Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 11 Lord Gruñón
Duncan tuvo que mirar hacia abajo para ver de quién se trataba, para su sorpresa era la extraña mujer que habían encontrado en el bosque.
La escaneó por un momento, estaba casi desnuda y usaba unos extraños zapatos que se veían brillantes.
—Lo siento, no te vi, está un poco oscuro...
—No te dirijas a mí de esa forma, soy un Lord y por lo tanto debes hablarme con respeto. —Un tinte peligroso en su voz. —Segundo, No puedes pasearte desnuda como si nada. —Su mirada bajó a los pechos de Victoria.
Ella instintivamente se cubrió con los brazos, había olvidado que su vestido estaba roto.
—Lo siento, Lord Duncan, solo estaba buscando un baño y no conozco el castillo. Respecto al vestido, es lo único que tengo. —Victoria se mordió la lengua para no soltarle alguna grosería.
—Vuelve a la habitación, enviaré a la criada para que las ayude y les dé lo que necesiten, luego las espero en mi salón privado para que respondan algunas preguntas.
—Sí, mi Lord. — Respondió Victoria haciendo una reverencia. —Con su permiso, me retiro.
Se dió la vuelta y podía sentir los ojos de Duncan clavados en su espalda.
Victoria se dió cuenta de que no iba a ser tarea fácil convencer al Lord gruñón para dejarlas quedarse, pero ella era una exitosa abogada, iba a hacerlo ceder.
Tal y como Duncan lo prometio, la criada, llevó toallas y ropa para que se cambiaran; llevó a Victoria hasta el baño, que resultó estar muy cerca.
Agnes tenía instrucciones precisas de esperar hasta que ambas estén listas para así llevarlas hasta el salón del Lord.
—¿Cómo se supone que me ponga esto? —Se quejó Victoria agarrando un corset.
—¿Acaso tenemos otra opcion? —Fridda claramente representaba la sensatez.
—Lo peor de todo es que no tengo ropa interior, lavé mi única prenda.
–En cuanto pueda, trabajaré en hacernos algo de ropa. —dijo Fridda resignada. —Un dia a la vez.
Con ayuda de Fridda, Victoria se colocó el vestido y luego fue su turno de ayudar a su amiga.
Se escucharon golpes bajitos en la puerta.
—Lord MacIver las está esperando, no lleguen tarde o lo lamentaran. —Advirtió Agnes desde el otro lado.
—Enseguida salimos. —Respondio Victoria. — Mira Fridda, que botas tan feas —Se burló.
—Vicky mejor demonos prisa si queremos causar una buena impresión.
—Bueno bueno... vamos. Estoy lista.
Victoria dejó su cabello negro suelto, eso le daba un aire distinto para meterse en su papel de víctima.
Las tres mujeres caminaron por el castillo que ya se encontraba iluminado con lámparas de aceite, llegaron a una enorme puerta, una vez allí Agnes tocó y esperó la respuesta para luego abrirla e indicarles a Victoria y Fridda que entraran.
El lugar era bastante acogedor, habían estantes de libros que iban desde el piso hasta el techo, una gran chimenea donde crepitaba el fuego dándole calidez al lugar, habían sillas, mesas y lo que parecía una poltrona.
Duncan estaba sentado en una silla y su incondicional Rory en otra, las observaban fijamente.
—Acerquense. —Ordenó Duncan.
Victoria y Fridda se acercaron con paso firme, esto podia salir bien o terriblemente mal.
—Lord. —Dijo Victoria suavemente. —Estamos aquí para responder sus preguntas.
—¿De dónde vienen? —Preguntó Duncan sin rodeos.
—De Londres, hemos llegado en barco.
—¿Por qué han venido?
—Mi Lord, huimos de la guerra, perdimos todo lo que teníamos y este nos pareció un buen lugar donde recomenzar en paz. —El tono suave de Victoria, siendo una perfecta víctima.
—Tiene sentido. —Intervino Rory. —Pero, ¿cómo terminaron en medio del bosque?
—Somos forasteras, señor, fué fácil para unos delincuentes aprovecharse de nuestra vulnerabilidad. —Respondió Fridda, siendo consecuente con la historia que elaboraron.
—Nos robaron y luego nos llevaron hasta el bosque con intenciones lascivas, pero por suerte escapamos en un descuido y corrimos hasta perderlos; por supuesto nosotras también nos perdimos, pues no conocemos estas tierras. —Finalizó Victoria.
Duncan las observaba fijamente, no estaba del todo convencido.
—Vaya, lo siento mucho. Debieron estar aterrorizada. —Rory se compadecía de ellas.
—¿Entonces son desposeídas? —intervino Duncan.
—Lo somos, agradecemos su hospitalidad y que nos hayan salvado; pero, si no somos bienvenidas lo entenderemos. —Las palabras de Victoria sonaron muy seguras.
Fridda la miró con los ojos muy abiertos ¿cómo se le ocurrió a su amiga decir eso? Se suponía que debían convencerlo de dejarlas quedar, no al contrario.
—No digas eso, niña. Aquí en Lochleven serán bien recibidas. —dijo Rory
Al escuchar eso último, Duncan miró a su amigo boquiabierto. Él aún no había tomado una decisión.
—¿En serio? —le preguntó Duncan en gaélico para que las mujeres no entendieran. —¿Ya has decidido por mí?
Rory se sonrojó un poco, ciertamente se había tomado una atribución que no le correspondía.
—Lo siento, es que me dan pena. Yo no tendría corazón para echarlas.
El gigante pelirojo tenía un gran corazón.
—Entonces llévalas a tu casa. —Respondió Duncan con sonrisa burlona.
—Lo haré si no las dejas quedarse en el castillo. —Rory se cruzó de brazos.
—Tambien son mis tierras.
—Me iré yo también si te estorbo.
Victoria y Fridda no entendían nada, aunque sabían que estaban hablando sobre ellas. Solo debían esperar.
Después de pensarlo por un minuto, Duncan por fin cedió. Dió un largo suspiro y anunció:
—Pueden quedarse, trabajarán en las labores relacionadas al Castillo y percibiran un pago al igual que el resto...
Victoria sonrió y Duncan continuó.
—No quiero que me causen problemas o las echaré de aquí y tú te irás con ellas —Dijo esto último mirando a su amigo— se los advierto.
—No va a notarnos, mi lord. —respondió Victoria.
—Gracias por su generosidad. —agradeció Fridda.
Ambas hicieron una reverencia para luego marcharse con una sonrisa en los labios.
Cuando estuvieron solos, Rory miró a Duncan y le dijo:
—Son chicas muy guapas, me alegra que las hayas dejado quedarse.
—Espero no arrepentirme. No creo que sean buenas criadas.
—Estoy de acuerdo en eso, parecen cualquier otra cosa. —sonrió Rory
Mientras tanto Victoria y Fridda celebraban en su habitación el pequeño triunfo que tuvieron, aunque las cosas no serían tan fáciles de ahora en adelante.