Le anoté todas las tareas en un papel y se lo entregué. Luego cerré la puerta con seguro sin que ella se diera cuenta y regresé a mi escritorio. Desde este ángulo podía ver claramente su trasero descansando en la silla. Mientras leía los documentos que estaría firmando, la miraba por arriba de ellos. Lucía sumamente nerviosa, cada cierto tiempo miraba la puerta, asumo que con temor de que alguien fuera a entrar y la viera. No se atrevía a hacer ningún movimiento ajeno al de sus manos en el teclado. La niña salió más obediente de lo que pensé. Tal vez no sea tan malo dejarla.
A la hora de salida, le pedí que se pusiera de pie y que ella misma retirara el bolígrafo. Su expresión al hacerlo se vio muy entretenida y provocativa. Puso el bolígrafo en el borde de su escritorio y se detuvo frente a mí cabizbaja.
—Lo ha hecho muy bien. Ya puede ponerse la ropa interior.
—Gracias, Sra. Brown — recogió la ropa interior y me le quedé viendo mientras se la ponía.
—Así debe ser siempre; agradecida. ¿Ha finalizado sus tareas?
—Sí.
—Vaya a su casa. La espero mañana a la misma hora.
Se despidió bajando la cabeza y regresó a su escritorio en busca de su bolso.
—Buenas tardes, Sra. Brown — al momento de abrir la puerta se dio cuenta de que estaba cerrada y volvió a mirarme.
Antes de que fuera a decir algo, llevé mi dedo índice a mis labios, haciéndole gesto de que guardara silencio. ¿Cómo podría permitir que alguien más disfrute de una vista como esa?
Tan pronto salió de la oficina, me puse de pie y me acerqué a su escritorio. Tomé el bolígrafo en mis manos y se sentía caliente y muy húmedo. No me equivoco, esa niña es muy indecente, pero busca disfrazarse de una tierna ovejita. Lamí el bolígrafo, deleitándome con su delicioso sabor a pureza. Es una lástima que en poco tiempo de ella no quedará nada.
KATIE
Llegué a mi casa y no pensé que me encontraría con mi papá. No quería que viera nunca la ropa que estaría utilizando en el trabajo, porque sé que pondría el grito en el cielo.
—¿Qué haces aquí, papá? ¿Por qué no estás en el hospital? Iba a salir para allá a la hora de visita.
—Sé que has estado trabajando y debes estar agotada, por eso no quería que tuvieras que entrar a la cocina y luego ir al hospital. ¿Qué haces vestida así? ¿Es ese el uniforme de tu trabajo?
—Sí, papá.
—¿Cómo es posible? Esa falda es muy corta y mira ese escote. Tú no puedes trabajar así.
—Es un requisito. Debo estar vestida presentable y profesional.
—¿Profesional? ¿Te parece que esto es profesional? Estás mostrando tus piernas y tu pecho. No puedes ir a trabajar así.
—Tengo que hacerlo o van a despedirme, papá.
—¿Despedirte? ¿Qué se ha creído esa gente? ¿Creen que pueden vestir a sus empleados como quieren y que vayan exhibiendo su cuerpo por la calle? Iremos inmediatamente a esa empresa y hablaré con tu jefa.
—No, eso no. Yo… yo hablaré con ella mañana para que me permita usar otro uniforme, pero no vayas.
Si va y hace una escena así, no solo se burlarán de mí como lo han hecho ya, sino que la Sra. Brown va a despedirme. Ella ha sido muy clara con el código de vestimenta y es muy estricta en ese aspecto.
—Quémala, o no sé lo que vayas a hacer con ella, pero desaparece eso en este instante. Gracias a Dios tu madre no está aquí o la estarías enviando tú misma al hospital, sino es que a la tumba del disgusto.
—Perdóname, papá. No quise provocarte un mal rato o un disgusto. Voy a desaparecerla de inmediato.
Entré a mi habitación y me quité el uniforme. No quiero llevarle la contraria a mi papá, pero tampoco quiero hacer enfadar a la Sra. Brown. Este trabajo lo necesito. Mis padres están enfrentando una situación difícil y mucho gasto con el hospital y las costosas medicinas de mi mamá. No puedo dejarles esas cargas y hacerme la despreocupada. Si Dios me ha dado el privilegio de tener estas manos y estas piernas, debo utilizarlas para darlo todo por mi familia y sacarlos adelante. Dios, perdóname por ocultarle esto a mis padres, pero juro que lo hago por el bien de ellos.
Lavé el uniforme a escondidas de mi papá y lo tendí en el baño de mi cuarto para que se secara. Me sentía muy incómoda, de hecho, desde esta mañana lo he estado. Entré a ducharme y no podía sacar de mi mente a la Sra. Brown, y a todo lo que ocurrió en el día de hoy. Me siento tan avergonzada luego de lo que me hizo hacer. Sé que cometí un grave error y que probablemente merecía ser castigada por ello, pero ¿por qué de esa manera? En primer lugar, ¿por qué me hace todas esas cosas? ¿Por qué parece disfrutar cada cosa que hace? Mi cuerpo ha sido visto por una completa desconocida. No solo eso. Incluso permití que sus manos me tocaran a su antojo.
Esos pensamientos pecaminosos llegaron como una ola en cadena. Su rostro transformado en el espejo, en alguien que no aparentaba ser la misma Sra. Brown que conocí hace dos días. Esa mirada tan penetrante, capaz de erizar mi piel; la suavidad de esas manos que acariciaron mis preciadas partes, pero que no puedo encontrarlas ahora en las mías. Ese perfume embriagante que emana de ella es como si pudiera percibirlo en mis fosas nasales ahora. Siento que mi cuerpo flota, un intenso calor me arropa, trayendo consigo un escalofrío en mi espina dorsal y una palpitación en la yema de mis dedos que, por alguna razón se han movido solos en dirección a esa zona que ardiendo se encontraba, como si fuese controlada por algo o alguien fuera de este mundo. Esto no es normal. Esto no está bien. Mi visión se torna borrosa, no solo por el agua que recae sobre mi rostro, sino por culpa de esa opresión en el pecho y lágrimas que se desbordaron de mis ojos.
Pude oír en mi cabeza el sonido de los golpes de esa varita de madera en la palma de mis manos. Mis manos arden y duelen mucho.
“¡Arrepiéntete! Demonio, ¡abandona este cuerpo! No pienso entregarte a mi única hija”.
La voz de mi madre hacía eco en mi cabeza y dolía mucho. Mi cuerpo temblaba sin parar, tras haber recordado que esto había ocurrido ya una vez y hace mucho tiempo, cuando apenas tenía doce años.
“Tenemos que sacar ese demonio de ahí dentro. Ha poseído a mi hija, padre. Ella sería incapaz de hacer algo así”.
Esa conversación había quedado grabada en mi cabeza, pero no más que los golpes y el dolor en las palmas de mis manos.
“Tú no puedes caer en la tentación. No puedes ser débil o rendirte. Tienes que luchar contra el mal. Esos demonios se meten en tu cabeza y te controlan, pero tú debes ser más fuerte que ellos”.
—Te he fallado, padre. He vuelto a pecar. Me he dejado corromper y controlar por segunda vez. Perdóname, por favor— caí de rodillas en la bañera y recosté mi frente en el suelo—. Perdóname, te lo ruego — lágrimas brotaban de mis ojos sin posibilidades de retenerlas.
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Comments
rubi salgado
acaso la ayo su mamá tocandose xfa o alguien intento abusar de ella que pasaria
2024-12-14
0
Maria Fernanda Fernanda
e ahí las consecuencias de tener cero educación sexual y sobre todo crecer en un ambiente religioso extremo 😢🙈cae por ingenuidad
2023-09-12
2
Estela Aguiar
padres estúpidos capaz a ella la hicieron por correo. me revienta esa gente del has lo que yo dijo pero no lo que yo hago .
2023-07-02
1