Regresé a la casa, preparé la comida para llevarle a mi papá al hospital. Mi mamá no puede comer todavía, ya que el medico se lo prohibió. Es hora de la visita, por lo que según entré me dirigí a su habitación. Mi mamá aún estaba dormida, mi padre se encontraba inclinado en la silla hasta que me vio.
—Mi niña linda.
—Te he traído comida, papá. Debes tener mucha hambre. ¿Cómo está mamá? ¿Qué te dijo el doctor?
—Ya sabes de lo único que hablan los médicos, del dinero para el tratamiento.
—Quería hablar sobre eso.
—¿Cómo te fue en la entrevista, mi niña? ¿No fuiste? ¿Por qué estás todavía con esa ropa?
—Si me hubiera detenido en la casa iba a llegar mucho más tarde.
—¿No te dijeron nada?
Recordé las palabras de la Sra. Brown y bajé la cabeza.
—Me dieron el trabajo. Según la Sra. Brown, mañana debo ir presentable o no me dejarán entrar a su empresa.
—¿Cómo se te ocurrió ir así?
—Fue muy vergonzoso, pero más lo fue el llegar tarde a la entrevista. Tuve que rogarle para que aceptara al menos hacerme la entrevista.
—¿Rogarle? ¿Dónde has dejado tu dignidad y el orgullo? El trabajo lo necesitas, pero no por eso debes caer tan bajo. Esas personas adineradas siempre quieren humillar a los pobres por creerse superiores. ¿Le explicaste la situación?
—No. No quería que sintiera lastima por mí. Traerle mis problemas personales a un jefe no es correcto. Ya bastante mal me sentí con haber dado tan mala impresión. Llevaba muchas semanas practicando para la entrevista que se presentara, pero todo salió totalmente distinto a como lo imaginé.
—¿Cómo es esa señora? ¿Es muy mayor?
—Pues no luce mayor, no sé por qué le dicen señora. Se nota lo estricta y directa que es. Su mirada intimida a tal grado que no podía mantener contacto visual con ella. Además de que me estaba mirando muy extraño.
—¿Cómo que extraño? ¿Te hizo sentir poca cosa? ¿Te dijo algo malo?
—Aparte de la verdad, no dijo nada malo.
—Ten mucho cuidado, ¿sí? Da lo mejor de ti en este trabajo, pero no te dejes tratar mal, ¿de acuerdo? Ese tipo de gente solo busca explotar a sus empleados. Ven para acá —su abrazo me consoló, era justamente lo que necesitaba—. Te felicito mucho, mi niña hermosa. Bien merecido este logro. Es momento de demostrarle a esa gente de que está hecha mi hija.
—Gracias, papá.
RILEY
En la mañana me dirigí a la empresa como de costumbre. Decidí llegar treinta minutos antes para estar al pendiente de esa muchachita y de la hora de llegada. No pienso tolerar ni un segundo de retraso. Anoche no pude dejar de pensar en el día de hoy. Espero equivocarme y no tener sorpresas. Cuando solo faltaban siete minutos para las seis, la recepcionista me marcó para notificarme que ella había llegado y le pedí que la dejara subir. Al menos sabe tocar la puerta y pedir permiso. La oficina se inundó de su empalagoso perfume. Me repugnan las cosas dulces, en especial los olores.
—Buenos días, Sra. Brown. He llegado a tiempo.
Levanté la mirada como si no la hubiera estado esperando, y la forma en que estaba vestida era totalmente distinta a la del día de ayer. Lucía mucho mejor presentable con su cabello peinado y suelto, en esa falda negra a mitad de su muslo y la camiseta crema de cuello largo. No tenía nada de maquillaje, pero no era como que le hiciera falta esta vez. Incluso su tono de piel se veía más clara. Los tacones negros hacían juego con su ropa. Sus muslos son bien anchos.
—¿Es esta ropa adecuada, Sra. Brown?
—Por supuesto que no— solté el bolígrafo encima del escritorio—. ¿Pensó que vendría a un burdel o a trabajar?
—Lo siento. Es lo más presentable que encontré.
—¿Es esa la primera disculpa del día? Espero sea la primera y la última.
—Lo sien… Quiero decir, sí, Sra. Brown— se enderezó, bajando el borde de la falda por delante.
—¿Ahora ve por qué no es adecuado vestir eso en una oficina? Estará mostrándole sus preciadas partes a todo el mundo.
—No volveré a ponerme algo así.
—Si es tan amable, prepáreme un café bien cargado, porque el día de hoy promete ser bien estresante.
—Inmediatamente. Pero ¿dónde se encuentra la máquina?
—En la habitación del lado. Hágalo rápido, porque necesitamos hablar sobre el contrato de prueba.
—Muchas gracias. Ya se lo traigo— salió de la oficina y me sorprendí viendo su falda.
Es una molestia verla sonreír tanto. Me da ansiedad.
Regresó minutos después con un café bastante caliente, pero quería probar si había seguido mis instrucciones.
—Está muy dulce. Le dije claramente que quería un café cargado. Hágame otro.
—Pero, Sra. Brown…
—¿Es difícil preparar un café cargado para usted?
—Vengo enseguida. Permiso— bajó la cabeza y volvió a salir de la oficina.
Definitivamente es muy corta. Si se dobla una sola vez, podría incluso hasta romperse.
Esta vez no tardó tanto como la primera. El café todavía sabía algo dulce, no sé si ya lo está haciendo intencionalmente.
—Todavía sabe dulce. ¿Sabe lo que es un café cargado o necesita que le explique?
—No le puse ninguna cucharada de azúcar, Sra. Brown. Se lo aseguro.
—¿Me está diciendo mentirosa?
—Por supuesto que no. Sería incapaz. Ya le preparo otro.
Sus manos estaban temblorosas, lo noté cuando cogió la taza, pero por estar mirando su curiosa expresión, no tuve tiempo de reaccionar cuando se le derramó encima de mi escritorio, manchando varios documentos importantes e incluso mi pantalón. Por suerte no me cayó directamente, sino las gotas que caían del borde del escritorio.
—Es que de verdad eres torpe, muchachita.
—No fue a propósito, se lo prometo— alcanzó desesperadamente varias servilletas de encima del escritorio y con una mano intentó pasarla sobre los documentos y la otra la llevó a mi pierna.
—¿Qué cree que está haciendo?
Levantó la cabeza, mostrando una expresión nuevamente curiosa. Pareciera que quiere llorar por la misma frustración y pena. Presionaba sus labios mientras sus ojos lucían brillosos. Es una expresión muy entretenida y ardiente.
—Necesito limpiar lo que hice.
Ladeo mi cabeza tras ver cómo el bulto de su trasero se mueve a la par de su desesperación por limpiarme. Esta niña no sabe lo que hace. ¿Cómo puede inclinarse de esa manera tan despreocupada?
—No puedo concentrarme con esa falda, Srta. Bermúdez— me levanté de la silla y ella retrocedió—. Quiero que se la quite.
—¿Aquí? Me daría mucha pena hacer algo así, Sra. Brown.
La miré sorprendida, sin creer que realmente había dicho tal cosa. Es imposible que alguien pueda ser así de inocente.
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Comments
rubi salgado
me gusta más el Yaoi pero le daré la oportunidad
2024-12-02
0
mariposa 🦋
🤔está vieja tira al mismo bando!!! 😢🥴
2024-01-06
0
Maris Benitez
UPS 😳🙄🤔
2023-12-19
1