Sol ha sobrevivido diez años sin nombre, sin recuerdos y sin más compañía que el dolor. Desde que despertó a los dieciocho sin saber quién era, su vida se convirtió en golpes y tortura. Pero todo cambia cuando llega al castillo del rey demonio... Y él, sin explicación alguna, le pide matrimonio.
¿Acaso ya se conocen? Quizás, el secreto de su recuerdos sean la respuesta porque él la ama tanto.
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Capitulo 11
...En la noche en que Sol y Noel fueron rescatados....
...(Dos días atrás)...
Una hora después de que Gael montara a Sol y Noel sobre su caballo y desapareciera entre los árboles, los tres hombres del carruaje comenzaron a recobrar la conciencia. Doloridos, torpes, se incorporaron como pudieron.
El conductor gruñó, sujetándose las costillas.
— Maldición… Si el jefe se entera de que se llevaron la mercancía, nos matará.
— Es mejor escapar de aquí antes de que nos encuentre ese sujeto —respondió el hombre que estaba a su lado, con evidente temor.
El conductor lo miró con disgusto.
— ¿Te refieres al que compró al niño y a esa mujer?
El tercer hombre, hasta ahora en silencio, murmuró con un temblor profundo en la voz:
— Ya es tarde… Ya debe de estar aquí…
Los otros dos lo miraron como si estuviera delirando. Hasta que se pusieron rígido. No fue por miedo imaginario. Era porque había alguien detrás del que advertía.
En un solo movimiento, la mano del recién llegado atravesó su cuello. La retiró sin prisa, como si solo hubiera hundido la mano en agua, roja y viscosa. El cuerpo cayó muerto a los pies de ambos sobrevivientes.
El hombre limpió la sangre de su mano con calma.
— ¿Quién tiene mi mercancía? Y no se tarden en responder. Odio esperar.
Los dos hombres se quedaron paralizados, sin aire. Cuando él avanzó, el conductor estalló en pánico.
— ¡No sabemos dónde está! ¡Hace rato un encapuchado se llevó a la mujer y al niño! ¡Es todo lo que sabemos! ¡Usted debe ser el señor Jack!
Jack lo miró como a un insecto.
— Eso no me sirve. No me importa el mocoso. Quiero a la mujer. Digan en qué dirección se fue. Ahora.
— ¡No sabemos nada! —insistió el conductor, temblando.
El otro hombre tragó saliva, recordando algo.
— Yo… Yo reconocí el emblema del encapuchado. Si no me equivoco… era de la casa Dominic. Del reino de los demonios.
Los ojos de Jack se iluminaron, no de emoción… sino de furia.
— ¿Cómo se atreven… a permitir que mi mercancía termine en ese mugroso reino?
Ambos cayeron de rodillas, suplicando.
Jack sonrió.
— De acuerdo. Les perdonaré la vida… a cambio de que la vivan en mi sala de tortura. Hasta que sus cuerpos aguanten.
Sol alguna vez había mencionado que el hombre que la compró disfrutaba torturar sirvientas por placer. Jack tomó a los dos por el cabello, arrastrándolos hacia su hogar.
Mientras avanzaba, pensó con deleite.
"Después de llevar mis nuevos juguetes a casa, iré por ti… princesa Morgana. Oh, esto es tanta exitacion que mataré hasta saciarla.”
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En el presente.
Sol, decidida ya a casarse, estaba más nerviosa que Catrina y Ruth juntas. Sofía entró llevando a Noel, impecablemente arreglado.
— Miren lo perfecto que me quedó este niño —dijo orgullosa. Noel se cubrió la boca por la pena, pero cuando vio a Sol vestida así… corrió hacia ella.
— ¿Noel? —susurró Sol, desconcertada.
Él tomó su mano.
— ¡Sol! ¡Déjalo todo y escapa conmigo! ¡No pienso compartirte con ese demonio! ¡Se mi única familia! ¡Prometerlo con el meñique!
Catrina y Ruth se mordían los labios para no reír. Sofía no lo consiguió y soltó una carcajada. Sol, halagada y sorprendida, estaba a punto de responder cuando un dolor punzante la atravesó. Cayó de rodillas, sujetándose la cabeza.
— ¡Sol! ¡¿Qué pasa?! —exclamó Ruth, arrodillándose junto a ella.
Un recuerdo, enterrado durante años, volvió como un latigazo.
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El recuerdo.
— ¡Lumiel! ¡Príncipe arrogante, ven aquí! ¡Deja de decirle tonterías a mis padres! ¡No puedes pedirme matrimonio así como así!
Lumiel salió detrás de una de las enormes estatuas del pasillo. Se acercó con dignidad ofendida.
— ¡Sol de mi vida! No son tonterías. Solo protejo tu mano de otros hombres. Eres mía. Y si te preocupa que sea un joven príncipe… creceré y seré un hombre. Además, el rey y la reina ya me dieron su aprobación.
Sol lo miró incrédula.
— ¿Y qué pasará si te enamoras de otra persona?
— ¡Jamás! Primero me arranco los cuernos.
— Que te crezca entonces. A pesar de qué tú y yo casi tenemos la misma edad, eres mucho más ingenuo y tonto.
— Falta cumplir mi rito. Aún no lo he hecho, así que aún no soy un demonio poderoso.
Ella suspiró y propuso
— Hazme una promesa. Cuando seas un demonio poderoso y puedas casarte, si sigues enamorado… podrás pedirme mi mano. Pero no quiero más propuestas tuyas hasta entonces. ¿Lo prometes?
— Lo prometo.
Sellaron el pacto con sus meñiques. Sol lo tomó de la oreja.
— Ahora ven. Quiero escucharte tocar el violín.
— ¡No quiero! ¡No me gusta el violín! ¡Suéltame mujer!
— Eres excelente. Y pienso explotar tu talento.
El recuerdo se desvaneció, pero su impacto no.
"Yo conocí a Lumiel… antes de perder la memoria. Él sabe quién soy.
¡Debe saberlo!"
Sol se incorporó con brusquedad y salió corriendo a pesar de que la cabeza le arde, tantos recuerdos queriendo salir y solo poco deja escapar.
Noel y las demás la llamaron, pero ella no escuchó a nadie. Solo corría.
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Mientras tanto, en la ceremonia.
Los invitados murmuraban impacientes. Ricardo y su hija Lilith ocuparon los asientos delanteros. Todo estaba listo.
Lumiel caminó hacia el altar vestido de azul oscuro, la ropa tradicional de los Dominic era característica por la elegancia que transmite. El rey, con una calma radiante esperaban en el altar.
Pero la novia no entraba.
La alegría en su rostro se tensó. Fingió serenidad, pero sus ojos buscaban a Sol con creciente angustia… hasta que su agudo sentido llegó antes que el grito de Noel resonará en el pasillo.
Lumiel se volvió de inmediato en la entrada de la sala, más allá del pasillo encontró a Noel y a Catrina pálidos.
— ¿Qué ocurre? ¿Dónde está Sol? —preguntó, con la voz grave y baja.
Catrina tragó saliva.
— Mi señor… Sol ha sido secuestrada. Cuando fuimos por ella… un hombre con muchas cicatrices la llevaba inconsciente. Desapareció en las sombras. Perdonenos… no pudimos detenerlo.
La atmósfera se volvió sofocante. Jamás lo habían visto así; preocupado, enfadado… y peligroso.
— Gael —ordenó. El hombre apareció detrás de él, como surgido de la oscuridad.
Lumiel preguntó sin apartar la mirada del vacío.
— ¿Quién se atrevió a entrar en mi castillo y a robar a mi mujer? ¿Cómo mierda no lo detectaron?
— Mis disculpas. Tenemos información de que fue Jack Lon. Sabemos que era él por su aspecto: flaco, alto, piel como un mapa de completo castigo, hecho por el mismo. Tiene el Don de la rata escurridiza. Entra sin ser descubierto, al menos de que él lo quiera.
Noel se estremeció.
— Ese hombre… fue quien nos compró. Íbamos a morir ahí, pero Gael nos salvó. Vive cerca de la frontera del reino mío y de Sol.
— Enviaré un escuadrón de rescate... —empezó Gael.
Lumiel lo interrumpió sin dudar.
— Iré yo solo.
— No puedo permitirlo. Es muy riesgoso.
— Le prometí a Sol protegerla a cualquier costo. No volveré a quedarme esperando… como hace diez años. Sumando que soy el rey demonio. Cualquier bastardo que toque lo mío muere.
Gael insistió.
— Entonces iré con usted.
— No. Necesito que mantengas el orden en el castillo. Solo seré más rápido. Además… —sus ojos ardieron— la única forma de calmar mi ira… es matarlo yo mismo.
Lumiel avanzó sin esperar otra palabra, decidido a recuperar a su mujer.