Una vez la cámara estaba enfocada a Victoria, me guindé el bolso en los hombros y saqué los audífonos que estaban dentro de él, al colocarme el izquierdo, metí el estuche y el auricular derecho de vuelta al bolso, lo cerré y me lo coloqué bien. Mi mamá ya había pasado al hotel, y yo seguía hablando con Vicky en la parte de afuera de la recepción, le estaba contando lo que había sucedido ya que en el mensaje que le envié, especificaba que había pasado algo extraordinario, teníamos aproximadamente diez minutos de llamada cuando me dijo:- ya llegué a las oficinas de Las Mercedes, me terminas de contar cuando salga de aquí, ¿vale?-.
-Está bien-. Le respondí, e inmediatamente colgó. Comencé a subir los escalones hacia la recepción del hotel para entrar en él, al entrar, estaba una persona de la que pensé haberme liberado, el sr. Davies sentado en el mueble que estaba frente a la fuente de la entrada principal, intenté pasar desapercibido entre un carrito de limpieza para que él no notara que había llegado, ya que no quería que se me pegara y tener que calarme su fastidio, venía de haber pasado un muy buen rato y de verdad, qué pereza tener que escuchar sus “razones por las que debo tener mi guardia en Canadá”. En el momento que quité la vista de donde estaba él, desapareció repentinamente, me levanté un momento para buscarlo en todo el panorama del lado de la recepción donde lo había visto, pero no lo veía, que extraño, desapareció de la nada. “Bueno, supongo que me liberé de él por esta vez” pensé, suspiré aliviado, y volteé nuevamente hacia adelante para ir al ascensor, pero lo que pensé era totalmente errado, el sujeto estaba parado frente a mí. -¿De quién te escondes?- me preguntó una vez que intenté esquivarlo como si nada hubiese ocurrido, solamente ignoré su pregunta y caminé con un paso acelerado hacia el ascensor que ya estaba en la recepción, y marcando el piso al que iba le dije:-¿Podrías retirarte? En serio, molestas-. Mientras la puerta se cerraba lentamente.
Una vez la puerta estaba cerrada, tomé mi teléfono y comencé a ver los mensajes que tenía en WhatsApp, generalmente los respondo cuando estoy realmente desocupado, al borde del aburrimiento, pero tenía cerca de doscientos mensajes sin leer, así que al bajarme del ascensor comencé a responderlos, la mayoría eran de mis compañeros del colegio, de la academia de música, unos que otras personas ramdom que conocí en redes sociales. Entré a la habitación, y de la nada me han dado unas ganas de cagar que no puedo describir, corrí al baño, me bajé el pantalón y en el momento en que solté el mojón sentí una gratificante sensación de ligereza. Tenía demasiados gases así que me mantuve sentado en el excusado mientras contestaba los mensajes, la mayoría era preguntando dónde era el sitio en el cual tomé esas fotografías, cuando llegué al chat de Valeria, apagué la pantalla del celular y me levanté para limpiarme el culo. Luego de lavarme las manos y salir del baño, tomé mi teléfono, y cuando iba a responder, ella envió un mensaje que decía “¿Pretendes dejarme en visto?”, ese tipo de mensajes son realmente estúpidos, ¿Para qué texteas si no puedes esperar tranquilamente a que la otra persona te responda? De veras es irritante, pero en fin, simplemente le respondí con un “Me disculpo.”, es la hija de la socia de mi madre, no quiero tratarla de una manera despreciable. Me dirigí a la cama y saqué de mi mochila la camisa que había comprado para mi madre, y como ella estaba dormida en su cama, se la puse sobre su maleta, que seguía sin abrir. Saqué mis lentes, el otro audífono y la ropa que me quité en el estadio, coloqué cada cosa en orden en mi tramo del clóset y me acosté en mi cama. Tenía algo de hambre, supongo que liberar tantos gases me abrió el apetito, así que tomé mi celular, vi la hora, eran las 3pm, con razón tenía tanta hambre, me levanté de la cama, y sin hacer ruido para que mi mamá no se levantara, fui a buscar qué comer. Realmente no me interesaba comer comida del hotel ya que no siempre te sirven comida típica del país, quería comida callejera canadiense, probar la sazón de esta gente, así que se me ocurrió preguntarle al Sr. Davies, quien seguramente estaría en recepción esperando a que pase mi madre o que pase yo para comenzar a molestar, dónde podría comer algo apetecible que no sirvieran en el restaurant del hotel.
Efectivamente, al bajarme del ascensor, estaba él sentado en el mueble frente a la fuente tomando un café y viendo su teléfono, me acerqué lentamente y en silencio para ver qué era, pero me descubrió antes de que pudiese inclinarme para ver la pantalla de su celular, así para que no pensara nada extraño me paré frente a él y le dije:-¿Dónde puedo comer comida típica de aquí que no sea en este hotel?-. Transcurrieron unos segundos, y luego me dijo:- En beaverTails sirven unos platillos exquisitos, ¿Quieres que te lleve?-. Me pareció extraño que preguntara, por lo general suele exigir su compañía, pero me pareció bastante amable, así que le dije:-Si, por favor-. Dejó lo que estaba haciendo y nos dirigimos al elevador, al entrar, marcó el botón que decía “parking lot”, que en castellano significa estacionamiento. Al abrir la puerta del elevador, se sacó unas llaves del bolsillo de su saco, y presionó un botón del control del auto, y entre los autos que estaban en ese estacionamiento, el que encendió las luces y dio un sonido, fue un lindo Bentley, en el cual me subí rápidamente para que fuésemos a comprar comida. Al encender el motor, sin esperar que éste estuviese caliente, colocó el retroceso violentamente y aceleró, ¿Quién se cree? ¿Toretto? ¡Vaya control del volante!
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