NovelToon NovelToon
FUERA CUCARACHO 3 : La Heredera Gordita Será La Esposa Del General

FUERA CUCARACHO 3 : La Heredera Gordita Será La Esposa Del General

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Clara Monteverde es la heredera legítima de una de las familias más poderosas del reino, pero fue expulsada junto a su madre y enviada al campo. Allí aprendió a sobrevivir mientras su madrastra, Margaret Paccini, y su hija Isabel disfrutaban de la fortuna que le pertenecía.

Años después, Clara regresa.

Su padre, Edward Monteverde, apenas la reconoce. Margaret la desprecia por su cuerpo y pretende convertirla nuevamente en una mujer sin poder. Isabel, en cambio, está decidida a quedarse con su apellido, su herencia… y el hombre que debería casarse con Clara.

Pero esta vez escogieron a la mujer equivocada.

Clara descubrirá que la muerte de su madre no fue un accidente y que alguien dentro de su propia familia conoce la verdad.

Entonces aparece Adrian Zamora, el general más temido del reino.

Él está dispuesto a enfrentarse a cualquiera por ella.

Pero cuando Clara descubra quién realmente ordenó la muerte de su madre, descubrirá que el enemigo no quiere quitarle su herencia… quiere

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las Manos que Sirven

A la mañana siguiente, el sol apenas empezaba a iluminar los pisos de mármol de la mansión. Clara bajó las escaleras con paso tranquilo, sin prisa, sin intentar hacerse más pequeña.

Al llegar al vestíbulo, escuchó el sonido de un golpe seco y un sollozo ahogado.

—¡Torpe! —gritó Isabel—. ¡Has derramado mi té favorito! ¿No sabes cuidar de lo que es de valor?

En el centro de la sala, una joven sirvienta, no mayor de quince años, temblaba de pie con las manos entrelazadas. Junto a ella, una taza rota y un charco oscuro sobre el piso. Margaret observaba con calma, sin intervenir.

—Por favor, perdóneme, señorita Isabel —suplicó la chica, con los ojos llenos de lágrimas—. Se me resbaló, fue sin querer.

—Sin querer no es suficiente —dijo Isabel, alzando la voz—. Te mereces que te castiguen las manos. Que aprendas a ser cuidadosa. ¡Ven aquí, no te escondas!

Isabel extendió la mano para agarrar a la joven, pero una voz serena la detuvo antes de que pudiera tocarla.

—Espera.

Todos se giraron. Clara estaba ahí, de pie, firme y tranquila.

—¿Qué haces tú metiéndote, Clara? —le espetó Isabel—. Esto no te incumbe.

—Me incumbe cuando se trata de tratar con respeto a quien nos sirve —respondió Clara, acercándose sin prisa. Se arrodilló junto a la sirvienta, recogió los trozos de cerámica con sus propias manos y luego miró a Isabel y a Margaret a los ojos—. Las manos que sirven no merecen ser lastimadas. Merecen ser agradecidas.

Margaret entrecerró los ojos.

—Eres demasiado blanda, hijastra mía. La disciplina es necesaria. Si no se corrigen sus errores, volverán a cometerse.

—El miedo no enseña bien —dijo Clara con firmeza—. El respeto sí. Esta joven no cometió un crimen. Tuvo un tropiezo. Algo que nos puede pasar a cualquiera.

Luego se giró hacia la sirvienta, le limpió suavemente una lágrima de la mejilla y le sonrió con calidez.

—No tengas miedo. Nadie te va a lastimar. Ve a la cocina, pide que te den algo de beber y descansa un momento. Yo me encargo de limpiar esto.

La chica la miró con incredulidad, hizo una reverencia temblorosa y salió de la sala rápidamente.

Isabel estaba furiosa.

—¡La estás consintiendo! ¡Eres débil!

—No soy débil —respondió Clara, poniéndose de pie—. Tengo suficiente espacio en mi corazón para ser amable contigo también, si tú me lo permites. Pero no a costa de humillar a otros.

Margaret la observó con una mezcla de sorpresa y recelo. Algo había cambiado en Clara. Ya no se encogía ante sus palabras. Ya no pedía permiso para existir.

—Veo que has vuelto con muchas opiniones —dijo Margaret con frialdad—. Espero que no te arrepientas de ser tan… generosa. La gente puede aprovecharse de eso.

—Que lo intenten —dijo Clara con una pequeña sonrisa—. Prefiero ser quien soy a ser como ustedes, que necesitan hacer sentir pequeños a los demás para sentirse grandes.

Se dio media vuelta y salió de la sala, dejando a madre e hija en silencio.

Mientras caminaba por el pasillo, varios sirvientes la vieron y le asintieron con respeto y gratitud. Por primera vez en mucho tiempo, alguien en la casa de los Monteverde los había tratado como personas.

Clara respiró hondo. Sabía que defender a los demás la ponía en la mira, pero también sabía algo que su madrastra e Isabel ignoraban: ser grande no significaba solo tener más curvas. Significaba tener un corazón más grande para abrazar a quienes necesitaban protección.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play