CAPITULO 2.

CAPÍTULO 2.

Por Emiliano. 

Después de esa noche, todo se fue al carajo.

De alguna forma, las fotos que le envíe a mi tío se filtraron a la policía, quien, de inmediato, comenzó a buscarme para detenerme por homicidio. Al menos alcancé a decirle la verdad a Curtís. Él insistió en que debí haberme ido junto a Juan Cruz, pero eso no era correcto. Jamás hubiéramos tenido paz. No mientras el hampón de mi tío siga impune. ¿Cómo es que me siguen a mí y no a este criminal que asesinó a más personas de las que vio?

La noticia se expandió rápido entre mis amigos y seres queridos. Pude ver el dolor en el rostro de Paula y el odio en el rostro de Alexis. Los únicos que no me juzgaron fueron los chicos de la banda, supongo que se lo debo a Curtís, él los habrá puesto al tanto a pesar de que le pedí por favor que no lo diga.

Esa noche fui detenido. Privado de mi libertad por un crimen que no había cometido. Fui llevado a una celda oscura, fría y rodeado de hombres que me veían como una presa fácil.

En la cárcel estuve dos años. Durante mi estadía, recibí la visita en una ocasión de Paula. Ella me dijo lo mucho que estaba decepcionada de mí y que le dolía haberme creído y haberse entregado a un asesino y sobre todo, haber confiado en mí. Sus palabras me rompieron el corazón. Pero ya estaba hecho. No le diría nada. Dejaría que siga creyendo lo que se dice en los medios, de todas formas ya no me importa.

Después de ella, vino Alexis... Quien no dudo en decirme cuanto me odia y el asco que le genero. Creo que en el fondo siempre supe que él sería el primero en juzgarme. Supongo que su amistad jamás fue tan profunda. Pero ya tampoco importaba.

El resto del tiempo, era mi banda quien siempre venía a verme y a contarme que estaban esperándome para escalar a la cima. Yo siempre les decía que no me esperen, que cumplan su sueño. Me habían dado una condena de dieciocho años y probablemente nunca salga con vida de aquí. Pero ellos insistían.

Debo decir que muchas veces me usaron de saco de boxeo. Incluso en una ocasión fui apuñalado. Fue ahí cuando recibí una visita que jamás hubiese esperado. Un agente de la DEA vino a mí.

-Señor Castronovo. –Dijo el hombre. –Mi nombre es Chris Carson, soy agente de la DEA.

-¿Qué busca un agente de la DEA con un asesino como yo? –Dije, desanimado. Había pasado tanto tiempo recibiendo acusaciones de mis seres queridos y tratando de proteger a mi mejor amigo que ya hasta me lo creía.

-Estuve revisando su caso. –Dijo. –Está aquí hace dos años, tiene una condena de dieciocho años, por lo que le quedan dieciséis aquí adentro aún.

-Eso no es ninguna novedad. –Dije.

-Su estancia en prisión puede terminar hoy mismo. –Dijo el agente. –Solo necesitaré su ayuda.

-¿Ah sí? –Dije riendo. –¿Y qué debo hacer? ¿Sapear a los demás presidiarios?

-No... Estoy aquí por su conexión con Carlos Castronovo. –Dijo el agente.

-Es mi tío. –Dije. –Eso también es de público conocimiento.

-Iré al grano. –Dijo. –Vengo a ofrecerle su libertad condicional a cambio de que colabore con nosotros para atraparlo.

-¿Y cómo se supone que haga eso? Ese Señor fue el que me mandó aquí. –Dije. –¿Acaso no vio las noticias? Fue él quien difundió las fotografías.

-Sobre eso. –Dijo el agente. –Resulta que desde que usted está aquí, por lo menos una vez al mes llega una carta anónima por correo internacional, informando que el Señor Juan Cruz Meza no está muerto.

-No sé de qué habla. –Dije. –Yo asesiné a Juan Cruz.

-No... Tú no mataste a nadie. –dijo Chris. –No tienes el coraje suficiente para hacerlo.

-¿Cómo sabe eso? –Dije.

-Soy agente de la policía. –Dijo él. –Sé reconocer a un asesino y también sé cuando la gente miente. –Dijo. –Lo que no me explico es por qué.

-¿A qué se refiere?

-¿Por qué mentiste, Emiliano? ¿Por qué condenarte por un crimen que no cometiste?

-No lo sé... Usted es el agente. –Dije. –Es su trabajo descubrirlo, ¿no cree?

-Y lo haré. –Dijo. –Pero no ahora... –El agente hizo silencio mientras tamborileaba sus dedos en la mesa. –Entonces... ¿Qué dices? ¿Aceptas trabajar con nosotros?

-Está bien. –Dije. –Pero le repito... No sé cómo ayudarles.

-No se preocupe... Le informaremos eso a su debido tiempo. –Exclamó el agente. –Mañana mismo traeré un contrato el cual servirá para demostrar que usted es uno de nuestros activos infiltrados.

-Agente... –Dije. –Cuando salga de aquí... ¿Podré hacer mi vida normal?

-No sé a qué se refiere con eso... Pero su vida cambiará en muchos aspectos.

-Tengo... una banda esperándome. –Dije. –Nuestro sueño siempre fue ir a Los Ángeles para... hacernos famosos.

-Estarás encubierto, Emiliano. –Dijo el hombre. –Eso quiere decir que siempre y cuando no interfiera con tu misión podrás hacer tu vida. Eso sí... Cuando te llame, deberás estar de inmediato... Una vez salgas de prisión, te establecerás en Los Ángeles. –Dijo él. –Es ahí donde tu tío mudo sus bases.

-Entiendo.

-Dos cosas más, Emiliano. –Dijo el agente, poniéndose de pie. –La primera es que no podrás salir de Los Ángeles a menos que yo te autorice y la segunda, nadie puede saber que estás trabajando con nosotros.

Asentí.

-Te veré mañana. –Dijo yéndose.

Tal y como Chris dijo, al día siguiente regresó con un contrato para que yo firmara. Después de eso, solo era burocracia, se movieron hilos, se presentaron formas y etcétera. Esperé algunos días y cuando todo estuvo listo, por fin estaba libre.

El portón de la cárcel se abrió y yo respiré aire fresco. Me tomé mi tiempo. Sonreí. Al fin había salido de ese infierno. Curtís, Luke y Joe estaban esperándome afuera. Me abrazaron con fuerza y se apuraron a subirme al coche, ya que todos los medios de comunicación estaban ansiosos por tener la noticia de mi libertad.

-Es bueno, verte amigo. –Dijo Curtís.

-Ahora si... Próxima parada: Los Ángeles. –dijo Luke.

-No puedo creer que estén allí. –Dije.

-Y no solo nosotros. –Dijo Joe. –También Paula y Alexis.

-Mjm. –Dije. –Ellos... ¿Saben la verdad?

-No. –Dijo Joe. –Pero... Pusieron el grito en el cielo cuando la noticia de tu libertad salió a la luz.

-Entiendo. –Dije.

-¿Entiendes? -preguntó Joe. -Tú no eres un criminal.

-Lo sé. Pero ellos creen que lo soy.

-Hay algo más que debes saber. –dijo Luke.

-¿Más sorpresas? –Dije.

-Paula y Alexis están juntos. –Dijo finalmente. –Lo siento amigo.

-Lo entiendo. –Dije, aunque eso me partía el corazón.

-Algo más. –Dijo Joe y yo solo sonreí, abatido. ¿Qué más debían contarme? –Lo siento... Decidimos decírtelo ahora porque... no puede pasar más tiempo.

-Dilo. –Dije.

-Paula... Ella tuvo un niño. –Dijo finalmente. –Se llama Dylan.

-Me alegro por ellos. –Dije, aún más triste.

-No estás entendiendo. –Dijo él. –El niño tiene poco más de un año... Él... es tu hijo Emiliano.

-N-No... No puede ser. –Dije, soltando unas lágrimas. –Yo... –En ese momento, la noche que estuve con ella vino a mi mente. Fue en ese momento. Ella no me lo dijo. ¿Por qué no lo hizo?

-Él es Dylan. –Dijo Curtís, mostrándome una foto. –Es idéntico a ti.

En ese momento lloré de emoción. Tenía un hijo. Me preguntaba si él sabría de mí. Si sabrá quién es su padre. El celular de Curtís se apagó y observé mi reflejo en su pantalla. Mi cabello estaba descuidado, cargaba con unas bolsas debajo de los ojos por el poco descanso, mi barba estaba muy crecida y descuidada. Quien me viera pensaría que soy un verdadero vagabundo. Pero la verdad es que la cárcel no fue fácil para mí. Estuve muy deprimido y no dejaba de pensar en Paula. Tenía el corazón roto. Qué puedo decir. Lo único que me ayudó fueron mis letras. Escribí algunas canciones allí. Decidí que les contaría a los chicos una vez las cosas se calmen.

Ellos me llevaron a un departamento que compartían los tres, me contaron que habían presentado una grabación de garage que teníamos, a un importante productor y este estaba ansioso por escucharnos. Dudaba de aquello, ya que seguramente ese hombre no sepa que yo estuve en la cárcel, pero lo dejaría en manos de los chicos. Joe nos informó que nos presentaremos ante el hombre en las próximas semanas, que quiere escucharnos en vivo y que en caso de gustarle, firmaría un contrato con nosotros.

Eso, de alguna manera, me hacía muy feliz.

Mi vida empezaba de nuevo. Una nueva oportunidad para mí.

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