CAPITULO 16

CAPÍTULO 16. 

Por Paula.

No quería dejar ir a Emiliano. Aún tenía dudas, acerca de todo. Pero desde que volví a verlo hay una especie de fuerza que me atrae a él. Por lo tanto, al escucharlo defender de esa forma a Anikka, me produjo muchos celos en mi interior. Pero por supuesto que no se lo diré. Tuve que seguirlo hasta su habitación para que hable conmigo. Sé que está enojado. Su temperamento siempre fue fuerte. También es orgulloso. Siempre me gusto su carácter. Él estaba a punto de entrar a su habitación, pero detuve su mano. Sabía que si lo hacía me ignoraría.

-Detente. –Dije.

-¿Qué quieres? –preguntó él.

-Hablar contigo. –Dije. Volví a tomar su mano y a pasarla por el lector de la puerta. Luego la empuje e ingrese primera, para asegurarme de que no me dejara afuera.

Emiliano suspiró.

-Cinco minutos. –Dijo.

-Lamento haberte ofendido, ¿vale? –Dije.

-¿Acabaste? –preguntó él. Mientras se servía un vaso de whisky de una pequeña mesa en la esquina de la habitación.

Sabía que las palabras no funcionan con él. Así que, simplemente, comencé a quitarme la ropa. Prenda por prenda, mientras él seguía dándome la espalda. Cuando me deshice de la última, me acerqué lentamente a él y acaricié su hombro. Ese gesto hizo que él se diera la girara, su rostro estaba impresionado por mi gesto.

-Que... ¿Qué haces?

-¿Acaso no lo quieres? –Dije.

-Vístete, por favor. –Dijo él.

-No lo haré. –Dije.

-Paula... Por favor. –Dijo.

Mirándolo a los ojos, le quité el vaso de whisky de la mano e hice que la apoye sobre uno de mis senos.

-¿No me deseas, Emiliano? – pregunté. Lo vi tragar grueso. –Porque yo estoy ardiendo por ti.

Emiliano me observó fijo por unos minutos y luego, sin que me lo espere, me tomó de la cintura y me llevó hacia la pared más cercana.

-¿Qué quieres de mí? –preguntó él.

-Te quiero a ti...–Dije.

Emiliano no dijo una palabra más. Comenzó a besarme con furia y pasión, acariciando cada rincón de mi cuerpo, mientras que yo lo despojaba de cada una de las prendas que cubrían su espléndido y bien trabajado cuerpo.

-Sin dudas eres el hombre más sexy que he conocido. –Dije. Cuando termine de quitarle la última prenda, Emiliano me tomó de la cintura y me elevo, haciendo que enrolle mis piernas alrededor de él. Me llevó hasta su cama, me apoyó en ella y luego se puso sobre mí. Le suplicaba que me hiciera suya... Ya no soportaba el deseo. Pero él se detuvo de repente.

–¿Qué ocurre? –pregunte.

-Lo haremos. –Dijo. –Pero no de esta manera.

Emiliano comenzó a bajar el ritmo. Lo notaba, al igual que yo, él ardía de deseo. Pero quería tomarse su tiempo. Comenzó a besar mi cuerpo como la primera vez que lo hicimos.  Nos tomamos cada minuto para disfrutar del cuerpo del otro. Extrañaba demasiado sentirlo. Cuando Emiliano sintió que ya no aguantaría más, finalmente hizo la pregunta:

-¿Estás lista?

-Por favor. –Dije. –Hazme tuya.

Las chispas eran visibles en la habitación. Ambos entregados al placer de amarnos y dejarnos llevar por lo que sentíamos. Acariciaba cada mechón de su revoltoso cabello, ese cabello que tanto extrañaba. Lo escuchaba suspirar y susurrar cosas como cuando éramos niños.

-Te amo. –Dije, recordando aquellas palabras que solíamos decirnos. –con un cuerpo que no piensa, con un corazón que no razona...

-Con una cabeza que no coordina. –Dijo él. Mientras daba una última estocada para acabar exhaustos.

-No permití que ningún hombre me toque después de ti. –Dije, mientras lo observaba acostarse a mi lado y observarme. –Mi piel te reclama desde el día en que te perdí.

Emiliano solo sonrió. Luego cerró sus ojos, dejándose llevar por el momento. También estaba cansado, lo sabía. El día había sido largo y el que nos depara mañana será peor. Yo seguí jugando con su cabello hasta que, al igual que a él, el sueño me venció.

*****

Era un nuevo día. Me desperté por el ruido que había en la habitación. Abrí los ojos, observando a aquel hombre de cuerpo escultural que estaba de espaldas a mí. Observe su cabello alborotado y su espalda ancha.

-Buenos días. –Dije, frotando mis ojos.

-Hola. –Exclamó. –Me quedé dormido... Tengo ensayo con la banda hoy.

-Lo se. –Dije. –Yo debo encargarme de algunas diligencias. Luego del show partiremos hacia Brasil. Después sigue Europa, y... Finalmente Estados Unidos.

-Puedo quedarme con Dylan si quieres. –Exclamó él.

-No... No te preocupes... Me encargaré de él. –Respondí, levantándome de la cama.

-Muy bien. –Dijo Emiliano. –Te veré más tarde, antes del show.

-Nos vemos. –Dije. Él sonrió. No dijo nada más y simplemente salió de la habitación. Lo conocía lo suficiente como para saber que estaba algo avergonzado. Sonreí para mis adentros. Él no se había ido antes de que despertara y logramos hablar sin discutir. Es un avance.

Finalmente, salí de la habitación, me dirigí hacia la mía para ducharme y salir a hacer mi trabajo. Iba saliendo de la ducha cuando golpearon a la puerta. Al abrirla, me encontré con Logan.

-Buenos días, pequeña zorra. –Dijo riendo.

-Hola Logan. –Sonreí. –Veo que dormiste pésimo. –Dije al observar sus enormes ojeras.

-Digamos que un pequeño niño solo quería jugar. –Dijo sonriendo, mientras observaba a Dylan caminando hacia mí.

-Dime que durmió algo, Logui. –Dije. –Por favor, tengo un día extremadamente largo.

-Claro que lo hizo. –Dijo Logan. –Quién estoy seguro de que no durmió eres tú… Ah, y el padre de este pequeño. Pero por suerte, el tío Logui se encargó del niño y lo duché antes de venir.

-¿Qué dices? –exclamó sonrojada.

Logan solo sonrió.

-¿Estás lista? Debemos irnos. –Dijo él.

-Sí... Vamos. –Exclame.

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