—Debo volver —lo interrumpo, me debilite por unos momentos, caí en la simpatía que le tengo por el pasado, pero el pasado que conozco no es el mismo de ahora, así que en esta vida no le debo nada a nadie, no quiero ser ni siquiera una conocida para él—. He estado mucho tiempo fuera, mi padre y hermano se preocuparan —me levanto y camino hasta la ventana—. Olvidemos que este momento ocurrió, Alteza. No quiero que haya malentendidos y mucho menos deseo que su Majestad el Emperador, me busque por ser tan ruda y grosera con usted. Seamos formales, al final, usted es el futuro Sol del Imperio y yo soy la hija de la casa Andersen, nada nos une, Alteza. Al menos a nosotros dos —abro la ventana y entro con mucho cuidado de dónde piso.
Camino con tranquilidad por los pasillos. No le debo nada a nadie, porque nada de lo que hice en mi vida anterior, lo haré ahora.
Veo por mucho tiempo el suelo, por lo que no me fijo cuando un cuerpo aparece enfrente de mí, choco contra el cuerpo y retrocedo.
—Disculpe mi error, no estaba prestando atención —hago una reverencia, sosteniendo mi falda con ambas manos y alzándola un poco al mismo tiempo en que doblo un poco las rodillas. Levanto mi vista solo para encontrarme con una mirada dorada.
Sus ojos miel que se confunden fácilmente con el dorado, como oro fundido en sus pupilas, ¿qué tantos encuentros desafortunados tendré que soportar esta noche?
—Joven Káiser, hijo del Gran Duque Bastiello. Lamento mi rudeza y torpeza —el hijo menor de la familia Bastiello, su hermano mediano debió hacer su debut esta noche.
—Me conoces —murmura—. ¿Quién eres? —respiro hondo. No me queda de otra más que contestar y luego irme, quiero encontrar a mi hermano y pedirle que me lleve a casa, estoy cansada, así que mientras más rápido hable, más rápido me podré ir.
—Catarina, ¿qué haces aquí? —ambos volteamos a ver a mi hermano que se apresura a llegar hasta mí, ignorando a Káiser, mi hermano me toma de los hombros preocupado—. Te estuve buscando, ¿a dónde fuiste? Padre te advirtió de que no puedes andar tu sola, es peligroso este lugar —ni que lo digas, volteo a ver a Káiser que se ha quedado tranquilo, mi hermano se da cuenta de su presencia—. ¿Káiser? ¿Qué haces aquí? —Karl sacude su cabeza—. Olvida eso, después hablaremos. Catarina, es hora de irnos. El carruaje esta esperando —toma mi mano, no me permite despedirme, solo jala de mí y me arrastra lejos.
—¿Y papá? —pregunto observando a todos lados cuando llegamos al carruaje, Karl abre la puerta y me apresura a entrar.
—Tiene que arreglar unos asuntos, después nos alcanza. Vámonos rápido —cierra la puerta detrás de él y se sienta a mi lado, me abraza pasando su brazo sobre mis hombros y apretando con fuerza mi brazo—. Todo va a estar bien, Catty. Ni papá ni yo dejaremos que alguien intente ponerte un dedo encima —mi ceño se frunce, ¿de qué esta hablando? ¿Qué fue lo que paso para que actúe de esa manera?
-
Han pasado varios días desde el debut de mi hermano. Desde entonces, tengo extremadamente prohibido salir de la residencia Andersen, no puedo recibir visitas sin que estén autorizadas por mi padre o hermano. No me quisieron contar sobre lo que paso en la fiesta, pero no dudo en que su silencio es porque no quieren que me asuste.
—¿Volviendo a pasear sola por el jardín? —no me molesto en mirar al invitado no deseado, Dreg se acerca hasta mí—. Tu padre no me deja visitarte, así que tuve que transportarme hasta aquí, ¿te das cuenta de todo el esfuerzo que pongo para venir a verte? Deberías sentirte muy afortunada.
—Nunca te lo pedí, Dreg. Por lo que no me siento afortunada, más bien, siento que fui castigada por los cielos al tener que soportarte —se ríe, arranco una rosa, tomándola del tallo con espinas, no me molesta el ardor y tampoco me importa la poca sangre que sale de mi mano.
—Fui al debut, únicamente para verte, en su lugar, llegue cuando no estabas y los nobles estaban peleando —no le pregunto, porque Dreg es así, me contará todo lo que sabe de la fiesta sin que se lo pregunte o curioseé, porque si muestro interés él querrá algo de mí a cambio de información—. ¿Lo sabes? El Emperador quiere que entres al palacio —me tenso y sostengo con más fuerza el tallo de la rosa, sintiendo la cálida sangre que sigue escurriendo de poco en poco—. El motivo es simple, Catarina. El Emperador sabe de tus futuros poderes —respiro hondo, volteo a ver a Dreg y le lanzo la rosa a la casa, esta en tu forma normal, la rosa choca contra su cara y los pétalos se separan cayendo todo al pasto.
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Guadalupe Mezquita
ese hermano es una joya
2021-07-03
14
Rosario Gaytan
Karl te vas a enamorar y ni cuenta te vas a dar
2021-05-24
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