...ROGUINA:...
Cabalgamos por un sendero empinado que llevaba a la cascada, era un lugar muy frecuentado por los habitantes del pueblo, conocido por ser una parada para refrescarse y nadar un rato.
Cruzamos hacia un bosque y el sonido de la cascada se escuchó a lo lejos.
— Le dije que no quedaba lejos — Me detuve, había una fila de caballos atados a un palo — Debemos continuar a pie — Bajé y guié mi caballo hacia la fila para atarlo, el Señor Alfred hizo lo mismo — Venga, es por aquí — Señalé unas escaleras de tierra.
Su rostro estaba serio, como si no le gustara la idea, pero eso no importaba, yo había logrado que me hiciera caso y eso era suficiente. Estaba ganando.
No era tan tonta para darme cuenta de que estaba tratando de permanecer a distancia, pero podía percatarme de que no era porque le desagradaba mi presencia, al contrario, me había buscado para retomar las planes de cabalgata y eso era suficiente prueba.
La Señorita Liana se iría por un caño y yo iba a encargarme de que el Señor Alfred no pusiera sus ojos nuevamente en ella.
Empecé a subir las escaleras, caminando lentamente mientras sentía como me seguía en silencio.
Llegamos a la orilla de la cascada, había algunos niños corriendo y jugando con agua, junto con otras personas, pero yo no planeaba nadar allí, con tantos mirones.
Caminé hacia la caída de agua, subiendo otros escalones que llevaban hacia la parte más alta.
— ¿A dónde va? — Preguntó el Señor Alfred.
— Arriba es más agradable, no hay mucha gente, me gusta nadar en privado — Expliqué.
— Aquí es mejor, está más acompañada — Gruñó, pero no me detuve y subí hasta la otra cascada, allí no había nadie, aquella parte era más onda.
— Estás cascadas se asemejan a grandes escalones, se le llaman "Escaleras del Ángel" porque parecen ir hasta el cielo — Me detuve en la orilla, quitándome el sombrero para dejarlo en el suelo.
El Señor Alfred estaba tenso cuando se detuvo a mi lado.
Empecé a desatar mis botas y a sacarme los calcetines.
— Señorita Roguina, esto está muy solo — Dije y lo observé de reojo.
— ¿Qué hay de malo en eso?
— ¿Es en serio? La gente como usted muere joven — Frunció el ceño y me reí.
— Está exagerando, nada puede pasarme con usted aquí — Empecé quitarme los botones de la camisa y el músculo de su mandíbula se tensó, desvió su mirada al agua cuando me la terminé de quitar, al igual que los pantalones.
Llevaba un camisón y unas enaguas, ya estaba preparada de antemano, porque había planeado aquel viaje minuciosamente. Me desaté la trenza del cabello y caminé hacia la orilla, el agua fresca me hizo suspirar.
Observé que él no hacía ademán desvestirse para meterse al agua, se quedó como un muro, inmóvil y con la expresión de piedra.
— ¿Qué espera? Vamos a nadar.
— No voy a nadar — Gruñó, cruzando sus brazos.
— ¿Por qué?
— Porque no me apetece.
— Está sudando y el agua está agradable, no tiene sentido venir hasta acá para solo mirar.
Me observó sin ninguna expresión — Yo no quería venir, solo lo hice para cumplir con mi trabajo, nade usted, yo la espero aquí y vigilo que no le suceda algo.
No me esperaba que se pusiera en ese plan, no estaba dispuesto a ceder, no como antes. Su mal humor había aumentado y estaba intolerante.
— Como usted quiera — Le dí la espalda y caminé por el agua, hasta que me llegó a la cintura.
No me apetecía nadar sola y se me hacía un poco incómodo con él, ahí apostado en la orilla, con mirada severa y el ceño fruncido.
¿Si tan solo hubiera una forma de hacerlo entrar a la fuerza?
Observé el lado profundo, casi llegando a la cascada y una idea vino a mi mente.
Caminé allí hasta que el agua me llegó al pecho y me hundí completamente de forma brusca, para fingir que algo me había halado al fondo. Surgí nuevamente, sacudiendo mis brazos como si me estuviese ahogando, respiré con fuerza y volví al fondo, repitiendo la acción.
— ¡Auxilio, Señor Alfred, me ahogo! — Grité, sacudiéndome bruscamente.
Observé de reojo, ya estaba quitando las botas y la capa, con tanta velocidad y rostro alarmado.
Se quedó en pantalones y camisa, corrió por el agua en mi dirección. Seguí con mi teatro.
Hundiendo mi cuerpo le nuevo, esperando y aguantando la respiración, moviendo mis brazos bruscamente mientras él se sumergía en el agua.
Tomó mi cuerpo para sacarlo de la profundidad y me abracé a sus hombros, pegando mi cuerpo suyo.
Tosiendo y apoyando mi cabeza de su pecho.
Se le marcaban los músculos a través de la tela.
— ¡Señorita Roguina! ¿Se encuentra bien? — Preguntó, tan preocupado mientras elevaba mi rostro con sus manos.
Las gotas de agua se deslizaban por su cabello y sus pestañas.
— Si estoy bien, solo quería que viniera a nadar conmigo — Dije y me soltó bruscamente.
— ¿Qué? — Gruñó.
— No se enoje, fue lo único que se me ocurrió — Lo observé despreocupada, sin soltar esos poderosos hombros.
— ¡Definitivamente, para usted todo es un juego! ¿Cómo se le ocurre jugar con algo así? — Se enojó a un más, tomándome de las muñecas para apartarme de él — ¡Yo de estúpido que caigo en sus tonterías, debí suponerlo!
Retrocedió para volver a la orilla.
— ¡Espere, no lo hice con ninguna mala intención! — Lo tomé de brazo — ¡No se moleste!
— ¡Me hizo empapar mi ropa! ¿Cómo pretende que esto no me moleste? ¡Fingir estar ahogándose, con esa clase de cosas no se juega!
— ¡Lo siento, pero!..
— ¿Qué gana con todo esto? — Preguntó, apartándose el agua del cabello mientras cerraba sus ojos por unos segundos.
No supe que responder, no quería que volviera a verme como una regalada. La idea había sido fatal, debí seguir fingiendo que me estaba ahogando y no ser tan sincera.
En ese instante quería sumergirme en el agua.
— Solo quería llamar su atención — Murmuré.
Me observó detenidamente después de abrir los ojos y se acercó hasta que su cuerpo volvió tocar el mío. Mi corazón empezó a latir fuertemente y a temblar.
Por debajo del agua sentí como me tomaba de la cintura, solté un jadeo cuando presionó su dureza.
— ¿Esto no le asusta? — Preguntó en un tono tan gutural que despertó mis sensaciones.
Elevé mi mirada, su rostro estaba tan cerca del mío. Sostuve el peso de sus ojos intensos.
— No, no me asusta — Me faltó la respiración.
— Debería, usted está cruzando un terreno peligroso con sus juegos.
Elevé mis manos por encima del agua y toqué la cicatriz de su rostro, trazando la superficie irregular y rústica de su sien, su párpado hasta la mejilla.
Se estremeció, intentando apartarse de mi toque como si le doliera.
— ¿Peligroso para quién? ¿Para usted o para mí? — Tracé mi otra mano por su pecho.
Su boca se apretó en una línea.
— Para ambos.
Sus manos se movieron hacia abajo, por mis muslos y el calor dentro de mí, aumentó progresivamente, más cuando me alzó.
Colocándome a su altura.
Me aferré a sus hombros.
— Dígame... ¿Está dispuesta a correr el riesgo? — Susurró, rozando su nariz con la mía, no podía hablar, estaba teniendo demasiadas sensación aglomeradas, su boca estaba tan cerca, a un centímetro — No sabe con quién está tratando, no me importaría en lo absoluto mancillar su cuerpo.
Sentí una punzada cuando pegó su dureza, allí donde estaba creciendo mi necesidad.
Ahogué un gemido.
Nuestros labios se rozaron un poco, un toque tan pequeño.
Intenté obtener más de ese toque, pero alejó su rostro de mí para observarme.
Sus manos se enterraron en mis glúteos y contuve el impulso de mover mis caderas para frotarme. Me sentía desesperada por más.
— Dígame.. ¿Quiere que continúe?
Tragué con fuerza.
— No lo sé... — No estaba segura, mi cuerpo lo pedía, pero en realidad si tenía un poco de miedo a lo desconocido y a lo que sucedería después de que pasara.
Aflojó el agarre en mí.
— Quiero que entienda que no soy un hombre para usted, soy un asesino, no tengo riquezas, ni reputación... Si la toco, arriesgaré mi trabajo, traicionaré la confianza de su padre y acabaré con su futuro, ningún noble querrá casarse con usted... Voy a desgraciar toda su vida.
Negué con la cabeza.
— Si no le importara, no estaría pensándolo demasiado, ni preocupándose por mi futuro.
— Solo trato de advertirle, ya no juegue conmigo, tengo control, pero soy un hombre, tarde o temprano dejará de importarme todo eso — Gruñó, bajando mi cuerpo, volví a sentir el fango del fondo debajo de mis pies.
— ¿Por qué con la Señorita Liana es diferente?
— ¿A qué se refiere? — Preguntó, tomando distancia entre nosotros, empecé a sentir frío de la nada.
— No le importó besarla.
— ¿Me estaba espiando?
— Los ví por accidente el día de la celebración, mi padre me había ordenado ir a buscarlo, pero no me imaginaba que iba encontrarlo ocupado con la boca de la Señorita Liana — Me crucé de brazos.
— Ella no es la hija de mi patrón y su futuro no está comprometido — Apartó su mirada de mí.
— Entiendo las razones por las que no quiere tocarme, pero quisiera que me respondiera algo — Exigí y me evaluó nuevamente.
Yo también tenía mis límites, quería que el Señor Alfred cediera a mí, así que respetaría su razonamiento.
— ¿Qué cosa?
— ¿Siente lo mismo con la Señorita Liana?
Se quedó pensativo y exhaló con profundidad.
— No.
— ¿Entonces por qué la está cortejando?
— No soy un hombre que corteje... La Señorita Liana fue quien se interesó en mí y me besó.
Caminó hacia la orilla y solté toda mi respiración.
Eso significaba que yo era la única que le provocaba esa dureza que había presionado contra mí, la que le hacía tambalear su fuerza de voluntad.
Me sumergí una última vez para quitar el calor que me había dejado el Señor Alfred.
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Comments
Francisca Miranda Garcia
no pues quién no va a querer con O'brian si está chulada
2024-12-11
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Delfina Sánchez
Que hermoso O'Brian 🥰🥰
2025-03-07
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Rocio Raymundo
son muy hermosos los dos
2024-11-27
0