NARRA MELISA:
Entrego otro vaso de cerveza, me siento muy cansada, espero que Ogro vuelva pronto para que me ayudes.
—¡señora por favor otro traigo! —salgo de mis pensamientos, cada vez que pienso en él, mi corazón late muy rápido —ya voy —respondo cansada.
—¡señora a mí también! —levanta la mano un chico, con su cerveza en la mano, hoy todos se pusieron de acuerdo con amárgame la vida.
Hago seña a las otras empleadas, para que sirva las cervezas pendientes, mientras recojo los platos, cubiertos y vasos de una de las mesas que tengo en el bar.
—¡señora otro trago! —suelto un suspiro —¡voy! hasta cuando le digo —suelto un gruñido, haciendo malos ojos, entrego la bandeja a una de las empleadas que trabaja en el bar, entregándome una nueva, un intercambio muy divertido.
Me dirijo a unas de las mesas, recogiendo los utensilios sucios, mientras despacho mi cliente, mis oídos son perturbado por unas risas escandalosas.
Llevo mis manos hasta la cabeza, sintiendo como mi cabeza se esta calentando, camino hasta el rincón del bar, donde se encuentra un señor, muerta de la pea, riendo a todo dar.
—¡oye Melisa! —me llama por mi nombre, haciendo seña que me aproxime hasta él —búscame otro trago —entrego la bandeja a unas de los empleados, fruño mi ceño, ¿quién es él? Para darme ordene.
—¡Melisa! —miro al señor fijamente, me está tomando el pelo.
—¡Ayana y Ogro necesitan tu ayuda! —rompo a carcajadas —tiene razón —un perfume de mujer retumba mi nariz.
—¿cómo sabes que me llamo Melisa? —mi cien salta —eso no importa —la mujer pasa su mano por mis hombros, para luego conectar sus ojos con el señor, sentándose arriba de la mesa, rompiendo unas de las reglas del bar.
—¡claro que sí importa!, como sentarse en la silla como persona decente —deja en claro — les recuerdo que es un lugar donde pueden comer y beber tranquilamente, no es un lugar burdel, si no me creen —señalo el cartel — allá esta el cartel, donde están todas las reglas del bar para todos los inquilinos desde lo más importante hasta lo menos importante.
—¡ya, ya!, mujer aturdes mis oídos —suelta un golpe en la mesa, echando un brinco.
—se lo voy a cobrar, y si sigue haciendo eso lo voy a sacar papitas a la calle porque a mí —me acerco a él, estando cara a cara —nadie me manda a callar, menos un don nadie de la calle —lo observo fijamente, alejándome de él, para luego desafiar con mi mirada a la mujer, rápidamente se baja de la mesa.
—eso es lo que menos importa Melisa —llevo mi mano hacia mi barbilla —tienes que ayudar Ayana y Ogro, están en peligro —lo miro con expresión de asco.
Suelto un suspiro acercándome a la mesa, acercando mi cara hasta volviendo a tenerlo cara a cara —si tanto dice usted que necesita ayuda — voz burlona —por que no lo ayudas tú —el hombre abre sus ojos como un lato.
Camino de retroceso —Melisa Ayana y Ogro, están en peligro por los espectros —rompo a carcajadas, llevando mi mano hasta mi barriga.
—pero esta niña mala educada, igualita a mi compadre —volteo, observando sus ojos, fruncir mi ceño, me acerco a él, sentándome en la mesa junto a su silla.
—busca a tu padre y dile que lo espectro atacaron a mi hija y mi Ogro mi bestia —me levanto de la mesa — ¿Qué tiene que ver todo esto mi padre? —unos toques a la ventana se hacen presente.
—bus…ca…a…tu…padre! —observa a su alrededor, como si estuviera buscando a alguien.
Me acerco a él, colocando mi mano en su hombro —señor —me empiezo a preocupar cuando veo al señor, toser y teniendo dificultad para hablar — ¡BUSCA A TU PADRE, NO TE PREOCUPES POR MÍ! —grita muy fuerte, echándome para atrás.
Lo observo con mucha angustia, pero debo buscar a mi padre, él es el único que nos puede ayudar
—¡señor quédese aquí voy a buscar a mi padre y horita vengo —suelto un suspiro —busca a tu padre antes, que muera otra vez — salgo corriendo hasta la zona familiar, hay debe estar mi padre sentado frente a la chimenea.
Los empleados del bar me miran como loca, algunas deseando que me caiga, otras voltean sus ojos, pero eso no importa, lo mas importante ahora es ayudar al señor, que esta muriendo.
Llevo mi mano hasta la cabeza, dioses míos dame paciencia.
llegó a la zona familiar, veo a mi padre sentando en su mecedora al frente de la chimenea, como lo había pronosticado. Me acerco a él dejando un beso en su cabeza —padre —mi padre voltea con una sonrisa, saludando con mucha amabilidad como siempre él lo sabe hacer.
—hija tú no estás trabajando —lo noto muy preocupado, mi respiración agitada, mi cuerpo sudando, da mucho que pensar, no quiero preocuparlo, pero no hay de otra —¿te encuentras bien muja? —me coloco de rodilla, colocando mis manos en los antebrazos de la silla.
—padre ¿cómo? —me interrumpe —vete al grano y deja esa repuesta para niñita —suelto un suspiro relajando mi cuerpo.
—Padre, estaba en el bar recogiendo unos vasos y platos que habían dejado algunos clientes, cuando escucho unas risas muy, fuerte me acerco a la mesa donde se escucha las risas.
cuando llego a la mesa hombre sentado en el rincón del bar.
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