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Forjado En Cadenas

Forjado En Cadenas

Status: En proceso
Genre:Edad media / Fantasía épica / Mundo mágico
Popularitas:202
Nilai: 5
nombre de autor: Mel G.

El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.

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FALSA MISERICORDIA

...Reino de Norvak ...

Los hicieron formar en fila sobre la tarima de madera.

El sol les caía directo en el rostro, pero no lograba calentarlos y el murmullo de la gente llenaba la plaza , esperando a que emperezara la subasta.

Erian apretó la mandíbula.

Kael estaba a su lado, con la cara pálida, agarrandose de su brazo para no caerse por que sus piernas temblaban.

—Mantente de pie —le susurró Erian—. Solo mírame a mí.

Kael asintió, pero el niño apenas podía mantenerse de pie.

El subastador golpeó con un mazo tres veces.

—¡Comenzamos!

El primer esclavo era un hombre grande y fuerte, no tanto como cuando lo conocieron, pero sin duda seguía siendo grande.

—Buen brazo para carga pesada, sin enfermedades visibles —gritó el subastador—. ¿Quién da treinta coronas de hierro?

—¡Treinta!

—¡Treinta y cinco!

—¡Cuarenta!

—¡Cuarenta! ¿Alguien da más? — Nadie respondió y dejó caer el mazo— ¡Vendido por cuarenta coronas de hierro!

Un hombre que lo había comprado paso a reclamarlo, lo entregaron con todo y cadenas.

Erian pensó que ese hombre podria un día escapar si quisiera debido a su tamaño, pero parecia carecer de madurez, como si tuviese mente de niño.

La siguiente fue una mujer joven.

—Buena para servicio doméstico. Silenciosa.— ofreció el subastador.

—¡Veinte!

—¡Veinticinco!

—¡Veintisiente

Dejo caer el mazo— ¡Vendido por veintisiete coronas de hierro!

La mujer era mal encarada y la mujer que la compró se veia amable cuando le dirigió la sonrisa.

La siguiente fue Aria, miraba a todos con mucho odio.

—Mujer joven —anunció el subastador—. Fuerte, sana, obediente. — Aria lo miraba llena de ira — Buena para cocina, limpieza o trabajo de campo.

Un hombre gritó:

—¡Treinta coronas!

—¡Treinta y cinco! —dijo otro.

Una mujer alzó la mano.

—Cuarenta.

—¡Cuarenta y cinco! —respondió un hombre gordo.

Aria apretó los labios.

—¡Cincuenta coronas de hierro! —dijo la mujer elegante, con voz firme.

Hubo murmullos.

—¿Cincuenta?

—Es mucho por una esclava.

—¿Alguien da más? —preguntó el subastador.

Silencio.

—¡Vendida por cincuenta coronas de hierro!

Aria miró una última vez hacia Erian y Kael antes de bajarla a empujones de la tarima.

Erian la miro de vuelta, y con pesar supo que no podia hacer nada por ella.

—Siguiente —dijo el subastador—. Niño.

Empujaron a Kael al frente. El pequeño casi se cae.

—Demasiado flaco —murmuró alguien.

—No vale nada.

Erian dio un paso adelante, pero lo golpearon para que se quedara quieto.

—Y junto a él —continuó el subastador—, este joven. Buen estado físico. Ojos claros. Sin marcas de enfermedad y sabe leer.

Varias miradas se clavaron en Erian solamente te por ser letrado.

—¡Sesenta coronas por el muchacho! —gritó un hombre.

—¡Setenta!

—¡Ochenta!

Erian sintió el sudor frío recorrerle la espalda.

—¡Noventa coronas de hierro! —dijo un hombre mayor, desde el frente. Su ropa era vieja, pero limpia.

—¿Noventa? —dijo el subastador, sorprendido—. Buena oferta.

—Solo por él —aclaró el hombre, señalando a Erian—. El niño no.

Erian se tensó.

—¡No! —gritó, rompiendo el silencio.

Los guardias se movieron de inmediato.

—¡No nos separen! — imploró Erian—. ¡Por favor!

—Cállate —le advirtió un esclavista.

—Llévese al niño también —insistió Erian, desesperado—. Yo trabajo el doble. Lo que quiera.

El hombre lo observó con atención.

—El niño está enfermo —dijo—. No vale nada.

Kael se sostuvo de la cadena de Erian.

—No me dejes… —susurró.

—¡Cómprenlo también! —gritó Erian—. ¡Pague por los dos!

El subastador chasqueó la lengua.

—El paquete subiría a ciento veinte coronas.

La multitud rio.

Era absurdo.

El hombre guardó silencio un momento.

Entonces miró hacia atrás.

Vio a Rowan.

Golpeado, medio encorvado, apenas de pie.

—Y a ese —dijo, señalándolo—. Los tres. Ciento veinte coronas por los tres.

El subastador dudó.

—Ese rubio apenas sirve.

—O los tres —repitió el hombre—. O nada.

El esclavista hizo cuentas rápidas con la mirada. Sabía que Rowan no se vendería fácil eñ su estado.

—Trato hecho —dijo al final—. Ciento veinte coronas de hierro.

El golpe del mazo resonó fuerte.

Erian soltó el aire que llevaba conteniendo.

Kael se aferró a él.

—No nos separaron… —susurró.

Erian cerró los ojos un segundo.

Los bajaron de la tarima y los empujaron por una calle lateral, lejos de la plaza. El hombre que los había comprado caminaba delante, apoyado en un bastón de madera oscura.

Los llevaron fuera de la ciudad, hasta una construcción grande, rodeada por muros altos. No parecía una casa común. Había guardias en la entrada.

—Muévanse —ordenó uno de ellos.

La casa era muy elegante, pero difícilmente se podía ver hacia dentro

Erian frunció el ceño,—No —protestó Erian, cuando intentsron separárselos aferrándose a su hermano de los hombros.

Una mano fuerte lo detuvo.

—Tranquilo —dijo el hombre mayor—. Nadie va a matarlos.

Eso no lo tranquilizó en absoluto.

— Camina. — exigieron Rowan llevándoselo por otro pasillo. No le dieron explicaciones. Solo lo empujaron.

—¡Rowan! —gritó Kael.

El rubio apenas volteó la cabeza.

—Cuida a tu hermano —alcanzó a decir a Erian antes de desaparecer.

A él y a Kael los llevaron a una habitación amplia. Había una tina de madera, se notaba que el agua estaba caliente.

—Quítense la ropa —ordenó una mujer, sin mirarlos a los ojos.

Erian dudó.

— Ahora — Ordenó de nuevo la mujer.

El príncipe terminó accediendo.

Ambos entraron a la tina.

Kael se estremeció al sentir el agu caliente, habian pasado méses desde su último baño.

—Hace… mucho… que no estaba así —murmuró.

Erian lo ayudó a lavarse el cabello, se lavaron las heridas, y les cambiaron el agua un par de veces.

Erian intento relajarse pero no podia.

Después les dieron ropa limpia y comida.

Kael comió despacio al inicio. Luego más rápido.

—Ya no me duele tanto la panza —dijo, sorprendido.

Erian lo observó con atención. El color volvía poco a poco a sus mejillas.

—Despacio —le dijo—. No comas tan rápido. Nuestro estómago está resentido.

—Tengo hambre —respondió Kael, y por primera vez. en días, sonrió un poco.

— Esta bien, — dijo Erian y tragó saliva.

La sensación de que algo no estaba bien lo perseguía.

A Rowan no le dieron baño, no le dieron comida caliente, ni lo dejaron descansar, pensó.

Lo vio pasar una vez por el pasillo. Iba encorvado, con un balde en la mano. Sus pies dejaban marcas oscuras en el suelo.

Sus miradas se cruzaron un segundo. Desde la distancia, Rowan negó con la cabeza.

Erian se tensó.

Esa noche, Kael durmió profundamente por primera vez desde hacía semanas.

Erian solo lo observaba, el no pudo dormir.

Se sentó en el borde del catre, escuchando los sonidos del lugar.

Al dia siguientes las cosas fueron igual, comida caliente, pero no los dejaron salir

Kael ya caminaba mejor. Sonrió un poco.

—Tal vez… —empezó a decir emocionado.

Pero fue interrumpido por Rowan cuando abrió la puerta donde se encontraban.

Se miraba muy mal, peor que como llegó.

Erian corrió hacia el.

—¿Qué te hicieron? —le preguntó Erian, dando un paso al frente.

Rowan apenas podia responder.

—Bueno majestad, Trabajar, para lo que me compraron.

Erian le ayudó a sentarse en uno de los catres.

Una vez que Rowan se acomodó alzó la vista y, al verlos limpios, bañados, con comida en el cuerpo, sonrió con un gesto torcido.

—Vaya… —murmuró—. Parece que a ustedes sí les fue bien.

Erian le pidio a Kael su plato de sopa. El Niño obedeció y le dio el plato de Erian a Rowan.

Este empezó a comer con desesperación.

—¿Qué está pasando aquí?— preguntó Erian cuando Rowan seguía comiendo.

Rowan no respondió de inmediato , tragó antes de responder.

—Nose —dijo al final—. Todo esta raro.

Erian se sentó en el borde de la cama.

—Tenemos que irnos —susurró Rowan—. Lo antes posible.

—Kael está mejor —respondió Erian—. Quizá…

Su hermano había recibido comida, y cuidados, no podoa tomar elmmarcharse a l ligera.

—No —lo interrumpió Rowan tomándolo por el hombro — Escucha niño — Lo vio directo a los ojos— Algo traman, por favor, créeme — Erian bajo la vista. —Oye… —susurró moviéndolo ligeramente —. Necesito que me escuches.

Erian levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

Rowan suspiro dudando. No sabinsi sus sospechas eran ciertas.

—Vi algo… y no me gustó.

Erian se tensó de inmediato.

—¿Qué? — Rowan no le repsondio — ¿Qie viste?

Rowan apretó la mandíbula.

—No sé exactamente qué es este lugar… pero no es solo para tráenos a trabajar. —Hizo una pausa—. Escuché a dos hombres hablar. No sabían que yo estaba ahí.

—¿Hablar de qué? —preguntó Erian, conteniendo la respiración.

—De “elecciones”. De “clientes especiales”. —Negó con la cabeza—. Y miraban mucho… al niño.

Erian sintió un frío seco recorrerle la espalda.

—Kael está enfermo —dijo rápido—. No les sirve.

—Eso espero —respondió Rowan—. Pero no me gustó cómo lo miraban.

— El hombre me quería a mi, no a Kael.— Temió equivocarse en rogar que se llevaran tambien a su hermano, Erian cerró los puños. —¿Por qué nos tratan así entonces? —preguntó—. ¿La comida, el baño?

Rowan lo miró fijo.

— Que no se niño — El rubio Apretó los dientes frustrado. — pero si te puedo asegurar que no es nada bueno.

Erian tragó saliva.

Rowan apoyó una mano en el hombro de Erian.

—Escucha bien —dijo—. Si algo sale mal… si tienes una oportunidad… no dudes.

—¿Una oportunidad para qué?

Rowan no respondió de inmediato.

—Para huir —dijo al final—. O para pelear.

Erian miró a su hermano.

Luego volvió a mirar a Rowan.

—No pienso dejarlo solo.

—Lo sé —respondió Rowan.

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