Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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11 EL DRAGÓN QUE QUEMA LAS SOMBRAS
Después de los eventos en el palacio imperial, regresé con Taylor y Rosa a su residencia. Mientras ellos creían que yo había regresado para ser una esposa obediente, en realidad preparaba mi siguiente jugada con la precisión de una estratega que conoce cada paso del enemigo.
Esa mañana, recibí una invitación dorada: la condesa Teresa Eragon – la reina de los círculos sociales y mejor amiga de Rosa – me invitaba a una fiesta de té en su mansión de la colina del Rocío. Sabía de sobra que era una trampa concertada con Isadora y Rosa para humillarme delante de toda la nobleza.
"Jajaja," sonreí fríamente, doblando la invitación entre mis dedos – "Que empiece el juego. Pensaron que encontrarían una víctima indefensa, pero no saben que se enfrentan a una depredadora."
Le ordené a Elle, mi criada de confianza, que fuera al gremio de información para conseguir todo lo que pudiera sobre Teresa. En la novela original, esta condesa solo aparecía una vez, pero yo había descubierto su peor secreto: sus dos hijos, a quienes todo el imperio cree hijos del conde Eragon, en realidad son de su amante el Barón Eliud Valdosa.
Me vestí con un vestido de seda azul claro, con mangas largas y bordados de encaje que hacían resaltar mi figura sin ser ostentoso. Llevé una bandeja con té de jazmín y pastelitos de almendra hasta donde Taylor estaba trabajando en sus papeles.
"Cariño," dije con voz dulce, posando la bandeja en su mesa – "Veo que estás muy ocupado. Deberías descansar un poco... el trabajo puede hacer mucho daño a tu salud."
Me acerqué a él y le pasé los dedos por su cabello, mientras mis ojos mostraban una ternura fingida pero convincente. "Sé que últimamente ha habido muchas intrigas... yo solo quiero que estés bien. Soy tan débil, pero haría cualquier cosa por ti."
Taylor cerró sus ojos y se inclinó hacia mi mano, completamente conmovido. "Lobelia," susurró – "Eres la única buena cosa en mi vida. No sé qué haría sin ti."
En mi mente sonreí triunfalmente: "Ya tienes tu cordón umbilical atado a mis dedos, Taylor. Eres mi peón más útil... por ahora."
Me preparé para la fiesta de Teresa, usando un vestido rojo hermoso. y arregle mi cabello con aceite para crear hondas.
Lobelia:
Llegué a la fiesta de té justo a tiempo. La sala estaba llena de las mujeres más importantes de la nobleza, entre ellas Rosa y la emperatriz Isadora, que esperaban en silencio la humillación que Teresa tenía preparada para mí.
Teresa, una mujer alta y arrogante con cabello rubio y ojos verdes, se acercó a mí con una sonrisa falsa. "Lobelia, querida," dijo en voz alta para que todos la escucharan – "Es un placer tenerte aquí. Aunque... no estoy segura de si conoces las costumbres de nuestra clase. Quizás deberías sentarte en la mesa de las criadas – después de todo, tu origen no es muy... distinguido."
Las damas empezaron a reír, pero yo me mantuve serena y sonreí. "Condesa Teresa," dije con voz clara y firme – "Creo que tienes mucho que aprender sobre quién soy. Pero antes de que sigas, ¿no deberías hablar de cosas que conoces bien? Como el Barón Eliud Valdosa... y la clave 'estrella del sol.
Teresa se quedó helada, sus ojos se abrieron de par en par y su rostro se volvió pálido como la nieve. Las murmuraciones de las damas se hicieron silencio al ver la reacción de la condesa.
"Vamos a mi sala privada," susurró ella con voz temblorosa – "A solas."
Tan pronto como cerré la puerta, la agarre del cabello con fuerza y la tiré al suelo de madera fría. Le pisé las manos con mi tacón de cuero, haciendo que gritara de dolor.
"Tu secreto está en mis manos, Teresa," dije con voz fría como el hielo – "Tengo pruebas incontrovertibles de que tus dos hijos son de Eliud. Si las revelo, te decapitarán por adúltera y tus hijos serán desheredados. Si eres inteligente, sabrás quién es tu nueva ama."
Le señalé una caja de madera oscura que había traído conmigo. "Abrela," ordené.
Cuando Teresa la abrió con manos temblorosas, quedó aterrada: dentro había un dedo cortado, con un anillo de plata que reconocía de inmediato – el de su criada de confianza, Mara, que había desaparecido hacía tres días.
"¿Qué le hiciste a mi criada?" – gritó, con lágrimas de terror en los ojos.
"Ella está viva," respondí, pisándole la mano con más fuerza – "Esparcía rumores falsos sobre mí por tu orden, pero volví el juego en tu contra. Hice creer a todos que huyó con un hombre del burdel. Si quieres que la libere, harás lo que te diga: destruirás la reputación de Rosa en los círculos sociales. Contarás que es una mujer codiciosa que manipuló a Taylor para casarse con él, y que tiene lazos con los nobles rebeldes. De lo contrario, mañana todo el imperio sabrá que eres una perra que tuvo hijos de otro hombre."
Liberé a Mara en el porche trasero. La criada estaba aterrada, con el brazo vendado y los ojos llenos de miedo. Cuando vio a Teresa, se arrodilló y susurró:
"Señora... esa mujer es muy peligrosa, está loca. Descubrí por accidente que tiene un romance con el emperador – incluso vi cómo se encontraban en la posada del Dragón Dorado. Taylor también está en sus manos, hace todo lo que ella dice. Me dio terror... me cortó el dedo sin pestañear, su mirada fría y sin emociones era tan aterradora que me heló la sangre. Incluso volteó los rumores contra mí – ahora todos creen que soy una mujer perdida. Le puedo asegurar que ni la emperatriz podrá con ella: se analizar a las personas como si fueran libros abiertos, y busca el puesto más alto. Está llena de ambición y maldad... no se meta con ella, señora. Es mejor ponerse de su lado. Ella es como un dragón que busca quemar todo a su paso."
Elle entró en mi habitación mientras yo me quitaba mis joyas. Le extendí una caja con aretes de zafiro y un collar de oro.
"Elle, querida," dije con una rareza de ternura – "Debes escalar en la vida. Ese general Víctor Solen se ve interesado en ti, y tú eres hermosa, inteligente... no debes conformarte con ser una criada. Busca tu futuro. La vida de nosotras mujeres es dura, llena de obstáculos que solo podemos superar con astucia y fuerza."
La tomé de la mano y le sonreí – una sonrisa sincera, sin disimulo. "Te enseñaré a seducir, a manipular, a sobrevivir en este mundo cruel. Busca tu felicidad, aunque suelo ser cruel con mis enemigos. Respiro y quiero a los que me sirven con lealtad. No eres mi criada, Elle... eres mi amiga, y eso vale más que cualquier tesoro del imperio."
Mientras Elle se iba emocionada con las joyas, yo me senté frente al espejo y me miré fijamente.
"Un dragón no puede dominar el cielo solo," pensé – "Necesita aliados leales que la apoyen. Y yo voy a construir un imperio de sombras donde cada pieza esté en su lugar."