Dos personas muy distintas colisionan en una empresa, debido a sus diferentes formas de ver la vida, y en el proceso se encuentran a ellos mismos; gracias a una lista.
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Steve
Despierto al sentir una aplanadora pasar por mi cabeza.
–Mierda –digo y llevo mi mano a ella.
Miro a mi alrededor confundido hasta que recuerdo. Me levanto lo más rápido que puedo, pero me vuelvo a sentar al sentirme mareado. Ahora recuerdo por qué no me gusta beber.
Un maullido me hace abrir más los ojos y encuentro a Botines en la cama exigiendo atención.
–¿Tienes hambre, amiguito?
Vuelve a maullar, lo que interpreto como un sí.
Camino hacia la sala y veo a la enana hecha bolita sobre su sofá. Es tan linda. Su pecho sube y baja lentamente y su boca se encuentra entreabierta. Un pequeño y lindo pie se asoma bajo la manta azul que tiene encima, cubriendo el resto de su cuerpo.
Botines vuelve a maullar y camino hacia el lavamanos y busco una lata de atún.
–Tienes suerte, amigo, es una lata abre fácil, de lo contrario no podrías desayunar. No sé usar un abridor, nunca he cocinado en mi vida.
Le doy la lata a Botines y luego, cuando termina de comer, se dirige a la ventana y comienza a golpearla.
–¡No hagas eso! –le pido cuando el dolor vuelve con fuerza.
El ruido despierta a Becky, quién se estira y me sonríe.
–Debe querer ir al baño.
Me apresuro a dejarlo salir.
–¿Cómo te sientes? –me pregunta.
–Como si un boxeador hubiese entrenado con mi cabeza.
Se levanta preocupada y corre al baño. Cuando vuelve me tiende dos pastillas blancas.
–Tómalas, te ayudarán. Ayer también te di, pero supongo que no fue suficiente –dice preocupada y se apresura a la cocina por un vaso de agua.
–¿En serio me diste pastillas? No lo recuerdo.
Me mira y muerde su labio. –¿Qué es lo último que recuerdas?
Me tiende el vaso y me apresuro a tomar las pastillas. Necesito que este dolor se vaya.
Pienso en su pregunta antes de responder.
–No lo sé, estábamos hablando de mis novias…luego creo que mencionaste a un tal Bastián, él de los rapiditos, y luego… ¡Oh, recuerdo que me dijiste que habías tenido sexo en un cementerio!
–Pues sí.
–¿Por qué?
–No lo sé –contesta y comienza a preparar algo–. Supongo que estaba excitada y necesitaba sentirme viva. Fue divertido.
–Sólo tú podrías encontrar divertido algo así.
–¿Eso es todo lo que recuerdas?
–Sí, creo que sí. ¿Pasó algo más?
–Vomitaste.
–¡¿Qué?!
Sonríe. –Sí, dijiste que me besarías y luego vomitaste.
Enrojezco.
–¿Nos besamos?
–Nop, cuando estabas a punto de hacerlo comenzaste con los vómitos –dice y ríe–. Bebe esto –ordena tendiéndome un vaso con un líquido rojo.
–¿Qué es?
–Bébelo, te ayudará.
Lo hago sin discutir. Arrugo el ceño, sabe asqueroso.
–Dentro de poco te sentirás mejor. ¿Quieres comer algo?
Niego con mi cabeza.
–Tengo el estómago revuelto.
–Yo tengo hambre me prepararé un huevo con tostadas. Si cambias de opinión házmelo saber.
–¿Cuánto bebí?
–¿Tú solo? Como una botella, un poco menos.
–Bueno, supongo que ya podemos tachar eso de la lista. ¿Terminamos con las preguntas?
–Creo que nos quedaron un par –responde mientras comienza a cocinar.
–¿Te hice sentir incomoda anoche? –pregunto avergonzado por lo que me contó.
Ríe divertida. –Para nada, eres un borracho muy divertido.
Suspiro aliviado.
–Eso huele bien. Creo que querré una tostada –digo al sentir el maravilloso olor.
–Saliendo.
Camino hacia el sofá.
–¿Tú limpiaste mi vómito?
–¿Quién más?
Cubro mi rostro con ambas manos. –Lo siento mucho, Becky. No volverá a pasar, lo juro.
–Claro que volverá a pasar.
Pongo los ojos en blanco.
–¿Quieres vestirte antes de comer? –pregunta y sólo entonces me doy cuenta que estoy en bóxer.
Mierda.
Corro a la habitación y encuentro mi pantalón. Ya en la sala encuentro lo demás y comienzo a vestirme.
–Creo que necesitaré una ducha después.
–Usa mi baño, te advierto que es muy pequeño, deberás inclinarte.
–No hay problema. Gracias.
Camino a la pequeña isla y me siento en uno de los taburetes. Becky me sirve y luego ella se sienta y comenzamos a comer en un silencio agradable.
–¿Qué haremos hoy? –pregunto curioso.
–Ya que es domingo, ¿te parece la número once?
Sonrío. –Claro, será divertido. Mi traje al parecer sobrevivió a la vomitadera de anoche.
–Sí, por suerte te sacaste la camisa antes.
Cuando terminamos de desayunar buscamos en internet la página del diario local y sacamos la información que necesitamos. Luego me ducho, sorprendido de lo pequeño que puede ser una ducha. Cuando termino me visto y me peino con una peineta que me facilitó Becky. Y también me rasuro con una cuchilla que me regaló.
Sonrío al verme al espejo rasurándome con una cuchilla rosada.
Cuando salgo Becky entra rápidamente.
Me siento en el sofá y sonrío ante lo que veo, el lugar es pequeño, sí, pero es muy acogedor. Casi tanto como lo es la enana.
–Estoy lista –dice.
La miro y me pongo de pie.
–¡Estás bellísima! –exclamo admirado al verla envuelta en un vestido largo entallado color perla, con escote recto–. Creo que es la primera vez que te veo maquillada.
–Sí, sólo lo hago para ocasiones especiales. ¿Estás listo?
Asiento, aún admirando a la hermosa mujer que tengo frente a mí. Esos nueve hombres tuvieron mucha suerte.
Bajamos y esperamos al taxi. Ya en camino, sonreímos ansiosos por saber qué pasará.
Cuando el taxi se detiene frente a la iglesia, ambos reímos. Esto será divertido.
Caminamos de la mano, como si fuéramos una pareja y nos mimetizamos con los invitados de la boda.
–¿Vienen por la novia o el novio? –nos pregunta un caballero con un traje negro y una corbata morada.
–Novio –respondo yo, sólo para darme cuenta que la enana respondió novia.
–Somos amigos de ambos –digo y Becky ríe.
–Buena salvada –susurra cerca de mi oído.
Cuando todos entran, nosotros hacemos lo mismo. Nos sentamos en una de las últimas bancas a esperar por la novia que no conocemos.
–Esto es divertido –digo–. ¿Estás segura sobre lo otro?
Sonríe. –Fue tu idea, guapo.
Suspiro, lo fue, pero ahora no estoy tan seguro. A la mierda, Becky tiene razón, nunca volveremos a ver a esta gente.
Una música comienza a sonar suavemente y todos nos ponemos de pie al ver a la novia, quien, como todas las novias, se ve preciosa.
Sonreímos y luego nos sentamos cuando la ceremonia comienza.
Tomo la mano de Becky, nervioso.
–Si hay alguien que se oponga a la boda hable ahora o calle para siempre –dice el sacerdote, mirando hacia las bancas.
Nos ponemos de pie, llamando la atención de todo el mundo, sobre todo de los novios, quienes nos miran nerviosos.
–Disculpen, estamos en la boda equivocada –decimos y salimos corriendo del lugar sin parar de reír.
Corremos y corremos, atravesamos el parque y finalmente nos detenemos en un restaurante. Nos sentamos, nos miramos y volvemos a reír, sin poder detenernos.
Cuando finalmente nos calmamos, la miro y sonrío.
–¿A qué hora es la próxima boda?
–A las tres en la catedral que queda frente a los Tribunales de Justicia.
–Genial, ¿y la siguiente?
Mira su celular y frunce el ceño. –No creo que alcancemos es a las 4, pero está en la iglesia en la otra punta de la ciudad.
Me encojo de hombros. –Entonces en esa entraremos a la recepción, puede que incluso baile con la novia.
Becky ríe fuerte, llamando la atención de todo el restaurante.
–He creado a un monstruo.
Asiento, tiene razón.
–¿Qué haremos el martes?
Su rostro se parte con una sonrisa maliciosa y en vez de sentir miedo, siento emoción.
Ya quiero que sea martes.
Felicitaciones autora!!!!
Es tan tan hermosa que no encuentro las palabras justas y acordes a esta preciosa historia ... Original, romántica, entretenida y ,como si todo esto fuera poco, MUY BIEN ESCRITA.
No tengo ni encuentro las palabras justas para expresar cuánto me gustó por eso felicito y agradezco a la AUTORA por esa hermosura que nos ha regalado.
FELICITACIONES y muchas BENDICIONES por ese enorme talento que da vida a tan hermosos frutos.