¿Que pasa cuándo el destino junta a dos personas que apenas logran llevarse bien? Embarcate junto a Agnes y Mateo en este viaje a descubrirse.
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Capítulo T R E C E: ¿Porque Una Florecita?
Mis ojos tardan en acostumbrarse a la luz.
— ¿Dónde... estoy?
Pregunté con mucha dificultad. Con cuidado moví mi cabeza a un lado viendo así un reloj digital cuadrado, observe la hora y eran exactamente la una de la tarde. Eso fue un detonante.
>> ¡Dios Padre Santo de la Creación! Perdí el día.
Exclamó de golpe mientras me pongo de pie, cosa que fue muy mal haberla hecho porque de inmediato sentí un mareo que me robó hasta los sentidos.
Unos brazos fuertes me sostuvieron impidiendo que me cayera.
— Señorita Bachelet, aún se encuentra muy débil. Aparte de débil también es torpe.
Su voz, esa voz la conozco.
>> Se desmayó temprano, el doctor de la empresa vino a verla y dijo que tuvo un ataque de ansiedad. Le suministró un medicamento y dijo que cuándo despertará usted estaría mejor, no fue muy grave.
Con una de sus manos tomó las mías, con su otra mano libre tocó mi cabeza. Yo solo podía verlo embobada.
>> No tiene fiebre así que sí está mejor.
Sus ojos miraban mis labios y yo en un acto reflejo mordí un poco el inferior, fue en solo unos segundos.
— Gracias... emm ya sabe, por... cuidar de mí.
— No soy el monstruo que usted cree.
Su mandíbula se apretó mucho, pero no por enojo. Era algo más.
Su cuerpo se fue acercando mucho al mío y mi corazón se aceleró.
— Supongo que no... jamás pensé eso de usted... osea... si lo odie un poco el día que me pidió que fuera su amante, pero, no le odio.
Separe bruscamente mi mano de la de él para tapar mi nariz y boca ya que iba a estornudar. Me sentía mareada y con muchas ganas de reírme. Me sentía muy muy relajada.
— Salud y es bueno saber eso.
— Gracias. Sí. Usted es... una florecita, eso es lo que es. Creo que tiene problemas de identidad y por eso se comporta y dice cosas raras.
Su cara se entorno a una de completa sorpresa.
— ¿Porque una florecita?
Di gracias a Dios porque no me reprochara ni me dijera nada por decirle que es una persona con problemas.
— Se pelea con su novia y después anda triste, después me ofrece acostarme con usted y después tiene a la muñequita de porcelana endemoniada gimiendo en lo que antes era mi oficina. En realidad usted es bipolar.
Él me miraba atento como si en cualquier momento se echaría a reír de mi estupidez o terminaría sacándome a patadas por dos veces insinuar que estaba loco, y es que sé, que si estuviese en mis cabales quizás no sería capaz de andar haciendo lo que ahora.
Sentía muy dentro de mí esas crecientes ganas de ponerlo en su lugar.
Mi boca hizo un puchero el cuál de inmediato cambié para abrir mi boca de nuevo y agregar algo más:
>> Usted no tiene vergüenza, se esconde después en su cara de culo o en su actitud de macho alfa, recuerde que en la comisaría me dijo que un hombre como usted no se acostaría con una mujer como yo, déjeme decirle que usted no me gusta, por mi mente nunca a pasado la idea de revolcarme con usted.
— ¡Vaya, vaya! Alguien se está desahogando.
— Simplemente le digo lo que pienso señor. Preferiría mil veces ser lesbiana que tener que acostarme con un ser tan arrogante como usted.
— Veamos si después de esto piensas lo mismo.
Su cuerpo se abalanzó al mío y cuándo su boca estaba a punto de tocar la mía la puerta se abrió.
Bendito seas Dios santo.
— ¡Amigo! Fueses puesto el letrero de ocupado o menos difícil colocarle el seguro a la puerta.
Doy gracias al cielo y al hombre que acaba de entrar a la oficina, cabe destacar que en realidad es muy guapo. No entiendo porque es tan alto y varonil, últimamente la vida se ha encargado de ponerme dioses del inframundo en frente.
Su cabello es rubio, sus ojos son azules, un azul muy intenso. Sus músculos están bien definidos y marcados y ese traje negro con la camisa roja y sin corbata le queda de infarto.
Se preguntaran ¿Por qué dioses del inframundo Agnes? Y la respuesta es que ellos no podrían ser ángeles del cielo porque es que sus esculturales cuerpo sólo te invitan a pecar.
¡Padre santo! No sé cuál fue el medicamento que me pusieron, estoy muy revoltosa para mi gusto. En lugar de pensar que hace unos segundos casi soy besada por el demonio de mi jefe, estoy pensando en los cuerpos cachondos de los dos seres en esta oficina.
Hace mucho calor.
— No seas tonto, solo quitaba esa mariposa que se había posado en su cabello.
— Sí y yo fui y vine de Narnia.
Mi jefe se fue a su escritorio y yo seguía ahí medio moribunda, pero cachonda.
— ¿Encargaste los almuerzos?
— Mucho mejor, reserve el restaurante de la esquina. Solo estaremos nosotros.
Mi jefe asintió.
El guapo hombre misterioso se acercó al mueble dónde me encontraba. Tomó asiento a un lado de mi pero volteo su cuerpo en dirección al mío haciendo que quedáramos de frente.
>> Hola.
Él fresco y relajado a mí lado, me miraba como si yo fuese una obra de arte recién salida a la sala de exhibición en un museo.
Ahora podía detallar mejor sus facciones faciales las cuales estaban como su cuerpo, marcaditas, su nariz respingona y perfectamente perfilada que me hacían preguntarme si era operada. Pero lo mejor era su perfume, fuerte como el roble y pacifico como el azul del mar.
La perfección personificada.
Del mal.
Es que tanta belleza no podía ser celestial. Claro que no.
>> Si vas a mirarme así siempre es un gusto, me llamó Sebastián.
Reí bajito.
— Solo estoy aturdida.
Mi voz salió tan dulce y pacífica que ni yo misma me reconocía.
Él teléfono del escritorio de la florecita sonó y este lo atendió rápidamente, no sin dejarnos de ver atentamente. Su mandíbula de nuevo apretada pero juro que esta vez si es por enojo.
Reí internamente.
— ¿Por mi belleza?
Deje de prestarle atención a mi jefe para volver mi vista de nuevo al chico frente a mi.
Paso una mano por su cabello en forma de burla y no pude evitar volver a reír.
— Ya quisieras, es por el medicamento.
Cuándo él se disponía a responderme la voz fría y autoritaria de mi jefe nos hizo pegar un brinquito a ambos.
— Te esperan en el piso de abajo Sebastián.
Un resoplido salió de su boca.
— ¿Quién es?
— Tu prometida.
Su expresión pasó de la coquetería a un semblante pálido y blanco. Sin despedirse de mí y sin mirarme a la cara salió de la oficina y pasaron muchos meses, no volví a verle.
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¿Jajaja que pasará en el próximo capítulo?
Han pasado meses👁️👄👁️
Esto se pone caliente.
Jajaja disfruten obsesiv@s…
Adry❤️🔥
si la empiezan ,por aquí no la terminan❓