Maximus terminó la bebida, se sirvió otra y llamó al director financiero que estaba tratando de solventar una difícil situación en las oficinas de Nueva York. Una hora después, terminó la llamada y decidió comer un poco de carne fría que la sirvienta le había dejado discretamente en la mesa un poco antes. Comió sin prestar atención, la cabeza hundida en una pila de papeles que su ayudante le había enviado desde la oficina. De vez en cuando se detenía para garabatear una nota al margen o hacer alguna otra llamada y era pasada la medianoche cuando se recostó sobre el respaldo de la silla con los ojos cerrados.
Helena se había dormido temprano y había decidido mantener distancia de Rosse, asi que decidió no cenar, Rosse solia cenar con ellos pero al no estar la niña prefirio mantener distancia y adelantar trabajo para tener el dia libre para su hija y se mantendria lejos de Rosse no era un hombre que se complicase la vida de manera innecesaria.
Lo mejor era buscarse una mujer que le diera lo que necesitaba discretamente.
Tampoco transformaría la vida de su hija en un desfile constante de mujeres, la instalaría en Londres como a sus predecesoras y la visitaría algún día a la semana. Porque los fines de semana eran de Helena.
La idea de nadar un poco le resultaba cada vez más apetecible y, levantándose con agilidad, se desnudó y se dirigió hacia la piscina. La superficie azul del agua relucía a la luz de una hilera de diminutas luces instaladas a lo largo de la piscina. Se zambulló en al agua cristalina y comenzó a nadar con brazada enérgica hasta el otro lado. La potencia que imprimía a sus brazadas pareció bastar para apartar momentáneamente la realidad de su mente.
Sintió su presencia sin verla. Salió a la superficie, se aclaró el agua de la cara con un rápido movimiento de su mano bronceada y la vio en el borde de la piscina, mirándolo, su figura frágil y esbelta como la de un cervatillo y su llameante pelo suelto sobre una camisa de seda blanca.
Maximus tomó una toalla y se la colocó en la cadera.
— Buenas noches le dijo al pasar por su lado
— Buenas noches, respondió Rosse.
Al verlo marchar Rosse se sentó en una de las tumbonas lo cierto era que en algo él tenía razón ella se regia por normas que hacían vivir en una jaula de seguridad.
Pero era lo mas sensato, ellos no tenían nada en común. Ella había crecido junto a su madre, su madre salía ser muy enamoradiza, pero ese amor duraba poco y nada así que su vida fue un desfile de hombres, los últimos dos habían sido los peores, uno cuando solía emborracharse golpeaba a su madre y ella solía escabullirse para que no la golpearan a ella también y el otro obligaba a su madre a prostituirse. Cuando finalmente su madre murió ella tenía trece años y tuvo que ir a vivir con su padre.
Su padre no era un mal hombre, era solo un granjero hosco amargado por el abandono de su madre, que de la noche a la mañana tuvo que hacerse cargo de una adolescente que era una completa extraña.
La vida mejoro sustancialmente cuando tenía dieciocho años conoció a Dan su ex esposo, un año después se casaron vivieron felices por varios años y finalmente quedó embarazada, estaba de seis meses y algo salió mal tuvo un aborto el cual se complico y como consecuencia hoy no podía tener hijos. Algo que Dan no pudo aceptar y terminó abandonandola.
Estaba en el peor momento de su vida cuando una amiga le consiguió la entrevista, y ahí estaba casi dos años después.
Sería una insensatez, dejarse arrastrar por ese deseo y ella era sensata tenía un trabajo, que disfrutaba, Helena era adorable, era tan dulce vivía en un lugar hermoso y llevaba una vida tranquila y segura. Obviamente, había un precio y ese era mantener las manos lejos de Maximus Athanasiou.
Finalmente, una semana después Maximus se trasladó a Londres con su hija y Rosse.
Rosse lo observaba hablando en griego a su abogado. Llevaba un traje gris oscuro con una raya diplomática muy fina, una camisa morada y estaba... increíble. Parecía recién salido de una revista. Elegante, sofisticado y arrebatadoramente guapo.
Helena reclamo la atención de su padre,él se acercó y la besó en la frente — Está noche no vendré a cenar le dijo a Rosse.
— Koukla mou, te veré mañana pórtate bien le dijo.
— Beso, papá, le dijo Helena tirando de su corbata.
Maximus sonrió la tomó en brazos y le dio un beso en la frente y luego en las mejillas mientras hacía ruidos extraños y Helena se reía a carcajadas para sorpresa de todos los presentes.
Esa tarde Maximus condujo su auto hasta el hotel, donde se reuniría con una espectacular mujer de pelo castaño. Horas después salió del hotel ataviado con su traje gris se había quitado la chaqueta, la corbata y, desde luego, bastante más despeinado que cuando había entrado. La guapísima mujer de pelo castaño salió a su lado, con apariencia también algo desaliñada la llevó hasta su casa y la dejo ahí, luego se dirigió a su propia casa, sentía que todo ya estaba en orden tenía una nueva amante Alicia, quien se instalaría en su Penthouse ese fin de semana y las manos lejos de la niñera.
Ellos regresaron a la isla días después, el tiempo comenzó a pasar y Helena cumplía tres años, como cada año organizo una gran fiesta para desconcierto de Maximus el día previo al cumpleaños de Helena. Eleonora se presentó sin que él se lo hubiera pedido.
Él estaba trabajando en Atenas cuando le avisaron que Eleonora había llegado a la isla.
Maximus voló de regreso esa misma noche estaba completamente desconcertado por su presencia en la isla...
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Comments
Elsa Elena Isasa
La novela está muy bien escrita. Poca descripción de los sentimientos internos de los personajes principales, eso enriquece la trama y nos permite entender las acciones acertadas o erróneas de los mismos. En este momento la trama de parece a la obra la niñera del capo. Aparte de esos detalles la novela está muy bien lograda. Éxitos. 💞🇦🇷
2024-03-25
8
NEUDIS BRITO
hasta yo me ciento desconcertada con esa actitud de Eleonora 🙀
2024-02-05
4
Rocio Raymundo
es cierto es mejor así además la pobre Angela ser madre ojalá encuentre un especialista y la ayude y encuentre un hombre y forme una familia que se merece Rous
2024-02-04
1