Evan hizo unas llamadas y después de esto camino hacia el comedor cerca a la cocina donde se sento en una de las sillas con sumo cuidado. Mellea mantuvo atención en la cocina y después dejo preparando unas cosas para acercarse a el.
— Déjame revisar te — Dijo Mellea acercándose a el. El termino por alzar su brazo para darle espacio y ella levantó la camisa para ver así quitar la venda hasta dejar la herida descubierta. — Parece que se abrio la herida... ¿ve por qué le dije que no se mueva?— Le dijo Mellea mientras limpiaba la sangre.
— Te agradezco... Te pagaré bien por esto — Dijo el.
— No es necesario... solo cuídese más. ¿Vendrán por usted?— Preguntó ella a lo que el asintió.
Mellea sonrio y después de unos minutos ambos se encontraron desayunando juntos en la misma mesa en total silencio, hasta que Mellea decidio romperlo.
— ¿Puedo preguntar algo?— Preguntó Mellea.
— Lo acabas de hacer — Respondió el bajo.
— Ah... Bueno... mm...— Mellea bufo un poco.
— Pregunta — Le dijo él.
— Parece que todos aquí lo conocen... ¿Quién eres?— Preguntó Mellea aunque ya tenía sus propias teorías.
— Mmh... — El suspiro bajo y después dejando el tazon de comida vacío le miro. — ¿de verdad deseas saberlo?— Preguntó él a lo que ella asintió sin quitarle la mirada de encima. — ¿No te das una idea?— Preguntó.
— Mh... por tus cicatrices podría decir que trabajas en algo que amerite mucho peligro... quizá eres algun tipo de oficial o agente?— Preguntó ella. El suspiro y negó.
— ¿De verdad? Es sorprendente que no me tengas miedo jaja...— Dijo en voz baja. — Todos huyen al verme aun si no vengo acompañado... Por mis cicatrices y apariencia... creen que mataré a todos — Dijo el.
Con un poco de tristeza Mellea recordó a Alessandro, un hombre que era atractivo, con un rostro perfecto y que se comportaba amable ante todos... pero al menos ella logró ver su verdadera faceta. Fue notorio como Mellea quería llorar por lo que intentando calmarse ella se levanto tomando los tazones sucios.
— Bueno, n-no das miedo. Todos se dejan llevar por las apariencias, "No todos los Angeles son Buenos asi como no todos los Demonios, son malos". — Dijo Mellea caminando a la cocina.
Evan noto su tristeza no entendió bien el motivo por el que se puso así pero sin mas se quedo ahi sentado.
— Pero bueno... Saldré a comprarte algo, que talla de ropa eres?. — Preguntó Mellea mientras amarraba su cabello en una coleta. Evan solamente respondió bajamente a su pregunta y después le miro ir hacia la puerta. — Hagame caso , no se vaya de ahí — Le dijo Mellea antes de salir de aquella casa.
...
Mellea termino por ir al supermercado en donde compro varias cosas, desde ropa para caballero de la talla que el pidió hasta otras cosas de curación y algunas cosas para comer.
...
Tras un buen rato regreso a casa con las bolsas de las compras y pudo verlo aún en el comedor con el torso sobre la mesa. Mellea se acerco hasta el y sacó de las bolsas la ropa para el.
— Esto fue lo que encontré... espero sea de tu agrado — Le dijo ella. El tomo la ropa y asintió para después intentar ponerse de pie. Mellea no djdo en ayudarlo y una vez de pie le ayudó a caminar a la habitación en donde le dejó vestirse.
Termino por regresar a la cocina donde se dispuso a preparar algo de comer y justo ahí escucho la puerta tocarse. Mellea no dudo y fue hasta esta para asi abrirla y encontrarse con varios hombres.
— Buenas tardes señorita. — Dijo él hombre al verla notándose cierto sorpresa en el. Parecía conocerla pero ella no sabía quien era.
— ¿Usted... es?— Preguntó Mellea.
— Ah si, Soy Angelo soy amigo del hombre que esta aqui contigo — Dijo el.
— Mm... Primero le preguntaré — Dijo cerrándole la puerta en la cara.
El hombre no hizo nada y se quedó esperando mientras pensaba.
— (¿Donde la había visto?...)—.
Mellea por otro lado fue hasta la habitación donde estaba el abrió la puerta y noto que apenas se estaba poniendo la camisa.
— Disculpa... Unos hombres estan ahí... Un tal... Angelo... ¿vinieron por ti?— Preguntó Mellea. El se termino de poner la camisa y se giro hacia ella asintiendo con la cabeza. — Les abrire la puerta entonces — Dijo esta saliendo de la habitación.
Mellea regreso a la puerta y abrió esta misma mirando al hombre.
— Pase por favor... lamento lo de hace un momento — Dijo Mellea.
— No te preocupes... vigilen bien — Dijo Angelo a los hombres antes de entrar.
Una vez entró Mellea cerró la puerta y después vio a Evan saliendo de la habitación apoyándose por las paredes.
— Vaya que te fue mal, ¿traigo al doctor?— Preguntó Angelo a lo que Evan solo fruncio el ceño. Mellea se acercó hasta Evan y le ayudó a caminar hasta estar más cerca de Angelo. — Que linda jovencita, te conseguiste una buena enfermera eh Evan — Dijo el dándole una palmada a lo que Evan solamente le dio un puñetazo en el hombro. — Ay ay... ya me callo pues. —
— Solamente hice una pequeña sutura a la herida... perdió bastante sangre y también... puede que se abra la herida si no guarda reposo — Dijo Mellea.
— Oh ya veo, muchas gracias preciosa. — Le dijo Angelo. Se notaba a la perfección que estaba coqueteando con ella. Claramente Evan notaba eso y solamente se veía bastante molesto y disgustado.
— Bueno, ¿se lo llevara ahora? ... apenas estaba por preparar la comida... — Dijo Mellea.
— Bueno pues con gusto acepto comer contigo — Dijo Angelo.
— NO... Nos vamos ahora — Dijo Evan comenzando a caminar hacia la puerta. Mellea no dejo de sostenerlo y el se dejo ayudar hasta salir de la casa en donde afuera estaban varios hombres haciendo guardia y una camioneta negra.
— Tenga... cuidado. Recuerde que debe verlo un doctor y guardar reposo — Le dijo Mellea.
Evan asintió y tras llegar al auto les abrieron la puerta. Mellea con ayuda de otro hombre ahí presente ayudaron a Evan a subir y sentarse en el gran auto.
— Listo... déjame ver si no se abrio. — Dijo ella levantándo la camisa de este para ver la zona de la herida. — Parece que no... menos mal — Dijo ella suspirando aliviada.
— Gracias...— Dijo el en voz baja a lo que Mellea le mostro una sonrisa.
— No hay de que — Dijo Mellea.
— Después... te haré llegar un pago por tu ayuda — Dijo el.
— No. Lo ayude por que quice no por que quiera dinero, asi que no se atreva a hacerlo — Dijo Mellea para bajar de la camioneta. Evan le miro alejarse y después notando como Angelo se acercó a ella solamente frunció el ceño.
Finalmente Angelo termino por subir a la camioneta a lado de Evan mientras el conductor comenzaba a marcharse. Todos los hombres se retiraron del lugar y Mellea entró a su casa para después dejarse caer sobre el sofá.
— Ahh.... que día... — Dijo Mellea..
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