La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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Un diario personal de Juanita
El sonido de un celular llenó el ambiente del despacho, Marco contestó.
¿Sí?, diga...
Buen día, hablamos de la jefatura de policía, le tenemos noticias.
Fue a la cocina, voy a salir, me hablaron de la policía
Santos y Alex se acercaron a Marco.
¿Encontraron al abuelo?, preguntó Alex impaciente.
No lo sé, al rato que vuelva les explico.
Y salió como bólido.
Sigamos trabajando, por favor, hay mucha gente, dijo Gisela, secándose las manos en el mandil.
Alex y Santos siguieron trabajando.
La gente se arremolinaba en la barra, tomando los platillos de su agrado.
Santos no podía concentrarse, la ausencia de su abuelo lo tenía al borde del colapso.
Cálmate, hermano, yo sé que lo encontraremos.
El abuelo había sido muy estricto con ellos, pero aun así, ellos lo querían mucho.
Mientras tanto en la jefatura de policía...
Hemos atrapado a dos personas, un hombre y una mujer, al parecer han estado prófugos por varios años. El lugar donde operaban es clandestino, logramos rescatar a 20 ancianos entre hombres y mujeres.
¿Y dónde están?, dijo Marco, observando alrededor.
En la sala de juntas, ya le hablamos a todos los familiares que han reportado a los ancianos. Venga conmigo.
Marco vio a los ancianos uno a uno, tratando de reconocer al abuelo de los chicos, sus hijos.
¿Reconoce a alguno?, preguntó el oficial de policía.
No, deje los miro bien.
Entonces, un anciano se acercó a él, ¿Marco?
¡Bendito sea Dios!, ¿cómo pasó todo?
Lo siento, quise dar una vuelta por la plaza, pero unos tipos me maniataron y me llevaron a ese horrible sitio. No nos dejaban salir, según ellos, nos iban a llevar al extranjero a trabajar. Incluso ya estaban preparando las visas de cada uno. Gracias a Dios, la policía logró rescatarnos.
Bueno, vamos a mi casa, a los chicos les va a dar mucho gusto verlo.
Cuando Marco salió con el abuelo, varias personas arribaron al lugar. Cada quien iba por su familiar.
Santos y Alex estaban muy apurados con la comida, los comensales no les daban tregua, aunque Gisela y Cristina hacían lo propio no se daban abasto.
Sara también hacia lo propio. Por un momento, se olvidaron del abuelo, tan ocupados estaban.
La señora que discutía con el tipo (la que defendió Marco), entró al restaurante, sus ojos miraban a todas partes. Un mesero se le acercó, ¿quiere una mesa?
Ya no hay, está todo lleno, dijo ella un poco molesta.
Venga, acá hay una mesa.
¿Está el dueño?, quiero hablar con él, dijo la mujer.
Tuvo que salir, no sé si regrese, pero si quiere hablar con su esposa...
No, gracias, no es urgente, dijo la dama interrumpiéndolo.
¿Quiere bufete o un platillo especial?, dijo el mesero con amabilidad.
Solo café, por favor, con leche y una de azúcar.
Enseguida se lo traigo, señora.
Gracias.
Más tarde, ¿quién es esa mujer?, quiso saber Gisela.
Creo que es la misma del otro día, la que discutía con el tipo, dijo Santos.
Ah, ¿por qué no habrá pedido comida?
No sé, Evan dijo que solo quería café, viene buscando a Marco, dijo Santos sin darle importancia.
Gisela sintió una punzada en el corazón, "¿de que querrá hablar con Marco?", pensó.
Pero al ver que Marco no llegaba, la mujer pagó la cuenta y se fue.
Más tarde, llegó Marco acompañado del abuelo.
Al verlo, los gemelos corrieron a su encuentro.
¡Abuelo!, gracias a Dios. ¿Cómo te sientes?, dijo Santos que no cabía en sí de la alegría.
Abuelo, dijo Alex, feliz de ver de nuevo al abuelo.
Denle de comer, debe de estar hambriento, dijo Marco y se fue a su despacho.
Más tarde, Santos, Alex y el abuelo fueron al despacho de Marco.
¿Podemos pasar?, dijo Alex con educación.
Adelante, dijo Marco desde adentro.
Queremos darle las gracias por lo que ha hecho por nosotros, dijo Alex no sin un poco de recelo.
No es nada, la policía hizo todo, yo solo los ayudé.
Estamos en deuda con usted, susurró el abuelo, lo que se le ofrezca, no dude en pedirlo, aunque pobres podemos darle mucho.
No se preocupe, con que haya regresado sano y salvo es más que suficiente.
Bueno, de todos modos, cuente con nosotros para lo que desee, dijo el abuelo, hablando con toda educación y agradecimiento.
Gracias, lo tendré en cuenta.
Los tres personajes salieron y se fueron a su casa.
.
.
Gisela entró al cuarto, y vio a Marco dormido, sintió una especie de desesperación al verlo dormir tan tranquilo. Necesitaba saber para qué lo había ido a visitar esa mujer extraña.
Se acostó, pero no podía conciliar el sueño, la presencia de esa mujer la tenía preocupada, ¿por qué quería hablar con su esposo?
En la casa de Alex y Santos festejaban el regreso de su abuelo. Los dos habían cooperado para hacer una cena especial, estaban felices.
Abuelo, por favor, no vuelvas a salir solo, espera a que uno de nosotros salga contigo, o los dos.
Sí, ya entendí la lección. Gracias, hijos, valen mucho para mí.
Y tú para nosotros, abuelo.
El abrazo fraterno unió a los tres personajes.
Luego, Santos decidió hacerle la pregunta que le carcomía el alma.
Abuelo, ¿por qué no nos has dicho que Marco es nuestro padre?
El abuelo tragó saliva, la pregunta lo tomó por sorpresa.
¿Cómo te enteraste?, el abuelo casi se atraganta con su propia saliva.
Ay abuelo, no se necesita ser muy inteligente para darse cuenta de muchas cosas, dijo Alex, secundando a su hermano.
Bueno, es una historia muy larga, yo siempre he creído que él la abandonó al saberla embarazada. Ahora sé que no es así, ella jamás nos dijo quien la había embarazado. Yo asumí lo que ya les he contado.
¿Qué debemos hacer?, nuestro padre no nos abandonó, pero no puedo perdonarlo. Hubiera investigado, ¿acaso no extrañó a nuestra madre?, ¿solo fue sexo lo que lo unió a ella? Alex se sentía indignado por tales reflexiones.
Yo pienso lo mismo, abuelo, y me hago las mismas preguntas que Alex, pero en el fondo quiero tener una relación con mi padre, dijo Santos secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
Pues allá tú, dijo Alex, como haya sido, yo no puedo perdonarlo.
El abuelo miró a ambos, no podía comprender por qué dos hombres idénticos tenían personalidades tan diferentes.
Bueno, pues hagan lo que crean conveniente. Yo aceptaré todo lo que decidan.
Gracias, abuelo, no esperábamos menos de ti, ¿verdad, Santos?
Así es, opino lo mismo que mi hermano.
El abuelo ya no dijo nada, se fue a su cuarto a descansar.
Los chicos hicieron lo mismo, el cuarto de ambos chicos aunque pequeño, era acogedor, y siempre estaba limpio.
De pronto, Santos se acordó del baúl, aprovechando que Alex ya se había dormido, sacó el baúl del armario, y con ayuda de la pequeña llave, lo abrió.
Dentro había algunas joyas de valor, dinero en efectivo (suficiente para vivir bien una semana o dos), y... un diario personal de Juanita.