Un trayecto, de casi dos horas. Separaba la tienda, del taller de Marx. Cuando Kai, llego al lugar. Ahora, vestía. Unas botas negras, pantalones vaqueros; de tonalidad gris, una camiseta blanca, y una chaqueta deportiva; color rojo, y de mangas blancas; con el número 10, estampado en el hombro, y la espalda. Siendo, esta última prenda. La más llamativa, del conjunto. Esta, era una chaqueta. Que Kai, había comprado. En un bazar, de una estación espacial. Según, el vendedor. Fabrico, esa prenda. Basándose, en una imagen. Que encontró, en un libro muy viejo. Y como a Kai, le gusto tanto el diseño. Se compró, una docena de ellas.
Frente a Kai, podía ver un enorme taller. Desde donde salían, vehículos. Parecidos a, una mescla; de motocicletas alargadas e, insectos. Sin embargo, estas no tenían ruedas, Si no que flotaban, sobre el suelo. Además, cuando estaban estacionadas. Cuatro patas, de agujas. Se desplegaban a, sus costados. Manteniendo el vehículo, suspendido; todo momento, en el aire. Estos, extraños aparatos. Eran llamados, moto deslizadores. Un modelo, de trasporte personal. Que había sido, originalmente. Usado, por el ejército. Hasta que la Unión Terrestre, lo descontinuo. Convirtiéndose, en un vehículo de uso civil.azul;
Kai, no paso mucho tiempo. Fuera, del lugar. En el momento, en el que llego a la entrada del taller. Fue recibido, por un mecánico. Quien, le pregunto ¿Qué era lo que necesitaba? A lo que él, respondió. Diciendo que Marx, lo había mandado a llamar. Lo que, ocasión. Que fuera llevado, de inmediato. A una oficina, dentro del taller. Donde tendría que esperar, un momento. Mientras le informaban a Marx, sobre su llegada. El lugar, era un despecho como tal. Contando algunos libreros, un par de maquetas de vehículos, algunas sillas, con un escritorio; con hojas, y papeles revueltos. Además, de un enorme sofá. Arrumbado en una esquina, de la habitación.
Kai, no tuvo que esperar. Por mucho, tiempo. Antes, de que la puerta de la oficina. Se abriera, de nuevo. Conforme entraba una persona, al lugar. Esta era una chica, como de de 17 años. De test broncead, cabellera oscura; corta, y ojos verdes; como, esmeralda. La chica vestía, un atuendo de trabajo. Compuesto. Por unas botas negras; de goma, un overol de mezclilla azul; con dos tirantes, un cinturón; con herramientas, y una camiseta holgada; de color gris. Como un detalle, importante. Saltaba, rápidamente a la vista. Qué su conjunto, estaba cubierto. Con manchas de combustible, y grasa. Lo que, denotaba. El duro trabajo. Que ella realizaba, en ese taller. El nombre de esa chica, no era otro. Que el de, Lesly Marx.
—Ha pasado tiempo ¿Cuándo regresaste? – expreso, la chica. Su forma, de hablar. Era muy masculina, y tosca.
—Ayer. Y hoy, en la mañana. Aísha, me dijo. Que, querías verme—
—Si. Fui a tienda, hace tres días. Y le comenté algo. No sé, si te explico—
—No, te preocupes. Ella, ya me lo dijo—
—Bien— la chica, asintió — ¿Te interesa el trabajo? —
—Si. Pero tengo, una duda—
— ¿Qué sucede?
—Dime, Marx ¿Por qué nosotros? Seguramente, existen. Mejores personas, para este trabajo— desde que Aísha, le había comentado. Sobre la propuesta, de Marx. Este, sentía. Que algo, no cuadraba.
—Es la primera vez. Que te veo dudando, de esta manera ¿Acaso es por el dinero? — sonrió, de manera juguetona. Le parecía divertida, la postura de precaución. Que había tomado, Kai.
—El dinero, no es el problema. Solo, me pareció extraño ¿Tu sabes? Solo soy, un proveedor de electrónicos—
—Entiendo, tu punto. Sin embargo. No solo eres, un proveedor de electrónicos. También eres, la única persona que conozco. Que puede rehacer, tarjetas de circuitos dañadas. Con la misma calidad, de las originales—
—Que, puedo decir. Tengo, las herramientas adecuadas—
—Lo, sabemos. Por eso, papa. Solicitó, que te contratáramos. Como primera, opción. Además. En sus propias, palabras. El siente, que eres de confianza. Y que podrás, manejar la situación; con discreción—
—Siendo, así. No creo, que tenga problemas. En aceptar, su propuesta. No obstante. Me gustaría ver primero ¿Qué es lo que quieren, que arregle? Antes de poder, aceptar un precio—
—Me parece, justo. Y ya que has estado tanto, en el espacio. Podrías ayudarnos a, valorar. Lo que, conseguí. Pero, si su valor. Es menor, al que creemos. Deberemos replantear, el precio del acuerdo—
—Lo entiendo. Y no voy a abusar, de su confianza. Si no vale, tanto. Cobrare, lo que consideren. En relación, al precio real—
—Papa, tenía razón. Contigo, se puede dialogar. Otros, se hubiera lanzado. A discusiones, sobre beneficios. Después, de saber. Que ganar, 130 mil. No era algo, que estuviera asegurado— Marx, era franca con sus palabras. Si pensaba algo, simplemente lo decía.
—Son buenos, clientes— Utilizo la habilidad, “Espacio dimensional”. Y de la venta, semitransparente. Retiro, una caja de plastico. En su interior. Estaban todos los componentes, y tarjetas de circuito. Que Marx, había solicitado. –Prefiero. No anteponer, los beneficios. A las relaciones, comerciales— Si bien, Kai. Podía, ganar. Una cantidad considerable, de créditos. Preferiría, no hacerlo. Si esto terminaba, dañando. La relación, comercial. Que tenía el taller de Marx, con su tienda. Además, ella, y su padre. Fueron, sus primeras clientes. Cuando él, y Aísha. Inauguraron, su tienda. Por lo que, les tenía. Un aprecio a, ambos
—Es bueno, saberlo— tomo la caja de plástico. Y chocaron, sus brazaletes de identificación. Transfiriéndole, el pago; de los componentes. –Vamos. Papa, nos está esperando – sin decir más, camino hacia el librero. Retiro, un libro. Develando, tras de este. Un botón. El cual, presiono. Causando, que el librero. Descendiera; sumergiéndose, en el suelo. Y dejado, al descubierto. Un pasaje, oculto. Por el cual, avanzo. Solo para detenerse, algunos pasos adelanté. Dándose la vuelta, y mirando a Kai –¿Vas a esperar una invitación o qué? —
—…— sin decir nada. Kai, camino tras de ella.
La personalidad de Marx. Rayaba, en lo varonil. Si bien, era una chica. A ella, no le gustaba. Que la trataran, así. Por eso. A pesar, de que su nombre verdadero. Era Leslie Marx. Solo respondía, al apodo de Marx. Odiaba, que las personas. La llamaran, por su nombre. Además, era ruda, tosca, y nada femenina. Se comportaba, con un varón. Y era franca, con sus palabras. Rasgos, que había adquirido. Por trabajar tanto, en el taller de su padre. Donde, no podía verse. Ni una sola mujer, además de ella. Según, tenía entendida Kai. Eso era, porque el padre de Marx. Consideraba, que las mujeres. Solo serían una distracción, para sus empleados. Irónicamente, su hija. Era uno de los mecánicos, a cargo. De una de las cuatro secciones, del taller.
Avanzando, por el pasaje. Descendieron, por un pasillo. Aun nivel. Que se encontraba, en el subsuelo. Deteniéndose. Frente a una enorme, puerta de metal. En su costado, derecho. Se encontraba instalado, un escáner. En el cual Max, colocolo su mano. A continuación, su mano fue analizada. Y a los poco segundos, la puerta se abrió. Ambos, continuaron avanzando. Entrando a una sala, de paredes metálicas; el lugar, media a los mucho 5x5. A su llegada. Kai, pudo ver. La espalda, de un hombre, Que se encontraba, trabajando en una mesa. Con un objeto grande, y extrañó, objeto metálico; con forma de esfera. Este hombre, era el padre de Marx.
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