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En Las Garras Del Pasado

En Las Garras Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Posesivo / Viaje En El Tiempo
Popularitas:979
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...

LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...

¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Todo comienza con un final trágico...

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

...Capítulo 1: Amar hasta la muerte ya no es tan divertido....

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Las lágrimas brotaron de mis ojos con un profundo resentimiento; el odio y el dolor que oprimían mi pecho eran tan inmensos que me sobrepasaban por completo, dejándome sin control alguno sobre mí misma.

El hombre frente a mí me observaba sin la menor contemplación, con esa misma frialdad y egoísmo de siempre. Su mirada se clavaba en mí de manera inexpresiva mientras yo me desangraba por dentro, sufriendo las consecuencias de sus actos.

—Te lo he dicho antes, yo solo quiero que me ames —dijo, dejando caer las pesadas cadenas al piso con un eco sordo.

Su mirada, repleta de un rencor acumulado, no hacía más confirmarme lo que ya sabía: en él no existía el amor, ni lo habría jamás.

—Cuando amas de verdad no lastimas, no encierras, no humillas como lo has hecho tú —solté, con la voz temblorosa, mientras acariciaba mi muñeca adormecida y enrojecida por el roce constante del metal que por fin había sido retirado.

Él me miró fijamente, con los ojos oscurecidos por una tormenta interna.

—¿Por qué amas a alguien que no te ama? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza, observándome con una intensidad desconcertante. En el fondo de su mirada noté un destello extraño, ¿quizás tristeza? Lo descarté de inmediato; en él no cabía nada más que la posesión y el egoísmo.

—Debería hacerte esa pregunta a ti: ¿por qué me amas si yo nunca lo haré? —espeté.

Una vil mentira, la más grande que había pronunciado. Sabía perfectamente que, a pesar de todo el daño, del encierro y de las cadenas, una parte de mí había llegado a sentir algo por él.

Aún no lograba descifrar qué era exactamente, pero cada vez que lo veía sumergido en la lectura o cuando se sentaba a mi lado para guiar mis manos sobre las teclas del piano, una calidez inusual sacudía mi pecho. Sin embargo, el recuerdo inmediato de que me retenía allí contra mi voluntad me estrellaba de golpe contra la cruda realidad.

Él se quedó en absoluto silencio. Sus hombros decayeron un poco antes de dar un paso al frente y dejarse caer de rodillas justo frente a mí.

—Te amo porque no me importa si en tu corazón hay alguien más. No es masoquismo, simplemente estoy cansado de reprimir este maldito sentimiento. Pero tú... tú solo me odias por amarte. Mientras tanto, ese imbécil que ni siquiera te ama y te trata mal es el único que merece tu amor. No es justo.

Tomó mis manos con una delicadeza que contrastaba con la brutalidad de su encierro y besó mis nudillos, deteniéndose a acariciar con infinita suavidad las marcas rojas y las pequeñas heridas que las cadenas habían dejado en mi piel.

—¿Por qué siempre quieres irte con él? ¿Por qué él? ¿Por qué no puedes, por primera vez, pensar en mí? Yo también puedo ser bueno, puedo convertirme en el hombre más amable del mundo si tan solo me das una oportunidad —suplicó, con la voz quebrada, trazando círculos suaves sobre mis muñecas lastimadas.

Tragué saliva con dificultad, sintiendo un nudo espeso en la garganta. ¿Por qué demonios lograban conmoverme sus palabras? ¿Por qué sentía, aunque fuera por un segundo, que decía la verdad, como si de verdad estuviera dispuesto a cambiar?

Pero de inmediato la furia y la razón volvían a golpear mi mente: *¿Y entonces por qué me secuestró? ¿Por qué me trajo a este agujero? ¿Por qué me prohíbe pisar la calle y me encierra bajo llave cada vez que Max viene de visita?* Puede que en el pasado yo hubiera estado enamorada de Max, pero eso había cambiado hace mucho. Él, en cambio, se negaba a cambiar; por más que intenté demostrarle mi lealtad, su mente retorcida siempre creyó que yo huiría. Lastimó mi corazón sin piedad, y por eso me obligaba a no amarlo, aunque por dentro me estuviera desgarrando.

Intenté apartar mis manos bruscamente, pero sus dedos se cerraron con firmeza a su alrededor, impidiéndome escapar.

—Te dejaré ir. Lo haré —dijo de repente, levantando la vista para chocar sus ojos grises directamente con los míos.

Me quedé petrificada, con el aliento atrapado en los pulmones. Estaba completamente sorprendida por sus palabras. No lograba procesar cómo podía decirlo con tanta aparente calma; era imposible que él me dejara ir, estaba tan obsesionado conmigo que la idea sonaba a una trampa cruel. ¿Cómo podría liberarme así de fácil?

—¿De verdad? —dije, y para mi total horror, una punzada de pánico y de una retorcida esperanza de volver a su lado si me marchaba cruzó fugazmente por mi cabeza.

No comprendí por qué un pensamiento tan enfermizo se había atrevido a nacer en mi mente.

Él asintió lentamente, y por primera vez desde que lo conocía, vi una lágrima solitaria deslizarse por esos ojos grises que tantas veces me habían mirado con ira contenida.

—Te dejaré ir, pero no regreses nunca —susurró, bajando la cabeza mientras sentía las gotas tibias de su llanto caer pesadamente sobre mis manos unidas.

Se me hizo un nudo tan violento en la garganta que me costaba respirar. Nunca me había gustado verlo derrotado; siempre lo había catalogado como un monstruo frío y desprovisto de emociones, pero verlo así me desestabilizaba. *Quizás solo me está manipulando otra vez*, me repetí mentalmente para hacerme fuerte.

—¿Por qué ahora?

—Porque él ya se casó con alguien más. Te conozco lo suficiente como para saber que no irás tras él sabiendo eso. Te causé tanto daño que sé que no buscarás a nadie más; estarás tú sola contra el mundo, sin nadie a tu lado. Porque juro por Dios que, si lo llego a ver merodeando cerca, lo mataré con mis propias manos —escupió con fiereza, mientras se limpiaba las lágrimas con la manga de la camisa con gesto brusco.

La ira, caliente y destructiva, volvió a encenderse en lo más profundo de mi ser.

—¿Estás feliz? ¿Te da felicidad saber que me jodiste la vida? ¿Saber que no voy a poder estar con nadie más? ¿Eso te alegra? ¡¿Te alegra saber que soy una completa fracasada?!

Me puse de pie de un tirón, sacudiéndome con fuerza, y lo empujé con todas las pocas fuerzas que me quedaban. Me dolía el alma ver que seguía operando bajo esa lógica tan egoísta y posesiva. *¿Por qué... por qué me pasa esto? ¿Por qué, a pesar de todo, me gustas?*

Las lágrimas estallaron en mis ojos con más intensidad, nublando mi vista.

—¡Es egoísta, lo sé, pero por primera vez en tu vida piensa en mí! ¡Maldita sea, pasé tantos años detrás de ti y jamás me viste, nunca! Solo tenías ojos para él. Hice lo que estuvo en mis manos para verte sonreír, pero él jamás correspondió tus sentimientos, y aun así lo seguías eligiendo a él. ¡Tuve que ser egoísta para atraparte, y lo seguiré siendo! No me importa si me odias; ahora es conmigo o con nadie en este maldito mundo.

Lo miré con una mezcla de repulsión y desesperación. No podía creer que me sintiera atada a un hombre así. Pero me juré a mí misma que jamás se lo diría; prefería llevarme ese secreto a la tumba antes de hacerle saber que su veneno había calado hondo en mí.

—¡Te odio! ¡No tienes una idea de cuánto te detesto! —le grité a pleno pulmón.

Él se quedó callado, me dio la espalda y se marchó a zancadas, dejándome sola y temblando en mitad de la habitación.

Lloré como si mi vida se fuera en ello. Apenas habían transcurrido unos minutos cuando la puerta se abrió de nuevo; él regresó sosteniendo dos copas de cristal y una botella de vino tinto en la mano.

Lo observué en silencio, con el pecho agitado, mientras me secaba las lágrimas inútilmente con el dorso de la mano.

—Sé que te irás, que esta es nuestra última noche... así que solo te pido que me mires a mí, que esta noche seas solo mía.

Habló con una calma fantasmal mientras extendía una de las copas hacia mí. Lo miré con desconfianza, pero terminé tomando el cristal frío entre mis manos temblorosas.

—Solo quiero que esta noche sea la última vez que nos miremos de verdad, por eso necesito que sea especial.

—No me voy a acostar contigo —le solté a la defensiva, dando un paso atrás.

Él esbozó una sonrisa rota, una mueca triste que no le llegaba a los ojos.

—No te pido el cielo, sé que es demasiado pedir para ti —respondió con voz mansa, volviendo a arrodillarse frente a mí mientras daba un sorbo largo de su propia copa—. Solo quiero que, por una sola noche, me trates como si de verdad fuera especial para ti.

Lo miré fijamente, completamente descolocada, sin entender el rumbo que estaba tomando todo aquello.

—Brindemos por que mañana, por fin, serás libre —murmuró, acercando lentamente el borde de su copa a la mía hasta chocar ambas con un tintineo cristalino.

Los dos bebimos un trago espeso del vino. Él soltó una risa hueca y melancólica.

—Nunca me verás de otra forma, ¿verdad? Para ti siempre seré solo el loco desquiciado que te secuestró.

Asentí despacio, sin apartar la mirada de la suya.

—Y para mí tú siempre serás la chica que me salvó... la única que me sonreía, la que me miraba de reojo cuando él no estaba. Me conformo con eso, con haber sido al menos una sombra en tu vida.

Me llevé la copa a los labios y me terminé el vino restante de un solo trago largo. Una urgencia extraña, una necesidad visceral de abrazarlo y fundirme con él, empezó a quemar en mi interior.

—Para mí nada va a cambiar. Tú solo eres ese chico que se obsesionó enfermizamente conmigo.

—Te amo —susurró con una paz aterradora, dejando caer ambas copas al suelo. El cristal se astilló con un ruido seco.

Lo miré a los ojos y noté cómo sus párpados comenzaban a pesarle, parpadeando con una pesadez inusual. Acto seguido, estiró los brazos y volvió a tomar mis manos.

—En otra vida... te lo ruego, no me mires, no me hables —pidió con la voz cada vez más ronca, acercando su rostro al mío con desesperación. Intenté apartar la cara, sacudiendo la cabeza, pero un mareo repentino y denso me paralizó por completo.

Sus manos ahuecaron mi rostro con firmeza, y sus labios, por primera vez en cuatro largos años de cautiverio, se estrellaron contra los míos en un beso desesperado, el primero y el último que me daría.

Cerré los ojos con fuerza, sintiendo un dolor punzante y agudo estallar de inmediato en el centro de mi cabeza.

—¿Qué... qué me has dado? —balbuceé con dificultad, apartándome de golpe.

—En otra vida, por favor, no te acerques a mí... nunca lo hagas. No me des falsas ilusiones, y por lo que más quieras, no me enamores... —suplicó, mientras un hilo espeso de sangre comenzaba a brotar de su nariz, escurriéndose por su labio superior.

Al verlo, el terror me paralizó. Le tomé el rostro con mis propias manos, desesperada por limpiarle la sangre, y en ese exacto segundo comprendí la magnitud de lo que había hecho. Las lágrimas volvieron a desbordarse, pero esta vez de puro espanto.

—¿Por qué... por qué hiciste esto? ¡Yo solo quería que cambiaras! —grité, cerrando los ojos con fuerza mientras el dolor en mi cabeza se volvía insoportable, martillando mis sienes.

—Tú... jamás ibas a amar a este monstruo —murmuró, con una sonrisa triste, antes de dejar caer todo el peso de su cabeza contra mi pecho.

Sentí que mis propias fuerzas se desvanecían segundo a segundo, mi cuerpo volviéndose de plomo.

—Solo si ambos morimos... entonces yo podré estar en paz —susurró él, cerrando los ojos de manera definitiva.

Poco a poco, mis propios párpados comenzaron a pesar toneladas, cerrándose con lentitud mientras mis rodillas cedían y mi cuerpo entero se desplomaba sobre el suave respaldo del sofá. El dolor físico empezó a adormecerse, reemplazado por un frío reconfortante.

—Yo solo quería... que fuéramos felices... —logré articular en un hilo de voz, mientras levantaba una mano pesada para acariciar por última vez su cabello revuelto. Ya no me quedaba aire ni fuerza en los pulmones, pero necesitaba que escuchara esto antes de que la oscuridad nos tragara por completo—. Yo solo quería que fuéramos felices juntos... Te amo, Diego...

Mis ojos se cerraron del todo, y con un último suspiro que se apagó en la quietud de la habitación, dejé de respirar.

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Betty Saavedra Alvarado
Eli serás Caperucita para conquistar a tu lobo
Betty Saavedra Alvarado
Elizabeth estás enamorada deseas que Diego se cure para formar una familia se hara realidad tu deseo después de todo lo que has vivido con el
Betty Saavedra Alvarado
Diego no recuerda Elizabeth está con el en este momento muy difícil para ellos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
A no dejarse derrotar por nadie a luchar
Betty Saavedra Alvarado
Te preocupas por Diego por qué será
Betty Saavedra Alvarado
Tu estás cambiando a Diego poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Diego está enamorado de ti nunca te hará daño
Betty Saavedra Alvarado
Kiary no comenté estuve en el medico recién estoy leyendo los capítulos me gustó mucho
Kiary Valverde: Espero que te mejores pronto 🫰🏻❤️
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Diego poco a poco quiere conquistar a Eli aunque ella lucha por no caer su cuerpo dice otra cosa ahora están juntos
Betty Saavedra Alvarado
Me gusta la historia
Lectora con visión 🥰
es comprensible que estés a la defensiva, pero... viendo cómo dices que no se parecen en nada estos dos, entonces dale la oportunidad, se ve que este Diego si quiere ir legal y no a la fuerza
Lectora con visión 🥰
Yo no sé, pero a mí ya me convenció, pido que se le dé otra oportunidad
Lectora con visión 🥰
si claro, la tienes traumada bb
Lectora con visión 🥰
me encanta esta historia 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo súper intenso me gustó mucho
Lectora con visión 🥰
Me ha encantado, seguiré leyendo 😸😊
Lectora con visión 🥰
empezamos mal con ese comienzo 🥺
Lectora con visión 🥰
😭😭😭😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
NovelToon
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