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¡EL AMANTE DE UN MILLONARIO!

¡EL AMANTE DE UN MILLONARIO!

Status: Terminada
Genre:CEO / Fantasía LGBT / Posesivo / Completas
Popularitas:12.2k
Nilai: 5
nombre de autor: kircha

LGBT ⚠️➕🔞 NO DENUNCIAR 🔞➕⚠️ si no le gusta el contenido simplemente no leer....

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2: el precio de la confianza

La luz de la mañana entraba como cuchillas a través de las cortinas de cristal que no se habían cerrado del todo. Yougmin abrió los ojos lentamente, o más bien, intentó abrirlos. Todo el cuerpo le dolía como si lo hubieran golpeado con un bate durante horas. La zona baja de la espalda ardía, las caderas le palpitaban con cada latido del corazón y entre las piernas sentía una inflamación sorda, caliente, que le hacía apretar los dientes solo con moverse un centímetro.

Estaba desnudo bajo una sábana de hilo egipcio que olía a detergente caro y a algo más oscuro: a sexo, a sudor ajeno, a él. El penthouse seguía igual de impecable y frío que la noche anterior. El sofá donde habían… donde había sucedido todo estaba a unos metros, con las marcas de sus dedos todavía visibles en el cuero negro.

Intentó sentarse. Un gemido se le escapó sin permiso cuando el movimiento tiró de músculos que nunca habían sido usados de esa forma. Se mordió el interior de la mejilla para no hacer más ruido. No quería que Sauching lo oyera débil. No después de lo de anoche.

Pero Sauching ya estaba despierto.

Apareció en el umbral de la cocina abierta, con una taza de café humeante en la mano. Llevaba solo pantalones negros de chándal que colgaban bajos en las caderas y una camiseta blanca ajustada que marcaba cada línea de su torso. El cabello aún húmedo de la ducha le caía sobre la frente. Parecía recién salido de una sesión de fotos, no de una noche en la que había follado por primera vez en su vida.

—Buenos días —dijo con voz neutra, como si estuviera saludando al repartidor.

Yougmin se cubrió instintivamente con la sábana hasta el pecho, aunque era ridículo después de lo que había pasado.

—…Buenos días —murmuró, la voz ronca.

Sauching se acercó sin prisa y dejó la taza en la mesa baja frente al sofá. Luego se sentó en el sillón de enfrente, cruzando las piernas. Sus ojos lo recorrieron sin disimulo: las marcas moradas en las caderas, el leve hematoma en el cuello donde había mordido, la forma en que Yougmin mantenía las rodillas juntas como si quisiera protegerse de algo que ya había sucedido.

—¿Puedes caminar? —preguntó directamente.

Yougmin se sonrojó hasta las orejas.

—…Puedo intentarlo.

Sauching no sonrió. Solo asintió una vez.

—Entonces levántate. Hay ropa en el baño. Dúchate. Después hablamos.

No era una sugerencia. Era una orden.

Yougmin tardó casi diez minutos en llegar al baño arrastrando la sábana como una capa patética. Cada paso era una punzada. Bajo el agua caliente lloró en silencio, no de vergüenza, sino de alivio mezclado con rabia consigo mismo. Se lavó con cuidado, limpiando cada rastro de la noche anterior, pero el dolor no se iba. Era una marca interna que no se borraba con jabón.

Cuando salió, envuelto en una bata demasiado grande que olía a Sauching, encontró al hombre en la terraza. Había desayuno servido en la mesa exterior: frutas cortadas, pan tostado, huevos, café. Nada extravagante, pero todo perfecto.

—Siéntate —dijo Sauching sin mirarlo.

Yougmin obedeció, manteniendo las piernas juntas bajo la mesa.

Comieron en silencio durante unos minutos. Yougmin apenas tocó la comida; el estómago se le había cerrado.

Finalmente, Sauching dejó el tenedor.

—Ahora dime. ¿Por qué te perseguían?

Yougmin levantó la vista. Los ojos de Sauching eran impenetrables, pero había algo en ellos que no era crueldad. Era… curiosidad fría. Como si estuviera evaluando un activo.

Tragó saliva.

—Es… una deuda.

Sauching alzó una ceja.

—Sigue.

Yougmin respiró hondo. Por primera vez en meses sintió que podía hablar sin que le temblara la voz de puro terror.

—Mi padre… apostaba. Mucho. Casinos clandestinos, carreras ilegales, todo. Cuando murió, dejó cincuenta millones de dólares en deudas. Yo no sabía nada hasta que empezaron a aparecer en el restaurante donde trabajo. Al principio solo querían dinero. Luego… —bajó la mirada— empezaron a decir que si no pagaba con billetes, pagarían con otra cosa. Conmigo.

Sauching no cambió de expresión, pero sus dedos se apretaron levemente alrededor de la taza.

—¿Y tú qué hacías?

—Nada. Corría. Me escondía. Trabajaba dobles turnos para mandarles algo cada mes, pero nunca era suficiente. Anoche… anoche dijeron que ya no querían dinero. Que me llevarían y que yo… —la voz se le quebró— que yo les pagaría la deuda con mi cuerpo. Hasta saldar todo.

Silencio.

Sauching dejó la taza en la mesa con un clic suave.

—¿Cuánto tiempo llevas huyendo solo?

—Ocho meses.

Sauching lo miró fijamente durante largos segundos.

Luego habló, voz baja y precisa.

—Tengo una propuesta.

Yougmin levantó la cabeza de golpe.

—No soy caritativo —continuó Sauching—. Pero tampoco me gusta que gente insignificante me interrumpa la noche exigiendo cosas que son mías. —Hizo una pausa—. A partir de ahora, tú eres mío. Serás mi amante. Vendrás cuando te llame, harás lo que te pida, estarás disponible las noches que yo decida. A cambio, yo pago esa deuda. Toda. Hoy mismo. Y nadie volverá a tocarte.

Yougmin sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

—¿Tu… amante?

—Exacto. No novio. No pareja. Amante. Sexo. Compañía cuando la quiera. Nada más. —Los ojos de Sauching se oscurecieron un poco—. Y a cambio, libertad. Dinero si lo necesitas. Protección. Nadie te buscará nunca más.

Yougmin sintió que el mundo giraba.

Era una jaula dorada. Hermosa. Cruel. Pero una jaula al fin.

—¿Y si digo que no?

Sauching se encogió de hombros.

—Entonces te llevo a tu casa ahora mismo. Y la próxima vez que te encuentren… no estaré ahí para abrir la puerta del auto.

El silencio se estiró como un elástico a punto de romperse.

Yougmin cerró los ojos.

—Está bien —susurró—. Acepto.

Sauching no sonrió. Solo asintió una vez.

—Bien. Entonces empezamos ahora.

Sacó el teléfono y marcó un número sin mirar la pantalla.

—Tyung —dijo cuando contestaron al otro lado—. Necesito que hagas una transferencia. Cincuenta millones de dólares. A la cuenta que te enviaré en cinco minutos. Y quiero confirmación de que la deuda queda saldada. Hoy. Sin preguntas.

Del otro lado se oyó una risa grave, masculina.

—¿Otra vez metido en problemas de faldas, Sauching-ah?

—No es una falda —respondió Sauching seco—. Es un chico. Y no es problema mío. Es problema de otros que ya van a dejar de serlo.

Otra risa.

—Entendido. Mándame los detalles. Y… ¿estás bien?

Sauching miró a Yougmin, que lo observaba con los ojos muy abiertos.

—Sí. Estoy bien.

Colgó.

Yougmin sintió que algo dentro de él se rompía y se recompone al mismo tiempo.

—¿Quién era? —preguntó en voz baja.

—Mi hermano. —Sauching se levantó—. No te preocupes por él. Solo preocúpate por mí.

Le tendió una tarjeta negra idéntica a la que había dejado en el pavimento la noche anterior.

—Esta es tuya ahora. Úsala para lo que necesites. Pero recuerda: cuando te llame, vienes. Sin excusas.

Yougmin tomó la tarjeta con dedos temblorosos.

Esa tarde, Sauching tuvo que asistir a una cena familiar.

El restaurante pertenecía a la cadena de la familia de su prometida: “Lumière”, un lugar de cristal y mármol donde cada plato costaba más que el sueldo mensual de Yougmin en el ramen shop.

Estaban todos: sus padres, los de ella, su hermano mayor que había llegado directamente desde una reunión “de negocios” con un moretón fresco en el pómulo que nadie mencionó, y por supuesto, Minji.

Minji era perfecta en el papel. Cabello largo negro brillante, vestido rojo que abrazaba cada curva, sonrisa dulce que había engañado a medio Tokio. Hablaba con voz suave, reía en los momentos correctos, ponía la mano en el brazo de Sauching como si fuera algo natural.

Sauching no la tocaba. Ni una sola vez.

—¿Cómo va el nuevo hotel en Kyoto? —preguntó el padre de Minji, sonriendo como tiburón.

—Bien —respondió Sauching—. Apertura en tres meses. Reservas al 92% ya.

—Impresionante —dijo la madre de Minji—. Minji y tú harán una pareja espectacular dirigiendo todo eso juntos después de la boda.

Sauching tomó un sorbo de vino. No respondió.

Minji le apretó el muslo por debajo de la mesa. Sauching apartó la pierna sin disimulo.

El hermano mayor —Taeyong— soltó una risa baja que disimuló con una tos.

—Sauching siempre ha sido… selectivo con sus afectos —comentó, guiñándole un ojo a su hermano menor.

Sauching no contestó. Solo miró su plato.

Cuando terminó la cena, Minji lo acompañó hasta el ascensor privado del restaurante.

—¿Vendrás a casa esta noche? —preguntó con voz melosa, acercándose demasiado.

Sauching la miró. Frío. Distante.

—No.

—¿Otra vez una reunión de trabajo?

—Algo así.

Minji sonrió, pero los ojos le brillaban de rabia contenida.

—Algún día vas a tener que tocarme, Sauching. Somos prometidos.

Él se inclinó apenas, lo suficiente para que solo ella lo oyera.

—Somos un contrato. Nada más.

Se dio la vuelta y entró al ascensor sin mirar atrás.

Cuando las puertas se cerraron, sacó el teléfono.

Escribió un mensaje corto.

*Sauching:*

Esta noche. 22:00. Mi departamento.

No llegues tarde.

En su pequeño apartamento en las afueras, Yougmin sintió que el teléfono vibraba en su mano.

Leyó el mensaje.

El corazón le dio un vuelco.

El dolor de la noche anterior todavía latía entre sus piernas.

Pero ya no había escapatoria.

Solo un camino.

Y ese camino llevaba directo a Sauching.

Subo 4 o 5 capitulos todos los días.

1
Dalbelys Camila Espinal Hernández
concuerdo contigo linda
🪼 βE𝕋Ť¥ 🦋
no entiendo, comonun hombre como Sauching, con carácter de un demonio que es capaz de mandar a matar, como si pidiera un café, se deja manipular con matrimonio por conveniencia, le falta carácter a este mafioso 😒 que es gobernado por terceros y el cual gatito obedece le falta le carácter por decir no y no permitirle, a nadie que dicte su destino
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : ya verás más adelante el porque
total 1 replies
🪼 βE𝕋Ť¥ 🦋
y aquí empieza a nacer el amor en esta pareja, que aunque ellos no lo ven la llama empieza a arder con pequeños actos de protección, tranquilidad y confianza qué se tiene mutuamente /Applaud/
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : si /Proud/
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🪼 βE𝕋Ť¥ 🦋
en ocasiones no necesitas, palabras para decir aqui, estoy para para amarte y protegerte basta con gesto, una caricia, un abrazo, una mirada esos sin el bálsamo para el alma
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : tienes toda la razón linda
total 1 replies
🪼 βE𝕋Ť¥ 🦋
eso es la cura, que necesita Youming el sentirse amado y protegido 🥺
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : exacto 🤗
total 1 replies
Mary (Lupis❤️🌹)
dios mío no quiero pensar lo que pasará cuando la loca se entere
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : nada bueno pasará seguramente 😔
total 1 replies
Mary (Lupis❤️🌹)
una vieja hipócrita y loca
Mary (Lupis❤️🌹)
será que realmente tu nunca te enamoraras de el?!
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : averigüemos lo
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Mary (Lupis❤️🌹)
dios mío lo trata como un objeto de su posesión
ary
🥰🥰🥰mucha pasión ❤️‍🔥
Sharon Tuesta
Por fin puedo leer, por lo menos unos capítulos xd gracias por actualizar la historia. 🥰
Mary (Lupis❤️🌹)
bueno mijo ve el lado bueno no eres Omega si no terminarías embarazado
Mary (Lupis❤️🌹): te imaginas pobre si no le hacen un hijo x lo menos un queso sin jajaja
total 2 replies
Mary (Lupis❤️🌹)
pobre no le da chance a recuperarse 🔥🔥🔥
Mary (Lupis❤️🌹): jajaja si claro
total 2 replies
Betty Saavedra Alvarado
Kircha una final con mucho amor deseo y pasión entre Sauching y yougmin ahora están fuertes se aman nadie tiene porque juzgarlos cada uno es dueño de su cuerpo y sexualidad
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : claro que sí
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Que no hace una madre por sus hijos ella acepta bla relación de su hijo desea verlo feliz su papá lo hará de a pocos
Dalbelys Camila Espinal Hernández: Es muy respetable lo que hace una madre por que sus hijos sean felices
total 2 replies
Mary (Lupis❤️🌹)
que fuerte huía de que abusaran de el y terminando entregándose a aún desconocido. bueno al menos no fue violado. y maltratado
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : aww 🤗 muchas gracias 🤧
total 3 replies
Betty Saavedra Alvarado
Yougmin es la fantasía de Sauching
🐺࿔ ೄྀ࿔𝐂𝐑𝐔𝐙益₪࿔ ೄྀ࿔🐺 : seee /CoolGuy/
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Sauching cuídate de de Minji
Betty Saavedra Alvarado
Minji nunca lo tendrás a él
Betty Saavedra Alvarado
Yougmin tu vida cambio
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