

Me di la vuelta para verlo a la cara y lo que vi me dejó temblando.

—¿Por qué estás cargando esa pistola?—susurré, la voz rota— ¿Me vas a matar?

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Lo veía cargar la pistola sin ningún tipo de remordimiento.

—No te lo había comentado, pero a esta habitación la llamo "La habitación de los juegos"— pronunció sin emoción.

Habitación de los juegos... Está completamente loco.

—Hagamos esto más interesante, quítate la ropa —Ordenó mirándome directamente a los ojos.

Me quede anonadada. No podía asimilarlo. ¿Por qué estaba haciendo todo esto?, sé que no soy agradable ante sus ojos, ¿pero por qué me trajo aquí?

—¡¡Eres sorda maldita sea?!! — Sacó una pistola de su pantalón y me apuntó con el arma directo a la cabeza.

El mundo pareció encogerse a ese solo instante. No escuchaba nada más que el latido frenético en mis oídos, golpeando tan fuerte que pensé que él también podía oírlo. Mis manos comenzaron a temblar sin control, y traté de esconderlo apretando los puños, pero no sirvió.

Sentí las lágrimas arderme en los ojos, el aire se volvió espeso, imposible de tragar. Daba un paso hacia atrás y su mirada se endurecía más, como si cada centímetro que yo me movía fuera una provocación.

Quise hablar, suplicar, pero la voz se me quebró en la garganta, atascada entre el terror y la incredulidad. No podía pensar, no podía correr. Solo existía el arma… y el hombre que la sostenía con una calma que helaba el alma.

—Lo haré, pero no me hagas daño— Supliqué al borde del llanto.

Aún tenía la esperanza de volver a ver a mi hermana, a mis amigos, a todos. No puedo dejar que me mate, no todavía.

Empecé a desnudarme. Mis manos temblaban, el miedo que sentía era algo que difícilmente podía describir.

Bajé la cabeza. Cubrí la mitad de mi cuerpo, ahora desnudo, con mis manos. Sentía vergüenza, no quería que me viera así.

—Muy bien. Ahora agarra la manzana y ponla en tu cabeza— Mandó con furia mientras aún me apuntaba con el arma.

Hice lo que me pidió sin rechistar. Tenía los pelos de punta. No podía ni pensar sabiendo que una pistola estaba apuntando a mi cabeza.

—¡Bien! Ahora viene la parte más divertida —Volvió a guardar su arma y tomó la que había en la mesa— El juego consiste en esto: el arma está cargada y tú tienes una manzana en la cabeza, ya me imagino que debes saber lo que haré, ¿verdad?

—¿Por...Por qué desnuda?, n-no tiene nada que ver con el juego— Tartamudee con miedo, sacando la valentía, no sé de donde, para preguntar.

Él me miro, no dijo nada y solo sonrío.

—Porque me da la puta gana... sabes lo divertido que es verte vulnerable, con la dignidad por el piso, con esa vergüenza que sientes porque estás desnuda... me gusta verte destruida... ¿En serio necesitabas que te lo dijera?, es algo que está más que obvio.

Lo miré a los ojos y las lágrimas no dejaba de bajar. Nunca pasó por mi cabeza que en algún punto de mi vida estuviera en una situación así y con una persona que me hiciera sentir como si no valiera nada.

—Bien... Que comience el juego— Expresó con una chispa de emoción.

Vi como agarró una tela fina, color carmesí, que había encima de la mesa y empezó a colocarsela en los ojos... ¿Qué hará con eso?

—¿Pi...Piensas dejártela?— Volví a tartamudear con miedo.

—¿Eres estúpida o te haces? —Enarcó una de sus cejas— Por supuesto que me la dejaré... ahora, no te muevas —ordenó— Ni un parpadeo, o te hago un hoyo en la cabeza.

Él retrocedió unos pasos y se colocó la fina tela en los ojos.

Y yo… solo podía quedarme quieta, rezando en silencio para que su puntería fallara o para que, por alguna ironía del destino, decidiera perdonarme antes de apretar el gatillo, pero sé que eso no iba a suceder.

1
Judith Arvallo
prefiero no leerla tardes mucho para actualizar
Laura Puente
Hola !!
Esto está increíble !!
Laura Puente
changos ...este no se mide con nada /Whimper/
Laura Puente
cielos ... que orror 😭
Laura Puente
cómo hay personas que disfrutan viendo el sufrimiento de las personas 🤬
Anonymous
Siii es poco respeto para las lectora gracias!!
Gloria Claveria Romero
cada cuanto actualizA
Liseth paola Mosquera mejia
que sucede con la continuidad
Anonymous
Nunca pusieron la denuncia los familiares de su desaparición , demasiado para mi gusto
Maru
Ya antes había estado desnuda cuando la golpearon salvajemente con el látigo
Maru
Bien! Lo dice el movimiento #metoo el silencio 😶🤫 te hace cómplice y permite que esos hombres infames sigan cometiendo esas bajezas.
Maru
Horrible 😔 los sucesos de ella pero capté cierto descuido en lo que respecta a su seguridad: sin mal no recuerdo dijo supermodelo y no tiene guardaespaldas?:Los traumas que arrastra desde la niñez por su padrastro y ahora profesional e independiente no busca ayuda y protección? Sabiendo que ese hombre que no va a desistir
Maru
🤔💭De verdad que sí! Pasear por la playa bajo el cielo nocturno consciente de que no había nadie alrededor y a ella se le ocurre pasear
Maru
Saludos! 🙋🏼‍♂️Solo espero NO! incluyan la violación pretendiendo normalizarla y revestirla de romanticismo, que ese trauma tenga a juro tenga que ser el estandarte para que la protagonista avance.
Tania
Amiga basta ya me aburrió lo sumisa y tonta que es … ni hablar se queda muda todo el tiempo
Teresa Gámez
hay Dios que pasará la llevarán para casa de su familia o para la casa de Bruno? no te espera nada bueno Xenia 🤔🤔
Judith Arvallo: más capitulos por favor 🫢
total 2 replies
Teresa Gámez
a bruno lo veo mal ,se va a enamorar de Xenia y le va a dolor mucho por tana maldad que le hizo ☺️☺️
Elilu 🇲🇽
pobre Xenia mientras más leo más rabia me da su situación
Teresa Gámez
que pare el mafioso investiga tiene su gente que mueven todo porque no han inventado bien , para que agarre al padrastro de ella y le den hasta en la cédula 🤭🤭
Eli
hay no , tanto dinero el mafioso más poderoso y no investiga para que sepa la verdad
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