Un llanto sacó a Maximus de su profundo sueño. Escuchó y oyó que el ruido continuaba. Después de unos segundos, salió de la cama jurando entre dientes y fue hacia la puerta de su habitación, entonces lo pensó mejor y sacó antes unos pantalones vaqueros de un cajón. Odiaba que su rutina se interrumpiese. Abrió la puerta de la habitación de Helena y vio a la niña en la cuna, moviendo furiosamente brazos y piernas y llorando con tanta fuerza que podría haber despertado a un muerto. Aunque, al parecer, no había despertado a su niñera.
Maximus se acercó a la cuna con gesto de disgusto y lo miró expectante Helena tenia ocho meses, estaba levantó los brazos como si esperase que la sacase de allí.
–No llores más –le dijo Maximus con firmeza–. No me gustan los llantos. La niña bajó los brazos e hizo un puchero mientras sus ojos color jade lo estudiaban.–Llorar no sirve de nada –le explicó. Ella dejó escapar otro sollozo. Parecía tan triste y sola que Maximus tuvo que contener un suspiro.
La tomó en brazos, Maximus no recordaba haberse sentido nunca tan tenso o incómodo. Sabía lo que tenía que hacer, pero no quería hacerlo.
Empezó a acariciar la espalda de la niña y notó cómo esta apoyaba la cabeza en su hombro. Quedándose inmóvil al notar que la niña se acurrucaba contra él y se agarraba a su hombro. No entendía como podía confiar tanto en un extraño, porque lo cierto era que para su hija él era un extraño, solo la habia cargado dos veces.
Maximus cantó entre dientes una nana griega y la volvió a dejar en la cuna luego la tapo bien. Iba saliendo de la habitación cuando se cruzó con la niñera llevaba puesto un sugerente camisón. A la mañana siguiente despidió a la niñera y no era a la primera que despedía y seguramente no sería la última, todas intentaban llamar su atención en vez de concentrarse en la niña.
Esa noche se dirigió hacia la habitación de la niña mientras se decía a sí mismo que solo era un bebé y que podía ocuparse de ella. Helena estaba en la cuna, llorando a pleno pulmón, con el rostro enrojecido.
–No pasa nada –la intentó tranquilizar, acercándose. La niña levantó los brazos hacia él.–¿Hace falta que me acerque tanto? preguntó incómodo–. Estoy aquí. Estás sana y salva. Te aseguro que nada malo va a ocurrirte. Helena clavó sus ojos en él sin dejar de llorar y volvió a levantar los brazos.
Maximus suspiró y se acercó un poco más.–No se me da bien lo de los mimos le advirtió, inclinándose para tomarla en brazos. La niña lo sorprendió abrazándolo con fuerza por el cuello. Después dejó escapar un último sollozo y él apoyó una mano en su pequeña espalda y empezó a acariciarla con movimientos circulares para intentar tranquilizarla.
Lo cierto es que él no recordaba a sus padres cuidando de él, solo empleados asi que eso de los mimos no era para él. Con las mujeres solo tenía sexo, ese no era un pensamiento que quería tener con su hija en brazos.
Pensando en el amor paternal miro a su hija, recordó la falta de amor de sus padres.
—Te lo debo –le dijo a Helena, colocándosela mejor entre los brazos y empezando a acunarla, e intentando borrar de su mente aquellos recuerdos que tanto lo incomodaban–, Ella lo sorprendió sonriéndole de oreja a oreja y él le devolvió la sonrisa sin darse cuenta.
Al día siguiente se encontraba en su oficina,apenas había amanecido cuando ingreso Hipólita debía salir de viaje.
— Hipólita debes conseguir una nueva niñera, amplia la búsqueda en Londres, no puede ser que ninguna de las que son contratadas dure más de diez días ordenó Maximus.
— Como ordene Kyrie Athanasiou, me ocuparé inmediatamente.
Él se encontraba sentado en el comedor desayunando junto a su hermano y su cuñada. Cuando la empleada llegó y sentó a la niña en su silla.
Helena alargó los brazos en dirección a su padre y le sonrió.
–Ahora no, koukla mou –murmuró este–. Desayuna primero. La pequeña protestaba.
—Sabe lo que quiere –comentó Länder –. Tendrás que ser firme con ella cuando crezca.
—Evidentemente, respondió Maximus mirando a su hija.
Esa semana él salió de viaje de negocios y su hija quedó al cuidado de los empleados, a quiénes supervisaba su cuñada Serafína.
Se dirigió a Londres y aprovecharía para entrevistar a diferentes niñeras, por primera vez se ocuparía personalmente.
Serafina y Länder tenían dos hijos un varón de ocho años Leónidas y una niña de seis años Ariadna.
Serafina observaba las fotografías del matrimonio de su cuñado con su esposa que había en la habitación de la niña.
Siempre le había gustado Maximus, pero él no le hizo caso alguno así que debió cambiar de objetivo y se casó con Länder.
Helena comenzó a llorar en ese momento, Serafina la miró y salió de la habitación, la niña siguió llorando hasta que la empleada apareció.
Maximus regreso de viaje estaba sentado junto a su hija empujó la pelota hacia Helena, que estaba sentada a la sombra de un viejo roble del jardín. Esta se la devolvió y gateó hacia el borde de la manta con los ojos brillantes al ver la extensión de hierba que tenía ante ella. A Maximus le maravilló la velocidad a la que la niña había aprendido a desplazarse sola. Había pasado de girar de un lado a otro a ser capaz de gatear solia observarla por la ventana de su oficina.
A Maximus no le sorprendía que hubiese aprendido a desplazarse sin la ayuda de un adulto antes de lo normal. Vio cómo la niña arrancaba un puñado de hierba y se lo llevaba a la boca.
–No... no –le estaba diciendo él, y quitándole la hierba, Helena rompió en llanto.
La niñera apareció en su rescate en ese momento, llevándose a la niña para bañarla.
...****************...
Sería el cumpleaños número uno de Helena, Maximus decidió festejarlo con una gran fiesta, por primera vez desde que se había marchado Eleonora debió regresar a la isla, Maximus le había ordenado que lo hiciera o se atendria a las consecuencias.
Eleonora observaba a esa extraña que era su hija, lo cierto era que no despertaba ningún sentimiento en ella, pero a su padre parecía tenerlo babeando, si hasta la había amenazado.
Finalmente Helena cumplió un año, Maximus se encontraba en su oficina cuando al observar por la ventana vio a su hija ponerse de pie, mientras intentaba dar sus primeros pasos, tenía que reconocer que era tenaz.
Maximus salió al jardín y se acercó a ella.
— Buenas dias, Kyrie dijo la niñera.
— Buenas días, respondió — koukla mou, ven conmigo dijo él animando a la niña.
Helena dio un paso y luego otro y él la atrapó cuando estaba por caer.
Maximus beso a la niña en la frente, luego se la entregó a la niñera para qué la preparará para la fiesta.
El regreso a la oficina faltaban dos horas para el inicio del cumpleaños.
Maximus se acercó a la ventana y gimió al ver a Eleonora poniéndose cómoda en una tumbona. Llevaba un bikini morado que ocultaba sus pequeños pechos y la abrazaba por las caderas, era una tentación. Pero estaba molesta, porque la había amenazado, era el cumpleaños de Helena era obvio que él la quería ahí ese día.
Lo extraño era que ella nunca se había negado a ningún requerimiento de él, era la primera vez que lo hacía y no entendía el motivo.
Algo se le ocurriría para disuadir las tensiones con su esposa y poder disfrutar de ese delicado manjar.
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Comments
Maura Pericana
el error q cometió el padre a obligarla a casarse y tener un hijo
2024-05-23
1
Angeles Loza Felix
otra zorra
2024-04-12
1
Angeles Loza Felix
los dos están igual, para que fueron padres si ninguno tenía intención de dedicarle tiempo
2024-04-12
1