Sucio

Ya en la segunda semana de febrero, volví a clases y en el proceso mi ansiedad estaba por los cielos, intentando poder respirar adecuadamente y resistir lo mejor que podía todos los cambios y dolores de cabeza, mirando fijamente a todos e intentado no caer en el hondo océano de lagrimas que había creado en mi mente.

Juliana se había cambiado de colegio, así que estaba yo sola contra el mundo, mirando fijamente desde la parte de atrás del aula a todos hablar, escondiendome en aquella esquina e intentando no hacer contacto visual con nadie, con mi cabello tapando gran parte de mi rostro y la incomodidad impresa en mi rostro, esta no era la mejor situación en definitiva y Alejandro me había estado evitando, así que claro que nada estaba bien.

Estábamos en el penúltimo año del bachillerato y habían unos cuantos compañeros nuevos, la verdad no estaba interesada en convivir con absolutamente nadie, hasta que llegó él. Un chico de piel pálida y ojos lo suficientemente hermosos como para perderme en la profundidad de su color verde, el se sentó en la silla delante de la mía y me miró, sonrió y se presentó:

— Soy Jacobo— habló aquel chico con amabilidad.

— Yo Veronica— hable con simpleza.

Desde ese momento, se pegó a mi como un koala a una rama, me hablaba y me hacía sentir cada vez más cómoda con su presencia, me había contando acerca de su colegio anterior y porque se había cambiado, en todos los trabajos grupales estábamos juntos y eso me hizo sentir acompañada. Habíamos llegado al mes de marzo y nos habíamos vuelto lo suficientemente cercanos para reunirnos en las tardes a hacer las tareas del día siguiente y ver series en Netflix.

Creo que fui uno de los muchos motivos por los que en ese año no me desmorone ante todas las situaciones que habían pasado, él se había vuelto un soporte y sorpresivamente mi mamá lo había amado, lo invitaba muchas veces a almorzar y a quedarse en casa; pero mi comodidad no duró mucho tiempo, cuando Alejandro en la primera semana de Marzo se acercó a nosotros y dijo:

— Espero que sepas que ella es mi novia— hablo con una gran sonrisa, con su confianza por los cielos, para luego tomarme de la mano y arrastrarme camino a mi casa.

— ¿Qué se supone que fue eso?— le reclamé una vez frente a la puerta de mi casa.

— Yo necesitaba tiempo— susurro sin mirarme.

— Yo te necesitaba a ti— recuerdo haberle dicho y era cierto, pero éramos unos malditos mocosos, no conocíamos nada y éramos tan egoístas— Y tu me dejaste a un lado.

— Perdon— vi la culpabilidad en su mirada.

Éramos tan ingenuos, yo creí en todo y simplemente lo bese. Entramos a mi casa y lentamente nos deshicimos de nuestras ropas, dejándolas regadas por todo el suelo de la casa, besandonos como si nos hubiéramos extrañado, la respiración no era importante si él me besaba de esta manera, con calma me había dejado sobre mi cama y me hizo el amor, besando mi cuerpo pero no sentí el lenguaje corporal, no nos estábamos comunicando y cuando llego al clímax, dejo su semen sobre mi estómago y se fue. Creo que fue la primera vez que me sentí utilizada por el pero dios, no llegaría a ser la última, solo fue una de las muchas ocasiones en las que me utilizó y luego se fue.

Mi relación  no mejoró luego de eso, al dia siguiente era como si nuevamente yo no existiera para Alejandro, me saludaba y besaba de vez en cuando pero eso solo era cuando Jacobo estaba cerca, era como su manera de marcar territorio y en esa época me pareció un acto dulce, tan ingenua era, aún confiando en él sin importar las veces en las que me utilizara para su placer y luego se iba a otras camas.

Aún está fresco en mi memoria cuando la primera chica apareció ante mí, mirándome con burla y jactándose de salir con mi novio todas las tardes, riendo por mi ingenuidad y Jacobo al ver esto, me saco de alli y me llevó a la biblioteca, allí lloré en su hombro las muchas saladas lágrimas que gastaría en Alejandro, él solo podía abrazarme mientras yo lloraba como una chiquilla desamparada y para cuando apareció Alejandro, mi calma había llegado y solo escuchaba los latidos del corazón de Jacobo mientras me hundía en las profundidad de sus ojos.

— Sueltala— había dicho Alejandro con rabia.

— No— susurré sin mirarlo, aun hundida en el verde de los ojos de la persona que me rodeaba con sus cálidos brazos.

Yo considere este acto una violencia, la primera de las muchas violencias que había hecho contra mi. Alejandro jalo mi brazo enrollando sus dedos en mi muñeca con demasiada fuerza, sacandome del pecho de la persona que se había tomado el tiempo de consolarme, pegandome a su cuerpo, luego hundió invasivamente su lengua en mi cavidad bucal y me toco, frente a la persona de ojos profundos, toco mis muslos y metió sus manos en mi camisa. Las lágrimas salieron de manera inmediata de mis ojos y recordé aquella situación del pasado, Alejandro estaba haciendo lo mismo que aquel tipo me hizo cuando yo tenía nueve años y sentía miedo, muchísimo miedo.

Era como estar entre la realidad y los recuerdos, mi cuerpo estaba temblando por mis sollozos y las lagrimas salian con violencia de mis ojos, Alejandro mordió mis labios con agresividad hasta que sentí el sabor de la sangre en mi boca, solo dios sabe lo humillada y abusada que me sentí en ese momento, se suponía que yo confiaba en él y él se preocupaba por mi bienestar pero en ese momento, empecé a darme cuenta que ese bastardo era demasiado egoísta para pensar más allá de lo que quería.

Sentí como alguien me sacaba de sus brazos, la figura delgada de Jacobo estaba frente a mi, veía como respiraba con brusquedad y luego le dio un gran empujón a Alejandro. Yo aun estaba en mi estado de pánico, sintiendo como mis ojos picaban y mi cuerpo temblaba, sintiendo asco de todo y que estaba perdiendo mi seguridad, me sentía como una cosa en que los hombres podían ejercer sus mas asquerosos deseos y eso fue la peor parte de todo.

Jacobo me tomó de la mano y me llevó con el profesor que cuidaba el patio, allí le contó todo lo que había pasado y él de inmediato fue a hablar el asunto con el director del colegio mientras Jacobo me acompañó al baño quedándose en la parte de afuera.

Aquí es donde entra mi acosador, un tipo de un grado menor pero que de todos modos tenía mi misma edad y era demasiado grande al lado de mi escuálido cuerpo, él había entrado al baño y me tendió un trapo, pareciendo tan amable que no vi venir lo que me haría en unos meses más, como arruinaria mi seguridad me haría sentir pánico de solo pensar en salir sola a cualquier sitio para hacer sentirme vigilada, como si alguien a todo lado que vaya, me este respirando en la nuca.

Luego de entregarme el trapo para que secara mi rostro, se fue y yo salí del baño, allí me encontré con jacobo. El tomo con sus delgados dedos mi mentón y reviso mi rostro, su semblante lucía como el de una persona preocupada y luego me abrazó con fuerza, y eso me hizo sentir débil entre el calor de su pecho.

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Comments

Nana

Nana

Alejandro es un asco, ya está re confirmado

2021-03-05

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