—¿Qué decisión tomará?
—Yo… está bien, Sra. Brown —levantó su falda lentamente, con una expresión sumamente vergonzosa y tímida.
Su descontrol emocional fue aumentando y dejándose notar, conforme iba bajando su ropa interior. Su más preciada parte estaba expuesta a mí. Lo que imaginé, tiene vellos púbicos.
—Si está tan interesada en coquetear, debe primero comprar una ropa interior más llamativa y, de paso, conocer lo que es una navaja. No baje la falda.
—¿Cómo que no la baje?
—Se va a quedar con ella, así como está.
—La puerta está sin seguro, Sra. Brown.
—Es parte del castigo. Si alguien entra por esa puerta, solo verá a una empleada desagradecida, tratando de enmendar el grave error que cometió. Póngase de espalda y recoja su ropa interior.
—Esto es muy vergonzoso.
—No la estoy obligando a nada. De hecho, no tiene que hacerlo si no quiere.
—Yo lo haré — me dio la espalda y observé su buen trasero inclinarse frente a mí.
—Manténgase inclinada — me agaché detrás de ella y observé más de cerca sus partes—. Separa un poco las piernas.
Separó las piernas y pude apreciar lo húmeda que se encontraba su entrepierna.
—Parece que conversar con Scott la puso a mil por hora.
—¿Qué?
—¿O acaso está así porque está disfrutando de que vea sus partes?
—Claro que no.
—Su cuerpo habla por usted, Srta. Bermúdez— saqué mi bolígrafo del bolsillo del gabán y acerqué la punta a sus labios, algo que la llevó a tensarse.
—¿Qué hace?
—Guarda silencio — coloqué el bolígrafo entre sus labios y lo presioné intencionalmente para que sintiera el roce en su clítoris.
Sus piernas parecieran que estaban perdiendo la fuerza debido a los temblores y escuché su respiración agitada.
—Imagine que está absorbiendo de un sorbete, pero con la vagina y manténgalo ahí. Si se cae, me veré en la obligación de asegurarlo, pero dentro de usted y no creo que quiera perder su virginidad con un bolígrafo, ¿o sí? — le ayudé a levantarse de golpe y ella juntó sus piernas, dejando escapar un suave quejido—. ¿Cómo se siente? — le di una nalgada sin aviso, tras verme tentada de su reacción.
El leve salto de sorpresa le provocó un incontrolable temblor y su fuerte gemido me produjo escalofríos. No se atrevía a caminar. Que buenas nalgas tiene. Son de esas que soportaría más que una simple nalgada.
—Ese gemido fue peligroso, puede atraer a alguien, bolita.
—Se siente muy raro.
—Quiero que de una vuelta por alrededor de mi escritorio.
Quiero que sienta el roce de ese bolígrafo en su clítoris más intensamente.
—No puedo, Sra. Brown.
—Claro que puede. Mueva ese trasero — le di otra nalgada y eso la impulsó a hacerlo.
Caminó despacio, con sus piernas temblorosas y apoyándose del mismo escritorio. Sus ojos llorosos son la combinación perfecta para sentirme satisfecha. Saqué su silla y la coloqué del lado contrario, para así tener el privilegio de ver esas grandes y gelatinosas nalgas desde mi escritorio.
—Presione el bolígrafo con su mano y luego siéntese.
Tras ver que sin protesta lo hizo, la presioné por sus dos hombros y me acerqué a su oído.
—Ahí se quedará hasta que sea la hora de salida. Como solo deberá atender el teléfono y necesitaré que redacte unas cartas, no necesitará levantarse para nada— agarré su cabello, torciendo su cuello hacia atrás —. Para la próxima vez que cometa un error o me haga esperar, no seré tan considerada y le haré pasearse por la empresa totalmente desnuda. ¿Le ha quedado claro?
—Sí, Sra. Brown — dijo temblorosa.
—Ha sido una buena niña — mordí el lóbulo de su oreja y gimió —. No puedo esperar para verla equivocarse de nuevo, bolita.
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Comments
rubi salgado
está ya cayo ante las locuras de su jefa o tra ya hubiese renunciado por lo menos
2024-12-14
0
Yoberlys Araque
me encanta esa jefa 😈
2023-06-11
1
Grisleydi Lucena
me gustaría conseguir una asi
2023-03-29
0