Capítulo 6: Ser despiadado

Con el escudo, aun en brazo. Kai, tacleo. Al chico. Derivándolo, con un solo impacto. Después, de someterlo. Contra el suelo. Noto, como el calvo. Comenzaba a, levantarse. Por lo que arrojo, su escudo. Dándole, tras la cabeza. Mientras, el chico robusto. Aun, en el suelo. Veía, con horror. Toda, la escena. Un simple niño, de 13 años. Los había, derrotado. Parecía, chiste. Pero, lamentablemente. Esa era, la cruel realidad ¡¿Con quién demonios, se habían metido?! Se preguntó. Observando, como de la nada. Un tubo, de metal. Apareció, en la mano del chico.

—Decide. Un brazo, una pierna o, la cara— Expreso, Kai. Sujetando, el cuello. Del líder. Su amenaza, era más que evidente—

—Por favor, no me hagas daño— la actitud, del chico. Había, cambiante. Ante, la inversión. De los pápele. La expresión, arrogante. De hacía, unos minutos atrás. Se había, esfumado. Ahora, solo quedaba. Un rostro de preocupación.

—Lo siento. Pera, esa. No es una opción. Ahora, te daré 10 segundos. Recuerda mis palabras. Un barzo, una pierna o, la cara— cada vez, que daba las opciones. Tocaba, con el tubo de metal. Las partes, del cuerpo. Del chico. A las que hacía, referencia.

—…— El joven, trago sálica — ¡Déjanos, ir! Te juro. Que nunca. Volveremos a, meternos contigo— mientras, suplicaba. Secretamente. Se preparaba, para atacar—

—10,9, 8— comenzó. La cuenta, regresiva.

—Por favor ¡Era solo una broma, bien! ¡no íbamos a hacerte, nada malo! — energía estática, oscura. Se reunión, en su brazo.

—0— Sin siquiera. Darle, coherencia. Al conteo. Arremetió, contra el chico. Golpeándolo, fuertemente en la cara. Con el tubo. –Lo lamento. Olvide. Que no se me da bien, el contar— expreso. Viendo, el rostro destrozado del chico. Quien, ahora estaba. Tendido, en el suelo. Con los brazos, abiertos. Aun, respiraba. Por lo que, seguía con vida.

A continuación. Kai, camino. Hacía, el chico robusto – Ahora, es tu turno. Dime, lo que eliges— Se agacho. Y con el tubo. Toco la pierna del chico. — Un brazo, una pierna o, la cara. Elige, sabiamente. No hagas, estupidez. Como tú, amigo— señaló, al líder— O al igual, que con él. Yo elegiré, tu castigo—

—Por favor. No me hagas, nada. Te daré, todo nuestro dinero. ¡solo déjanos, tranquilos!

—Dime, algo— Kai, cambio el tema. Por, un momento –Son nuevos, en este planeta—

—Si— El chico robusto, respondió. Afirmando, con la cabeza. Varias, veces. Se veían, lagrimas. En sus ojos.

—Déjame adivinar. Tres rufianes, pensaron. Que podrían hacerse, de un nombre. Si venían a Ocrren-3 ¿o me equivoco? — al mirar fijamente, al chico robusto. Sus pupilas, se convirtiendo. En posos, de oscuridad.

—No, señor— el chico, sentía una presión. Aplastando, su pecho.

—Valla. Continuemos, entonces. Luego, de eso. Los tres rufianes, vagaron por el planeta. Y al no poder, entrar. A alguna, de las fuerzas locales. Decidieron dedicarse a, robar. En el Mercado de Repuestos. ¿Sigo o me equivoco? –

—Esta, en lo correcto—

—Terminemos, entonces. Al ver, que los guardias. No protegían. A los transeúntes. Los tres rufianes. Encontraron, una forma. De enriquecerse, rápidamente. Asaltando, y asesinado. A personas, débiles. Solo para obtener, algunos créditos. Si bien pudieron, haberlos dejado vivos. El hecho. De que pudieran matar, sin ninguna repercusión. Los llenos, de confianza. Hasta, que un día. Se encontraron, con alguien. Que, a sus ojos. Parecía débil. Sin embargo, pronto se dieron cuenta. Que en este planeta. Nadie, es tan simple. Y terminamos, en la situación. En la que estamos, en este momento. Ahora, te pregunto ¿Cuántos?

— ¿Cuántos qué? — no entendía, la pregunta.

— ¿Cuantos hubo, antes de mí? ¿Cuantos ancianos, cuántas mujeres, y cuantos niños? No digo, hombres. Porque, dudo. Que hubieran, asaltado. A alguien. Cuya fuerza. Se viera mayor, que la de ustedes. No. Basura, como ustedes. No se arriesgan, de esa manera ¡ustedes, son lo peor de lo peor!

—…— El chico, robusto. Guardo, silencio un momento. Para después, hablar –Él nos obligó a, hacerlo— trato, de echarle la culpa. A su líder.

—No vi, que te obligara. Cuanto, te pidió. Que te encargaras, de mi—

—Solo seguía, ordenes—

— ¿Acaso, eres un soldado?

—No—

—Claro, que no. Incluso, los soldados. Pueden, desertar. Cuando las ordenes, son inhumanas. Pero, tu no lo hiciste. Simplemente, obedeciste. Porque, querías hacerlo. No trastes, de escudarte. Culpando a, los demás. Desde el momento, en el que no te opusiste. Te volviste, tan responsable de las muertes. Como el que dio, la orden—

—…— Se quedó, callado. No sabía, que más decir. Para salvarse, de ese loco.

—Veo, el miedo en tus ojos. Se, que en este momento. Para ti, soy un monstro. Pero, pregunte. Si yo soy un monstruo. Tú, con todo lo que istes ¿que eres? ¿acaso, sigues siendo humano?

—…— no respondió.

—Te quedas, callado. Ase un momento, eras tan hablador. Pero ahora, parece. Que la rata, te comió la lengua. Bien. Si no puedes, responder eso. Dime. Crees que perder un brazo, una pierna, o quedar desfigurado ¿es suficiente para pagar, todo el daño que han hecho ustedes tres? –

—No…— más lágrimas, salieron. De su rostro, ensangrentado.

—Claro, que no. Pero una vez. Un viejo, cerdo. Me dijo. Que matar a, basura como ustedes. Es darles, piedad. Y piedad, no es lo que merecen— sus ojos, cortaban el alma. Con cada palabra, salida de su boca. –Por, eso. Cuando alguien, de este plante. Trata con desperdicios, como ustedes. Siempre, se les deja vivos. Solo se les rompe un brazo, una pierna o, se les desfigura. Porque, de esta manera. No podrán volver a, hacer daño. Y deberán, vivir eternamente. Condenados a, la debilidad. Lo mismo, que ustedes buscaban. En sus objetivos. Justicia poética ¿no te parece? —

—…— El chico, robusto estaba aterrado. No podía mover, ni un solo musculo.

—Elige. No perdamos, más el tiempo. Sera un brazo, una pierna o, la cara—

—Que sea el brazo— resignado. Decidió, por primera vez en su vida. Tomar, una decisión. En vez de escuchar a, los demás.

—Bien. Eres los suficientemente, hombre. Para, decidir. Eso lo respeto— con un rápido, movimiento, El tubo, se balanceo. Impactando, con el brazo. Al igual, que antes. Se escuchó, el crujido. De huesos, rompiéndose. Un grito, ensordecedor. Se extendió, por el callejón. Viajando. Por varias, cuadras. Hasta, desvanecerse—

Contra todo, pronóstico. El final de la pela. Se había, decidido. Con ese grito. El cual alerto. Al resto, de los rufianes. Que, al igual, que ellos. Habían estado, siguiendo Kai. Desde, la distancia. Aunque, al principio. El, no los noto. Durante, la pela. Se percató, de su presencia. Algunos, de ellos. Escondidos, en las inmediaciones. Y otros, estaban escondidos. A plena luz, del día. Como, transeúntes. Que pasaban, varias veces. Cerca, del callejón.

Ellos, fueron la razón principal. Por la que Kai. Tuvo, que ser tan cruel. Con los tres, rufianes. De haber sido, otro planeta. Tal vez, el problema. Se hubiera resuelto, fácilmente. Quitándoles, todos sus créditos. Pero estaba en, Ocreen-3. Las cosas. No funcionaban así, en ese lugar. Si simplemente, los hubiera dejado ir. El resto, de los rufianes. Habrían pensado, que era blando. Y en menos, de 2 minutos. Tendría, que enfrentarse a otro grupo. Por eso, la mejor manera. De deshacerse, de ellos. Sin tener, que pelear. Era, haciendo un ejemplo. De los tres, rufianes. Sabia. Que, si era lo suficientemente, despiadado. Mucho dimitirán, la idea. De meterse, con él. Al final, los beneficios, No valían, el riesgo.

Sin una reputación, como alguien fuerte. Que le sirviera, como un escudo. Lo único, que podía hacer. Era, el ser despiadado. En palabra de Dreikus. Nadie reta a, los fuertes. Y nadie, en su sano juicio. Se mete, con alguien despiadado. Es más. Ni siquiera, lo piensas. Porque, sencillamente. No sabes. De lo que realmente, son capaces. Personas, tan terribles.

Además. Si no lo hacía. Posteriormente, otras personas. Que residía, en el Mercado de Repuestos. Y que, de alguna u, otra forma. Lo conocían, Pensarían, que era fácil. Meterse, con él. E intentaría, aprovecharse, y abusar de él. Por tal, motivo. Debía dejar, una fuerte impresión. En aquello, que aun planeaban. Atentar, en su contra. Los cuales, desaparecieron. Cuando lo vieron, caminando. Hacia el chico, calvo. La verdad. Después, de ver todo. A pocos, les quedaba ganas. De tratar, de meterse con Kai. Puede, que no fuera alguien fuerte. Pero, ante sus ojos. Ahora, tenía una reputación. Como alguien, despiadado.

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