Séptimo libro de la saga colores.
Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.
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11. Chispas de fuego
...LEANDRO:...
No quería un tormento, si Liseth no terminaba su trabajo en tres días se iba a marchar, esa era mi excusa para no volver a verla cerca de mí. Me estaba sacando de mis cabales, solo podía pensar en ella entrando a esa posada con ese sujeto y me hervía la sangre, no podía soportar que estuviese haciendo quien sabe que con ese hombre y también que demostrara indignación cuando le seguía hablando sobre su vida cortesana, si con esa imagen, quedaba más que claro que todavía estaba desempeñando su oficio nocturno.
Me sacaba de quicio pensar en que estuviese con otro hombre diferente al anterior después de salir de aquí.
Caminé con pasos impetuosos después de poner mi condición rotunda, esperaba que ella no pudiera cumplir con mi demanda, era casi imposible terminar un vestido en tres días, por supuesto que había modistas que lo completaban, pero tenían costureras que adelantaban la mayor parte del trabajo.
Era injusto, pero no quería seguir atormentado por esa mujer.
— ¡Oiga! — Gritó detrás de mí y me detuve en seco.
Giré lentamente, en medio del pasillo.
— ¡No suba la voz en mi mansión! — Gruñí, me observó furiosa y caminó rápidamente, tuve que mantener una postura firme ante su acercamiento.
— ¡Olvídese de su maldito vestido!
Apreté mi mandíbula — ¿Qué ha dicho?
Se detuvo tan cerca, bajé mi mirada a su rostro lleno de ira.
— Así como oyó, me marcho por mi propia cuenta, busque a otra que le aguante sus arranques tiránicos, yo no trabajo de ese modo.
Solté un resoplido— Pero si trabaja por las noches metiendo hombres en la habitación de la posada donde duerme y eso no le parece tan humillante como obedecer a mis demandas, Señora Liseth, tampoco le parece agotador.
Elevó su mano y me dió una bofetada.
Incliné mi rostro a un lado.
Tenía buena pegada, tuve que separar los pies para no trastabillar hacia atrás, me dolió la mandíbula.
Respiré hondo, calmando mi furia, el ataque de ira que los golpes provocaban en mí me hacían temer de mi mismo.
Volví a elevar mi cabeza y tomando postura erguida.
Se quedó quieta, la furia parecía estar alejándose lentamente, se veía avergonzada de haberme pegado al ver mi mejilla. No demostré lo mucho que me dolió, no quería parecer débil.
Sus dedos se cerraron e intentó alejarse caminando.
La seguí y alcancé su muñeca.
Se detuvo, sin observarme.
— Suéltame, para que pueda marcharme.
— Lo lamento, no es mi asunto lo que haga fuera de la mansión.
Sus hombros se tensaron.
— No tengo idea de que habla — Se zafó de mi agarre y me observó de reojo — No sé dé dónde saca esas conjeturas tan incoherentes.
— La observé... Anoche... Había un hombre rondando afuera de la mansión y me preocupé de que estuviera vigilando, no la estaba siguiendo solo cuidaba de que no le hiciera nada... Pensé que era algún hombre que el duque mandó para hacer algo en mi contra.
Me observó detenidamente — Es mi hermano.
Fruncí el ceño — Usted dijo que no tenía familia.
— Como mi hermano, crecimos juntos, le comenté que había conseguido un nuevo trabajo en la zona rica de la ciudad... Solo quería saber de mí, por eso lo invité a pasar a la posada.
No parecía estar mintiendo.
— Disculpe por malinterpretar.
— De todas formas... No comprendo ¿Por qué rayos me trata así? No es de su incumbencia si vuelvo a mi oficio de cortesana — Gruñó, frunciendo el ceño — Solo es mi patrón.
Me estremecí, intentando simular mi rostro sonrojado. ¿Ahora cómo iba a explicar mi ataque de idiotez?
— Solo me preocupaba que descuidara su trabajo — Corté, optando por ese alegato, se quedó desconcertada.
— Terminaré el vestido — Elevó su barbilla — En tres días.
— No, olvide eso... Tómese el tiempo que necesite — Sacudí mis manos.
— Lo terminaré en tres días y me iré.
— ¿Por qué? — Me desconcerté.
— No voy a tolerar otro insulto de su parte, pude haberle dado un rodillazo entre las piernas y un puñetazo, pero agradezca que solo fue una bofetada — Siseó, apretando los puños y observé su boca, muy gruesa y fruncida.
¡Qué mujer! Tenía las agallas de amenazarme.
Me había dado una lección y yo solo podía endurecerme como un degenerado.
No dejé de mirarla y pareció incomodarse.
— ¿Por qué me observa tanto?
— No se irá — Insistí.
— ¿Quién se cree para ordenarme lo que debo o no hacer? — Volvió a ponerse a la defensiva, acercándose tanto que quedamos frente a frente — Lo terminaré en tres días, me marcharé y fin de nuestro trato.
Aspiré, olía exquisito, los rizos seguían escapando de su moño, el cuello y la piel de su pecho me tentaban.
Me evaluó de vuelta, observé su pecho, se estaba agitando más y más.
¿Por furia? ¿Por deseo?
— Deje el orgullo, quédese — Encajé mis ojos en los suyos.
— Después de su tiranía, mi comportamiento es bastante justo — Arqueó las cejas.
— No soy un tirano.
— ¿Y qué acaba de suceder hace minutos?
— Olvide eso, siga trabajando.
Volvió a quedarse quieta, retando con su expresión indignada.
La tensión aumentó, mis pantalones se sentían apretados ante tanta excitación.
¿Debería hacer algo? ¿Tocar? ¿Besar?
Mi garganta se agitó y la observó.
Si hacía algo, no había vuelta atrás, tendría que apartarme a golpes, porque al probarla seguramente entraría en un frenesí.
Mala idea, no podía sobrepasar la línea.
Aclaré mi voz y parpadeó varias veces.
— Si insiste en terminar el vestido en tres días, debería quedarse.
Dió dos pasos atrás — ¿Quedarme?
— Debe trabajar mucho — Quería hacerla cambiar de opinión — Estar despierta a altas horas de la noche, así que quedarse en la mansión es lo adecuado.
Lo sopesó — De acuerdo, me quedaré.
Me tensé.
— ¿Está segura?
— Por supuesto, pensándolo bien, considero esto un reto — Se llevó los dedos a la barbilla — Seré modista, así que hacer el vestido en tres días es una prueba que debo superar, trabajar bajo presión es fundamental.
— Cambia rápido de opinión, hace nada le parecía tiránico de mi parte.
— No en vano dicen que hay que ver las cosas desde otro ángulo — Elevó una ceja y empezó a caminar hacia el taller, con aire poderoso y andar enérgico.
No veía a esta mujer quedándose al fondo de una multitud, tenía liderazgo y fuerza.
Me estaba atrayendo demasiado.
El control sobre mis impulsos pendía de un hilo, así que me marché al segundo piso, subiendo apresuradamente, entré a mi habitación, pasando por el estudio sin detenerme.
Llegué al baño y tiré del cinturón.
Lo sentía por Liseth, pero necesitaba hacerlo.
Tomé mi miembro.
Las sacudidas no bastaron cuando me derramé, seguía endurecido.
Echarme agua fría fue mi única solución.
Volví a la habitación y me aventé sobre la cama por unos segundos.
Observé el techo.
Por lo menos conseguí seis clientes nuevos.
Les estaba interesando mi negocio, el duque todavía no aparecía y sabía que tramaba algo, así que me encargué de pagar un espía para seguir sus movimientos. Al principio, el hombre se mostró reacciono cuando le dí el nombre, casi dudó, pero ante mi abundante ofrecimiento aceptó.
Necesitaba adelantarme, dejarlo en la palma de mi mano.
Yo solo podía perder mi fortuna, tenía un lugar al que volver si todo salía mal, mi hacienda era mi refugio, así que no tenía miedo de perderlo todo, tampoco de que mi reputación se fuera por un caño.
Estiré mis brazos por las mantas y me senté sobre la cama.
Algo se enredó entre mis dedos.
Observé mi mano.
Una hebra de cabello colgaba.
No era cualquier cabello.
Era rizado y largo.
¿Cabello de Liseth?
¿Qué rayos hacía un cabello de Liseth en mi cama?
No había roces entre nosotros.
Solo uno, cuando me sostuvo en la escalera.
Las sirvientas cambiaban las mantas todos los días, no comprendía como es que ese cabello seguía allí.
A menos que Liseth...
¿Entró a mi habitación?
...MAUDE:...
No comprendía al lord, ni su ataque de ira, ni su humillación, mucho menos su disculpa, seguía sin saber exactamente los motivos por los que le molestaba que otro hombre visitara mi habitación.
Tenía que tener cuidado, si mi hermano volvía a aparecerse, esperaba que el lord no se le ocurriera seguirme, al menos lo mal interpretó como un reencuentro placentero y no como una conspiración.
Al llegar al taller, solté una larga respiración.
Mi tozudez no me permitía ceder ante su disculpa, aunque era casi imposible poder lograr hacer un vestido en tres días, no tenía más remedio que hacerlo y demostrarle que yo era capaz.
Nunca perdería ante un hombre y más ante el lord, quien solía tener ataques de idiotez, no iba a dejarme humillar.
Tal vez la bofetada no fue necesaria, pero yo siempre respondía ante un insulto y ese hombre me alteraba los nervios de muchas maneras.
Incluso en medio de la discusión, sentía mi cuerpo inquieto, sobre todo entre mis piernas, una sensación de cosquilleo desesperante.
Ver sus expresiones intensas, incluso la ira en su rostro, todo me parecía tan atrayente.
Me estaba volviendo loca.
Empecé a cortar más patrones.
Tomé un enorme rollo de tela color lila y la aventé sobre la mesa, estiré la tela.
Usé las tijeras, empecé a cortar.
Concentré toda mi energía en sacar las piezas de tela, al principio me costó cortar de forma precisa, la tela era muy lisa y fina.
Me dolían los ojos, las manos y la espalda.
Seguí trabajando.
Una sirvienta trajo té y galletas.
Lady Celia Mercier había ordenado traerme un bocadillo.
Le agradecí, tomé unos minutos para beber el té y comer.
Volví a trabajar.
Me estaba arrepintiendo del diseño que había creado, tenía demasiados detalles que no sabía como recrear.
Era complicado.
Si iba a quedarme, no podía darle la lista a mi hermano esta noche, otra cosa que olvidé por completo, mi hermano iba a quejarse de mí cuando se diera cuenta de que no dormiría en la posada.
Tendría que esperar un poco más.
Si quería cosas apresuradas debía mostrar un poco más de consideración.
— ¿Vas a cenar en el comedor? — Preguntó lady Celia al detenerse en el umbral.
— No, debo adelantar esto.
— Puedes dejarlo para mañana, no te agotes.
— Tengo que terminarlo en tres días, le dí mi palabra al lord — Dije, cortando más tela.
— ¿Leandro te pidió terminar el vestido en tres días? — Se tensó, indignada.
— No, yo quise hacerlo — Aclaré de inmediato, aunque me provocaba echarlo de cabeza por desgraciado.
— ¿Por qué?
— Quiero superarme, trabajar bajo presión me ayudará — Sonreí de forma despreocupada.
— Me parece mucho agotamiento innecesario, no necesitas trabajar así.
— No se preocupe, es bueno para mí.
— Espero que sí — Se marchó — Pediré que te traigan la cena.
Tenía razón, me dolían las manos e incluso la espalda.
Encendí los candelabros y las lámparas, manteniendo alejadas las llamas de las telas.
Necesitaba cortar todas las piezas, así empezaría a coser.
La sirvienta volvió con una bandeja de la cena.
Mientras comía, seguía cortando.
Continué, la mansión se quedó en silencio y a oscuras.
Pero, me concentres en mi trabajo.
Me sobresalté cuando la puerta se abrió, estaba tan concentrada que pegué un brinco.
Lord Leandro entro con un candelabro en la mano, tenía una camisa holgada bastante larga y unos pantalones, pero estaba descalzo y con el cabello revuelto.
Me extrañó verlo allí, pero continué cortando.
— ¿Va a seguir trabajando hasta el amanecer?
— Tengo mucho que hacer — Corté, no me apetecía conversar con él.
— Vaya a dormir, le indicaré donde está la habitación que usará.
Fruncí el ceño — Le di mi palabra de terminar el vestido.
Dejó el candelabro sobre una pequeña mesa junto a la ventana y se aproximó.
Observó los cortes de telas amontonados.
Posó su mano sobre la superficie.
— Deje el orgullo, no necesita demostrar nada.
— Quiero hacerlo — Me encogí de hombros.
— ¿A caso hay otra razón por la que quiso quedarse? — Preguntó, sentí que estaba muy cerca, a unos diez centímetros de mi cuerpo.
Yo estaba muy inclinada.
— No se ha que se refiere.
— Usted debe saberlo — Su voz se oyó más gutural.
— Deje de distraerme.
Se acercó tanto que su calor me rozó y no solo eso, se inclinó sobre la mesa.
— Podría hacerle el amor toda la noche si gusta — Susurró contra mi oído.
No mentiras de pronto solo le cayó bien y quiere hacer amistad 🤔🤔🤔