CAPÍTULO 1.
Por Emiliano.
Tres años antes.
Mi nombre es Emiliano Castronovo, tengo veinte años y soy Estadounidense. Crecí en un pequeño suburbio en Kentucky. Desde pequeño soñaba con ir a Los Ángeles y cumplir mi sueño: ser una estrella de Rock & Roll.
Junto a unos amigos: Curtís, Joe y Luke, tenemos una banda de garage a la cual llamamos “Rush”. Sin embargo, solo lo hacemos por hobby, nunca tocamos en ningún lado. Aunque todos soñamos con ser una reconocida banda. Durante el último tiempo, casi no ensayamos, ya que todos debemos trabajar para sustentar nuestras vidas. Pues, mis padres fallecieron cuando era un chico, asesinados en un asalto a la salida de mi casa, o eso es lo que me dijo mi tío: Carlos Castronovo.
La verdad es que detesto a ese ser humano. Es un mafioso de mala muerte que cree que todo el mundo tiene que hacer lo que él quiera o de lo contrario le declara su sentencia de muerte. Es el líder de uno de los Carteles más poderosos del mundo, llamado “El Cartel de Las Perlas”, tiene fuertes conexiones con las mafias más poderosas de Centro y sur de América.
Pero, yo trato de enfocarme en salir adelante por mí mismo, sin necesidad de pedirle algo a ese ser humano. No quiero que algún día tenga que pagar por sus crímenes.
Además de mi grupo de amigos con quienes conformé la banda, tengo otros tres amigos, los cuales son Alexis, Juan Cruz y la mujer más hermosa que mis ojos han visto: Paula. Debo decir que ella es la inspiración de cada una de mis letras. Todas las canciones que he escrito las hice pensando en ella. No me da vergüenza decir que estoy enamorado perdidamente de esa mujer. Aunque se que Alexis también se las trae con ella. A pesar de eso, intentamos mantener nuestra amistad. Somos amigos desde pequeño y no es justo echarlo a perder por una chica.
Durante un tiempo estuve alejado de Paula. No quería que nuestra amistad se rompiera. Por lo que decidí que lo mejor era dejar las cosas como estaban y no decirle a Pau lo que siento por ella. Las cosas cambiaron cuando un día, ella vino hacia mí a confesarme sus sentimientos. Debo admitir que fue el día más feliz de mi vida y la acepte de inmediato, importando poco lo que Alexis pueda sentir en ese momento. Después de todo, era ella quien había elegido y él debería aceptarlo.
Estuvimos juntos durante algunos meses, hasta que finalmente, una noche, ella y yo nos entregamos en cuerpo y alma. Esa noche le demostré a Paula cuánto la amaba. Le conté mis planes, mis sueños, le dije que, algún día, me casaría con ella y que la haría muy feliz. Prometí que cuando fuera una estrella de rock, ella estaría a mi lado, trabajaríamos a la par. Paula quería ser productora musical, así que le propuse ser la productora de Rush. Soñábamos a lo grande en aquella época. Y yo haría cualquier cosa para que ella cumpla sus sueños.
Pero en la vida de Emiliano Castronovo, la felicidad no dura para siempre. A pesar de mantenerme alejado de mi tío, como dije anteriormente, ese hombre cree que puede manipular a todo el mundo y de lo contrario amenaza con terminar con su vida, no para hasta conseguir lo que quiere.
Dicho esto, paso a relatar los hechos de la noche que cambió mi vida para siempre.
Al día siguiente de mi encuentro con Paula, recibí una llamada desesperada de Juan Cruz. Era temprano por la mañana. Me despedí de Pau diciéndole que volvería a verla luego de mi reunión con Juan.
Me dirigí a la casa de mi amigo y al ingresar, él estaba en pleno ataque de pánico. Intente tranquilizarlo. Estuve con él en todo momento. Hasta que finalmente se calmó y pudo decirme lo que le ocurría.
-Amigo. –Dijo este. –La cagué.
-¿Qué ocurre Juan? –Dije preocupado. –Cuéntame.
-Es… Sobre tu tío. -exclamó. -Sobre Carlos.
-¿Ese hampón? ¿Qué tienes que ver tú con él? –pregunte.
-Yo… Yo necesitaba dinero y… hice algunos negocios para él… Acompañé a sus perros a dar unas vueltas y conseguí el dinero que necesitaba, pero… Ahora… Quise salir del negocio y él… me está buscando para asesinarme.
-¿Acaso estás loco? –dije, enfurecido. –¿Cómo se te ocurre hacer eso, Juan Cruz? Tú mejor que nadie sabes cómo es ese tipo. ¿Por qué no viniste a mí si necesitabas dinero?
-Lo sé… Lo sé y lo lamento mucho. –Dijo él. –Pero yo… no sé qué hacer Emi, estoy desesperado… Necesito que hables con él… Sé que lo que te pido es complicado, pero él… él te escuchará, eres su sangre después de todo.
-Eso no funcionará Juan. –Dije. –Además, yo… Lo he estado ignorando, dudo que acepte hablar conmigo.
-Inténtalo por favor. –Dijo él. –Hazlo por mí.
-Lo intentaré. –Dije. –Pero no puedo prometerte nada.
Él asintió y mientras se calmaba, tomé el teléfono y luego de pensarlo mucho, marqué el número de ese tipo. Después de algunos tonos, nadie atendía y cuando estaba a punto de colgar, escuche esa asquerosa voz al otro lado de la línea.
-Diga. –Dijo él.
-Tío. –Dije, intentando calmarme. –Soy… Soy Emiliano.
-Querido sobrino. –Dijo este. –Por fin te acuerdas de mí.
-Necesito hablar contigo. -exclamé, intentando mantener la calma.
-Dime, en qué soy bueno. –Dijo él.
-Yo… He sabido que mi amigo Juan Cruz ha estado trabajando para ti. –Dije.
-Ese hijo de puta. Ni siquiera me lo nombres. Voy a destrozarlo en cuanto lo vuelva a ver. -exclamó enojado.
-Tío… Por favor, necesito que lo dejes en paz. –Dije.
-¿Y por qué haría eso, ah? Él me traicionó. Y tú sabes muy bien lo que eso significa.
-Tío… Solo necesitaba el dinero, es un niño… Como yo…
-Tú ya no eres un niño, Emiliano. –Dijo él. –Aún sigo esperando que dejes esa estúpida idea de cantar como una niñita y te hagas un hombre. Que vengas a ocupar mi lugar en el negocio. -exclamó. -Y en cuanto a tu amigo, él sabía muy bien en donde estaba metido, así que, ya es adulto.
Hice silencio. No sabía qué decirle, que responder. Finalmente, escuche un suspiro al otro lado de la línea y mi tío volvió a hablar:
-Está bien. –Dijo él. –Te diré qué haremos. Me quitaré la idea de destrozarlo a cambio de que lo hagas tú. Él morirá de todas maneras, solo tienes que elegir como. De una forma atroz y despiadada o rápido y sin sufrimiento. Eso sí, si eliges la segunda opción, deberás hacerlo tú.
Suspire. ¿En qué carajos te metiste Juan Cruz?, ¡Maldita sea!.
-Está bien tío. –Dije. –Lo haré.
-Tiene que ser esta misma noche. –Dijo Carlos. –Si fallas, te mataré.
-Está bien, tío. –Dije.
Colgué la llamada y vi a Juan Cruz acercarse a mí y viéndome expectante. Suspire y le conté lo que mi tío me había dicho. Juan Cruz me observó asustado.
-Que… ¿Qué harás? –Dijo Juan. –¿Vas a matarme?
-¿Estás loco? –Dije. –No voy a matarte idiota.
-¿Y dejarás que lo haga ese loco? –Dijo él. –No… Por favor Emiliano… Hazlo tú, te juro que voy a perdonarte.
-¡NO! ¡No! –Grite. –Juan Cruz no soy un asesino. –Dije. –Buscaré otra forma… Eso sí… Tiene que ser ya, él quiere que esté todo listo para esta noche, de lo contrario… –Hice una mueca como si me cortara el cuello. –El muerto aquí seré yo.
Juan Cruz asintió.
-Tengo una idea. –Dije.
-Cuéntame. –Dijo él.
-Te irás… Huirás del país. –Dije. –¿Qué te parece Argentina? Es un buen lugar… Te adaptarás allí.
-¿Qué? ¿Estás loco? –Dijo él.
-Debes irte Juan, de lo contrario él te matará. –Dije. –Eres de mis mejores amigos, no cargaré con tu muerte.
-Pero yo… no tengo dinero, Emiliano. –Dije.
-Tengo mis ahorros. –Dije. –Yo… Trabajé duro para viajar a Los Ángeles, te daré el dinero… Tú lo necesitas en este momento. Además, mi madre tenía una propiedad en Argentina, es una larga historia. Estarás a salvo allí.
-Pero Emiliano… Es tu sueño. –Dijo él, objetando.
-Volveré a juntar ese dinero, pero tú… estás en peligro… Juan, por favor, acéptalo.
-Pero y ¿qué harás? Tu tío querrá pruebas de mi asesinato.
-Lo fingiremos… Haremos algunas fotos, se las enviaré. Y luego te irás de aquí. -exclame. -Quiero que estés a salvo.
Juan Cruz no estaba de acuerdo, pero no volvió a objetar. Fue así que fingimos su muerte. Golpee a Juan para fingir que forcejeó conmigo y luego lo amarre con algunas cuerdas, maquillamos un poco su rostro para simular un tiro en la cabeza, con pinturas y disfraces que quedaron del Halloween anterior y luego de eso, tomé algunas fotografías para enviárselas a mi tío.
-Vaya… Hasta parece real. –Dije.
-De verdad. –Dijo Juan.
Después de eso, le ayudé a juntar lo necesario en una maleta, le entregué dinero, le compre un pasaje de avión a Argentina, con un nombre falso, por supuesto, y lo acompañe al aeropuerto. Juan Cruz cambió un poco su look para no ser reconocido y yo me puse una gorra y gafas de sol por si acaso nos seguían.
En el aeropuerto abracé a mi amigo con fuerza.
-Juan… Quiero que te vayas, no vuelvas a comunicarte conmigo hasta que todo esto pase… A menos que sea de vida o muerte. ¿Está bien?
-Pero Emiliano…
-Escucha… Si queremos que esto funcione, hay que hacerlo de esta manera. –Dije. –Yo… Ya le envié las fotografías a mi tío. No sé qué pasará conmigo de ahora en más, pero pase lo que pase por favor, quédate en Argentina, intenta pasar desapercibido.
-Te escribiré una carta. –Dijo él. –Para avisarte dónde estaré. Solo eso.
Suspire.
-Está bien… Hazlo… Pero será la primera y la última. Y cuando todo esto se acabe, prometo que iré por ti. –Dije.
Juan Cruz me abraza.
-Gracias, amigo. –Dije. –Te debo la vida de aquí en más.
-Juan. –Dije. –Cuanto menos personas lo sepan mejor.
-Hay… una sola persona aparte de nosotros dos que lo sabe.
-¿Quién? –Dije. –Es peligroso Juan.
-Lo sé pero debí contarle. –Dijo él. –Se trata de Curtís.
-Está bien. Hablaré con él y le aclaré lo de tu supuesta muerte. –Dije. –Ahora vete... Que tengas una buena vida...
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