🔞🌟✅️Jude Lennox, un talentoso pianista de treinta y cinco años atrapado en un invierno emocional tras la pérdida de su madre. Incapaz de tocar una sola nota, Jude camina sin rumbo bajo el monzón de Bristol hasta que encuentra refugio en una cálida cafetería-librería llamada Le June.
Allí conoce a Alistair, el dueño del local, un hombre robusto de treinta años con una mirada magnética y un hermoso tatuaje musical en su brazo. Entre ellos surge una atracción inmediata y madura. Aunque deciden comenzar a conocerse sin etiquetas, la pasión y la devoción protectora de Alistair se convierten en el cable a tierra que Jude tanto necesitaba.✅️🌟🔞
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Familia
El coche se detuvo frente al porche de madera. Jude se bajó del vehículo sintiendo que el aire del campo, limpio y con aroma a tierra húmeda, le llenaba los pulmones de una manera diferente. La casa de piedra clara se veía imponente pero acogedora, rodeada de colinas verdes que hacían olvidar por completo el cielo gris de Bristol.
Antes de que pudieran subir los escalones del porche, la puerta de la casa se abrió. Una mujer de unos sesenta años, de cabello canoso recogido en una trenza y ojos idénticos a los de Alistair, salió con una sonrisa radiante. Llevaba un delantal floreado y los brazos abiertos.
—¡Alistair, hijo mío! —exclamó la mujer, abrazando con fuerza al joven.
Alistair la levantó un poco del suelo entre risas, demostrando esa misma fuerza física que Jude tanto disfrutaba en la intimidad. Cuando el menor se separó, señaló al pianista con un gesto orgulloso.
—Mamá, él es Jude. El hombre del que te hablé.
Jude dio un paso adelante, recuperando su postura aristocrática y pulcra para ofrecer un saludo formal con la mano. Sin embargo, la madre de Alistair ignoró por completo su mano extendida. Se acercó y envolvió al elegante hombre en un abrazo profundo, cálido y maternal. Jude se quedó rígido por un segundo. El olor a lavanda y de la mujer le recordó tanto a su propia madre que sintió un nudo inmediato en la garganta.
—Bienvenido a nuestra casa, Jude. Alistair me ha dicho lo mucho que lo ayudas en la librería. Es un verdadero placer tenerte aquí —dijo la mujer, separándose con una mirada llena de una aceptación tan pura que desarmó al pianista.
—El placer es mío, señora —respondió Jude, con la voz un poco ronca por la emoción contenida—. Gracias por recibirme.
Al entrar a la sala, la calidez de la chimenea encendida los recibió. Sentado en un sillón orejero junto al fuego, un hombre mayor de hombros anchos pero aspecto desgastado los miraba. Era el padre de Alistair. Jude notó de inmediato la frágil salud del anciano: respiraba con una ligera dificultad, ayudado por una pequeña cánula de oxígeno, y sus manos grandes, idénticas a las de su hijo, temblaban sutilmente sobre sus rodillas debido a la edad y la enfermedad.
Ver esa fragilidad impactó a Jude como un golpe directo al corazón. El recuerdo del hospital y de la enfermedad de su propia madre amenazó con inundar su mente. Se puso tenso, pero Alistair, con esa intuición que lo caracterizaba, se colocó a su lado y le dio un apretón firme en la cintura, recordándole que no estaba solo y que esta vez el entorno era diferente.
—Hola, papá —dijo Alistair, acercándose para besar la frente del anciano—. Mira, él es Jude.
El padre de Alistair levantó la vista. Sus ojos, aunque cansados, reflejaban una profunda sabiduría. Miró a Jude de arriba abajo, deteniéndose en sus manos largas y cuidadas.
—Un gusto, Jude —dijo el anciano con una voz grave pero debilitada—. Mi hijo no deja de hablar de ti. Siéntate cerca del fuego, el viaje desde la ciudad siempre es frío.
Mientras los hombres se acomodaban en la sala, Alistair y su madre se dirigieron a la amplia cocina para preparar el almuerzo. La mujer picaba verduras con destreza mientras Alistair, con las mangas de la camisa enrolladas dejando ver su manga tatuada, se encargaba de sazonar la carne.
La madre de Alistair miraba de reojo a su hijo, observando la enorme sonrisa y la paz que el joven transmitía cada vez que miraba de reojo hacia la sala, donde Jude conversaba con el padre.
—Alistair —comenzó la mujer en un susurro, apoyando una mano en el brazo tatuado de su hijo—. Ese hombre, Jude... tiene una mirada triste, pero se nota que es una buena persona. Tiene una elegancia que te complementa de maravilla. No lo dejes escapar, hijo. Es el hombre perfecto para ti.
Alistair soltó una risa, conmovido por el entusiasmo de su madre.
—Lo sé, mamá. Jude es increíble. Nos estamos conociendo paso a paso, como dos adultos.
La mujer sonrió con picardía y, limpiándose las manos en el delantal, se tocó el dedo anular, donde llevaba un anillo de plata antiguo con una pequeña piedra azul.
—Hablo en serio. Entre risas te lo digo, pero si no te apuras, te voy a obligar a quitarme este anillo para que vayas y le propongas matrimonio a Jude ahora mismo en la sala. Ese hombre te mira como si fueras su salvador. No puedes perder el tiempo.
Alistair soltó una carcajada que resonó en la cocina. Miró a su madre, decidiendo seguirle la corriente con esa misma seguridad descarada que volvía loco al pianista en la cama.
—Está bien, mamá, no me presiones —bromeó Alistair con un guiño—. Quédate con tu anillo por ahora. Te prometo que pronto le haré la propuesta. Solo dale un poco de tiempo para que se acostumbre al aire de esta familia.
La madre le dio un golpe cariñoso en el hombro, conforme con la respuesta de su hijo, y continuaron cocinando entre risas y complicidad.
Mientras tanto, en una esquina de la sala, la conversación entre el padre de Alistair y Jude había tomado un rumbo mucho más íntimo. Junto al gran ventanal que daba a los campos de cultivo, descansaba un viejo piano vertical de madera oscura, un poco desgastado por los años pero evidentemente bien cuidado.
El anciano, apoyado en su bastón, se había levantado para situarse al lado de Jude, ambos contemplando el instrumento en silencio.
—Ese piano era de mi madre —comenzó diciendo el anciano, mirando las teclas amarillentas—. Alistair me dijo que eres un gran pianista, hijo. Un artista de los de verdad.
Jude bajó la mirada, cruzando sus dedos largos por detrás de su espalda y sorprendido, la palabra "hijo" no se lo esperaba.
—Lo era, señor —admitió Jude con suavidad—. Hace dos años que no toco. Perdí la inspiración cuando mi madre falleció por culpa del cáncer. Ver su salud desvanecerse me quitó la música de las manos.
El anciano asintió lentamente, comprendiendo el dolor. Miró hacia la ventana, observando el horizonte verde del campo.
—La enfermedad es una tormenta dura. Mírame a mí... el cuerpo se gasta, la salud se vuelve frágil y uno siente que ya no sirve para las tareas de la tierra. Pero el campo me enseñó algo en todos mis años de vida: la muerte es parte del ciclo. Las plantas mueren en invierno para que la tierra descanse, pero en junio, cuando sale el sol, todo vuelve a brotar con más fuerza. Tu madre te dio esas manos para crear belleza, no para usarlas como un altar al luto.
Jude escuchaba las palabras del anciano con una profunda reverencia.
—A mi hijo siempre le gustó la música —continuó el padre, señalando con la cabeza hacia la cocina, desde donde se escuchaban las risas de Alistair—. Por eso se tatuó ese pentagrama en el brazo. Él busca la armonía en las cosas, y creo que la encontró contigo. No dejes que el miedo al pasado te impida hacer sonar ese piano. La música, al igual que la tierra, siempre encuentra una forma de volver a la vida si le das la calidez suficiente.
Jude miró el viejo piano vertical y luego giró la cabeza hacia la cocina. Vio a Alistair salir con una bandeja de comida, mostrando sus hombros anchos y su sonrisa protectora. En ese momento, Jude entendió que la frágil salud del anciano no era un recordatorio de la muerte, sino una lección sobre la urgencia de vivir. Alistair era el sol de junio que su invierno necesitaba, y esa familia estaba comenzando a abrir los ojos de su alma rota de una vez por todas.
Muchas felicidades por la culminación de esta gran obra ☺️ ✨
y si no es mucho pedir una segunda parte 🤭.
Me encanta la madurez y la pasión de su romance 🤭. El cómo avanzo su relación sin la necesidad de una etiqueta desde el principio. ojalá tener más de ellos 💙.
Muchas Gracias autor/a por tu gran dedicación ☺️. me encantan tus novelas. tienes un gran talento muchas gracias por compartirlo con nosotros. Felicidades por una gran obra finalizada. 💐✨
y ya llega alguien a aguar la fiesta 🤦♀️