Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.
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El juicio.
Valentino fue llevado al departamento de policía, allí las luces de la sala de interrogatorios eran demasiado brillantes.
Valentino Rossi llevaba horas sentado frente a una mesa metálica, con las manos esposadas y la cabeza llena de pensamientos que no lograban ordenarse.
Todo había pasado demasiado rápido.
Desde el arresto, las sirenas, las acusaciones y ahora estaba ahí.
Un detective alto, de rostro serio, caminaba lentamente frente a él.
—Así que… —dijo apoyando las manos sobre la mesa— ¿quieres repetir tu historia otra vez?
Valentino lo miró, cansado.
—Ya se lo dije… —respondió con voz seca—. Escuché gritos y entré a ayudar.
El detective soltó una risa irónica.
—Qué conveniente.
—Es la verdad.
El hombre dejó caer una carpeta sobre la mesa.
Dentro había varias fotografías.
Valentino evitó mirarlas, pero el detective las empujó hacia él.
—Míralas.
Valentino bajó la mirada.
Era el hombre del edificio.
Tendido en el suelo.
Cubierto de sangre.
Un nudo se formó en su garganta.
—Tú estabas con el arma —continuó el detective—. Tus huellas están en ella.
—Porque la recogí del suelo. Ya se lo dije una y mil veces.
—Claro. Esa es tu historia.
Valentino levantó la mirada con frustración.
—¡Estoy diciendo la verdad!
El detective lo observó en silencio durante unos segundos.
Luego dijo algo que hizo que Valentino sintiera un escalofrío.
—¿Sabes quién era ese hombre?
Valentino negó lentamente.
—No.
El detective cerró la carpeta.
—Era nada más y nada menos que Leonardo Moretti.
El nombre no le dijo nada.
Pero al detective sí parecía importarle mucho.
—Hijo de una de las familias más poderosas de New York —continuó.
Valentino frunció el ceño.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
El detective lo miró fijamente.
—Tiene que ver con que acabas de meterte en algo muy grande, muchacho.
El silencio se volvió pesado.
Valentino sintió por primera vez el verdadero peso de la situación.
—Yo no lo maté —dijo finalmente.
El detective suspiró.
—Eso ya lo veremos.
Días después, la noticia explotó en todos los medios.
“Hijo de importante empresario asesinado en edificio abandonado”.
Las cámaras rodeaban el tribunal.
Periodistas gritaban preguntas y los flhas de sus cámaras destellaban por doquier.
—¿Es cierto que el acusado confesó?
—¿Se trata de un ajuste de cuentas?
Valentino caminaba escoltado por policías mientras los flashes lo cegaban.
Nunca había visto tantas cámaras en su vida.
Nunca había sentido tanta vergüenza.
Nunca había tenido tanto miedo.
En algún lugar de la multitud, una mujer humilde lloraba.
Era su madre.
Yaya estaba a su lado, sosteniéndola.
La joven de apenas 18 años intentaba ser fuerte, pero sus ojos también estaban llenos de lágrimas.
—Todo va a estar bien —susurró Yaya.
Pero ni siquiera ella parecía creerlo.
El juicio comenzó pocas semanas después.
Demasiado rápido, algunos hilos se movieron por debajo de la mesa para acelerar las cosas.
Todo parecía apresurado.
Valentino apenas entendía lo que estaba pasando.
Su abogado era un hombre mayor que parecía más interesado en terminar el caso que en defenderlo. Le daba igual, pues sus honorarios ni los veriay. La familia no tenía dinero para pagarle casi nada.
—La situación es complicada —le dijo antes de entrar a la sala.
—Pero soy inocente.
El abogado suspiró.
—Lo sé… pero las pruebas no ayudan.
Valentino apretó los puños.
La sala del tribunal estaba llena.
Periodistas.
Curiosos.
Personas importantes.
Y en primera fila…
varios hombres vestidos con elegantes trajes negros.
Observaban en silencio.
Uno de ellos tenía la mirada fría.
Valentino sintió un escalofrío.
No sabía quiénes eran.
Pero sabía que no eran simples espectadores.
El fiscal habló primero.
—Señoría, el acusado fue encontrado con el arma homicida en la escena del crimen.
Mostró las fotos.
Las mismas fotos.
Valentino apretó los dientes.
—Las huellas del acusado están en el arma —continuó el fiscal—. No hay señales de otros sospechosos en el lugar.
Todo sonaba tan seguro.
Tan definitivo.
Como si ya hubieran decidido su destino.
Cuando llegó el turno del abogado defensor, el hombre apenas se levantó.
—Mi cliente afirma que escuchó gritos y entró al edificio para ayudar.
Eso fue todo.
Ninguna prueba.
Ningún testigo.
Nada.
Valentino sintió cómo la desesperación comenzaba a apoderarse de él.
—¡Eso no es todo! —susurró con frustración.
Pero el abogado solo evitó mirarlo.
Entonces ocurrió algo extraño.
Un hombre entró al tribunal.
Vestía un traje oscuro y caminaba con seguridad.
Se inclinó y susurró algo al oído del fiscal.
El fiscal asintió.
Valentino observó la escena con inquietud.
No sabía por qué…
pero algo no estaba bien.
Horas después, el juez habló.
—Después de revisar las pruebas presentadas…
El silencio en la sala era absoluto.
—Este tribunal encuentra al acusado Valentino Rossi…
Valentino sintió que su corazón golpeaba con fuerza.
—…culpable de asesinato en segundo grado. son derecho a fianza no reducción de pena.
El sonido del mazo golpeando la mesa resonó en toda la sala.
—La sentencia será de 20 años de prisión.
El mundo de Valentino se derrumbó en ese instante.
—¡No! —gritó— ¡Esto es un error!
Los policías lo sujetaron.
—¡Soy inocente!
Pero nadie parecía escucharlo.
Desde la primera fila, uno de los hombres del traje negro lo observaba en silencio.
Sin emoción.
Sin compasión.
Como si todo hubiera ocurrido exactamente como lo había planeado.
Mientras Valentino era llevado fuera de la sala, sus ojos buscaron a su familia.
Su madre lloraba desconsoladamente.
Yaya lo miraba con el rostro lleno de dolor.
Valentino intentó sonreír.
Pero no pudo.
Porque en ese momento entendió algo terrible.
Su vida…
acababa de ser destruida.
Y apenas estaba comenzando el verdadero infierno.
La prisión de Blackstone lo esperaba.