Capítulo 8
Sali del baño de mujeres y me encontré con el superior. Él se dio cuenta que era yo y dejó de caminar para venir hacia donde estaba.
–Hola, hola –dijo al saludarme. Parecía feliz de encontrarme en el pasillo.
–Superior ¿Por qué no ha entrado a clase? –le pregunté tratando de evitar mirarlo a los ojos. Me daba un poco de vergüenza que me viera de esa manera.
–En realidad estaba pensando en ti. ¿Podrías venir un minuto conmigo? –me preguntó mientras tomaba mi mano.
–Es que debo ir a clases –dije ya que no quería estar a solas con él.
–Es solo por unos minutos –dijo y fuimos al salón de música que se encontraba vacío.
Al entrar al salón me di cuenta que había trabado la puerta. Comencé a asustarme ya que él también era un demonio. ¿Estaría pensando hacerme algo?
–Al final tu hermanito aun no sabe que clase de demonio eres. Me pregunto si yo podré descubrirlo –dijo y se acercó a mí.
–No creo que puedas saberlo –dije tratando de alejarme de él. No iba a dejar que me vea desnuda.
–Tranquila, no voy a hacerte daño –dijo y de repente sentí como todo mi cuerpo se entumecía.
¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué no podía moverme? De repente sus ojos comenzaron a brillar. Parecían los ojos de un gato con el iris alargado. Intenté hablar, pero no pude, apenas podía respirar. Él se acercó a mi y me besó en los labios. Tomó con su mano mi cabeza y me empujo hacia él.
Poco a poco empecé a sentirme cansada. Mi cuerpo se debilitaba y no tenía fuerzas para mantenerme de pie y caí. Él me sostuvo entre sus brazos. Lo vi sonreír, parecía satisfecho con lo que había pasado. Acarició mi rostro y mientras se acercaba para volver a besarme, mis párpados se volvieron muy pesados y tuve que cerrarlos. Fue en ese momento que me quedé dormida.
Al despertar estaba en la enfermería del colegio. A mi lado estaba Taiga, la cual parecía estar muy preocupada por mí. Traté de darle la mano, pero no pude. Mi cuerpo se sentía muy pesado. Taiga me miró y se dio cuenta que había despertado. Me abrazó y comenzó a llorar. Me aviso que mi mamá estaba viniendo para llevarme al médico.
Miré mi cuerpo y en mi brazo derecho descubrí que había una pequeña marca más oscura que mi piel. Parecía que alguien había escrito un número. ¿Pero por qué?
–¿Dónde esta ella? –escuche decir la voz de Jun –. Apártate Taiga, sal afuera.
Jun se acercó a mi y se sorprendió al verme. Empezó a maldecir al superior y a decir que se las iba a pagar.
–¿Qué me pasa? –pregunté con la poca energía que me quedaba.
Jun trajo un espejo y me mostró. Vi mi rostro y me sorprendí al ver que mi cabello había cambiado de color. Ahora era platinado como si tuviera canas, pero brillaba como si algo lo iluminara. Mis ojos eran de color rojo brillante al igual que mis labios.
–No se si podré revertir esto –dijo preocupado. ¿A caso se preocupaba por mí?
–No me importa verme así –dije para tratar de calmarlo, pero él me miró enojado.
–Eres un gusano sin cerebro. Si los demás demonios ven tu apariencia sabrán que eres mitad demonio mitad humano y trataran de absorber tu energía –dijo y escuchamos la puerta de la enfermería abrirse.
–Hija mía. ¿Qué te pasó Kikio? –dijo mi madre mirándome asustada.
–Tenemos que hablar –dijo Jun a mi madre –. Debemos saber quien es el verdadero padre de Kikio o ella estará en grave peligro.
¿Cómo que mi verdadero padre? ¿A que se refería con eso? Yo era hija de ellos, siempre me decían que yo tenía el carácter de mi padre y los ojos de mi madre. No podía haber otra persona involucrada.
–La verdad es que no lo se –dijo mi madre y se puso a llorar –. Lo siento hija, pero no lo sé.
–¿A qué te refieres mamá? –pregunté con lágrimas en los ojos mientras se escuchaba que afuera comenzaba una tormenta.
–Tu padre y yo te adoptamos. No sabemos de donde vienes ya que te encontramos en una canasta, en el parque una noche en primavera –dijo mi madre y se empezaron a escuchar truenos.
De pronto sentí que recuperaba mis fuerzas. Me levanté de la cama mientras mi madre seguía llorando y me dirigí a la puerta. Jun trató de impedirme que saliera, pero aun así lo hice. Caminé por el pasillo el cual estaba vacío y salí del colegio. Empecé a caminar sin rumbo hasta terminar en una plaza.
Me senté en unos asientos y comencé a llorar con fuerza. El cielo me acompaño con gotas de lluvia. Toda mi vida había sido una mentira. Mi familia no era mi familia real, mis padres solo me habían recogido de una canasta. Mis verdaderos padres me habían abandonado cuando yo apenas había nacido.
Me sentía muy confundida y dolida. De pronto dejo de llover, o eso pensé hasta que vi un paraguas sobre mí, Jun lo sostenía. Seque mis lágrimas y me abrace a su cintura. Lo hice por impulso, pero al darme cuenta que abrazaba a un dios de la muerte dudé de seguir haciéndolo. Lo raro fue que él no me pidió que me apartara.
–Ya se porque no pude descubrir que clase de demonio eras. Tu no eres un demonio sino una ofrenda –dijo y lo miré asustada.
¿Yo era una ofrenda? ¿Qué quería decir eso? ¿Por qué parecía triste al decirlo?
–¿Puedes explicarme mejor? –le pregunté cuando apartó el paraguas de mi ya que había parado de llover.
–Las ofrendas son niños concebidos entre un demonio y un humano los cuales son poderosos pero sin importar lo que pase no pueden llegar a la vida adulta. Así que se sacrifican como ofrenda para conseguir el favor de un dios o un demonio –dijo y mi autoestima bajó hasta lo más profundo del suelo.
Autora: Osaku
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Comments
Viviana Bustos Aldana
Una ofrenda 🤔🤔🤔🤔 es como si la hubieran tenido para entregarla a cambio de algo 😨😨😨😨
2023-11-23
3
Graciela Peralta
que cosa tan rara que le pasa
2023-10-23
1
Jesus Castro Montero
muy buena novela es la primera vez que Leo una novela así de buena gracias escritora
2023-06-23
1