Impulso

—¿Por qué me pide eso, Sra. Brown? — no podía mantener contacto visual conmigo.

—Desde que puso un pie en mi oficina, es lo más que ha hecho. Incluso ahora está llorando sin razón alguna. ¿Podría ser que se siente mal tras haber sido descubierta?

—Realmente no sé de qué habla — suena confundida, pero no puedo dejarme llevar por eso, pues las personas saben fingir bien.

—Cuando la enfrento, casualmente nunca sabe de lo que hablo — mi mano se deslizó por su muslo y presionó sus piernas.

—¿Qué hace, Sra. Brown? No puede tocar esa parte. Esto no está bien — su rostro se enrojeció con suma facilidad, mientras que sus piernas flaquearon.

¿Podría ser que es sensible?

—Tiene la piel muy suave. Me pregunto si es así en todas partes, o únicamente sus piernas.

—¿Qué?

—¿No era esto lo que quería? — le sigo la corriente.

—¿Por qué hace esto? — su mano descansa en la mía, pero no se atreve a quitarla.

No podía dejar de contemplar sus húmedas mejillas y sus ojos rojos y brillosos. Estoy perdiendo el control de mi cuerpo. Si continúa haciendo esas expresiones tan seductoras, quién sabe lo que le pase. Es mi empleada, una niña inmadura e inocente que ni siquiera conozco y que incluso tiene muchas cosas que detesto a morir, pero a su vez, me enciende como hace nunca una mujer lo hacía. Nunca me hubiera atrevido a ponerle un solo dedo a alguna empleada, pero esta niña ha sobrepasado mis límites. Me calienta oír su voz cuando está a punto de quebrarse en llanto. Esto es algo más fuerte que yo.

—Me duele el cuello — su quejido me llevó a admirarla más.

Sí, eso quiero, que lo sienta. Se escucha tan claramente su respiración agitada.

—Usted es mi jefa y es una mujer, ¿por qué me hace esto?

—Soy un ser humano como usted y tengo mis límites. Me ha atacado de una forma muy sucia y no tolero las mentiras. Por otra parte, ¿en qué afecta que sea una mujer? ¿Me dirá que se siente asqueada por sentir las manos de una mujer tocando su cuerpo, cuando hace unos momentos estaba mostrándome su trasero sin ninguna pena? Solo faltaba que lo pusiera en mi rostro, ¿no lo cree? — arqueé una ceja, presionándola como quería.

—¡Jamás haría algo así! — su rostro se enrojeció más de lo ya estaba y desvió la mirada—. Usted dice cosas muy feas.

—¿Feas? Tal pareciera que le gusta que le hable así. Es usted una pervertida disfrazada de niña santa, Srta. Bermúdez — sonreí, dejando ir un poco su cuello.

—Deténgase, por favor… — rogó, presionando sus labios.

Sus expresiones son tan únicas, tan divertidas y excitantes, no sé si pueda soportarlo más.

—Cuando me diga la verdad de que ha venido a mi empresa a causarme dolores de cabeza, entonces la dejaré ir.

—Eso no es cierto. Primero que nada, jamás hubiera querido derramar su café. Estaba muy nerviosa con el que me haya llamado la atención y por eso sin querer se me derramó. Traté de solucionar las cosas secando su pantalón, pero no fue suficiente. Con respecto a esta falda, no estoy acostumbrada a vestir así, pero le juro que tendré más cuidado la próxima vez. Sé que no quiere oír una disculpa de mi parte, por eso me he limitado a no hacerlo. Lo menos que quiero es hacerle enojar. No llevo ni tres horas de trabajo y solo he cometido error tras error. Por favor, le ruego que me perdone.

—Eso se escucha más honesto de su parte. ¿Ve que no es difícil? — retrocedí, dándole espacio a que pudiera reponerse.

Cruzó las piernas, adentrando la falda por su entrepierna y observé sus temblores. Pensé que de cierta forma le desagradaba el hecho de haberla tocado, pero su cuerpo está respondiendo de una manera contradictoria. ¿Podría ser que realmente ella nunca ha hecho esto? Esas reacciones no son normales, a no ser que nunca hayan acariciado su piel.

—¿Está considerando abandonar su puesto luego de lo que acaba de ocurrir? — le hice la pregunta con la intención de saber dónde estoy parada.

Acabo de hacer algo que puede perjudicarme, pero en parte es su culpa. Ella también tendría las de perder. Negó con la cabeza en repetidas ocasiones y adentré mis manos en los bolsillos, tratando de mantener el control de ellas.

—Vaya al baño, lave su rostro con mucha agua fría y regrese a mi oficina. Le aseguro que eso le va a aliviar un poco el calor.

—Gracias, Sra. Brown. Es usted muy amable.

—Y usted muy mentirosa — salí del cuarto en dirección a mi oficina.

Debo encontrar una solución a esto urgente. No puedo volver a perder la compostura por esa niña.

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Comments

Viviana Bustos Aldana

Viviana Bustos Aldana

Ay señora Brown creo que esa agua fría la necesita es usted y mucha 😂😂😂😂😂

2022-07-05

1

Viviana Bustos Aldana

Viviana Bustos Aldana

😳😳😳😳😳 Katie creo que ya estas perdida. 🤭🤭🤭

2022-07-05

0

Carmina Purata

Carmina Purata

Jajajajajajajaja Brown se cree que todas son igual de calientes que ella o, tal vez la abstinencia la tiene al límite 🤭🤭🤭

2022-04-02

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