Catalina una joven hija de un ex convicto, creció sin madre con una crianza llena de armas y entrenada por su padre desde niña, decidió no seguir sus paso cuando su padre fue arrestado, arreglándose sola a los 18 años,terminó sus estudios alistandose al ejército.
Pero su vida dio un giro al morir en combate, reencarnando en la protagonista Eludy Volcania de su libro que nunca le gustó, donde la Emperatriz era sumisa a su esposo, quien siempre se mostró el " Gran hombre y esposo" terminando ella con un final colgada frente a todos para ser decapitada.
- Maldita sea, soy la Idiota de la Emperatriz ¿ Porque ella? - Maldecía mientras gritaba al cielo
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Si acepta perder..
– (Qué mujer inusual, nunca la había visto, y ese poder que emanaba es uno de los más antiguos) – Pensaba el joven
' Mm, alguien está interesado' – Dice burlón el lobo
– Mira quién habla: "¿Lobo malo?"– sonríe ladino
' No me quejo, la mujer tiene agallas, es muy bella, y sabes que me gustan las cosquillas' - se acuesta en el piso – ¿No crees?– larga una risa
El joven levanta una ceja – Ni siquiera me fijé –
contesta seco, mirando hacia la ventana, pero recordó los muslos de la joven poniéndose rojo, moviendo la cabeza para no seguir pensando
' ¿No que no?' – Ríe
El joven lo regaña mientras el lobo ríe de su rostro
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Eludy bajó con cero ánimos a recibir a los príncipes, sentía mucho cansancio en todo el cuerpo, quería una ducha caliente y dormir plácidamente en su cama.
– Hola majestades, sean bienvenidos (espero que no se acomoden mucho) – saludó poniéndose al lado de Astrid que la miró de mala gana al notar su rostro sin ánimos
– Buenos días, Señorita Eludy, señorita Astrid – dijeron los dos al compás
Cristofer miró a Eludy, pero su mirada estaba perdida en otro lado (Alguien no puede disimular su inconformidad) sonrió ladino
Paulo sonrió a Astrid que estaba emocionada hablando por los codos aturdiéndolo (Está mujer no se calla por nada) decía sonriendo forzoso
Celia los saludó, pero pidió apenada unas disculpas porque tenía que hacer los últimos recados para mañana, pues mañana es el esperado debut. Eludy sonrió ladina al escuchar eso, cuando caminaban al jardín mandó una sombra de cenizas seguirla.
En el jardín, sentados todos estaban callados menos Astrid, que contaba con emoción la espera de mañana insinuando que esperaba que alguien bailara con ella, mirando a Cristofer que solo tomó el té sin darle importancia.
– Hermana, no crees que sea romántico un lindo baile – Preguntó Astrid mirando a Eludy, que se mordía la lengua tratando de mantenerse despierta
Paulo y Cristofer la miraron de reojo esperando su respuesta, le llamó la atención su silencio en todo el día.
– Mm, es lindo bailar pero hay cosas mejores si de romance se trata, a mi parecer – Dice tranquila.
Cristofer la miró cómo bostezaba tapándose con el abanico– (Ni siquiera le interesa) sonríe –
– Hermana, eso fue muy... frío... – Dice en forma exagerada – Disculpe majestades, es un poco tosca – sonríe apenada
– Señorita Eludy, ¿querría dar una caminata por el jardín?– Preguntó Cristofer
– Eso sería maravilloso... – dice emocionada Astrid queriendo seguirlos
– Privada... si me lo permite – termina diciendo, dejando a Astrid de lado. Eludy asintió tomando la mano del príncipe
( Si te vieras la cara, estás para un retrato) pensó gustosa Eludy al ver cómo Astrid se tuvo que sentar incómoda.
– (Maldita bruja,) maldecía por dentro Astrid, abanicándose y dándole una sonrisa al príncipe Paulo que los seguía con la mirada. Astrid notó eso, mordiéndose la lengua (¿Y ahora este también? Maldita desgraciada te los sacaré a los dos si eso depende) sonríe ladina
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‐ Señorita Eludy, note que está muy cansada, ¿el debut la tiene nerviosa? – mientras caminaba a su lado
‐ (Mh, si supieras principito) ríe – Disculpe mi actitud, pero sí estoy cansada, solo que no por el debut, tuve otros compromisos – contesta secamente
– Ya veo–
termina diciendo, esperando que hablara pero solo hubo silencio, sus pasos eran los únicos que se escuchaban (Está mujer ni habla, esto será más difícil) pensó Cristofer quejoso ante su silencio incómodo.
– Dígame majestad, ¿qué quiere preguntarme?– dice directa (mientras más rápido termine con esto mejor, solo quiero dormir en mi cama) suspira
– (Interesante, su forma tan particular de referirse a mí es casi como si fuera un estorbo en este momento) sonrió – Dígame ¿dónde aprendió de armas, señorita? Y cómo supo que me gustaban ¿acaso me mandó a investigar?– pregunta intrigado
– (Qué pesado, olvidaba que acá todos son desconfiados) Sí, pero lo único que encontré fue que le gustaba tocar el violín, – caminando hacia el barandal – aunque dudo que eso sea lo único que hace ¿verdad?
– ¿Por qué lo dice? - levanta la ceja
– Majestad, disculpe pero soy muy observadora, y solo un hombre con su carácter y actitud se nota que le gusta algo más "fuerte" que el violín – lo mira cínica con una expresión de burla
– (Vaya valla, tiene más cerebro que las demás,) sonríe– Me sorprende, señorita, pero está en lo cierto – Se recuesta en el barandal – pero si toco el violín, en eso se equivoca
– Yo no dije que no lo hacía– contesta rápido, dejándolo pensativo – Lo usa como un escudo con las señoritas ¿o me equivoco?- ríe
– Veo que con usted no funciona – Ríe – ¿Y usted sabe disparar? O ¿solo es un escudo y es una doncella en apuros? – la mira con una sonrisa burlona
– (Pobre de ti príncipe) ríe– Soy la mejor – Dice firme ante su burla
– ¿Ah, sí? (Nadie me gana en puntería, qué se cree esta niña) Entonces le parece un desafío – se acerca en forma amenazante
– Si está dispuesto a perder entonces estaría gustosa, majestad – se acerca a él mirando a sus ojos fijamente sin titubear (Quién diría que unos ojos tan lindos son opacados por ese ego)
– Mm, ¿le gusta lo que ve, señorita?- sonriendo ladino.
– No se emocione, estoy mirando – se toca la nariz – su gran moco que sale –
Cristofer se tapó la nariz, dándose vuelta mirándose el rostro con la hebilla de su uniforme, superavergonzado, pero escuchó la risa de Eludy detrás dándose cuenta de que lo tomó de pelo.
– Muy chistosa, señorita – frunció el ceño
– Tiene que ver su cara – Ríe tomándose la panza – cayó redondito, majestad – termina diciendo secándose las lágrimas.
Cristofer sonrió ladino aguantando su vergüenza pero le dio gracia también, solo disimuló, volviendo hacia la mesa sin antes decirle que la buscaría mañana temprano. Eludy asintió gustosa
– Señorita Eludy, – sonríe Paulo al verla sentarse de nuevo – Me alegra verla con ánimos – continúa acomodándose un poco más cerca de ella. Eludy levantó las cejas al sentir su pie queriendo acariciar su rodilla; Cristofer levantó la ceja al ver eso.
Eludy sonrió forzada dándole un pequeño empujón en la silla. Paulo cayó de espaldas haciendo volar la mesa con pasteles y el té hacia él, manchándolo completamente. Astrid dio un grito al verlo, quiso ayudarlo pero Eludy hizo otro movimiento con su poder haciendo que derramara el té que tenía en su mano encima de él.
Cristofer se mordió los labios aguantando la risa, miró a Eludy que se tapó con el abanico riéndose y actuando.
– Oh majestad, ¿se encuentra bien?– actuadamente, queriendo ayudarlo.
– Majestad, perdóneme, no quise tirarle el té, no cómo se me resbaló– decía con nervios Astrid limpiando su saco
Paulo estaba enojadísimo, se levantó con una sonrisa irritante
– No se preocupe, señorita, me temo que tendré que disculparme, me retiro – sonriendo con rabia (Maldita sea, esa bruja me manchó completo, maldita silla) maldecía en su cabeza caminando enojado hacia el carruaje.
Astrid lo seguía detrás súper apenada. Eludy miró a Cristofer reverenciando como despedida, al verlo subir al carruaje aguantándose la risa, casi colorado.
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Eludy entraba riéndose hacia su habitación, cuando Astrid la tiró del hombro
– Tú, maldita, lo hiciste caer – la acusa – Me hiciste pasar una vergüenza delante de los príncipes– continuaba enojada
– Ay, relaja tu corsé que te dará una embolia, niña– Decía Eludy sin hacerla caso, metiéndose en su habitación, cerrando la puerta en su cara
– ¡MALDITA BRUJA!– miró la puerta con rabia, y sonrió malévolamente – Eludy vas a pagar por esto – Pone una silla trabando la puerta – No te dejaré que te robes la atención mañana – Dice entre dientes sonriendo, saliendo del lugar.
Eludy estaba como estrella de mar en su cama, ni se enteró sobre el enojo y la silla. Solo roncó como un tronco.
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