Desperté por la alarma del teléfono y la apagué rápido con la intención de no levantar a Cristine, pero ella ya estaba despierta.
—Te he preparado el baño y saqué tu ropa. No quiero que te coja tarde para la empresa.
—¿Por qué saliste tan temprano de la cama? No tienes que trabajar hoy, ¿o sí?
—No, pero quiero desayunar contigo antes de que te vayas.
—Gracias.
—¿No hablaremos de lo de anoche?
—¿Qué de anoche?
—Siempre nos hemos dicho las cosas, pero de un tiempo para acá, siento que me ocultas algo.
—¿De qué estás hablando, Cris? — me senté en el borde de la cama.
—Las últimas cuatro ocasiones que hemos estado juntas, no logro satisfacerte como quisiera. Fueron largas horas anoche, pero no llegaste al orgasmo ni una sola vez. ¿Estoy haciendo algo mal? ¿Acaso estoy fallando en alguna parte?
—¿Qué tonterías dices, Cris?
—Quiero creer que es el cansancio y no que estoy perdiendo habilidades.
—Desde hace ya varios meses he estado teniendo muchos días difíciles y lo sabes. El cansancio, el estrés, el trabajo y la ansiedad no son buenos amigos.
—Se supone que el trabajo sea de parte y parte, no solamente que tú hagas todo.
—¿Tú estás satisfecha? ¿La pasaste bien anoche?
—Claro que sí, en ningún momento he dicho lo contrario.
—Entonces eso es lo que importa. Ya habrá mejores momentos, princesa. Deja de preocuparte por tonterías, ¿sí?
—Si algo no te gusta en algún momento, no dudes en decírmelo. Por favor, no te quedes callada. Me sentiría mal si finges estar a gusto sin estarlo.
—Mientras esté contigo, siempre me sentiré a gusto. Ahora quita esa carita y sonríe. Te ves mucho más linda cuando lo haces.
Sí he notado que últimamente, a pesar de sentirme excitada, me cuesta mucho alcanzar el orgasmo. El problema jamás sería ella, pues siempre se esfuerza en hacerme sentir bien. Diría que el problema principal soy yo.
Me di un baño y me puse el conjunto que sacó. Tiendo a dejar ropa aquí para esos días en que me quedo a dormir con ella. Su color preferido es el azul cielo y la mayor parte del tiempo me consigue corbatas del mismo color para combinar.
Después de desayunar juntas, me encaminé a la empresa como de costumbre. Di una ronda para asegurarme de que todo estuviera en orden y luego subí a mi oficina. Tan pronto abrí la puerta, ahí la vi, y el malhumor regresó a mí tras ver la ropa que llevaba puesta. Si no es una falda corta, utiliza esa ropa toda ochentosa y anticuada. Tiene dieciocho años como para estar vestida como una señora mayor. La falda larga es colorida y tiene más flores que un jardín. Espero que esto sea una broma.
—Buenos días, Sra. Brown.
—Ni tan buenos. Espera tenga una explicación esta vez para estar vestida como si fuera a la playa.
—¿Esta ropa tampoco es adecuada?
—¿De casualidad está poniendo a prueba mi paciencia? Se ve horrenda. Quiero que regrese a su casa inmediatamente y se cambie de ropa.
—Esta es la ropa que uso normalmente. Usted me dijo que no podía vestir con la falda, pues era muy corta. Pensé que esto iba a lucir mejor.
—Mayormente doy la libertad a mis empleados de vestir con la ropa que deseen, luego de que sigan los códigos de vestimenta y luzcan presentables, pero, sobre todo, profesionales. ¿Le parece que usted está vestida profesionalmente o presentable? Pareciera que irá a vender piraguas o perros calientes en la esquina.
—Para serle totalmente honesta, no tengo otro estilo de ropa.
—Le advertí que, si la veía vistiendo este tipo de ropa en mi empresa, la echaría peor que a un perro, pero dado el caso que no tiene una vestimenta adecuada, me veré en la obligación de costear un uniforme para usted.
—¿Costear?
—No lo pienso deducir de su cheque, pues no es la gran cosa, pero no crea que haré estas obras de caridad todo el tiempo. Recoja su cartera y sígame.
Esperé por ella y luego caminé al frente. Traté de caminar rápido, no quería que me vieran cerca de ella. No puedo creer que se haya atrevido a venir vestida así. ¿No siente ni un poco de vergüenza? Porque yo sí.
La traje a una tienda donde venden uniformes. En su caso, lo mejor será optar por un uniforme sencillo, tal vez una camiseta blanca de manga larga y un pantalón negro. Podría variar con una falda también. Una falda va más con su cuerpo. Sí, definitivamente.
Le alcancé varios uniformes y ni siquiera me supo decir el tamaño, tuve que pedirle a una de las empleadas de la tienda que la midieran y así encontrar algo que pudiera servirle. Miraba el reloj ansiosa, pues llevaba mucho rato encerrada en el probador y todavía no salía.
—¿Se murió allá dentro? No tenemos todo el día para estar aquí. Tenemos mucho trabajo que hacer en la oficina.
—¿Podría llamar a la empleada, Sra. Brown?
—¿No le sirvió la ropa?
—Es más complicado de lo que se ve.
—¿Complicado en qué sentido?
Se quedó en silencio y escuché el seguro de la puerta.
—No se ría, por favor. Es que no me baja la falda.
—¿Por dónde demonios se puso la falda, Srta. Bermúdez? Dime que la subió por las piernas.
—Es que por las piernas no me subía tampoco.
Empujé la puerta y se trató de esconder detrás de ella.
—¿Qué hace?
—Muéstreme.
—No se supone que usted esté aquí. Ahí fuera dice que solo se permite una persona en el probador.
—Haga silencio y deme un espacio — me encerré con ella y le puse seguro a la puerta.
Se tapó inútilmente con ambas manos. En realidad, no sé qué quería ocultar, pues sus manos son muy pequeñas para poder tapar todo ese montón de carne que tiene. La falda la tenía enroscada en la barriga y lo más que resaltaba era esa ropa interior infantil donde ambas piezas ni combinaban. Debía mantener la seriedad a toda costa, pero por dentro sí tuve ganas de reír. No puedo negar que me sorprende el haber podido verla de esta manera tan pronto. Tiene un buen cuerpo y una piel que se nota a simple vista lo suave que es.
—¿Acaso hay algo que sepa hacer bien, Srta. Bermúdez?
—No se supone que usted esté aquí — siguió tapándose inútilmente y su rostro se veía más rojo que un tomate.
Sus senos son pequeños, digamos que la carne se ha ido para sus muslos, caderas y trasero. Esa ropa interior se ve muy pequeña y se desaparece entre esa deliciosa carne.
—Somos mujeres, no se supone que sienta pena de estar semidesnuda frente a mí. A menos que no me vea como su jefa, o como una mujer como usted.
Hizo silencio y desvió la mirada al suelo.
—Ahora entiendo el por qué la falda no le subía.
—¿Podría ayudarme a quitar esto? Ya lo he intentado, pero no sale.
—Con mucho gusto le ayudo. Eso sí, debería botar esos trapos sucios, desgastados y horrendos, que no le permiten mostrar su encanto. Es usted muy joven para vestir como una anciana.
—Mi mamá me compró esa ropa. Como verá, somos una familia humilde.
—El ser humilde no implica vestir como una vagabunda. Existen tiendas donde venden buena ropa y a un excelente precio, donde está al alcance de cualquiera. Ahora bien, trate de meter sus manos a ambos lados de la falda, para así ayudarle a subirla, ya que por debajo no creo que salga.
—¿Cree que pueda quitármela sin romperla?
—No lo sabremos si no lo intenta.
Luego de varios intentos, logró meter las dos manos en la falda y la miré fijamente por lo inocente y confiada que es. No puedo creer que ella misma se haya creído tal cosa. La empujé contra el espejo del probador y me miró sorprendida a través de el.
—¿Qué está haciendo, Sra. Brown?
—No puede ser tan tonta como para caer tan fácil en algo como esto, Srta. Bermúdez. ¿Podría ser que esto es lo que buscaba desde un principio o es que es muy confiada? — deslicé el manguillo de su sostén y contemplé su cuello que tan descubierto lo tenía.
—Oiga, es la falda lo que tiene que quitarme.
—Pobrecita. No debería ser tan confiada — acaricié su vientre y todo su cuerpo vibró.
—Sra. Brown…
—Vaya, hasta puede hacer una voz tan excitante. Mírate— entrelacé su cabello entre mi mano y la obligué a mirarse en el espejo—. Estás a mi entera disposición. En este momento podría hacerte muchas cosas sucias; cosas que no solo te harán vibrar, sino también derretirte, bolita.
Es inevitable no verse tentada por su timidez, pero, sobre todo, por el cuerpo que se carga esta niña. Su piel emana una especie de afrodisíaco, capaz de alborotar mis hormonas. Tal vez si la pruebo se me quite esa curiosidad de verla totalmente sometida a mí.
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Comments
rubi salgado
mal muy mal una probadita y luego otra Sete a ra vicio mejor jor no pruebes
2024-12-14
0
Maria Fernanda Fernanda
al diablo Brown le llegó la horma de su 👞 porque pruebe y adicta se vuelve 🤭 perdió el año 🤣🤣🤣
2023-09-11
1
Maria Gonzalez Gonzalez
jajajaja, se murió allá adentro, jajajaja se pasa la jefa.
2022-08-23
0