Había pasado un año desde que Geisa había abandonado a su marido, el jeque Ali Hasam y echaba de menos a aquel hombre guapo, arrogante y apasionado, pero ¿de qué serviría volver a él si no era capaz de darle lo que él tanto necesitaba: un hijo y heredero? Cuando Ali la engañó para que regresara, Geisa se sintió furiosa y confundida. ¿Por qué la quería a su lado mientras luchaba con su padre por el trono de Jezaen ? Porque sólo podría triunfar si les demostraba a sus enemigos que tenía una esposa fiel y embarazada...
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 12
Aquello no era justo. El jeque Jalifa era un hombre bueno y amable, y Geisa y él habían sido muy buenos amigos.
-Tu padre comprendió por qué tuve que irme -le respondió en tono afectado.
-Pues yo no lo entendí, y tu decisión me ha su- puesto un grave problema. Porque al permitir que mi esposa se marchara, ofrecía una imagen de debilidad que no ayuda en absoluto a la estabilidad del país. Tengo que mostrar más autoridad.
-¿Y el mejor modo para hacerlo es secuestrándome y llevándome a Jezaen? -la amarga carcajada recalcó lo absurda que era esa medida.
-¿Preferirías que llevara a esa segunda esposa a la que no puedes oír nombrar sin estallar en lágrimas?
-Es a ella a quien necesitas, no a mí -era doloroso decirlo, pero era la verdad. Geisa ya no era la esposa adecuada para el heredero del reino.
-Tengo a la esposa que quiero.
-Pero no la esposa que necesitas, Hassan.
-¿Es este tu modo de decirme que ya no me amas? -le lanzó una mirada desafiante.
Oh, Dios... Geisa se tapó los ojos con la mano y se negó a responder.
-¡Contéstame! -insistió él acercándose.
Ella tragó saliva y apartó el rostro.
-Sí -susurró.
-¡A la cara! -le ordenó quitándole la mano de los ojos-. ¡Dímelo a la cara!
Las lágrimas le ardían en los ojos.
-No, por fa...-rogó, pero él no iba a ceder.
-Quiero oírte decir que ya no me amas -estaba pálido, dolido y furioso-. Quiero que me sueltes a la cara esa mentira. Y luego quiero oírte suplicar perdón cuando te demuestre lo contrario. ¿Entiendes, Geisa?
-¡De acuerdo! ¡Te amo! ¿Está bien así? ¡Te amo, pero no seguiré casada contigo! No voy a ver cómo arruinas tu vida por mi culpa.
Ya estaba dicho. La amarga verdad. Se soltó y se alejó, casi sin poder respirar.
-¿Y qué pasa con tu vida? -siguió preguntando él, de forma despiadada-.¿Vas a sacrificarte por mí?
-Lo superaré -las piernas le temblaban tanto que iba a caerse de un momento a otro.
-¿Te casarás de nuevo?
Ella se estremeció, pero no respondió.
-¿Te rodearás de amantes para intentar sustituirme?
-No necesito a nadie -contestó con la voz ahogada por el dolor.
-¿Entonces pasarás el resto de tu vida viendo cómo tengo hijos con esa segunda esposa?
-Oh, por el amor de Dios. ¿Qué intentas hacerme?
-Hacerte comprender que nos estás condenando a ambos.
-¡Pero yo no te estoy condenando a nada! Te doy mi bendición para que hagas lo que quieras con tu vida.
Hassan no se hubiera puesto más furioso si le hubiera ofrecido todo un harén. Las facciones de su rostro se le endurecieron en una expresión de rabia contenida.
-¡Entonces haré lo que quiero!
Antes de que Geisa se diera cuenta, se encontró en sus brazos. Él le dio un segundo para que leyera el mensaje que ardía en sus ojos, antes de besarla con recrudecida pasión, y ella se dio cuenta, horrorizada, de que no quería rechazarlo. Incluso emitió un gemido de protesta cuando Hassan la volvió a dejar en el suelo y se separó…