Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°1
Era un viernes por la noche, Tamara bebía de su copa mientras la oscuridad del bar la envolvía, el bullicio la enloquecía y la música de fondo apenas alcanzaba a rozar sus oídos. Estaba devastada, herida. Su mundo perfecto se destruyó en cuestión de segundos cuando llegó de imprevisto a su hogar después de un arduo viaje de negocios y quiso sorprender a su esposo y terminó siendo ella la sorprendida.
—Cariño, Saimon, amor... ¿Adivina quién volvió mucho antes de lo previsto?—dijo subiendo las escaleras mientras se dirigía a su habitación, se quitaba el abrigo y lo dejaba sin cuidado sobre la baranda—.Mi amor te tengo una sorpresa—dijo recordando la lencería sexi de color rojo que tenía debajo de su traje, entonces con cuidado abrió la puerta de su cuarto para descubrir la peor de las traiciones—. Saimon—pronunció el nombre de su esposo mientras llevaba ambas manos a su boca y oprimía el deseo de gritar al mismo tiempo que su visión se nublaba y sus ojos se llenaban de lágrimas. Todo se movía bajo sus pies, necesitaba apoyarse en algo así que se sostuvo con firmeza del pomo de la puerta. Su peor pesadilla se estaba haciendo realidad.
—Tamara, no … no es lo que parece—dijo como si no fuera obvio que estaba teniendo relaciones con la empleada doméstica—. Déjame explicarte—pidió mientras salía del cuerpo de la joven y se envolvía en una sábana.
—Aléjate de mí, me das asco—pronunció casi en un susurro.
—Cariño, ella me sedujo—señaló a la joven con desprecio mientras caminaba con pasos lentos hacia su mujer pero al ver que retrocedía ante su presencia, se detuvo —. Tamy...
—¡Basta, no quiero oír ni una más de tus mentiras … eres…!—no podía encontrar los calificativos adecuados, las palabras no venían a su mente, se sentía asfixiada.
—Tamy, amor solo fue esta vez y te juro que fue un terrible error, lo lamento. No volverá a pasar.
—Está no es la primera vez que estamos juntos, llevamos meses teniendo relaciones y tú me dijiste que me amabas. No puedo creer que ahora lo niegues y que digas que no soy nada —gritó el ama de llaves quien se incorporó de la cama de un salto—. Te odio nunca debí hacerte caso—murmuró visiblemente molesta por escuchar cómo él negaba su relación, entonces lo enfrentó cara a cara sin importarle su desnudez y le dijo—olvídate de mí y de nuestro hijo.
—¿Está embarazada?—preguntó Tamara casi sin aliento.
—No es cierto, ella miente.
—¡Eres un cobarde!—gritó y lo abofeteó con todas sus fuerzas—. Creí en ti, me dijiste que ya no la amabas, que ella era frígida y que jamás te daría la familia que tanto anhelas por eso me dejé seducir y acepté tener un hijo contigo pero esto se termina aquí y ahora. Me voy de esta casa para siempre—anunció saliendo de la habitación como si nada.
Tamara aún no salía de su asombro, quería gritar, patalear, estrangular con sus propias manos al infeliz de su esposo, sin embargo no valía la pena hacer algo semejante, su empleada tenía razón él era un cobarde una basura, una mierda de persona que jugó con los sentimientos de ambas.
Saimon miraba para todos lados, estaba perdiendo a su mujer, al amor de su vida y por otro lado estaba su amante y la madre de su primogénito, sin saber porque corrió detrás de la empleada sorprendiéndose a sí mismo y esa fue la confirmación que Tamara necesitaba para salir de su hogar de fantasía.
Sin esperar ningún tipo de explicación, corrió hasta la sala tomó nuevamente su bolso que había dejado en la entrada junto a las llaves del auto y condujo a toda prisa hasta que sin saber porqué se detuvo frente a un cartel de neón e ingresó a ese lugar.
Los recuerdos la invadía quebrándola, destruyendo su corazón en mil pedazos. Ella se casó ilusionada, con el que supuestamente era el amor de su vida, su príncipe azul, ese ser perfecto con quien toda mujer sueña, pero resultó ser un bastardo como todos. Sus pensamientos iban y venían intentando buscar una explicación, una respuesta a todas sus preguntas, pero siempre llegaba a la misma conclusión. Él no la amaba lo suficiente como para ser fiel, él era el que cometió una terrible traición, no ella. Él era el culpable de su sufrimiento y ella no se dejaría pisotear tan fácilmente.
—Lo vas a pagar, te juro que haré que pagues con creces tu traición, me acostaré con el primer idiota que vea —murmuró antes de beber la última gota de wisky.
De repente alzó la vista y vio su reflejo en el espejo que se encontraba detrás de la barra. Se sentía patética, al ver su maquillaje estropeado por una lágrima traicionera y sus labios temblorosos. Él era una basura y que mejor que haber abiertos los ojos antes de que su sueño de ser madre se hiciera realidad.
Estaba tan concentrada en su imagen que se sorprendió al ver a su jefe sentado a su lado, no sabía cuánto tiempo llevaba a su lado pero por su sonrisa endemoniada mente sexi se sintió vulnerable, entonces recordó sus últimas palabras y sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso
—¿Puedo saber por qué o por quién lloras?—interrogó mientras le ofrecía un pañuelo.
—Señor, lo siento pero no tengo porque responder, no estamos en la oficina—dijo limpiando su nariz.
—Si voy a ser el idiota con quien te acuestes esta noche, creo que tengo derecho a saber ¿por qué?—inquirió mientras le hacía señas al mozo para que llenara ambos vasos.
—¡Maldición, me escucho!—exclamó apoyando la cabeza sobre la barra intentando ocultar su vergüenza.
—Descuida, no pienso aprovecharme de la situación, aún en este bar sigo siendo tu jefe. Ahora dime ¿qué te hizo el infeliz de tu esposo?
—¿Cómo sabe que él me …?—preguntó y luego volvió a preguntar—¿ Es tan obvio?
—Trabajas para mí, hace cinco años jamás te vi tomar una gota de licor o te vi derramar ni una sola lagrimita por nada y eso que te he dado motivos para hacerlo, además vengo aquí después de cada viaje de negocios y jamás en todo este tiempo te encontré en este lugar y como sí fuera poco llevas la misma ropa del mediodía, lo que significa que saliste de casa a toda prisa y solo puedo imaginar una razón y es que ese estúpido estaba con otra—concluyó su veredicto y bebió un sorbo de su trago.
—Sí que es todo un detective, muy bien lo felicito acertó—aplaudió sin mucho ánimo—. Acertó en todo y me sorprende que sea tan observador—dijo levantando la mirada hacia su rostro.
—Lo siento.
—Créame yo lo siento más.
—¿Era alguien conocida?
—¿Eso importa?
—Sí, porque cuando te traicionan con alguien que aprecias el dolor es doble y la traición es mucho más importante de lo que uno se imagina.
—El muy desgraciado estaba con mi ama de llaves, en mi propia cama y tuvo el descaro de decir que no estaban teniendo relaciones, cuando la hacía gritar de placer frente a mis propios ojos y lo peor de todo es que está embarazada, le dará el hijo que yo le negué por años solo por querer trabajar para usted —confesó mientras su cuerpo temblaba y bebía su trago—. Todo esto es por su culpa y esa maldita cláusula de cero embarazos en la compañía.
—Mi cláusula tiene una buena razón, si deseas ser mi secretaria y recorrer el mundo a mi lado no puede haber un niño de por medio que te impida hacerlo—explicó y ella tuvo que reconocer que tenía sentido—. Jamás alejaría a un niño de su madre y perdón que sea cruel contigo pero yo no obligue a tu esposo a engañarte, él lo hizo porque quiso y porque es un verdadero estúpido.
—Tienes razón, esa clausula tiene sentido. Lo lamento.
—Acepto tus disculpas. Ahora dime ¿tienes donde pasar la noche?—preguntó quitándole la copa de entre sus manos y rozando con suavidad su palma.
—No.
—Ven, te llevaré a mi casa—ordenó tomándola del brazo y con firmeza la obligó a que se ponga de pie.
—Mi auto está en el estacionamiento, puedo buscar un hotel.
—No estás en condiciones de conducir y temo que mires a otro hombre y termines en su cama—bromeó.
—No hablaba en serio.
—Lo sé—respondió con ternura atrayéndola con cariño contra su cuerpo.
Franco, la guió hasta la salida intentando que su pasos sean firmes sin embargo ella estaba algo inestable y apenas podía mantenerse en pie, Al cruzar el umbral de la puerta fue entonces cuando el desastre se desató. Tamara respiro profundamente, llenando de aire puro sus pulmones, entonces como una bofetada, la brisa de la noche golpeó el rostro de la joven haciendo que sintiera muchas náuseas y todo comenzará a girar a su alrededor.
—Quiero vomitar—anunció haciendo una pequeña arcada y sin poder contener la bebida en su estómago volcó todo su contenido en la vereda.
—¡No en mis zapatos!—advirtió el ceo pero ya era demasiado tarde—. Son de colección—explicó haciendo una mueca de enfado mientras la sostenía con fuerzas de la cintura y le acomodaba el cabello detrás de sus orejas para que no se ensuciara.
—Perdón.
—Descuida te lo descontarán de tu salario—bromeó y ella se recostó sobre su hombro apenada.
—No me alcanzara la vida para pagar unos zapatos tan caros.
—Entonces tendrás que trabajar horas extras—propuso mientras con suavidad limpiaba la comisuras de sus labios con un pañuelo y quedaba hipnotizado ante esos hermosos ojos grises.