En un mundo donde las sombras danzan al ritmo de secretos y los corazones se entrelazan en un juego peligroso, Rachel se encuentra atrapada entre el pasado y el presente. La muerte de Henry desencadenó una serie de eventos que cambiarán para siempre la vida de todos los involucrados. Evand, ahora distante y misterioso, guarda secretos que amenazan con destruirlo todo.
Los padres de Rachel, atrapados en su ambición, podrían encontrar la redención o la perdición. Y Marisol, con su corazón roto y una venganza ardiente, está dispuesta a hacer pagar a Evand por su abandono. ¿Quién sobrevivirá a esta tormenta de pasiones y traiciones?.
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El cumpleaños de Henry
La voz, clara y potente, reverberó en el reducido salón, atrayendo de inmediato la atención de todos los que estaban presentes en ese momento. Cada palabra parecía llenar el espacio, haciendo que los presentes desviaran su mirada y centraran toda su curiosidad en la fuente de aquel sonido cautivador. La atmósfera cambió, y el murmullo previo se desvaneció, dejando solo el eco de aquella voz que, como un imán, unió las miradas de todos los allí congregados.
_ ¡Melissa! ¿Qué te trae por aquí? _ preguntó Lissa, claramente sorprendida al verla aparecer de repente.
_ ¿Acaso no tengo derecho a estar en mi propia casa? _ replicó Melissa, desafiando a Lissa con su mirada.
_ Por supuesto que sí, pero tenías planeado llegar a las 8:00 P.M. _ aclaró Lissa, tratando de recuperar el hilo de la conversación.
_ ¿Y qué importancia tiene eso? _ respondió Melissa, interrumpiendo a Lissa _. Necesito que me digas, ¿qué fue lo que ocurrió aquí?
Lissa miró a su hermana con una profunda preocupación reflejada en su rostro, notando cómo la ansiedad comenzaba a invadirla lentamente. Un breve momento de duda y temores ocultos la detuvo, pero finalmente tomó la decisión de enfrentar su miedo y abrirse. Comenzó a formular las palabras que necesitaba para poder describir lo que había sucedido, buscando cuidadosamente la manera más adecuada de transmitir sus pensamientos y emociones.
_ Es que intenté preparar algo de comer, pero, como bien sabes, la cocina y yo no nos llevamos muy bien, por así decirlo. _ Lissa hizo una pausa en su relato, como si reflexionara sobre sus propias palabras, pero luego tomó aire y continuó hablando: _ Perdóname, Melissa...
Melissa dirigió una última mirada a Lissa antes de tomar la decisión de subir a su habitación. Sin pronunciar una sola palabra, se dio la vuelta y comenzó a ascender las escaleras con una expresión pensativa. En la cocina, Zheng, Lissa y Rachel se quedaron reunidos, conversando en medio de un ambiente cargado de emociones. Mientras tanto, Melissa llegó a su habitación, abrió la puerta y, al cruzar el umbral, soltó un comentario que resonó en el espacio, marcando un cambio en la atmósfera.
_ Y son los responsables de organizar y limpiar todo este desorden que hay por aquí.
Después de pronunciar aquellas palabras, se oyó un fuerte portazo que resonó en el ambiente, cerrando la puerta de manera abrupta. Este sonido dejó a los demás en un profundo estado de reflexión sobre lo que acababa de suceder.
Transcurrieron varios minutos en los que la atmósfera se impregnaba de tensión mientras se esforzaban por reunir los restos del desastre que había ocurrido. A medida que se dedicaban a organizarlo todo, cada uno en su tarea, el ambiente se sentía cargado, como si el tiempo se hubiera detenido por la gravedad de la situación.
Finalmente, una vez que lograron poner en orden lo que podían, Rachel tomó la decisión de ascender al piso superior. Se dirigió hacia la habitación de Melissa con un leve suspiro que reflejaba su inquietud. Al llegar a la puerta, la empujó suavemente, dejando que esta se abriera con un suave chirrido.
_ Oye, Melissa, ¿podrías hacerme un favor muy especial?
_ ¡Claro! Estoy lista para ayudar. ¿Qué necesitas? _ preguntó Melissa, su voz llena de curiosidad y entusiasmo.
_ Bueno, la verdad es que... ¿podrías enseñarme a cocinar? _ suplicó, dejando entrever un tono de necesidad y un ligero rastro de vergüenza en su voz.
_ ¿Cocinar? _ dudó Melissa, levantando una ceja con sorpresa _. Pero, dime, ¿no sabes hacer nada en la cocina? ¿Quién se encarga de preparar el desayuno, entonces? _ preguntó, realmente asombrada por la revelación.
_ Evand... _ murmuró Rachel, dejando las palabras flotando en el aire sin agregar nada más.
Melissa, que había estado escuchando atentamente, asintió con la cabeza en señal de que estaba de acuerdo con lo que Rachel había insinuado. Después de un breve instante de silencio, Rachel se despidió de ella con un leve asentimiento y salió de la habitación, caminando con paso firme hacia la sala.
_ Es hora de irnos, Zheng... _ anunció con un tono decidido, que dejaba clara su intención de no demorarse más.
_ Vale... _ respondió Zheng, comenzando a prepararse para salir, como si la determinación de Rachel lo hubiera impulsado a actuar rápidamente.
_ Adiós, Lissa, nos vemos más tarde _ expresó Rachel con una amplia sonrisa en su rostro mientras comenzaba a caminar hacia la puerta de salida de la casa.
Su tono era cálido y amistoso, y su mirada reflejaba la alegría del momento. Con pasos ligeros y llenos de energía, se despidió de su amiga, dejando atrás el acogedor ambiente del hogar.
_ Adiós, cuídate mucho y quiero expresarte mi más sincero agradecimiento por toda la ayuda que me ofreciste.
Al abandonar la casa de Lissa, Zheng se dirigió hacia el hogar de Rachel. Después de pasar varios minutos caminando juntos, por fin alcanzaron su destino. Ya en el lugar, Zheng se despidió de Rachel con una sonrisa auténtica. Luego de desearle lo mejor en sus próximos pasos, prosiguió su camino.
Rachel, sin pensarlo demasiado, se acercó y abrió la puerta con un movimiento decidido. Al hacerlo, tomó la decisión de avanzar y cruzar el umbral, adentrándose en el interior. Tras dar este paso, cerró la puerta detrás de ella con un suave clic que resonó en el silencio. Con paso firme, se encaminó hacia su habitación.
Al llegar a su destino, sin titubear ni un instante, comenzó a quitarse la ropa que cubría su cuerpo. Lo hizo de manera natural, dejando cada prenda caer suavemente al suelo. Cada pieza de vestuario se deslizó con gracia, amontonándose en un pequeño montículo en el suelo. Una vez que se despojó de las últimas prendas, se dirigió hacia el baño. Allí, se metió en la ducha, sintiendo cómo la calidez del agua se deslizaba sobre su piel, brindándole una placentera sensación de confort y relajación.
Tras pasar varios minutos sumida en sus pensamientos, finalmente emergió del baño y se dirigió hacia su habitación. Al llegar, eligió un pijama cómoda, sintiendo la suavidad de la tela al deslizarse sobre su piel, como un cálido abrazo que la envolvía. Una vez vestida, decidió que era hora de bajar a la sala.
Con determinación, comenzó a descender las escaleras, cada peldaño resonando bajo su peso. Al llegar al salón, se dirigió de inmediato hacia el televisor y, con un gesto firme, presionó el botón de encendido. No obstante, en el instante en que lo hizo, el aparato lanzó un suave rugido que rompió el profundo silencio que reinaba en la casa, un sonido sutil que reverberó en el aire y perturbó la calma que lo envolvía. Aunque el ruido no era particularmente intenso, logró captar la atención de Evand, que se encontraba cerca.
_ ¡RACHEL! ¿Podrías, por favor, hacer un poco menos de ruido?! _ gritó Evand desde su habitación, claramente frustrado.
Su voz se elevó con intensidad, reflejando la seriedad de la reunión en la que se encontraba involucrado, que era de gran importancia para él.
_ ¡Lo siento muchísimo! ¡No era mi intención hacer tanto alboroto! _ respondió Rachel, también alzando la voz desde el pasillo.
Su disculpa estaba llena de sinceridad, aunque el eco de su grito apenas ayudaba a disminuir el ruido que estaba causando.
Tras una hora de intensa reunión, que lo había absorbido por completo, Evand finalmente vio que esta había llegado a su fin. Con un suspiro de alivio, se dirigió hacia la sala y, para su sorpresa, encontró a Rachel acomodada y profundamente dormida en el sofá. Con ternura en su corazón, se acercó a ella con suavidad, la levantó cuidadosamente entre sus brazos, tratando de no interrumpir su sueño. Después, la llevó con delicadeza hacia su habitación, asegurándose de ofrecerle un descanso tranquilo y reparador.
......
Rachel se despertó a las 9:00 de la mañana y, tras abrir los ojos, sintió que era el momento perfecto para comenzar su día de manera refrescante. Decidió que lo más adecuado sería darse una rápida ducha. Con esa idea en mente, se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño. Allí, el agua caliente la envolvió, ayudándola a despejarse y energizarse para lo que vendría.
Una vez que experimentó esa sensación de renovación que le proporcionó la ducha, concluyó su baño y salió del cuarto de baño envolviendo su cuerpo con una suave toalla. Apreciaba la refrescante sensación que la envolvía, como si cada gota de agua la hubiera revitalizado por completo. Dirigiéndose con paso decidido hacia el armario, comenzó a buscar la prenda adecuada para vestirse. Tras seleccionar cuidadosamente su atuendo y ponérselo, se sintió preparada y lista para enfrentar el día que tenía por delante.
Con esa sensación de bienestar todavía impregnando su ser, ella abandonó su habitación con una actitud llena de optimismo. A medida que descendía las escaleras, su mente se llenaba de ideas y expectativas para el día, visualizando todo lo que podría hacer. Sin embargo, al llegar a la planta baja, se topó de frente con sus padres, quienes estaban inmersos en sus propias ocupaciones en aquel momento, ajenos a su alegría y planes.
_ Mamá, papá, ¿qué hacen ustedes aquí? _ preguntó Rachel, sorprendida al ver a sus padres en el lugar que no esperaba.
Su madre, en cambio, no contestó. En lugar de hablar, se acercó a ella con una expresión seria, la tomó de la mano y la llevó hacia su habitación, como si hubiera otras cosas más importantes que discutir en ese momento.
Al llegar a la habitación, su madre le dijo con voz firme pero suave: _ Tómate el tiempo que necesites para vestirte _ dijo mientras le entregaba un hermoso vestido que había estado esperando que su hija se pusiera.
_ ¿Y por qué debería ponerme esto? _ inquirió Rachel, observando con desconfianza la prenda que le ofrecían.
_ No cuestiones tanto, simplemente ve y vístete... _ respondió su madre, con un tono que dejaba claro que la conversación había llegado a su fin.
Rachel llevó a cabo la tarea que su madre le había asignado con dedicación. Tras varios minutos dedicados a la planificación y organización de lo necesario, finalmente las dos se encontraron. Al salir de la habitación, madre e hija avanzaron juntas, con un aire decidido, hacia la sala de estar, donde ya estaban reunidos el resto de los miembros de la familia.
Al llegar a aquel lugar, lo primero que hizo Rachel fue buscar un lugar cómodo para sentarse. Con determinación, se dirigió hacia una silla cercana, asegurándose de encontrar un espacio que le permitiera relajarse. Se acomodó, dejando caer su bolso a un lado y estirando las piernas para deshacerse de la incomodidad. Con un suspiro de alivio, por fin pudo sentirse en calma en ese nuevo entorno.
_ Ahora sí, necesito que me digas para qué han venido _ exclamó, su voz llena de anticipación y curiosidad.
_ Primero, espera a que Evand termine de prepararse _ respondió, mientras dirigía su mirada hacia ella con una mezcla de paciencia y expectativa. _ Una vez que esté listo, les contaremos todo lo que necesitan saber…
Luego de haber estado varias horas encerrado en su habitación, Evand tomó la decisión de salir y se dirigió hacia el lugar donde se encontraba Rachel. Al llegar a su lado, se acomodó en el asiento junto a ella, notando de inmediato que la joven parecía estar en un estado de gran confusión debido a lo que había sucedido recientemente. Su rostro mostraba una amalgama de sorpresa y desconcierto, evidenciando lo abrumada que estaba por la tensa situación que ambos enfrentaban en ese momento.
_ ¿Ahora sí nos van a explicar qué está sucediendo? _ indagó Rachel, dejando entrever en su voz la desesperación y la ansiedad que la invadían.
La señora Stickman se dirigió hacia la señora Jeseen, la madre de Rachel, con pasos decididos, aunque su expresión delataba una profunda preocupación. Ambos rostros manifestaban la tensión del instante, y el ambiente estaba cargado de una incómoda incertidumbre que se hacía palpable a su alrededor.
_ Eh, permíteme explicarte _ hizo una pausa para buscar las palabras adecuadas _. Hoy es uno de esos días en los que nos acostumbramos a recordar a tu hermano como la maravillosa persona que fue: amable, cariñoso y siempre dispuesto a ayudarte. Él se preocupó por ti y se encargó de resolver cada uno de tus problemas, dejando de lado los suyos propios. También tendremos presente a Henry como el gran hijo que siempre fue para nosotros, sus padres... y como el hermano excepcional que representó para ti. A pesar de las dificultades y errores que pudo haber tenido en el pasado, siempre estaremos orgullosos de él.
_ Henry siempre fue una persona verdaderamente excepcional, y eso es algo que debemos reconocer, _ dijo la madre de Evand con un profundo suspiro, lleno de nostalgia. _ Siempre quedará grabado en nuestros recuerdos tal como era...
_ ¡Entonces se supone que hoy debería ser el día! ¡Es el cumpleaños de Henry! _, exclamó Evand, incapaz de contener sus emociones.
Mientras Rachel mantenía un silencio absoluto, la tensión en el ambiente se hacía cada vez más palpable. Las miradas se centraban en ella, y la expectación crecía en el aire. Era como si cada segundo que pasaba añadiera más peso a la situación.
La madre de Evand, la señora Stickman, rompió el silencio con una pregunta que resonó en el ambiente. Su voz, marcada por un matiz que mezclaba curiosidad con un toque de firmeza, se dirigió a Rachel:
_ ¿Y tú no piensas decir nada, Rachel?
Su tono dejaba claro que esperaba una respuesta, que su inquietud por la falta de intervención de Rachel había alcanzado un punto crítico.
_ ¿Qué deseas que... _ Rachel no logró terminar su oración, ya que, de repente, un torrente de lágrimas empezó a surgir de sus ojos, desbordándose sin que ella pudiera hacer nada para detenerlas...
Rachel se sintió arrastrada por una intensa marea de emociones que la invadían, hasta que no pudo contener más sus sentimientos y las lágrimas comenzaron a fluir sin control. Tomando una decisión instantánea impulsada por la necesidad de escapar de todo, comenzó a correr hacia su habitación. Al llegar, cerró la puerta con un portazo estruendoso, como si ese golpe pudiera liberar toda la frustración que había estado acumulando. Una vez dentro, sucumbió al peso de su tristeza y se dejó caer sobre la cama. Cubriendo su rostro con las manos, permitió que las lágrimas fluyeran sin restricciones, sintiéndose completamente abrumada por la desolación que la rodeaba.
Al observar cómo se alejaba, Evand decidió seguirla. Su mirada se mantuvo fija en su figura, que se desvanecía a medida que corría, y sintió una irresistible necesidad de alcanzarla. Sin pensarlo dos veces, comenzó a caminar tras ella, decidido a no dejar que la distancia se interpusiera entre ellos.
_ ¿Te encuentras bien, Rachel? _ preguntó con voz suave, notando la tristeza en su mirada.
_ Se suponía que esto no debía afectarme _ respondió ella entre sollozos, sus ojos brillando con lágrimas indecisa _. Creí que ya había logrado superarlo, ¡pero parece que no es así!
_ Rachel, hay cosas de las que nunca podremos desprendernos completamente _ susurró en tono comprensivo _. Hay experiencias que, con el paso del tiempo, siempre nos dejarán una huella, y aunque intentemos avanzar, a veces sentimos que estamos atadas a ellas para siempre, sin poder liberarnos…
Sin prestar la más mínima atención a lo que él decía, Rachel decidió ignorar completamente sus palabras.
_ Por favor, lárgate, necesito un momento a solas, ¡sí! _ gritó, su tono de voz revelando con claridad la urgencia de su deseo de tener su propio espacio.
_ Está bien, si necesitas algo, estaré en la sala… —contestó él, insistiendo en su intención de retirarse.
Tras escuchar las palabras de Rachel, Evand sintió una oleada de determinación que lo impulsó a actuar sin demora. Cada instrucción que ella le había proporcionado resonaba en su mente, y se sintió compelido a seguirlas al pie de la letra. No había espacio para la duda ni la vacilación; su deseo de cumplir con lo que ella había solicitado era tan intenso que, casi de manera instintiva, comenzó a llevar a cabo cada tarea. La urgencia que lo invadía lo llenaba de un profundo sentido de propósito, convencido de que debía hacer lo que ella le había indicado con el fin de satisfacer no solo su petición, sino también un anhelo que parecía surgir desde lo más profundo.
Mientras tanto, en el interior de Rachel, una tormenta de emociones se desataba con intensidad, haciendo que se sintiera completamente atrapada en una vorágine de sentimientos caóticos que la sobrecogían. Era como si dentro de ella hubiera una serie de fuerzas naturales chocando, cada una más poderosa y confusa que la anterior. Su mente, cada vez más agitada, se aferraba a un ciclo interminable de preguntas que resonaban en su cabeza como un mantra desesperado, sin ofrecerle respuestas ni consuelo.
_ ¿Por qué me está sucediendo esto a mí? ¡¿Por qué tengo que enfrentarme a esta situación?! ¡¿Por qué me toca a mí?!
Las palabras retumbaban en su mente, creando un eco agudo y doloroso que manifestaba su profunda frustración y su desesperanza. Parecía que cada sílaba clamaba en busca de respuestas a un destino que ella consideraba absolutamente injusto y casi despiadado. El peso de la situación la envolvía con una presión tan abrumadora que sentía que le faltaba el aire. En cada recoveco de sus pensamientos, la perturbadora pregunta persistía, flotando como un fantasma que se negaba a desvanecerse.
Rachel se dejó llevar por un torrente de lágrimas que brotaron de sus ojos, su tristeza era abrumadora. En un impulso casi instintivo, decidió buscar consuelo en la suave y acogedora tela de su cama. Con movimientos lentos y delicados, se envolvió en las sábanas, sintiendo cómo la calidez y la suavidad de la tela la envolvían, brindándole un momentáneo refugio de su dolor.
_ ¿Por qué?_ se preguntó entre sollozos.
su voz temblando con la emoción que le embargaba. Las lágrimas caían por sus mejillas, dejando un rastro brillante en su piel, mientras su corazón se debatía entre la tristeza y la confusión. La pregunta resonaba en el aire, cargada de un profundo anhelo de respuesta, como si buscara entender el motivo detrás de su dolor. Cada palabra que salía de su boca estaba impregnada de una mezcla de desesperación y vulnerabilidad, haciendo que su súplica se sintiera aún más desgarradora.
Tras varios minutos de un llanto desgarrador, Rachel finalmente había caído en un profundo sueño. Sus padres, al igual que los padres de Evand, se encontraban en el interior de la casa, inmóviles y visiblemente afectados por la atmósfera tensa que los envolvía a todos. En ese mismo instante, Evand se mantenía sentado, sumido en su teléfono celular, como si estuviera completamente ajeno a la realidad que lo rodeaba y a los acontecimientos que se desarrollaban a su alrededor. Su expresión mostraba una desconexión total, ignorando el ambiente cargado de emociones y la preocupación palpable de los adultos.
En un instante, casi sin previo aviso, Lissa, Castiel y Zheng aparecieron en la Casa de Evand. Todos mostraban un aire de inquietud que era palpable en el ambiente. Sin perder tiempo, empezaron a preguntar por el paradero de Rachel, ya que se dieron cuenta de que no estaba a su lado como acostumbraba. Al observar la expresión preocupada en sus rostros, Evand les respondió con serenidad, explicando que Rachel se encontraba en su habitación, disfrutando de un merecido y reparador descanso.
Al cabo de un tiempo, un joven hizo su aparición en el lugar. La señora Jeseen, la madre de Rachel, al notar su presencia, tomó la decisión de subir a la habitación donde estaba su hija. Se acercó a la puerta y, con delicadeza, tocó suavemente. Al oír la voz de su madre, Rachel despertó de su sueño y, sin dudar ni un instante, se levantó rápidamente para abrir la puerta de su habitación.
_ ¿Qué necesitas, mamá? _ preguntó Rachel, su voz sonando somnolienta y arrastrada, como si todavía estuviera atrapada entre los sueños y la realidad.
_ Te están buscando _, respondió su madre con un tono serio, dejando entrever una preocupación palpable en su expresión.
_ ¿Quién? ¿Lissa? _ inquirió Rachel, sintiéndose algo desorientada y confundida por la repentina interrupción de su descanso.
_ No, quien te busca es tu exnovio... _ Aclaró su madre, dejando caer la noticia en el aire.