Julieta se ve enfrentado la pobreza luego de vivir toda su vida siendo una consentida niña de papá. Con su esposo muerto y una demanda por embargo de la noche a la mañana queda en la calle sola y confundida. Que cosas misteriosas le tendrá el destino preparado a una mujer dispuesta a salir adelante cueste lo que cueste.
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Trabaja duro.
Mis prejuicios con el fueron tan grandes que nunca me di el tiempo de descubrir lo grandioso y bondadoso que era en realidad.
- ¿Como va el negocio? Lupe me contó que ya estás buscando un lugar.
- Ah si, bueno mi presupuesto es demaciado limitado así que no estoy muy segura.
- Puedes buscar un inversionista.
- Ya nadie va a querer ayudarme, no después de lo sucedido.
- Yo conozco alguien que puede ayudarte.
- ¿De verdad?
- Si, es alguien que acaba de llegar así que desconoce todo lo ocurrido, puedo intervenir por ti Julieta.
Esta es la primera vez que me llama por mi nombre y suena demaciado bonito cuando lo dice. Espera en que estoy pensando.
- Gra.. Gracias Romeo. Te debo demaciado.
- Cuando seas reconocida solo no te olvides de mi y devuelveme mi trabajo. La verdad es que casi nunca trabajaba bajo tus órdenes y extraño demaciado eso.
- Ja Ja Ja Trato hecho. Cuando vuelva a la sima te traeré de regreso a mi lado. - Espera otra vez, esto se está poniendo demaciado confuso.
- Porque estas colorada. ¿Acaso estás pensando cosas inapropiadas?
- NOOO...
- Ja Ja Ja Bien ya me voy. Te daré las buenas noticias en unos días. Trabaja duro Julieta.
¿Que diablos me está pasando? Será la presión constante del trabajo o será la abstinencia que comienza a pasar factura. Tambien puede ser que Romeo es extremadamente sexy y eso nubla mi juicio.
- ¿Niña que pasa?
- Lupita me asustaste. Estoy bien.
- Segura..
- Segurisima, voy a ducharme ya lo necesito. - Salgo corriendo a mi cuarto y lo primero que hago es encargar un consolador por Internet, si es la abtinecia con esto se me curara.
La semana pasa rápido y ver ante mis ojos tantos trabajos ya terminados me llena de orgullo y satisfacción personal. No sabes de lo que eres capaz de realizar hasta que lo intentas. Luego de visitar a mi padre regreso a casa y veo a Romero hablando con Lupita en la cocina.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Niña bienvenida. Aquí el joven le tiene buenas noticias.
- Que buenas noticias me tienes amigo.
- Te he conseguido una entrevista para el posible inversionista de la tienda.
- No me lo creo.
- Bueno aún necesitas convencerlo.
Me lanzó a sus brazos emocionada por la gran oportunidad. - Muchas gracias, eres mi ángel guardián. - Siento sus fuertes brazos sosteniéndome de la cintura y recién en ese instante me doy cuenta de que estamos a centímetros de basarnos. - Per.. Perdón me emocioné demasiado.
- Está bien cariño, yo también estoy feliz por ti.
¿En qué momento nuestra relación avanzó tanto como para que use apodos cariñosos conmigo? Bueno hoy lo puedo perdonar por su gran ayuda. - ¿Me bajas?
- Si claro. Tienes que seguir trabajando duro y preparar un gran portafolios para el lunes.
- Bien me esforzaré al máximo. Quédate a cenar y si todo sale bien me encantaría que aceptaras que te invite a un lugar más lindo, tu también Lupe.
- Estaría encantado.
- Yo igual mi niña, ahora a lavarse las manos que ya vamos a cenar.
Desde que todo pasó solo ellos dos han confiado en mí y se quedaron a mi lado aún sabiendo que no tenía nada para ofrecerles. Sin duda alguna cuando vuelva a tener mi posición los recompensaré de la mejor manera posible. Aunque debo de admitir que está vida simple no es tan mala, me agrada.
- Dime como va el trabajo. ¿Todavía estás en horas extras?
- No gracias al cielo, ahora tengo algo de tiempo para mí.
- Me alegra saberlo.
- ¿Quieres que mañana te acompañe al taller así te ayudo a traer la mercancía?
- No, aprovecha tu descanso y recupera energía.
- No nos llevará demasiado tiempo, además quiero hacerlo.
- No tengo manera de devolverte tantos favores. Así solo sumó deudas contigo.
- No te estoy cobrando nada, arreglemos como ya estaba dicho, quiero volver a trabajar para ti.
No sé si es por su enorme bondad o por sus ojos tan profundos y hermosos, pero me gustaría poder seguir viéndolos toda mi vida.
En un momento terminamos solos los dos en la cocina, mientras lavo los platos Romeo me abraza por detrás, puedo sentir su perfume y su calor. - Que.. Que estás haciendo.
- Lo que tú quieres que haga. Cree que no he notado como me miras Julieta.
- Estás equivocado, yo.. Yo.. No hago eso que dices, aléjate por favor.
- Dímelo con confianza y pararé.
Maldición mi cuerpo está demasiado caliente y está situación me está llevando al límite. - Romeo por favor. - Me gira de un solo movimiento mientras sus labios roza los míos. Quiero alejado, pero a la vez no quiero que se detenga.
Lo envuelvo con mis brazos y hago que ese simple beso crezca en deseo y pasión. Rápidamente, comienzo a quitarle la camisa y él hace lo mismo con mi blusa dejándome solo en brasier.
- Eres hermoso Romeo, tu cuerpo es perfecto y me encanta. - Su mano se introduce dentro de mi pantalón y juega en mi interior mientras yo muerdo su hombro para no gritas del deseo que despierta en mí. Su bulto me sorprende y quiero ver más.
Sin pensarlo dos veces desprendo su bragueta para dejarlo libre ante mis ojos. En este momento me siento borracha y quiero perder el control antes de que la sobriedad me invada nuevamente.
Él me deja desnuda en cuestión de segundos y yo solo le susurró que me haga suya. Antes de poder sentir como entra en mí la alarma suena. - Maldición todo fue un puto sueño. Reviso mi ropa interior que está hecha un completo desastre y ni hablar de mi insatisfacción personal. Si era un sueño porque me tuve que despertar en la mejor parte.
Voy al baño a calmar mi ánimo y esa es la primera vez que uso el juguete que compre pensando en mi chofer. Pero no se compara en nada. Lejos de aliviarme me deja más deseosa al recordar esa gran herramienta que tenía Romeo en mis pervertidos sueños.