En una escuela de un pueblo muy alejado de la ciudad. En el campo. Pasan cosas extrañas a los adolescentes del lugar. Algunos desaparecen y reaparecen luego de semanas o meses. Otros sencillamente entran en crisis nerviosa, y ya no quieren volver al lugar.
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Capítulo XI. El ha vuelto.
Aisha, acostada en su habitación, pensaba en lo sucedido horas antes. Sonia seguía sin aparecer. Las autoridades de la escuela y la policía, así como sus padres, decidieron esperar a ver si aparecía sola, igual que el resto de los estudiantes. El problema era que habían desaparecido dos jóvenes casi al mismo tiempo, y esto era la primera vez que ocurría.
Primero, debía aparecer Rafael, para que pudiera aparecer Sonia, según la lógica de la experiencia. Según eso mismo, aún faltaban varios días para eso. Por eso seguía quedando en dudas, si Javier era parte de estás desapariciones.
- Aisha, baja a comer hija. - Era la madre de la joven, que tocó la puerta y le avisaba desde el lado contrario que la cena estaba servida.
La joven no había merendado, algo fuera de lo común, pero entendible debido a la situación vivida en la escuela.
- Voy, mamá. - respondió. Para unos segundos después, levantarse con un suspiro. Se dirigió al baño dónde se lavó el rostro, y se seco con cuidado. Se miró al espejo unos segundos.
"¿Que está sucediendo aquí? ¿Será similar a lo que sucedió en la capital?" pensó Aisha, de nuevo.
Luego sacudió la cabeza levemente, dispersando esos pensamientos. Y se dispuso a bajar a cenar con sus padres.
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- Aidan, desapareció una chica más pequeña, de primer año. - le informo Caleb con voz calmada al joven líder.
Enseguida este levantó la mirada, que pasó de estar concentrada, a ser de sorpresa.
-¿Qué es lo que dices? - preguntó con asombro. La tercera en menos de una semana, con diferencia de horas con respecto a Sofía. Y lo peor era que Rafael aún no aparecía.
- Monique desapareció hace dos horas, saliendo de la escuela. Cerca de donde desapareció Rafael. - explica Caleb, que curiosamente estaba inexplicablemente calmado.
Aidan lo observo. La calma que emitía el pelirrubio no le gustaba, le generaba un leve presentimiento. Sin embargo, no salía de su asombro que todo sucediera tan rápido. En menos de una semana tres desapariciones.
Giró su rostro para mirar a lo lejos a Aisha, sentada con Jason, y una silla vacía en la pequeña mesa de la cafetería.
¿Qué estaba sucediendo? pensó Aidan.
- Inicia la búsqueda de Monique, por favor. -
- Si, señor - respondió Caleb, y se retiró. Dejando a su líder sentado en una mesa de la cafetería retirada del resto.
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Que desapareciera una chica de primer año era bastante extraño. La primera de ese grado en desaparecer, y la tercera consecutiva sin que los demás aparecieran.
Aisha pensó una forma de saber que ocurría realmente en la escuela. Esto era sumamente extraño. No podía ser casualidad. No podía ser normal. No debía ser obra de un humano normal.
Las emisiones de energía negativa cuando desaparecían los estudiantes eran grandes. Era como si algo necesitará la energía de los jóvenes.
Fue entonces, que Aisha, acostada en su cama, boca arriba, viendo el techo de su habitación, ya tarde en la noche, sin poder dormir, lo pensó.
¿Necesitar? ¿Quién o qué? pensó la joven.
Se sentó de golpe en el borde de su cama. Quedando frente al espejo de su habitación. Y de nuevo volvió a pensar en lo que ocurrió en la capital, en una de las tantas escuelas donde estudió.
¿Será posible que..? Se preguntó a si misma sin atreverse a terminar la frase.
Era imposible. Ellos habían logrado destruir aquel ente maligno. Habían unido fuerzas y habían luchado, hasta derrotarlo. Lamentablemente, de los cuatro aprendices, dos brujas y dos brujos que estuvieron involucrados, solo dos lograron sobrevivir. Aisha, que era aprendiz, y su Maestro. Sus dos compañeros, también aprendices del Maestro, apenas iniciaban su entrenamiento. Aún así, se ofrecieron a luchar debido a su gran poder, y lograron entre todos, vencer al ente. Pero ellos murieron.
Fue una gran pérdida. Eran excelentes en su manejo de la magia. Y grandes compañeros.
¿Será posible que haya vuelto en este pequeño pueblo? se preguntó Aisha.
Así que Aisha, por fin decidió comunicarse con su Maestro. No iba a ser fácil, porque hace mucho que no lo hacía. Se había alejado porque precisamente una de esas aprendices era su más preciada amiga. Su única amiga. Y perderla fue un golpe doloroso. Ya no tenía a quien contarle todo lo que le sucedía en la escuela, debido a que siempre intentaba ocultar su magia. Sus padres no sabían nada, ya que siempre se los oculto. Y cuando ella iba con el maestro a practicar y aprender acerca de su magia, ellos pensaban que eran clases de piano. Que si tocaba y practicaba, en eso no mentía.
Ahora, comunicarse con su maestro y recordar aquellos eventos, la llenaba de tristeza.
Se acostó en la cama de nuevo, boca arriba, mirando al techo. Y comenzo a recitar un hechizo, una y otra vez. Diciendo al final,
"Maestro, si me escucha necesito hablar con usted. Perdone mi ausencia. Pero es urgente que me ayude con una situación" hablaba Aisha en murmullos.
Y repetía la secuencia, como si de una llamada telefónica se trataba, con el teléfono repicando pero nadie tomando la llamada.
Hasta que por fin, escucho en su mente.
"Aprendiz, ingrata. Te fuiste y no te despediste de tu viejo maestro. Pero ahora me llamas porque me necesitas, verdad?" dijo una voz indignada en su mente.
Aisha con los ojos cerrados, sonrió al escuchar la voz de su maestro en su mente. Ya estaba pensando que no iba a poder contactar a su maestro.
"Maestro, disculpe. Usted sabe que el dolor no me dejó hablar de nuevo con usted. Sin embargo, ahora necesito su ayuda, por favor. No para mí, sino para la gente del pueblo dónde vjvo. ¿Es posible nos ayude?" respondió en su mente la joven, con seriedad.
Hubo una pausa.
Y en su mente, escuchó un suspiro de resignación, que la hizo sonreír.
"Está bien. Luego arreglaremos cuentas tu y yo. Cuentame que está pasando en ese pueblo a dónde tus padres te llevaron a vivir " dijo el Maestro de forma irónica.
Aisha pensó como decir lo que suponía estaba ocurriendo.
"Maestro, creo que él ha vuelto" dijo en un susurro.
hubo un silencio.
"¿Cómo que ha vuelto?¿Quién ha vuelto?" dijo en la mente de la joven el maestro, un poco confundido.
"El señor de la nada eterna" dijo en un susurro Aisha.
Se hizo un silencio en la mente de ambos.
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