Capítulo XV

Habían cambiado de conductor, Freyja miraba por la ventana mientras su amiga conducía callada escuchando una canción vieja de un cd que habían encontrado.

— Estamos a aproximadamente a dos horas de llegar a la capital — Por fin, Fani soltó palabra mientras se detenía en el arcén y salía a estirar las piernas.

— Si quieres conduzco yo ahora un rato y descansas un poco.— Fani asintió mientras Freyja tomaba el relevo del volante, hacía horas que tenían que haber cambiado de conductor, pero Fani se negaba a soltar el volante.

— ¿Que nos esperara después? Ya sabes cuando Edu esté en el búnker, el país no tiene pinta de que vaya a mejorar y con los saqueadores y las otras bandas la probabilidad de que podamos mirar hacia un futuro tranquilo es complicado.— Freyja miro a su amiga mientras divagaba.

— De cierto modo, creo que deberíamos dejarles escritos a los saqueadores, intentar que se unan a nosotros para sobrevivir, porque esto no es una guerra entre vivos contra vivos… Tenemos que unir fuerzas y continuar la vida como la tenías antes de esto, además alguien tiene que encontrar una cura o algo.— La sola idea de que alguien que quería se convirtiera la aterraba, tenía una niña pequeña y debía también mirar por ella.

— Eso último sería algo prácticamente imposible, si hubiera una cura como tal, ya hubieran solucionado a no ser que su idea… Es que se quede el 5% de la humanidad y el resto muera para poder dirigir todos los países —

— Eso es estúpido, Fani… ¿Matar a sus subordinados con un virus por doblegar al resto del mundo? Ahí algo mucho más grande detrás, algo se nos escapa del raciocinio.— Freyja tenía razón, había cosas que en aquella situación sabía que eran innecesarias.

— No puedo decir hasta qué punto se nos escapa, porque de hecho cuando todo paso perdí contacto con mi tío, sé que sigue vivo, pero no tengo manera de hablar con él, es obvio que los militares retirados ahora mismo estarán al frente de nuevo.— Fani no quería saber el porqué de como se encontraba el mundo, ella tenía bastante con llegar a encontrar a Edu y a Ximo con vida.

Freyja miraba el frente de la carretera intentando no desconcentrarse con todo el paisaje, solo había ido una vez a Madrid y jamás pensó encontrárselo en las condiciones en las que estaba, había tanques abandonados, muchos cuerpos en el suelo, supuso que se debía a los muertos e infectados. Más allá de lo que sus ojos podían ver se alzaba una muralla custodiada por varios militares.

—“Detengan el coche y salgan con las manos en la cabeza”— Hasta cierto punto ambas jóvenes hicieron caso, hasta que las cámaras de seguridad en la puerta se encendieron, Fani sonrió con picardía como si supiera que quién estaba viéndolas las conocía.

— Me ha puesto un día de comida a que el general que tanta manía nos tiene es quien nos está viendo.— Freyja miro a su amiga y se encogió de hombros mientras la puerta se abrió de par en par.

— Perderé seguramente querida amiga, no sueles fallar en absoluto.— Efectivamente en cuanta Freyja se quedó callada, el general salió acompañado de varios cadetes.

— Nunca espere verlas con vida aún, es sorprendente como el afán por encontrar a tu querido Edu te hace prácticamente abandonar a todos tus seres queridos. ¿Será que usted también tiene algo pendiente señorita Salvatore?— La pregunta hizo que Fani ladeara su rostro, estaba claro que había visto a través de ella.

—No puedo negarle que venir hasta aquí junto a mi amiga es un motivo de peso, también vine a demostrarle que el ejército no está haciendo nada para salvar a los pocos civiles vivos que quedan.— El general estaba molesto, llevaba meses cortando las comunicaciones con el búnker con la intención de que ambos militares se centraran y rehicieran sus vidas con las jóvenes que habían entrado al cuerpo.

— ¿Le han dicho alguna vez que tiene una lengua muy bífida? Como las víboras señorita Salvatore, estoy seguro de que usted es la más peligrosa de las dos y la que más callado lo tiene.—

—Deja en paz a mi amiga y dime donde demonios está Edu, he venido para irme con él o quedarme lo suficiente como para que entienda donde está su lugar, como el de usted… Con su familia, ya no necesitan seguir órdenes de un país que ha caído, tenemos que protegernos mutuamente.— Freyja estaba segura de que dialogando podría conseguir que su novio volviera con ella y con su hija.

—Usted es consciente de que el mundo está acabado y de que nosotros seguimos aquí porque somos la última resistencia que protege la casa real.—

—¿Y la casa real ahora mismo tiene algún valor señor general?— La pregunta casi ofendió al hombre que llevaba años sirviendo a su país y a su rey. — ¿Usted piensa que nosotras no queremos a nuestro rey? Bueno, siendo sincera, no... Pero sigue siendo una persona dentro del cargo que tiene, así que podría comportarse como un igual y mirar por el bien de todos, no solo miren por el bien de una persona.

—No puedo discutir con usted, señorita de este tema, porque tanta razón tiene usted, como tanta razón tengo yo, así que pasen al interior con su coche y busquen a quien crean que deban buscar, pero no se sorprendan en lo mínimo con los acontecimientos.— Ni Freyja ni Fani entendieron aquello último, pero no dudaron en subirse al coche y pasarlo al interior del gran muro.

Al pasar al interior vieron a más civiles que militares, caminar por las anchas calles, niños, adultos e incluso ancianos, parecían vivir una vida pacifica, podrían incluso trasladar a toda su familia a Madrid si lo preferían, todas esas personas que ellas habían salvado merecían vivir como estaban viviendo estas personas.

— ¿Sabías que muchos de los que veis son antiguos militares retirados? — El más joven de los cadetes empezó a explicarle a las chicas.

— Me sorprende que no estén de servicio.—

—Preferimos tomar a jóvenes de diecisiete años para que empiecen a usar armas y sepan como eliminar a esas cosas.— El general las acompaño a los barracones donde se encontraba la milicia.

El comedor era grande, al fondo se podía ver a Edu discutir tediosamente con una joven rubia y al lado de estos a una morena que abrazaba con efusividad a Ximo, la reacción de Freyja fue esperada cuanto a menos, camino a zancadas hasta rodear el cuello de su pareja.

—Alana, no voy a corresponder tus sentimientos, tengo una mujer y una hija que me esperan…— Fue lo último que escucho Freyja antes de que el joven se quedara mudo al sentirla, cuando se giró sobre sus talones la rodeo entre sus brazos.

No podía creer que la persona que más amaba se encontraba allí, sin duda ella estaba cumpliendo a raja tabla lo que le había prometido, que lo encontraría si él no volvía.

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