GUERRA DE CARÁCTER

...ROGUINA:...

Sí, me pareció un poco divertido colmar la paciencia del Señor Alfred, no lo soportaba y necesitaba demostrarle que podía ganarle, además, quería comprobar si podía seguirme la pista a la hora algún acontecimiento. Cuando me perdió de vista me sentí victoriosa, estaba de pie junto al árbol donde me había subido, maldiciendo y gruñendo de la irritación.

Me reí y elevó su mirada, lo saludé con triunfo, provocando nuevamente al tonto. Me acusó de inmadura, mi acto no me parecía de ese tipo, era una forma de distraerme y si iba a seguirme a todas formas, que mejor que hacerlo divertido, al menos para mí.

Corrí lejos de él, riendo sin parar mientras escapaba fácilmente de él, hasta sentí sus manos firmes en mi cintura. Ningún hombre me había sostenido así y los nervios me recorrieron, pero no le demostré mi incomodidad y fingí estar inconsciente, escapando de nuevo de su agarre.

Hasta que logró atraparme de nuevo y sentí como tiraba de mi camisa.

Pero, todo acabó en desastre.

Me quedé arrodillada en la hierba, notando que el infeliz había roto mi camisa. Le dí una mirada fulminante, pero sus ojos estaban fijos debajo de mi cuello, abiertos de par en par y brillantes, de una forma que me dejó sin respiración.

Seguí su mirada y una horrible sensación de vergüenza me recorrió.

Tenía los senos afuera y ese idiota los estaba observando.

El ardor en mi rostro era intolerable.

Me cubrí de inmediato, abrazándome después de tirar de la tela para tratar de tapar mi piel.

Sentía mucha furia.

— ¡Usted es un asqueroso, depravado! — Grité y el Señor Alfred frunció el ceño, saliendo de su conmoción.

— ¿A qué rayos se refiere?

— ¡Me rompió la camisa! — Acusé, poniéndome de pie sin dejar de abrazar mi pecho.

— ¡No lo hice al propósito, usted no dejaba de saltar como una cabra! — Gruñó, enfurecido también.

— ¡Ah, pero bien que estaba viéndome, en vez de darse la vuelta!

— ¿Qué? — Apretó sus puños — ¡Se cree demasiado!

— ¡Usted me vio...

— ¡No soy un maldito depravado, fue un accidente! — Enrojeció del enojo — ¡Además, bien merecido que lo tiene por ser tan revoltosa e infantil!

— ¿Cómo se atreve?

Se acercó, observándome desde su altura.

— ¡Así como oye, esto le enseñará a no estar jugándose con los hombres, de ser un verdadero depravado, me habría aprovechado de usted por darme la oportunidad de acercarme tanto!

— ¿Está queriendo decir que soy una regalada y que suelo hacer esto con otros hombres? — Gruñí, tan rabiosa que se me salieron las lágrimas.

Jamás lo había hecho, yo no solía acercarme a ningún hombre, ni tampoco lo había hecho con esas intenciones.

— Así como usted me acusa de depravado sin conocerme en lo absoluto, yo también la acuso de ser una regalada — Dijo y reaccioné por el impulso, le di una bofetada, me ardió la mano y casi me quejo del dolor.

Me observó detenidamente y se la sostuve, con odio.

El Señor Alfred se alejó, dándome la espalda para volver.

Recogí mi sombrero y caminé detrás de él.

Volvimos por la entrada, aprovechando que no estaban los sirvientes para ver aquel bochornoso instante.

Corrí hacia las puertas y subí las escaleras a prisa hasta mi habitación, antes de que alguien observara mi ropa arruinada.

...****************...

Bajé cuando mi padre llegó, estaba en el vestíbulo junto a ese infeliz, pero lo ignoré de inmediato cuando me detuve frente a ellos.

Saludé a mi padre con abrazo y me tendió un pequeño regalo.

— Lo compré en el pueblo.

Abrí la pequeña caja, encontrando un pequeño brazalete.

— Está hermoso, padre, pero no te hubieses molestado.

Tenía muchas joyas y no usaba la mayoría.

— Lo usarás en la boda de tu amiga, de seguro atraes a un noble luciendo tan hermosa con ese brazalete. Conseguirás esposo en esa celebración, ya lo verás.

— ¡Papá! — Dije, avergonzada.

Mi padre sonrió y posó su atención en el Señor Alfred.

— Espero que todo haya ido bien en mi ausencia.

Él permaneció serio — Claro, todo estuvo tranquilo y sin novedad.

Sabía mentir.

— Me alegra ¿Roguina no le dió problemas? — Preguntó, mis mejillas volvieron a sentirse calientes, el Señor Alfred me observó solo por un segundo.

— No, en lo absoluto.

Si mi padre llegaba a enterarse, podría poner de patitas en la calle al Señor Alfred, pero no le diría nada, porque era demasiado vergonzoso, además, yo no era tan cruel, se veía a leguas que ese hombre necesitaba el trabajo, ni siquiera tenía ropa. Lo hacía por cortesía, no porque me importara en lo absoluto.

— No crea que no me olvidé de las armas, conseguí muchas y a muy buen precio — Dijo mi padre, señalando el enorme baúl cerca de él.

— Me gustaría verlas — El Señor Alfred se oyó frenético.

— Adelante, puede echarles un vistazo.

Él se agachó adelante del baúl y lo abrió.

Me asomé discretamente cuando sacó una espada con su funda, la desenvainó con tanta agilidad retrocedí. El filo de la hoja brilló bajo las lámparas.

Volvió a colocarla en su funda y fue registrando las demás armas, había dagas pequeñas, arcos con flechas y hachas.

— ¿Qué le parece? ¿Es suficiente?

El guardaespaldas se incorporó.

— Es más que suficiente.

— Padre ¿Puedes darme una de esas? — Pregunté con cuidado y mi padre me observó como si hubiese pronunciado una mala palabra.

— ¡No, para nada! ¿Qué vas hacer con un arma?

— Peinarme — Gruñí sarcásticamente y frunció el ceño — Padre, obviamente defenderme, no está de más llevar una.

— ¡No, no es necesario, para eso está Alfred, además, le darías muy mala impresión a los nobles si notan que estás armadas, sabes que para ellos todo se basa en la apariencia y el comportamiento!

— La Princesa Ania formó parte del grupo de guerreros y ayudó a derrocar a la reina de Floris ¿Por qué es diferente conmigo?

— Es muy diferente...

Alfred aclaró su garganta y lo evalué de reojo.

— Es buena idea que la señorita lleve un arma, sería de mucha ayuda — Dijo y me quedé atónita, sorprendida de que estuviera de mi parte, si estaba buscando remediar lo que me había dicho, no iba a funcionar.

— Roguina no sabe manejar un arma.

— Puede aprender.

— La dejaré llevar un arma si le enseñas a usarla — Mi padre me observó y negué con la cabeza.

Quería estar lo más lejos posible del Señor Alfred, después de sus palabras y de que me hubiese visto los senos, no podía verlo sin enojarme.

Ese hombre me vió desnuda, el primero.

— No — Solté bruscamente — tal vez tengas razón padre, mi prioridad es encontrar un noble que quiera casarse conmigo y llevar un arma no sería lo más apropiado.

Sopesó mi padre.

— Si, una señorita manejando un arma no sería bien visto, retiro lo dicho — Él idiota se retracto.

Lo observé de forma altanera.

— Solo será hasta que encuentres un pretendiente, luego podrás llevar una — Accedió mi padre.

— ¿Cómo le fue? — Preguntó el Señor Alfred.

— Encontré otro investigador, comenzará con su trabajo mañana mismo, en cuanto a otro guardaespaldas, no conseguí ninguno.

— Entiendo.

¿Otro guardaespaldas? Ya tenía suficiente con ese idiota.

— ¿Por qué contrataste un investigador? — Pregunté a mi padre.

— Puede que alguien quiera vengarse de mí, así que contraté a un investigador para que siguiera los movimientos de los hombres a los rechacé en los negocios.

— ¿Y si no son ellos?

— Es para descartar, si no son ellos entonces seguiremos buscando — Intervino el Señor Alfred y lo ignoré completamente.

— Tengo hambre, pasemos a cenar — Dijo mi padre, después de llamar a los sirvientes para que trasladaran el baúl a la vieja biblioteca.

...****************...

Me marché a dormir después de terminar de comer, dejando a ambos hombres conversando.

Cambié mi vestido por un camisón de cama, enrojeciendo cada vez que recordaba al Señor Alfred observando mi desnudes.

Me faltaba la respiración de una forma que no comprendía y me golpeé la mejilla con la palma para sacudir ese pensamiento.

Decidí acostarme, apagué las velas, metiendo mi cuerpo bajo las mantas. Cerré los ojos con fuerza y pude conciliar el sueño.

Me hallé en el bosque, corriendo para huir del Señor Alfred, mis piernas parecían estar pegadas al suelo, intentaba correr más rápido pero no podía. Él cada vez estaba más cerca.

Detuve mis piernas sin que yo lo quisiera, algo me estaba controlando y mi corazón latía tan fuertemente que hacía eco en le bosque.

Tenía tanto calor y mi respiración se agitó a tal punto que era difícil calmarla.

Las manos del Señor Alfred me recorrieron la cintura y sentí la dureza de su pecho contra mi espalda. El calor se hizo más fuerte y más cuando sus manos arrancaron mi camisa.

No lo detuve, me quedé quieta, con algo extraño e intenso creciendo entre mis piernas. Me aferré a su cuerpo, sintiendo su respiración en mi oído.

Sus manos subieron por mi piel y lo disfruté. Quería que me tocara, no tenía miedo, solo algo que crecía más y más con el tacto de sus dedos.

Llegó a mis senos y...

El ruido del reloj me sacó de golpe del sueño.

Me quedé jadeando, mi corazón estaba tan acelerado, pero lo que más me espantó fue que aquella sensación seguía en mí, entre mis piernas.

Fruncí el ceño, asqueada por lo que me ocurría ¿Qué rayos era aquello?

Abracé mi almohada y esperé a que pasara, pero al recordar el sueño eso volvía.

Lo disipé a la fuerza y mi cuerpo volvió a la normalidad. Esto era bochornoso ¿Qué clase de sueño era ese? Ni pensar en la razón. Ese idiota estaba en mi sueño y lo peor es que me dejé tocar por él.

Eso me hizo sentir sucia.

Me puse furiosa otra vez.

...O'BRIAN:...

Me desperté con el ruido del reloj.

Sobresaltado y con el cuerpo tan despierto como nunca antes.

¿Qué rayos fue ese sueño? Una mala pasada de mi conciencia, eso era seguro. En el sueño de nuevo perseguía a esa señorita, pero al tomarla de la cintura le arrancaba la camisa con toda la mal intención de tocarla.

La señorita en lugar de ponerse furiosa, jadeaba con necesidad, pegando su cuerpo al mío.

Así que mis manos se movieron por su suave piel, llegando a sus senos justo cuando el ruido del reloj me despertó.

Estaba endurecido y resistí la tentación de solucionarlo.

Si lo hacía, le daría la razón a la Señorita Roguina de ser un depravado.

Es que me enfureció tanto que me acusara, que decidí pagarle con la misma moneda, aquel comportamiento explosivo no se hizo de esperar y terminé recibiendo una bofetada.

En lugar de hacerme sentir más enojado, el golpe había despertado más mi masculinidad, pero no respondí como mis impulsos gritaban.

No era un depravado.

De hecho ni siquiera sabía el porque del despertar de mi deseo. La Señorita Roguina me caía como un golpe en la entrepiernas, no la toleraba en lo absoluto.

Aquello seguramente era una respuesta normal por haberla visto desnuda.

Tal vez si no hubiese tenido la cicatriz y la falta de color, no me hubiese acusado de aquella forma.

Lamentablemente la gente juzgaba por la apariencia y lucir com un sicópata me hacía ser uno automáticamente.

Aún así, esa imagen de la señorita volvió a mi mente con las partes fantasiosas del sueño.

Otro golpe de exitacion me hizo levantarme de golpe y empezar a hacer mis ejercicios matutinos para olvidar por completo aquella imagen.

...****************...

La modista había vuelto un día antes de la dichosa celebración a la que asistiría la Señorita Roguina, la mujer llegó con dos pesados baúles que fueron trasladados al salón.

La ayudé a cargar uno por mi cuenta y no tardó en admirar la forma en que lo levanté con facilidad.

El Señor Robert estaba ocupado trabajando en el estudio y me dejó a cargo de recibir a la Señorita Liana.

Pasé al salón con ella mientras las sirvientas servían té y salían del lugar.

Me senté en uno de los sillones, junto a la dama.

— Señor Alfred, he terminado tres conjuntos de ropa para usted, uno de ellos es un traje para la celebración — Dijo, sonriendo abiertamente, llevaba un vestido con escote pronunciado en el torso.

— Usted es muy eficiente, con tan pocos días y ya tiene una parte de mi encargo lista — La elogié, observándola detenidamente, enrojeció.

— Claro, por algo soy la mejor modista de Galintia.

¿Dónde quedaba eso? Ni idea, pero le seguí la corriente.

— Lo sabré cuando me mida la ropa.

— Oh, por supuesto, me gustaría que se lo mida, traje un biombo para que pueda vestirse cómodamente — Señaló hacia el otro lado del salón, seguí su mirada hacia el biombo de madera puesto contra la pared de la chimenea — Yeni, saca la ropa del Señor Alfred — Ordenó a sus asistente, que permanecía de pie junto a los baúles.

La chica asintió con la cabeza.

— ¿Desde cuándo conoce al Señor Robert? — Preguntó con curiosidad, batiendo sus pestañas rizadas.

— Desde hace dos años.

— Trabajo para esta familia desde hace cinco años, pero a usted no lo había visto nunca.

— Estaba de viaje.

Alzó sus cejas — Eso lo explica ¿Qué negocios tiene?

— Invierto en muchas cosas — Corté.

— Al igual que el Señor Robert, él tiene tantos negocios, confecciona carruajes, tiene una empresa de fundamento de hierro y una de perfumes... Es todo un genio de los negocios.

Al menos ya conocía de donde salía tanto oro.

— Si, somos socios.

Me observó detenidamente — Sería muy imprudente de mi parte, pero no aguanto la curiosidad.

Ya sabía a que se refería.

Toqué mi cicatriz — Descuide, no me incómoda, lamentablemente fui herido en una ocasión por unos bandidos.

Entornó una expresión de tristeza.

— Es una pena, gente así no debería existir.

— No solo eso, tengo tan mala suerte que me atracaron de camino acá, por eso no tengo ropa... Me dejaron completamente desnudo, tirado en el camino, sin nada.

Se cubrió la boca.

— Ay no, pobrecito.

— Pero al menos les dejé unos cuantos golpes.

— Sabe, no deja de lucir guapo a pesar de esa cicatriz — Se rió nerviosamente mientras posaba su mano en mi muñeca.

— Muchas gracias, Señorita Liana.

— Ya puede medirse los atuendos — Dijo la ayudante colgando las ropas al borde del biombo.

Caminé y me posicioné detrás, me quité la ropa y empecé con el traje de gala. Era de color negro con chaleco gris y camisa blanca.

Me ajusté la chaqueta y salí del biombo.

La Señorita Liana se acercó apresuradamente, observándome de pies a cabeza, impresionada.

— Se ve como todo un lord, Señor Alfred.

— ¿Y esto? ¿Dónde va? — Me referí a un extraño lazo de tono azul platinado.

Se rio de mí, tomando el lazo.

Se acercó y rodeó mi cuello con el lazo.

— Esto va en el cuello — Susurró cerca de mi boca y elevé una ceja.

— También faltaron los zapatos — Dijo la ayudante, acercándose con unos extraños zapatos de cuero pulido, cortos y con cordones.

La modista los tomó y le dió una mirada a su ayudante, la chica se alejó en seguida.

— No acostumbro a vestir de gala — Me excusé, necesitaba aprender más de Hilaria, si seguía así, iban a descubrirme.

— Pues debería hacerlo, luce fantástico.

Le sonreí a la modista cuando me observó deseosa. Conocía esa mirada.

— Podríamos salir cuando guste — Propuso, el tema era que no conocía ningún lugar de Hilaria.

Vaya problema.

— Me gusta la propuesta — Dije, mientras trazaba los bordes de mi chaqueta y me tendía los zapatos.

Me los coloqué, al menos se sentían cómodos, no eran como las sandalias y combinaban con el traje.

— Listo, hermoso — La modista me peinó el cabello con los dedos.

Observé de reojo, hallando a la Señorita Roguina de pie a unos metros, con los brazos cruzados y la boca en una línea recta.

La modista se separó de mí para saludar a la señorita.

Volví al biombo y me quité el traje para colocarme los otros dos atuendos. Los había hecho como yo había indicado, las camisas holgadas con los pantalones oscuros que me llegaban hasta los tobillos.

Me los dejé puestos después de salir con todas las prendas.

La mirada de la Señorita Roguina era indiferente, en cambio la modista me elogió en todas las ocasiones.

Las botas me hicieron suspirar, recordando viejos tiempos y lo cómodas que eran. Me sentía ágil nuevamente.

La Señorita Lina entregó la cuenta de todo, el Señor Robert ya me había dado un adelanto, así que volví a mi habitación para guardar la ropa y buscar las piezas.

Al regresar al salón, me detuve en seco.

La Señorita Roguina estaba saliendo de detrás del biombo, llevando un vestido que me hizo fijar mi vista y no alejarla.

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Comments

Delfina Sánchez

Delfina Sánchez

jejeje los dos se gustan /Facepalm/ jejeje su sueño sincronizado eh interrumpido por el sonido de ese reloj jejeje que frustrante, y en la mejor parte /Facepalm/

2025-03-06

1

Mel G.

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Esto es algo nuevo

2024-11-25

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Lesly Argumelo

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2024-11-18

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