Eleonora despertó al girarse vio a Maximus a su lado lo estaba mirando fijamente cuando él abrió los ojos.
— Buenos días, dijo él.
— Buenos dias, gracias, exclamó ella.
Maximus se giró y la miró fijamente — No tienes nada que agradecer, eres mi esposa y es mi deber cuidar de ti le dijo Eleonora enterró su cara en el pecho de él, Maximus la abrazó y beso en la cabeza.
En cierta forma se sentía responsable, a él no le importó ver que había más allá de la heredera de Theodore Papadousky, él solo se preocupó por conseguir lo que él quería guiándose solo por la fachada. —.
Theodore Papadousky uno de los hombres más ricos del mundo, pero también era un malvado y un matón.
Maximus frunció el entrecejo. Unos años antes su yate había tenido problemas en una tormenta, cerca de la costa de la isla de Theodore y había llamado por radio para que le permitieran atracar; Papadousky tenía forma de evitar de malas maneras la visita de intrusos en su isla. Aunque Maximus había sido bien recibido y agasajado con todo tipo de lujos, había sido una noche espantosa. Aunque tenía más de sesenta años, Theodore tenía un pequeño harén de bellísimas jóvenes en su casa palaciega, y había invitado a Maximus a elegir a una para completar la diversión de la noche. Él sintió repulsión al ver lo dispuestas que estaban las aduladoras jovencitas a satisfacer los deseos del viejo. Pero Maximus no había cometido el error de comentar los excesos sexuales de Theodore con nadie. Theodore Papadousky era un enemigo implacable y despiadado y solo un estúpido se atrevería a provocar su ira.
Theodore Papadousky era un hombre dominante y controlador con un carácter explosivo que podía convertirse en violencia en segundos y que consideraba a la mujer un ser inferior y una posesión.
Obviamente, él había descubierto la información tras los últimos acontecimientos, Eleonora había hablado con su terapeuta y obviamente se lo había informado a él.
— Pedire que te traigan el desayuno, descansa todo estará bien dijo él.
Maximus salió de la cama, pasó por la habitación de Helena ella aún dormía, le ordenó a Hipólita que llevara el desayuno y estuviera al pendiente de ella. Hipólita era una persona de su absoluta confianza.
El rumor de que Maximus había dormido con su esposa corrió por la casa como polvareda.
Eleonora se dirigió a su habitación a buscar los regalos para Helena.
Luego se dirigió a la habitación de ella estaba a unos metros cuando la escucho.
— ¡ Rosse!, exclamó la pequeña.
Eleonora abrió la puerta y se acercó con calma.
— Feliz cumpleaños Helena. Te traje un regalo le dijo mientras lo ponía sobre la cama.
— ¡Un regalo!, exclamó.
— Mira quieres abrirlo, Helena le sonreía mientras lo abría, Eleonora miraba a su hija.
Helena era lo único puro e inocente que había tenido en su vida, y mientras ella se mantuviera apartada, eso sería así. Su presencia solamente traería sufrimiento a la vida de su hija, ella era débil y sus adicciones solo le causaría sufrimiento—Eres muy bonita Helena, le dijo mientras le corria un mechón de pelo de la cara tenia el cabello de color castaño, el color de su piel era igual al de su padre bien mediterraneo y los ojos verdes bien oscuros. La niña la miró y le sonrió ¿Te gusta tu regalo?, pregunto.
Ella asintió con un movimiento de cabezas— gracias.
Maximus observó a su exesposa había ido a ver a su hija en cuanto escucho que llamaba Rosse. No esperaba encontrar a Eleonora en la habitación de Helena.
Decidió regresar al comedor y ordenarle a Rosse que se ocupará de su hija, tenia sentimientos encontrados.
— ¡ Rosse!, exclamó Helena en cuanto la vio aparecer.
— Buenos días, princesa, Buenos días señora Athanasiou dijo Rosse, ya había escuchado el rumor de que había pasado la noche con su esposo, debió reconocer que le molesto lo cual era tonto.
— Buenos días, dijo Eleonora. Le traje su regalo.
— Tienes un hermoso regalo, después del desayuno podemos bajar a la playa a jugar con él.
Luego del desayuno Rosse bajo a la playa con la niña desde la terraza Eleonora la observaba.
Maximus escuchaba con atención las palabras de Minos, las diferentes personas que pudieron acceder a su habitación y dejar esa botella. Pero todos eran empleados de los cuales él tenía absoluta confianza.
— Controla todo, tal vez a sido grosera con alguien del personal.
— Como ordene señor.
— Esta tarde es el cumpleaños de mi hija quiero que estén atentos, no quiero que Eleonora tome ni una sola copa.
— No se preocupe hablaré con el personal y seremos discretos.
— Gracias Minos, puedes retirarte dijo él.
Maximus angustiado, pensó que sus prejuicios contra ella podrían haberlo cegado, haciendo que malinterpretase su comportamiento, en realidad ella no habia querido tener a Helena enseguida, tal vez si él le hubiera dado tiempo las cosas hubieran sido diferentes, esa mania de ella de comprar cosas que ni usaba, se perdía por horas comprando y comprando y él solo habia pensado que era como cualquier mujer, porque claro el concepto de Theodore Papadousky era que su hija era una cabeza fresca.
— Mi hija necesita un esposo, alguien que no la consienta tanto. Creo que tú serías el indicado le había dicho Theodore.
Eleonora tenía todos los indicadores de una persona compulsiva. Debería haber esperado un poco, haberla observado, ver lo que pasaba, pensó. Él la había tratado como si fuera un negocio, su padre como si fuera algo insignificante, incluso tal era así que de la única manera que Eleonora vería un centavo era teniendo un hijo, pero ni aun así había recibido un trato justo de parte de su padre, porque todo era de Helena, todo había ido a parar a un fideicomiso del que Helena podría disponer libremente cuando cumpliera veintiún años. Propiedades, cuentas bancarias, las acciones todo era de su pequeña hija.
Helena era la verdadera heredera de Theodore Papadousky. Eleonora solo había recibido migajas.
Maximus salió a la terraza, vio a Eleonora mirando a su hija que estaba en la playa con Rosse, apoyo las manos sobre los hombros de Eleonora y la obligó a girar.
— Mañana a la noche me voy, me esperan el lunes temprano en Cerdeña dijo ella
— Voy a viajar contigo le dijo Maximus.
— No es necesario, están los empleados.
— Lo sé yo pago sus sueldos, pero tú eres mi esposa y es mi deber cuidar de ti.
Eleonora enterró su cara en el pecho de Maximus mientras él la abrazaba con fuerza y le besaba la frente.
— Buenos días, esperamos no estar interrumpiendo dijo Serafina que había llegado acompañada de Länder...
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Comments
Narber Millala
hola me encanta tú novela Muy bonita, siento que a veces son los padres son los culpables de que sus hijos tomen caminos equivocado traer hijos al mundo, no es sólo darles lo material es ocuparse personalmente de ellos enseñarles valores y sobre todo darles amor qué es lo más importante que llenarlos de cosas materiales, hay que cultivar para cosechar y en nuestros hijos hay que sembrar amor para cosechar amor , nadie puede dar lo que no conoce, me gustaría que se dieran la oportunidad y que ambos se aprendieran a mar,
2024-11-06
1
Herlinda Luna
Ummm ya llegó esa Serafina vieja fea a molestar y también su hermano que hacen ahí????
2024-07-23
3
Yrma Laya
esa Serafína es horrible hasta el nombre
2024-03-28
2