Tan pronto llegó la comida, almorcé ligero y en compañía de mi madre. Estuvo mirando los alrededores y leyendo uno que otro documento que se encontraba en mi escritorio.
—¿Katie Bermúdez? — me miró por arriba de los espejuelos —. Dieciocho años, estudios completados, pero cero experiencia laboral.
—Vas a desorganizar mis cosas.
—¿Firmaste este contrato con una joven de dieciocho años y sin experiencia laboral? ¿Es algún acomodo especial? ¿Tal vez un favor?
—¿Cuántas veces debo decirte que no me gusta que me cuestionen, madre?
—¿Por qué tanto misterio con esa joven?
—No hay ningún misterio. No veas cosas donde no las hay. Es solo que conozco la madre que tengo y sé cuándo tienes algo entre manos.
Hubo un ligero toque en la puerta y escuché la voz de Katie, por lo que la hice pasar.
—Permiso. No sabía que estaba ocupada. Regreso en otro momento.
—¿Es usted la Srta. Bermúdez? — mi madre se levantó de la silla e hice lo mismo.
—Sí. Ese es mi nombre — respondió tímidamente.
—Mi nombre es Caroline Brown, soy su madre — sus ojos se posaron en mí.
—Es un placer conocerle, Sra. Brown — bajó la cabeza—. Perdone por interrumpir.
—¿Tiene un momento, Srta. Bermúdez? — la sonrisa de mi madre me lleva a confirmar que algo se trae entre manos.
—¿A dónde la llevas? — cuestioné, tras ver que tenía intenciones de salir de la oficina con ella.
—Tú quédate ahí un momento, mi amor. Tengo cosas que hablar con la señorita aquí presente. No tardamos — salieron de la oficina y no pude irme detrás de ellas.
Mi madre tiene un radar muy bueno y sé que, si trato de espiar la conversación, no dudará en crear una escena de las suyas. Estuve inquieta, dando vueltas y vueltas, en espera de que regresaran. Para mí sorpresa, quién entró al cabo de varios minutos fue Katie, mi madre ya no estaba con ella.
—¿Y mi madre?
—Me pidió que le informara que se iba.
—¿De qué hablaron? ¿No le dijo nada indebido?
—No me dijo nada malo, Sra. Brown. Su mamá es muy respetuosa y amable.
—¿Segura? — insisto curiosa.
—Sí.
Dejándome llevar por lo relajada que se encuentra, asumo que está diciendo la verdad.
—¿Ya almorzó, Sra. Brown?
—Sí.
—Me alegra mucho. Es que la vi en la puerta de la cafetería y como se fue, creí que no había almorzado.
—Yo no estuve en la cafetería. No me he movido de mi oficina.
—Ah, ya veo. Lo siento, creo que la he confundido. Por cierto, no sabía que contaban con una cafetería aquí mismo. El día que me dio la ronda por la empresa, no me mostró esa área.
—Para serle honesta, no pensé que fuera a ser necesario, pues creí que no pasaría del primer día.
—Entiendo.
—Asumo que usted almorzó también, ¿no? — la miré fijamente para ver su reacción.
—Así es. Cocinan muy delicioso.
—Me alegra que se sienta tan a gusto. Veo que también ha hecho buenas amistades en tan poco tiempo.
—¿Amistades? Ah, ¿habla del Sr. Scott? Es una buena persona. Ayer tuve muchas dificultades y me perdí varias veces, pero él fue muy amable y me ayudó.
—Qué atento y buen compañero es— sonreí disgustada—. No siempre se busca ayuda, existen cosas que debe descubrir usted por su cuenta para salir a flote. Depender de alguien más no debe estar en su lista.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—Dígame.
—¿Está molesta conmigo? ¿Hice algo mal?
—No estoy molesta en lo absoluto — respondo sarcásticamente, pero no parece captarlo tampoco.
—Disculpe. Pensé que lo estaba, pues tiene la misma expresión que tuvo cuando llegué aquí.
—Para algunas cosas es observadora e inteligente, pero para otras, es muy lenta y extremadamente… simple.
—Tiene razón; usted siempre la tiene — presionó sus labios.
Caminé hacia ella hasta quedar a una distancia prudente.
—Primera vez que coincidimos en algo. Ahora bien, como siempre tengo la razón y tiene tan claro eso, considero que cada vez que cometa un error debe ser castigada por ello. Como bien debe conocer, cada acción tiene su consecuencia.
—¿Castigo?
—Sí. El castigo se le da a esas personas que no hacen las cosas bien, es una forma de corregir y enseñar.
—¿De qué tipo de castigo habla?
—Ha derramado la última gota del vaso.
—¿Qué hice mal?
—Hablar en horas laborales de temas personales y hacer esperar a su jefe con tal de coquetear en pleno pasillo. ¿No tiene ni un poco de vergüenza? ¿No es motivo suficiente para ser castigada e incluso despedida? Una asistente debe tener claras sus prioridades y responsabilidades. Aquí no vino a hacer amigos o a coquetear, vino a trabajar.
—No volverá a ocurrir, lo prometo — los nervios se reflejaron en sus manos.
—Quítese la ropa interior — le ordené.
—¿Qué?
—No soy de repetir las cosas, Srta. Bermúdez. Usted me ha oído alto y claro. Si está consciente de su error y está tan arrepentida, haga lo que digo sin cuestionar o quejarse. De lo contrario, vaya recogiendo sus cosas inmediatamente.
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Comments
rubi salgado
abuso de poder por eso las otras renunciaban y aparte no tiraban para ese lado y está la corrompera
2024-12-14
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Lismari
jajajaja ya es acoso /Facepalm/
2024-06-18
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Ela guti
esto es ya acoso laboral... abuso laboral y es demandable
2024-04-05
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