—Emanuel espera...
Se cayeron en la cama de Natalia.
Emanuel la miraba sonriente mientras que Natalia roja como un tomate.
—Emanuel... que haces —dijo poniéndole su mano en el pecho empujándolo casi con nada de fuerza y la otra apretaba con fuerza su cama tratando de resistir pero estaba derretida, por el solo hecho de sentir su cuerpo, su olor había algo inquietante en eso.
Emanuel le agarro la mano y lo aplasto contra la cama, al hacerlo se le salió un gémido a Natalia, que pareció un activador para él, la miro más serio se mordió el labio inferior y empezó a agitarse.
Natalia volteo la cabeza para ver su mano ya que no podía moverla por la de Emanuel.
Al hacer este movimiento dejo al descubierto su largo y delicado cuello, también se podía ver un poco el tirante de su bracier, Emanuel no pudo resistirse, se mordió más fuerte el labio y la beso en el cuello, Natalia abrió los ojos como platos no podía creer lo que pasaba, su corazón explotaría pronto, pero los labios suaves de Emanuel se sentian bien, se le estremeció la piel de todo el cuerpo además de sentir su respiración fue un maravilloso momento para Natalia, después de los dos primeros besos estos se hicieron más intensos y fogosos.
Las manos de Emanuel quisieron ya explorar, Natalia estaba completamente derretida.
Que fuerte era Emanuel que en ese momento se levantó, aunque era muy tentador que Natalia este ahi echada en la cama para él, se fue.
Necesitaba un ducha fría.
Natalia se levantó en cuanto la puerta se cerró estaba sudorosa y temblaba.
Se tocó el cuello donde la beso y cerró lo ojos recordando lo que paso su olor se había impregnado en Natalia, una sensación indecente la invadió, ardia y se fue a bañar enseguida.
Ya más tarde Natalia tenían hambre y decidió ir a hacer la cena.
Pero en la cocina ya estaba Emanuel preparándolo, se veía muy concentrado, era hermoso brillaba, estaba muy lindo tenía el pelo húmedo, el vapor de la pasta le hizo apartar el rostro por lo que noto que Natalia estaba ahí y lo observaba.
Cuando la vio no pudo hacer contacto visual y paseo la mirada por la cocina.
Por el otro lado Natalia pensó que la había descubierto con la boca abierta pero tenía que disimular.
—También vine a hacer la cena —dijo riendo nerviosamente —,y en que te ayudo.
Se ofreció.
—Ya esta casi listo, solo tiene que escurrir la pasta. Hablo muy tranquilo.
—Ok entonces pondré la mesa.
—Bien.
La cena estaba tan deliciosa que Natalia se aumento.
—Mi madre dijo que querías ir a verla —hablo después de usar la servilleta.
Natalia asintió con la cabeza ya que tenía la boca llena.
—Iremos allá mañana —tomo un poco de agua.
Natalia apenas trago y dijo.
—Pero tu también iras?.
—Claro olvidaste que se trata de mi abuela...? —.Dijo en tono burlón.
—Claro, claro solo digo que si tienes tiempo —se justifico.
—Es obvió sino no te lo hubiera dicho —dijo con burla.
Natalia lo miro con algo de desprecio, Emanuel era tan gentil, atento, lindo con ella pero aveces era irritante.
Termino de cenar y Emanuel se apuro a levantar lo platos.
—Yo lo hago!!! —Natalia le grito —,como tu hiciste la cena yo lavo los platos.
Le hablo más bajito.
Emanuel solo la miro y también la miro todo el trabajo de lavar los trastes de la cocina, pero Natalia no se dio cuenta que estaba allí cuando lo vio dio un grito de susto.
—Dios mio que susto —dijo con la mano en el pecho —,no me asustes así.
—Lo siento, solo te hacia compañía —dijo sorprendido.
—Discúlpame —dijo avergonzada —soy muy distraída .
—Esta bien —le sonrió —quieres ir a caminar en la playa?.
Natalia acepto.
Cuando salían Natalia iba adelante, piso mal, tambaleó y Emanuel la sujeto.
—Estoy bien, estoy bien.
Lo tranquilizó.
Siguieron caminando y Emanuel le tomaba de la mano. A Natalia le gusto ser guíada de la mano.
La luna llena los alumbraba curiosa, caminaron un rato en silencio solo oían las olas del mar una perfecta caminata nocturna.
Emanuel se detuvo de repente le apretó un poco la mano se dio la vuelta y dijo.
—Natalia...
Le tomo las dos manos la luz de la luna favorecía divinamente la belleza de Emanuel.
—Que... que pasa.
Dijo Natalia embobada.
—Te ves hermosa —dijo recogiendo el algunos cabellos de la cara y dejando la mano en la nuca Natalia.
Ella sonrio un poco tímida.
—Pero eso no es lo que quiero decirte —hablo muy serio.
—Ah?.
Natalia estaba intrigada.
—Mirame.
Le dijo acercándo su rostro a ella.
Natalia no entendía y solo lo miro extrañada.
La mano que le tenía en la nuca lo movió hasta su oreja, Natalia apoyo más su rostro como buscando una caricia sin dejar de mirarle.
—Natalia mírame —volvio a decir.
—Te veo —respondio confundida.
Él sonrio y apoyo su cabeza en la de Natalia, suspiro y dijo.
—Te estas tardando —habló despcionado —esta haciendo un poco de frío entremos.
Natalia se quedo muy confundida pero no supo que decir y se dejo llevar a la casa de la mano, la llevo hasta la puerta de su habitación, Natalia abrió la puerta pero no quería que ese momento terminara, se volteo a él se miraron un rato, Emanuel esperaba que diga algo pero solo estaba ahí callada, como no decía nada entonces habló.
—Ok descan...
—Espera —le interrumpió.
Emanuel se sorprendió.
—Eee...
Natalia se quedo pensando en una excusa para prolongar el momento.
Parecía que Emanuel entendió lo que pasaba y apoyo la mano en el marco de la puerta, de la parte de arriba y la miraba aguantando la sonrisa.
—Quieres que me quede a dormir contigo? —.se burlo de ella.
—Nooo!!!.
Grito Natalia "aunque es una perfecta idea" pensaba.
—Ok, entonces que pasa? no lo sabre si no me lo dices —hablo como si estuviera hablando con una niña.
—Este... solo que duermas bien —le dijo muy bajo con la cara roja.
—Y tu también.
Se acerco a ella le agarro la cabeza con las dos manos y la beso en la frente, luego se acerco a su oído y le susurro.
—Sueña conmigo.
***
Natalia no recordaba como es que Emanuel se había ido o tal vez lo había soñando, pero de lo que si estaba segura es que era inmensamente feliz.
Al día siguiente en el desayuno Natalia estaba muy animada y energica en cambio Emanuel se veía cansado.
—Que te paso? —.Le pregunto.
—Nada solo no pude dormir —dijo con vos cansada.
—Seguro que puedes ir?.
—Claro ya me ha pasado muchas veces, no hay problema.
Las ojeras le daban un toque de inquietante belleza.
—Yo condicire —dijo evitando el contacto visual.
—No. Dijo cortante.
Partieron media hora después del desayuno.
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