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La Reina De Hielo

La Reina De Hielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Giselle Sara

Abigail Frost, princesa de la familia de hielo más poderosa del Norte.

Mis padres, el Rey y la Reina de Hielo, me mandaron a la Academia Nocturne porque mi poder nunca despertó.

En esa academia todos tienen poderes: fuego, viento, sombras, rayos. Yo no tengo nada. Me llaman mestiza, me rechazan y me humillan con la túnica gris de los débiles.

Lo que nadie sabe es que no soy una mestiza.

Soy la primera Reina de Hielo en 1000 años. La única que puede convertirse en LOBA BLANCA. Mi poder es inmenso, capaz de congelar academias enteras.

Y cuando mi loba despierte, todos los que me llamaron débil se arrodillarán.

¿Te atreves a entrar a la Academia Nocturne?

NovelToon tiene autorización de Giselle Sara para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA PRINCESA QUE NO TENÍA PODER

Mi nombre es Abigail Frost.

Soy la hija del Rey y la Reina de Hielo.

Y hoy, mi propia familia me está echando del Castillo de Hielo.

No porque hice algo malo. Sino porque a mis 19 años, sigo sin poder.

Estaba de pie en el Salón del Trono de Hielo. Todo a mi alrededor era hielo azul, blanco, transparente. Columnas de hielo que llegaban hasta el cielo. El suelo tan frío que quemaba. Mi padre, el Rey Elias Frost, sentado en su trono. Un hombre de 45 años, cabello blanco como la nieve, ojos azul hielo, barba escarchada. Con solo respirar, podía congelar a un hombre. Su poder era el Hielo Absoluto.

A su lado, mi madre, la Reina Lyra Frost. 40 años, pero parecía de 25. Piel clara, hermosa, joven, cabello negro larguísimo con un brillo helado que parecía tener estrellitas adentro. Exactamente como el mío. Su poder era la Ventisca. Cuando cantaba, podía hacer nevar en pleno verano.

Y yo, entre los dos, con una maleta de piel blanca en la mano. Sin corona. Sin capa. Con un vestido gris simple.

"Abigail", empezó mi padre, con esa voz que hacía temblar las paredes. "Tú sabes que en la familia Frost, el poder despierta a los 15 años. Tu hermano Kael despertó a los 12 e hizo su primera espada de hielo. Yo desperté a los 10. Tu madre a los 13."

Lo sabía. Me lo habían repetido todos los días de mi vida.

"Pero tú tienes 19 y sigues sin hacer ni una escarcha en tu mano. Los otros reinos empiezan a hablar. El Reino de Fuego dice que nuestra sangre se está debilitando. El Reino de Viento dice que eres..."

No dijo la palabra. La dijo mi hermano Kael, que estaba apoyado en una columna.

"Mestiza", dijo Kael. 25 años, mi hermano mayor, mi único amigo. Él sí tenía el poder de hielo puro. "Es lo que dicen, Abby. Dicen que eres mestiza. Que mamá se metió con alguien de otro reino y por eso naciste sin poder de hielo puro."

Mi madre se levantó de golpe y la temperatura del salón bajó 10 grados más.

"¡Kael, no vuelvas a decir esa palabra en mi castillo!"

Pero yo sabía que afuera, todo el Reino de Hielo ya me llamaba así. La princesa mestiza. La sin poder. La vergüenza Frost.

Mi padre suspiró. Por primera vez, no me miró con decepción. Me miró con algo peor. Con lástima.

"Por eso tu madre y yo tomamos una decisión. Te vamos a mandar a la Academia Nocturne."

Sentí que el suelo de hielo se abría bajo mis pies.

La Academia Nocturne. La academia más peligrosa y prestigiosa de los cinco reinos. Allá mandaban a todos los jóvenes con poderes: fuego, viento, tierra, sombras, luz, veneno, rayos. Todo tipo de poder. Era una escuela flotando en un cráter, donde la lava y el hielo convivían. Si sobrevivías 4 años allí, salías siendo un guerrero de élite.

Si no tenías poder, no sobrevivías ni una semana.

"¿Me están echando a un lugar donde me van a matar?", pregunté, con la voz temblorosa.

"Te estamos dando una oportunidad", dijo mi padre. "El Director de Nocturne es viejo amigo mío. Hay maestros de todos los poderes. Quizás tu poder no es hielo. Quizás es otra cosa que aquí, en el castillo de hielo, no puede despertar. Tienes un semestre. Si en un semestre tu poder no sale, te traeremos de vuelta y..."

"...y te casaremos con el Príncipe de Piedra para sellar una alianza", terminó mi madre, con lágrimas que se le congelaban en las mejillas.

Un matrimonio arreglado. Vendida por no tener poder.

Mi hermano Kael me abrazó. Su armadura de hielo me quemó los brazos, pero no me importó.

"Vas a estar bien, hermanita. Y si alguien te molesta, me dices y voy y congelo toda la academia."

Mi madre me llevó a mi cuarto para despedirse. Cerró la puerta con una pared de hielo para que nadie nos escuchara. Me tomó la cara con sus manos frías.

"Abigail, mírame. Mírame bien. Tú no eres una mestiza sin poder. Tú eres todo lo contrario."

Me puso en el cuello un colgante. Un colmillo blanco, viejo, con una piedra azul en el centro.

"Esto es de mi madre. De tu abuela. Ella me dijo antes de morir que en nuestra familia, cada mil años, nace una niña diferente. No una princesa de hielo azul. Sino una Reina de Hielo Blanco. La primera en toda la historia que puede convertirse en LOBA BLANCA."

Me quedé sin aire.

La Loba Blanca era una leyenda prohibida. Decían que era una loba del tamaño de un caballo, toda blanca, con ojos de hielo eterno. Que su aullido podía congelar un volcán en erupción. Que su poder era tan inmenso que los otros cuatro reinos se unieron para matarla hace mil años. Decían que habían extinguido su sangre.

"Tu poder no ha salido, mi amor, porque es demasiado grande. No es un poder que sale a los 15 años. Sale cuando está listo para destruir mundos. En Nocturne te van a rechazar. Te van a llamar mestiza. Te van a poner la túnica gris de los sin poder. Aguanta. No te quites este colgante por nada del mundo, hasta que sientas que vas a morir de verdad. Cuando te lo quites, tu loba blanca va a despertar. Y nadie, ni tu padre, ni yo, ni nadie en esta historia, va a poder detenerte. ¿Entendiste?"

Lloré. La abracé. Era la primera vez que alguien me decía que no era débil. Que era peligrosa.

Al amanecer, el carruaje de hielo me llevó a la Academia Nocturne.

Cuando llegué, entendí por qué todos le tenían miedo.

Era una fortaleza negra gigante flotando sobre un abismo donde abajo había lava roja y arriba nevaba. Tenía cuatro torres enormes de colores: la Torre Roja de Fuego, que siempre estaba en llamas. La Torre Blanca de Viento, que flotaba y giraba. La Torre Negra de Sombras, que no se veía bien. Y la Torre Azul de Hielo, mi torre, que era la más bonita.

Y en medio de todas, chiquita, sucia y sin ventanas, la Torre Gris.

La de los mestizos. La de los sin poder.

El Director me esperaba. Tenía un ojo rojo de fuego y otro azul de hielo.

"¿Abigail Frost? ¿La hija de Elias y Lyra? Expediente: Poder no manifestado. Sospecha: mestiza. Clasificación: Torre Gris. Túnica gris."

Me lanzó una túnica gris áspera, fea, que picaba.

Me llevaron al Gran Salón de Bienvenida. Cientos de estudiantes con túnicas de colores. Todos con poder. Sentí el calor del fuego, el viento helado, la oscuridad de las sombras.

Todos me miraron cuando entré con mi túnica gris. Empezaron los murmullos.

"Es una Frost... ¿y es mestiza?"

"Pobrecita, ni hielo puede hacer."

"Una princesa con túnica de sirvienta."

Me senté sola en la mesa gris. Ninguna otra mesa me quiso.

Tres chicas se acercaron. La líder tenía el cabello rojo fuego y una túnica roja.

"Tú debes ser la famosa mestiza Frost", dijo, riéndose. "Yo soy Ignis, de fuego. ¿Cuál es tu poder, princesa? ¿Hacer cubitos? Ay no, verdad que ni eso puedes."

Su amiga de viento hizo un mini tornado sobre mi plato y tiró toda mi comida. La tercera, una chica de hielo con marcas de hielo en los brazos, se inclinó sobre mí.

"Yo sí soy de hielo de verdad, mestiza. Mira."

Hizo una rosa de hielo perfecta en su mano.

"Tú nunca podrás hacer esto. Porque tu sangre está sucia. Tu mamá debe haberse metido con un humano."

Algo dentro de mí explotó. No fue poder. Fue rabia. Una rabia de 19 años siendo llamada mestiza.

Sentí que mi colgante de colmillo blanco se calentaba. Mucho. Quemaba.

Me toqué el cuello. El colgante estaba brillando. Brillando blanco.

Y por primera vez en 19 años, escuché algo dentro de mi cabeza. No era mi voz.

Era un gruñido. Un aullido bajo, profundo, de loba.

...por fin...

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Kim ji sa-ra
está muy buena me gusta mucho
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