(…)
Estoy demasiado cansada y no veo el final, me detengo tocando mis manos, todavía tengo las vendas en mis manos, sigo escalando, todo está muy oscuro.
No entiendo porque esto me pasa a mi — ¡uhg! —pego la cabeza con algo muy duro, toco, es madera por el sonido, debe ser una especie de puerta— ¡Dios Míos ayúdame! — empujó con mis dos manos, tratando de abrirla. No me toca más remedio que utilizar la inteligencia bruta, le doy golpe con mi puño cerrado.
La puerta se abre, dejando entrar la luz que tanto extraño —¡buenos días, señorita! —un hombre me saludo con mucha educación —¡Buenos días! — lo miro, muy confundido — ¡oh, lo siento!, ¿creo que no me he presentado — me extiende su mano, la acepto.
—¡bueno, señorita!, antes de presentarme déjeme ayudarla, para luego, sentarnos a comer, ¿qué le parece? —sonríe.
— Con tal de no estar en ese lugar yo soy feliz — el chamo me agarra por los brazos, de un solo jalón, me levanta, colocando fuera de esa puerta — ¿creo que fui irrespetuoso? — suelto un suspiro de alivio —no —le respondo con mucha sinceridad —¡está bien! —muestro una sonrisa.
— Síganme, señorita — me quedo congelada, no sé quién es este señor, para andas detrás de él —no se preocupe, no soy malo — lo miro de arriba hasta abajo —¡no, no es eso, sino que ¿va a dejar la puerta abierta— señaló con mi dedo.
—menos mal que me acordó — se devuelve cerrando la puerta — Ahora, sí, síganme — el chico empieza a caminar por el bosque, no me queda más remedio que seguirlo.
Ya más adentro del bosque, todo esta en silencio, un silencio incomodo es algo que a mí no me gusta —¿señor, tengo una pregunta? — romo este silencio horroroso —si dígame — se voltea — ¿dónde es que vamos? — me muestra una sonrisa —vamos a cenar señorita.
— ¡ok! —observo a mi alrededor —después vamos a llevarla a su mundo — ¡ok! — se detiene — ¿tiene otra pregunta señorita —sus ojos conectan con los míos —yo —mis labios se congelan —sí—suelto un suspiro —díganme, ¡tenga mucho cuidado! —coloca sus manos arropando mi cintura, un poco mas y caigo como tonta — a ok, gracias —le muestro una sonrisa.
— ahora sí, dígame —llega a mi mente las bestias que vi en la casa de Melisa — ¿qué cosa son los espectros? —lo miro fijamente —son almas malditas —abro mi boca —¡Q.…UE...COSA! —mi piel se pone de gallina, nunca había escuchado algo así, estoy asombrada, esta tranquilo sin saber si esas bestias pueden venir por nosotros.
—¡Señorita, tenga mucho cuidado— coloca su mano en mi antebrazo, para no caerme otra vez —¡Q.…UE...COSA! —veo personas caminadas, por el agua, sin mojarse — ¡señorita, síganme, no se me distraiga.
— ¿qué?, ¿Cómo? ¡Hay, espera! —son mucha pregunta en una, corro con todas mis fuerzas, no sé cómo se movió tan rápido si estaba en frete mío — ¡a! — cojo un poco de aire, estaba cansada, por tanto, corre para poder alcanzarlo — ¡señorita!, Síganme —seguimos caminado por un buen rato, hasta llegar al destino.
—ya llegamos —paso entre unas hojas, viendo el mar rosa, al fondo se veía una mesa — ¡venga señorita! —extiende su mano —¡que!, ¿cómo voy a pasar?, la mesa está muy lejos —le dejo en claro —¡está bien señorita!, no hay problema, es seguro.
Empieza a caminar, no me queda más remedio que seguirlo. Cierro mis ojos, para no ver cómo me muevo, intentando cruzar el mar — ¡esto es una locura! — ¡señorita de me su mano! —coloco mi mano sobre la suya, es suave, pero al mismo tiempo fría.
Tengo un poco de miedo, nunca antes había hecho algo así —¡Señorita ya llegamos! —abro mis ojos poco a poco —¡QUE! — Abro mis ojos — ¿cómo? —observo a mi alrededor.
— si señorita ya llegamos, le recomiendo que se siente —jala la silla, ayudándome a sentar, todo mi cuerpo tiembla —¿cómo cruzamos? — pregunto —¡señorita esto no debo decírselo si no tengo un permiso! —trago grueso —¡ok comamos! —me echo un trago de agua.
— señorita que tenga un buen provecho —suelto un suspiro de miedo, ¡¡Estamos comiendo!, tenía duda ¿quién era?
Después de comer —¡señorita! ¿necesito que se tapes sus ojos? —tengo curiosidad por saber qué es lo que va a ser —¡señorita!, ¿cierro sus ojos? —suelto un gruñido —¿por qué? —pregunto —los humanos no están capacitado para ver —fruño mi ceño —¿por qué no? — me sonríe — ¡señorita Ayana a su debido tiempo! — me tapa los ojos.
Me siento asfixiada, ¡quiero gritar, pero la voz no me sale, ¡me quiero mover, pero no puedo — ¡ah! —no me sale la voz!, ¡Me voy a morir!, ¡estoy muy joven para morir! ¡Dios ayúdame!
Nunca en mi vida me había metido tan católica, como ahora. En mi desesperación, mis lágrimas empiezan a correr, no sé qué hacer, solo recordando lo bueno y lo malo, que he pasado en mi vida. Espero que en la otra vida halla muchas comidas, ¡DESCANSA EN PAZ AYANA!
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