Al día siguiente volaron a Sicilia a una finca que Maximus poseia, la pequeña Helena se encontraba sentada junto a su padre y a su lado estaba Jack.
Maximus quiso correrle un mechón de pelo de la cara y pequeño terrier comenzó a gruñirle.
— Jack, no exclamó él. Helena comenzo a reírse — Conseguiré cinco como tu para cuando sea una adolescente, dijo Maximus.
Lo que provocó que Rosse se riera. Él la miró — Lo siento, dijo ella.
— ¿Cree que es algo gracioso que no quiera que nadie se le acerque?.
— Creo que es algo muy tierno y el sueño de todo padre. Un imposible dijo Rosse.
— No, para mí no hay imposible dijo él.
Era de noche y había tormenta eléctrica, Maximus escucho el llanto de su hija se levantó de la cama y se colocó sus vaqueros.
Y se dirigió a la habitación.
— ¿Porque lloras Koukla mou?, pregunto él. Es solo una tormenta, estás a salvo aquí dijo él tapándola y la besó en la frente.
Fue cuando Rosse apareció en la habitación, Maximus la observó.
— Perdón estaba en la cocina dijo ella con una taza de té en la mano.— Yo me quedaré con ella dijo Rosse acercándose para acomodarle su osito.
Maximus la miro aunque no estaba mirando a la niña mientras lo hacía, sino a Rosse, cuyo camisón se transparentaba al trasluz de la lámpara. Cuando terminó de recorrerla con la mirada, estaba completamente excitado.
Maximus le hizo señas para que saliera de la habitación, ella lo siguió Helena dormía.
—Deberías taparte un poco cuando estés cerca de mí –comentó–. ¿O es que pretendes seducirme?.
Rosse abrió mucho los ojos y tropezó antes de fulminarlo con la mirada.
—¿Se cree irresistible, o qué? Maximus se detuvo en la puerta.
—No te hagas la inocente. Los hombres somos bastante predecibles cuando se nos enseña tanta carne.
—Yo no enseño nada –replicó ella enfadada, cruzándose de brazos. Además, cuando he venido no tenía ni idea de que ya estaba usted aquí.
Maximus la agarró de la muñeca y la sacó al pasillo antes de cerrar la puerta detrás de él.
—Me gusta lo que veo.
—Pero yo no me estoy exhibiendo.
—¿No? Maximus inclinó la cabeza y le mordisqueó la comisura de los deliciosos labios, invadiéndola con la lengua en cuanto los separó. Sin más preámbulos, la apretó contra su cuerpo, agarrándola primero por la espalda y llevando después las manos a la curva de sus pechos.
Fue un beso irresistible. Rosse luchó consigo misma para parar. Un segundo más, solo uno más.
—No –le dijo con voz temblorosa.
—¿No? –preguntó él mirándola con los ojos brillantes.Y a ella se le secó la boca porque quería otro beso, quería sentirse salvaje otra vez, quería más con un ansia que la aterraba. Él la empujó de la espalda para apretarla contra su cuerpo y que notase una erección que sus vaqueros no podían ocultar.
— Podríamos divertirnos una hora o dos.
—¿Tan fácil piensas que soy?, preguntó ella con indignación. Él frunció el ceño.
—No suelo juzgar a las mujeres. No soy machista. Me gusta el sexo. Y apuesto a que a ti también.
—Te equivocas, respondió ella, acalorada.
— Si no le gusta el sexo es que todavía no has estado con el hombre adecuado le aseguró él con voz aterciopelada, pasando un dedo por su labio inferior y bajando después por el cuello. Ella se estremeció.–Veo que es un genio de la persuasión –comentó, retrocediendo–, pero conmigo pierde el tiempo dijo ella dirigiéndose.
— Recién no parecía que estuviera perdiendo mi tiempo, lo deseabas. Ella se detuvo en la puerta y lo miró desafiante.
— Pero por lo visto no lo suficiente, buenas noches Kyrie Athanasiou.
Maximus volvió a su habitación, a darse una ducha fría, pensando que a lo mejor otros hombres habrían considerado aquello un reto, pero él no, porque la lógica siempre gobernaba sobre su libido. Todo se complicaría si se acostaba con ella, y odiaba las complicaciones.
Rosse era importante para su hija, y Helena lo era todo para él, no le causaría semejante dolor a su hija.
Rosse tenía las manos sobre sus labios, pero debía controlarse no era una niña tenía casi treinta años.
Maximus Athanasiou era un hombre prohibido para ella, para empezar era casado y peor aún si se metía con él cuando terminará la despediría y ya no vería a Helena.
Y Helena aunque solo era un trabajo, lo era todo para ella.
Si ese trabajo la había rescatado de la oscuridad, Helena le había devuelto la alegría.
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Comments
Blanca Idalia España Lozano
Que hermosos personajes ❤️, Helena , Máximo y Rosse
2024-09-08
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Eliana Artigas
Y si tiene dos años solo cuidando a Helena no ha tenido mucha acción 🔥🔥🔥
2024-08-01
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Herlinda Luna
paaaa los dos tienen ganas
2024-07-23
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