Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capitulo 13
“¿De verdad se atreve a esconder tanto dinero? Si se añadiera al tesoro nacional,¿por qué preocuparse por los gastos de los seis ministerios? ¿Cómo se atreve a robarle al imperio y disfrazarlo de caridad? Debo enviar gente a confirmar esto lo antes posible. De ser cierto , ordenare que desentierren todo ese oro. Aunque sea mi salvador, nadie me roba y vive para contarlo. Ni siquiera un general.”
Draven se levantó lentamente del trono con Alice en brazos . Miró al general directamente y habló con voz baja y directa.— Considerandos sus méritos en batalla …puedo permitirle a la concubina salir…pero lo demas no lo dejare pasar tan facil.— hizo una pausa, con los ojos fijos en él— Y… general…debe saber que actuar sin pensar nunca es favorable. Aprovecharse de un favor pasado no siempre es buena opción…el favor se agota, y cuando se agota… las consecuencias llegan. Ahora, si no tiene nada más que decir. Se da por terminada la sesión de hoy.
Sin esperar respuesta, camino hacia la salida del salón dejando al general solo en el centro con la reverencia congelada, mientras él y Alice desaparecian por la puerta lateral. Mientras que por el amplio salón de la residencia lateral,todo se encontraba en un ambiente elegante , sin nada de tensión. Seraphina observaba con serenidad...aunque sus ojos brillaban con un ligero toque de anticipación.
—Ya casi acaba la hora —dijo con voz suave pero firme —. Seguro tu padre y hermana están a punto de llegar. Alice y tú tienen tiempo sin verse… seguro no te recuerda del todo, así que sé amable con ella, Silas.
Frente a ella, el joven permaneció de pie, recto como una estatua. Silas, su hijo mayor de tan solo diez años, asintió lentamente. Pero enseguida mostró un pequeño puchero casi imperceptible, desviando la mirada con cierta incomodidad.
—Lo sé, madre… —respondió con tono serio —. No asustare a mi hermana menor.
Su voz era firme, madura… demasiado para alguien de su edad. Tenía la misma apariencia que su padre y hermana, aunque con unos ligeros rasgos delicados y, mirada intensa… pero su expresión, y su forma de comportarse lo delataba. Era sin duda hijo de su padre en carácter. Frío, contenido… y ligeramente intimidante. Bueno… para todos menos para una persona. Seraphina le dedicó una pequeña sonrisa cálida, cerrando los ojos con dulzura mientras extendía la mano y acariciaba la mejilla del niño
—Me alegra que lo entiendas, querido.
Silas, al sentir el contacto, se quedo inmovil por un segundo… y, aunque intentó mantener su habitual seriedad, una pequeña sonrisa —ligera, casi invisible—apareció en sus labios. Porque si había algo claro… era que Silas podía enfrentar a cualquiera sin titubear, excepto a su madre. El silencio volvió a llenar el salón por unos instantes, hasta que, poco a poco, comenzaron a escucharse pasos acercándose. Firmes. Inconfundibles. No hacía falta ver para saber quien venía… o mejor dicho,quienes. Las puertas se abrieron sin prisa, y entonces apareció el.
Draven.
Entró al salón con su imponente presencia, como si el mismo aire se apartara su paso… pero lo que más llamaba la atención no era su porte, sino la pequeña figura en sus brazos. Una pequeña Alice… claramente disgustada. En cuanto cruzaron la entrada, Draven la dejó en el suelo con cuidado. Pero apenas sus pies tocaron el piso, ella se giró sobre sí misma con un puchero digno de una reina ofendida, cruzándose de brazos y dándole la espalda.
Silencio… un silencio intenso, pero si cómico. Draven parpadeo una vez, luego otra. Viendo a la pequeña que se negaba a mirarlo.
—Pequeña mocosa…
Nada
—¿Te atreves a ignorar a tu padre? — dijo él indignado —Alice, mírame.
Alice apretó más los brazos, inflando las mejillas como si estuviera en plena batalla emocional. Silas, desde su lugar, observaba la escena con absoluta seriedad… aunque por dentro claramente está procesando algo importante.
“Así que… esta es mi hermana menor.”
Séraphina, por su parte, simplemente alzó una ceja con diversión contenida. Draven terminó suspirando, pasando una mano por su rostro. El gran emperador… reducido a negociar con una niña de unos pocos años.
—Si volteas…—empezó, midiendo sus palabras—… esto será tuyo.
Lentamente, se quitó el anillo de jade verde que llevaba consigo. La piedra brillo suavemente bajo la luz, captando la atención de la pequeña. Lo que la hizo girar la cabeza apenas. Solo un poco.
—¿De verdad…? —murmuró, aún fingiendo enojo y desinterés.
—De verdad.
Y eso fue todo.
La indignación desapareció como si nunca hubiera existido. En cuestión de segundos, ella se dio la vuelta completamente y extendió las manos con absoluta naturalidad, como si no hubiera estado ignorándolo hace unos instantes. Draven le entregó el anillo. La victoria… aunque comprada, era suya.
—Pequeña avariciosa.. —dijo él, incorporándose.
Séraphina no pudo evitar reír discretamente, cubriendo sus labios con elegancia mientras observaba la escena junto a su hijo, que aún seguía algo desconcertado. Porque, honestamente… ¿Quién diría que al Gran Emperador , el dominador de un gran Imperio le tocaría lidiar con los berrinches de su pequeña hija? Y mientras tanto, Silas seguía observando en silencio. Analizando. Procesando, y llegando a una conclusión muy seria.
“¿Sigue siendo este mi frío, y aterrador padre? Definitivamente… tendré que ser yo el responsable aquí”
El pequeño momento de “ negociación imperial “ llegó a su fin… porque de pronto, tanto padre como hija se dieron cuenta de las dos presencias frente a ellos. Sin pensarlo dos veces y con el anillo aún en sus manos, salió corriendo directamente hacia su madre. Su pequeño cuerpo chocó suavemente contra ella, aferrándose a su vestido como si llevara siglos sin verla. Séraphina la recibió con naturalidad, como si ese abrazo fuera exactamente lo que esperaba.
—¡Madre!
—Alice… —murmuró con dulzura, acariciando su cabello.
Mientras tanto…
Draven no se movió de su sitio. Su expresión volvió a la seriedad habitual apenas un instante después de aquella escena. Recuperando esa postura recta, imponente, casi inquebrantable sus manos se cruzaron detrás de su espalda con precisión, y entonces alzó la mirada directo al frente, directamente hacia su hijo; que ya se encontraba de pie frente a él completamente erguido como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía mucho tiempo. Su rostro volvió a esa seriedad impecable, esa que no correspondía a alguien de su edad, sin dudarlo llevó el puño a su pecho e inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.
y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien