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Pasado Y Caos

Pasado Y Caos

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Mundo de fantasía
Popularitas:232
Nilai: 5
nombre de autor: Reylocura@2004

Pasado y Caos es una novela de terror psicológico y suspenso que se mueve entre el dolor humano y lo inexplicable. Sigue a Evan, un niño marcado por una pérdida temprana, mientras el mundo a su alrededor intenta dar explicaciones racionales a hechos que parecen negarse a ser entendidos del todo.
La historia avanza entre recuerdos rotos, silencios incómodos y una presencia que nunca se muestra del todo, pero que se siente en cada página. No se apoya en el terror fácil, sino en la incomodidad de lo que persiste: la culpa, la memoria y aquello que se hereda sin querer.
Es una novela oscura, íntima y emocional, donde el verdadero miedo no siempre viene de afuera, sino de lo que uno guarda cuando deja de hablar.

NovelToon tiene autorización de Reylocura@2004 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Donde se parte el espejo

(Precuela – 26 de marzo de 1950)

El día que no amaneció

26 de marzo de 1950 – 07:00 hs

El reloj de la cocina marcaba las siete.

Pero el sol no salió.

El cielo era una mancha gris opaca, sin nubes ni claridad, como si alguien lo hubiera borrado con

carbón.

El orfanato crujía. No por el viento. No por la madera.

Sino por pasos invisibles que recorrían los pasillos.

Ningún adulto lo mencionaba.

Ningún niño lloraba.

Solo Jacinta miraba el techo con una sonrisa.

Jacinta —Hoy empieza —susurró.

El diario que escribe solo

26 de marzo – 11:15 hs

El diario fusionado que Elena había creado ya no necesitaba su mano.

Páginas enteras se llenaban solas.

Todas comenzaban igual:

“Hoy nací.

Hoy me dieron cuerpo.

Hoy tomé una voz.

Hoy me van a amar.”

Elena intentó arrancar la hoja.

Pero debajo había otra con la misma frase.

Y otra.

Y otra.

Hasta que entendió que no tenía final.

Las voces que no suenan

27 de marzo – 18:40 hs

Los niños hablaban sin emitir sonido.

Sus labios se movían, pero lo que querían decir ya estaba escrito en el aire.

Silvana los miraba desde la biblioteca.

Silvana —Nos está vaciando —dijo.

Elena —¿Quién? —preguntó Elena.

Silvana levantó la palma de su mano.

Tenía una frase marcada en carne viva, como un tatuaje quemado:

“Soy lo que quedó de vos.”

El cuerpo que se escribe

28 de marzo – 02:00 hs

En la lavandería, Elena reunió todos los diarios encontrados.

Los suyos.

Los de Silvana.

Los de Nicolás.

Otros, arrancados de habitaciones vacías.

Los abrió en círculo.

La tinta parecía más espesa.

El papel, más tibio.

Al abrir el diario fusionado, una frase

apareció sola:

“Soy la suma de todo lo que quisiste guardar.”

Y debajo:

“Cada página es un hueso.

Cada frase, un órgano.

Cada nuevo diario… una piel.”

Elena comprendió que escribir para contenerlo era lo mismo que alimentarlo.

Padre Mauricio lo reconoce

28 de marzo – 22:30 hs

El cura llevaba tres noches sin dormir.

Ese día bajó a la capilla y lo vio.

Una figura de sombras mal cosidas, de gestos robados, estaba de pie frente al altar.

Padre Mauricio —¿Quién sos? —preguntó, temblando.

La entidad respondió:

Entidad —Soy lo que queda cuando ya nadie cree en lo que rezas.

La cruz cayó de la pared.

El cura cayó de rodillas.

Y por primera vez murmuró:

padre Mauricio —Esto es igual que en 1925, cuando llegué a este orfanato…

Jacinta, en el altar

29 de marzo – 00:12 hs

Jacinta entró sola a la capilla.

La puerta respiraba.

Se arrodilló y susurró:

Jacinta —Estoy lista.

Y la entidad respondió:

Entidad —Tu nombre no era tuyo.

Entidad —Ahora te doy el mío.

Su piel se agrieta como arcilla.

Sus ojos se volvieron blancos.

No habló más con su voz.

El experimento de Elena

29 de marzo – 04:00 hs

Elena encendió velas en la lavandería.

Puso agua bendita, tizas, una grabadora.

Leyó en voz alta lo que el diario escribía solo.

Cada frase apagaba una vela.

La última decía:

“Y si escribes mi nombre completo… me abrís la puerta final.”

Las velas murieron.

La grabadora no explotó: empezó a

reproducir frases que Elena nunca había

dicho.

“Ya lo escribiste.”

“Ya lo soñaste.”

“Vos sos la última página.”

La sala de espejos

30 de marzo – 06:45 hs

El pasillo que llevaba a los dormitorios había

desaparecido.

En su lugar, una sala de espejos interminable.

Cada espejo mostraba algo distinto.

Elena riendo.

Nicolás llorando sangre.

Silvana colgada.

Margaret —No mires mucho —dijo Margaret, apareciendo de pronto.

Margaret —Te mostrará lo que negás.

Elena se vio en todos los espejos… cada vez más vacía.

Lo que no puede ser dicho

30 de marzo – 10:20 hs

El padre intentó leer la Biblia frente a todos.

Padre Mauricio —Que la palabra nos devuelva la fe —dijo.

Pero la tinta se volvió negra.

El papel se deshizo en sus manos.

Y una voz desde el altar susurró:

¿?—No hay otro libro ahora.

¿?—Solo el que ella escribe.

Todos miraron a Elena.

El encierro

30 de marzo – 15:00 hs

Padre Mauricio reunió a los adultos.

Padre Mauricio —Desde ahora, el orfanato queda cerrado.

Padre Mauricio —Nadie entra. Nadie sale.

Cocinera —¿Y los niños? —preguntó la cocinera.

Padre Mauricio —Si cruzan la reja, lo que está con ellos también cruzará —respondió.

Sellaron las puertas.

Encadenaron el portón.

El mundo afuera siguió sin saber que adentro algo estaba naciendo.

El nuevo lenguaje

31 de marzo – 01:30 hs

Jacinta comenzó a escribir símbolos.

Nadie sabía leerlos.

Pero todos lo entendían.

Aparecían en los muros.

En la comida.

En la piel de algunos niños.

■ Δ ■ ■ Ψ

Silvana lo reconoció.

Silvana —Ese fue el símbolo que soñé cuando él me dijo su nombre.

La entrega de los nombres

31 de marzo de 1950 – 20:05 hs

Los niños se reunieron en el comedor sin que nadie los llamara.

No comieron.

No hablaron.

Cada uno llevaba una hoja en blanco.

Y uno a uno, comenzaron a escribir su nombre.

No con tinta.

No con lápiz.

Con la misma marca negra que aparecía en los símbolos de Jacinta.

Nicolás fue el primero en terminar.

Levantó la hoja y dijo, con voz que no era la suya:

Nicolás —Ahora soy parte de él.

Los demás lo imitaron.

Margaret.

Silvana.

Incluso los más pequeños.

Elena temblaba en su asiento.

Elena —¡No lo escriban! —gritó.

Pero al mirar su propia mano, vio que también lo había escrito.

Su nombre estaba allí.

En su piel.

Y el diario, abierto en la mesa, registró todo sin que nadie lo tocara.

“Ya no son niños.

Ya son páginas.”

El nacimiento

31 de marzo – 23:59 hs

Elena abrió el diario fusionado.

Solo había una página blanca.

La tocó.

Sintió un latido.

No era tinta.

No era papel.

Era carne.

La voz llegó directo a su oído:

Entidad —No me escribas más.

Entidad —Escribirte a vos.

Entidad —Y así naceré.

Elena cerró los ojos.

Y por primera vez sintió que ya no estaba sola en su cuerpo.

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