Freyja despertó sola, el frío proviniente de la ventana la hizo ver el hueco que había en la cama, no se había dado cuenta si quiera de que Edu ya no estaba, se vistió con rapidez y salió al pasillo principal, no escuchaba a nadie, ni siquiera a los militares del exterior, solo le dio tiempo a divisar como varios helicópteros se marchaban, como habían reforzado las barricadas.
— ¿Donde están todos?— Se dispuso a bajar las escaleras cuando escucho pasos acercarse hasta ella, arremetió un golpe seco que fue parado por el mango de la maza de su amiga. — Diablos, tienes que ser un poco más ruidosa ¡ Podría haberte matado!
— No te preocupes tanto por matarme y esas cosas, llegará el momento en el que tenga que morir pero hoy no es el día, Edu dejó unas palabras para ti, dijo que mantengas el walkie siempre activo, que se comunicará contigo.— Freyja la estudio con determinación, pudo divisar varios chupetones en el cuello de su amiga.
— Vale ¿ Que te ha pasado en el cuello? ¿No te funciona bien el riego sanguíneo o ahora ahí vampiros también?— No era idiota y sabía de sobra lo mucho que le gustaba Ximo pero al punto de hacer ese tipo de cosas en estos momentos.
— No te preocupes tanto por el vampiro, ellos ahora van camino a Madrid, tienen que proteger al rey... Estoy un poco en contra de ello, ya que el Rey no está protegiendo a su gente .— Fani se subió el cuello de la chaqueta mientras miraba por la ventana.— Tenemos mucha faena que hacer, buscar supervivientes y víveres Freyja, también tienes que recordar que tienes una hija, no podemos irnos a la aventura y abandonar a los que sabemos que están con nosotras — No quería ser brusca con sus palabras, ella también deseaba volver a ver a Ximo pero sabía que ahora había más kilómetros de distancia y que el peligro en Madrid era mucho peor en estos momentos.
— Me parece bien lo que dices pero tampoco puedo rendirme y dejar de buscar a Edu, lo siento tu y yo tenemos diferentes maneras de ver la vida. Tú siempre has sido más lúgubre y te has rendido ante la primera dificultad, yo no soy así... Restableceremos el búnker para unos meses y luego iremos a Madrid, buscaremos a toda la gente posible e iremos a Madrid y si no puedo volver con el, volveré a buscarle hasta que por fin volvamos juntos, África quiere ser una familia y yo solo quiero mi vida con Edu.— Fani asintió, odia el cliché en exceso y era un momento de esos en los que el cliché abundaba en la boca de su amiga.
— Volvamos al bunker pues, no tengo más ganas de escuchar a nadie por unas horas— Estaba molesta, como no iba a estarlo si le habían recordado que ella siempre se rendía con cualquier nimiedad.
Esta vez conducía Freyja, con calma sorteando coches, hasta que Fani divisó uno que conocía demasiado bien, un Kia ceed blanco, con todas las puertas abiertas y con un rastro de sangre que conducía hasta el cine del Kinépolis.
— ¡ Para! ¡ Para ahora mismo!— Freyja no entendí el porque debía parar pero lo hizo, observo como la pelirroja se bajó frenéticamente y rebuscaba en el coche blanco.— No, no, no puede pasarme esto a mí...— El semblante era pálido, desencajado, el frenesí la consumió y echo a correr siguiendo el rastro de sangre que era fresco.
— Porque estamos corriendo, porque estás tan callada y centrada en tus pensamientos— Freyja la detuvo y le propinó un golpe seco en la mejilla. — Habla conmigo, si no me dices que pasa no puedo ayudarte.
— Mi hermano, mi hermana... Mi padre, ese coche es de mi padre— Freyja lo supo, estaba otra vez en ese estado, quizás la familia de su amiga no era la mejor pero los lazos que ella sentía por ellos nunca se habían roto por mucho que ella lo demostrará.
— Fingir que eres fuerte y que da igual que les ocurra solo te causara más daño, pero bueno vamos a buscarles y luego ya decidiremos que hacer con ellos, porque por lo menos tu padre y tu hermana quienes nunca se han molestado por saber cómo estás serán aislados, si así lo decides.— Fani asintió y abrió la puerta del cine con cuidado.
Agachadas y en extremo sigilo llegaron hasta la primera puerta, la sala estaba repleta de zombies que miraban el proyector encendido como si fueran aún humanos, Freyja cerró la puerta con cuidado y siguió avanzando, la segunda sala estaba cerrada de cal y canto, con varios zombies golpeaban con la cabeza la puerta.
— Menos mal que se abre hacia dentro y no hacia fuera, si no seríamos comida de zombie...— Bromeó Fani mientras seguía hacia delante.
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